Una Sana Ambición

La palabra ambición tiene una connotación negativa en nuestra cultura. Sobre todo en el ámbito de la iglesia. Se supone que los cristianos no debemos ser ambiciosos, sino compartir nuestras posesiones con los demás. No perseguir en nuestra vida las cosas de este mundo, sino enfocarnos en las cosas de arriba (Col 3:2-3).

Incluso en el diccionario de la Real Academia Española, la palabra ambición tiene una definición negativa:

Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama.1

Pero pensemos un poco en la primer parte de esta definición. Creo que hay algo bueno detrás de aquella palabra. Para entender un poco más a lo que me refiero, leamos la famosa Parábola del tesoro escondido:

El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo. Mateo 13:44 (NVI)

Cientos de veces leí esta parábola sin detenerme demasiado en su significado. Debo reconocer que el libro Radical del Dr. David Platt fue un verdadero abridor de ojos en lo que respecta a este pasaje. Muchas veces hacemos foco en que, como cristianos debemos dejar todo por el Señor. Pero lo que no entendemos es que debemos dejar todo para ganar al Señor.

Ahora, es la fe en Jesús la que nos mueve a hacer las cosas que Él dijo que hagamos. Esto es el costo del Discipulado no de la salvación.

¿Qué estoy diciendo?¿Qué para ser salvo tengo que dejar todo? No, absolutamente no. No hay nada que puedas hacer para ser salvo. Por más que dejes todas tus cosas, que las vendas y le des el dinero a los pobres, esto no te va a hacer salvo. Y es que la salvación fue lo que hizo Dios por vos y por mi, no lo que vos hagas. Jesús murió en la cruz para que seas libre del pecado, por gracia sos salvo, por medio de la Fe en Jesús, no por obras.

Ahora, es la fe en Jesús la que nos mueve a hacer las cosas que Él dijo que hagamos. Esto es el costo del Discipulado no de la salvación. Nos enseñan que la fe es algo intelectual, en el que si creemos tal cosa y oramos cierta oración, entonces somos salvos. No creo que Santiago esté muy de acuerdo con esta definición de la fe. En su carta él dice:

Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Santiago 2:26 (NVI)

En una demostración magistral acerca del carácter de las obras y la fe en Santiago 2:14-26, él demuestra que la fe produce obras, y estas son necesarias para demostrar la fe en Jesús.

Entonces volvamos a la parábola del tesoro escondido. Si nos ponemos a ver la actitud del hombre que encontró el tesoro, podríamos decir que era muy ambicioso. Tanto ardía en él las ganas y el deseo de obtener ese tesoro, que vendió todo lo que tenía, todo lo que había logrado a lo largo de su vida, y con ese dinero compró el tesoro. Imaginate los familiares de este hombre, sus amigos, sus compañeros de trabajo ¿Qué está haciendo este loco?¿Va a desperdiciar su vida de esta forma?

¿No te suenan familiares estas preguntas? Muchas veces me han preguntado este tipo de cosas cuando mis compañeros o familiares me ven trabajando para las cosas del Señor. Lejos estoy de haber vendido todas mis posesiones igualmente. El punto es que perdemos de vista este deseo ardiente muchas veces. Trabajamos de forma automática para el Señor y perdemos de vista nuestro objetivo y el del Señor.

¿Qué significa trabajar para el Señor?¿Cuál es el objetivo? No quiero presumir de conocer todos los propósitos de Dios detrás de la creación y la historia, pero la Biblia nos muestra que uno de los objetivos de Dios es mostrar su gloria en toda su extensión.

La ambición es un gran motor que mueve a empresas, ciudades, naciones enteras a realizar todo tipo de acciones buenas y malas.

Creo que a la Iglesia le vendría muy bien tener ambición por extender la Gloria de Dios ¿Te imaginas lo que pasaría si todos los cristianos tuviéramos ambición por extender la gloria de Dios en medio de las naciones? Sin embargo es algo básico del cristianismo. Es por eso que Jesús relata esta parábola ¡El reino de los cielos es algo por lo cuál vale la pena perderlo todo!

Consideremos el ejemplo del apóstol Pablo:

Siempre ha sido mi ambición el predicar el evangelio donde Cristo no es conocido aún[…]

Romanos 15:20 (Traducción al español de NIV)

Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo

Filipenses 3:8 (NVI)

Sin dudas este era un hombre ambicioso. Quería que el evangelio llegue a todo el mundo y no le importaba dejar todo lo que tenía para lograrlo. Que el evangelio haya llegado tan lejos se debe, principalmente a la obra de Dios a través de Pablo y la gran ambición que éste tenía por la gloria de Dios ¡Pablo se encargó de llevar el evangelio a la mayor parte del mundo conocido hasta ese momento! Paso todo tipo de situaciones que él mismo describe en su segunda carta a los corintios (2 Corintios 23-27).

A los cristianos nos tildan de conservadores, de personas que no quieren arriesgarse, etc.. Y en gran medida es cierto. Nos hemos acomodado a una religión, con rituales que cumplir y mandatos a

La forma en la que invertimos nuestro tiempo y dinero cambia mucho si pensamos en el beneficio que vamos a tener en los próximos 50 años o en el beneficio que tendremos en los próximos 500 millones de años.

seguir, cuando lo que Jesús propuso es algo totalmente diferente. El cristianismo requiere un abandono radical de la propia vida y una ambición por la gloria de Dios que sólo el Espíritu Santo obrando en nosotros puede encender. Esta ambición por la gloria de Dios, que es el principal motor de nuestra adoración, es lo que nos tiene que mover a cumplir la misión que nos encomendó el Señor de ir y hacer discípulos en todas las naciones.

Entonces ¿Los cristianos tenemos que dejar todo por Dios?¿Qué tal si expresamos la pregunta de otra forma?

¡Los cristianos dejamos todo por algo mejor! Tenemos que dejar las cosas de este mundo, no porque la religión nos lo dice o porque el apego a las cosas materiales es malo, como dirían los budistas. Tenemos que dejar todo porque creemos que Dios tiene algo mejor para nosotros.

La forma en la que invertimos nuestro tiempo y dinero cambia mucho si pensamos en el beneficio que vamos a tener en los próximos 50 años o en el beneficio que tendremos en los próximos 500 millones de años. Ambicionemos pensando en la vida eterna, no en la vida pasajera. Que nuestra ambición sea la gloria de Dios.

Para terminar, quiero orar este precioso salmo, el salmo 67 (NVI), que resume en gran medida la pasión con la que debemos anhelar la extensión del evangelio y la adoración a nuestro Dios:

Dios nos tenga compasión y nos bendiga;

   Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros,

para que se conozcan en la tierra sus caminos,

   y entre todas las naciones su salvación.

Que te alaben, oh Dios, los pueblos;

   que todos los pueblos te alaben.

Alégrense y canten con júbilo las naciones,

   porque tú las gobiernas con rectitud;

   ¡tú guías a las naciones de la tierra!

Que te alaben, oh Dios, los pueblos;

   que todos los pueblos te alaben.

La tierra dará entonces su fruto,

   y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá.

Dios nos bendecirá,

   y le temerán todos los confines de la tierra.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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