El Autoestima Cristiano

autoestima“Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado.” Romanos 12:3 (NVI)

Que distintos somos los humanos. Cada uno diferente del otro, con distintos talentos, defectos, virtudes, dones. Cuando veo la gran diversidad de la creación de Dios, mi boca no tiene más que palabras de alabanza para el Creador. Nos diseñó a cada uno para que tengamos un propósito en esta vida. El apóstol Pablo en este pasaje de Romanos, nos dice que seamos prudentes en nuestra opinión de nosotros mismos. Llamamos a esta opinión Autoestima. Existen graves peligros para nosotros y nuestro testimonio cuando comenzamos a tener un concepto más alto (o más bajo) del que deberíamos tener acerca de nosotros. En su libro “Cartas del Diablo a su sobrino”, C. S. Lewis relata como un demonio experimentado llamado Escrutopo, le envía varias cartas con consejos a su sobrino Orugario, quien esta dando sus primeros pasos como tentador de un ser humano. En esta increíble sátira, que recomiendo ampliamente leer, Escrutopo dedica varias de sus cartas a tratar el tema del “Yo”, el autoestima y de la humildad. Acá hay un extracto de la carta XIV:

Fija en su mente la idea de que la humildad consiste en tratar de creer que esos talentos son de hecho menos valiosos de lo que él cree, pero no es ésa la cuestión. Lo mejor es hacerle valorar una opinión por alguna cualidad diferente de la realidad, introduciendo así un elemento de deshonestidad y simulación en el corazón de lo que, de otro modo amenaza en convertirse en una virtud. Por este método, a miles de humanos se les ha hecho pensar que la humildad significa mujeres bonitas tratando de creer que son feas y hombres inteligente tratando de creer que son tontos. Y puesto que lo que están tratando de creer puede ser, en algunos casos, manifiestamente absurdo, no pueden conseguir creerlo[…]

Y luego habla del verdadero propósito de la humildad

El Enemigo[Dios] quiere conducir al hombre a un estado de ánimo en el que podría diseñar la mejor catedral del mundo, y saber que es la mejor, y alegrarse de ello, sin estar más (o menos) o de otra manera contento de haberlo hecho él que si lo hubiese hecho otro. El Enemigo quiere, finalmente, que esté tan libre de cualquier prejuicio a su propio favor que pueda alegrarse de sus propios talentos tan franca y agradecidamente como de los talentos de su prójimo1

Esta es la verdadera humildad que nos enseña la Biblia. Si leemos Filipenses 2:3, Pablo vuelve a insistir en este tema, hablando acerca de la estima que cada uno tiene de sí mismo. Dios quiere que nos estimemos entre todos. Pretendemos impresionar a los demás con nuestras acciones, ser alabados, ser reconocidos. Dios dice que si pretendemos esto de nuestras acciones, entonces nuestro premio va a estar acá en la Tierra, pero si nos humillamos y actuamos simplemente por amor a Dios y a nuestros prójimos, es ahí cuando Dios nos exalta y nos bendice. Dios quiere exaltar a cada ser humano por separado, no quiere que nos exaltemos nosotros mismos y esto es, sin duda, porque Dios nos ama y Él puede exaltarnos a cada uno como nunca podríamos nosotros. A esto ser refiere el apóstol Pablo acerca de la opinión que tenemos acerca de nosotros. A esto mismo se refiere C. S. Lewis en su retorcida obra epistolar.

Consideremos el ejemplo de nuestro Señor Jesús, quien no estimó ser Dios, sino que humillándose, se hizo hombre, caminó entre nosotros, permitió que lo maltratáramos y lo matáramos. Todo esto por amor a nosotros, sabiendo que sería exaltado y que vería el fruto de su humillación, nuestra salvación. Cuanto me falta para llegar a tu altura Señor, nuestro inalcanzable estándar. Debemos prestar siempre atención a este detalle, la estima que tengamos de nosotros mismos nunca debe impedirnos realizar lo que Dios quiere que hagamos y siempre debe estar moderada por el amor hacia Dios y nuestros prójimos.

No nos dejemos engañar acerca del concepto de humildad que nos presenta el mundo, estimemos a nuestros hermanos por sus virtudes y también a nosotros mismos por ellas. Sobre todo, glorifiquemos y demos gracias a Dios por cada una, ya que si no fuera por Él, no tendríamos ninguna virtud. Dios nos creó y quiere que desarrollemos nuestros talentos y virtudes, pero siempre dentro del marco de la humildad que Él nos enseña en su Palabra. Esta es la mejor forma para desarrollarlos.

Señor, gracias te doy por todas las virtudes que me diste, así como te doy gracias por las virtudes que le diste a mis hermanos. Se que vos nos diste a cada uno, según te pareció correcto y para que cada uno pueda ser de bendición para los demás. Ayudame a estimar a mis hermanos para que todos podamos ser libres de los prejuicios y poder gozarnos y glorificarte por la hermosura de la diversidad de talentos y dones que vos repartiste por gracia y amor hacia nosotros. En el nombre de tu Hijo Jesús te lo pido, Amén

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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  1. C. S. Lewis, “Cartas del diablo a su sobrino”, HarperOne, 2006

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Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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