Llamados a Cambiar el Mundo

Jueces 10:1-5 – Después de Abimelec, se levantó para librar a Israel Tola hijo de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir en el monte de Efraín. Y juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue sepultado en Samir. Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a Israel veintidós años. Este tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos; y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad. Y murió Jair, y fue sepultado en Camón. (RV60)

Desde chiquito siempre tuve un sueño, que esperaba cumplir cuando fuera mayor: cambiar el mundo. Veía día a día toda la maldad que había en las personas, y esperaba con ansias el momento en el que yo pudiera hacer algo al respecto; el día en el que yo pudiera cambiar la realidad que se vive acá en la tierra. El tiempo pasó, y el deseo perduró, aunque me topé de lleno con la realidad: es imposible cambiar el mundo. Para ello, el hombre debería dejar de ser hombre y hacer a un lado su maldad, su orgullo y su egoísmo. Entonces entendí que no importaba cuánto me esforzara y luchara por este sueño, era algo imposible e inalcanzable; algo que nunca iba a pasar. Si hasta Jesús fue rechazado por las personas, ¿qué podía esperar yo? Así que ese deseo quedó en el armario de los recuerdos de mi infancia, para no volver a ser traído a la realidad nunca más (o al menos, eso era lo que creía).

Un día estaba leyendo el libro de Jueces, y el Señor me hablaba sobre las grandes hazañas que, de su mano, realizaron personas como Otoniel, Débora o Gedeón. Pero de repente, llego al capítulo 10, y me encuentro con este pasaje que les estoy compartiendo. En tan solo cinco versículos se cuenta la historia de dos jueces: Tola y Jair. Es interesante notar que se nos dan muy pocos datos sobre sus vidas o lo que hicieron, por lo que me surgió una gran pregunta: ¿habrán hecho algo digno de mención? Estos hombres fueron llamados a libertar y a gobernar Israel de la misma manera que otros grandes hombres mencionados anteriormente, pero en este caso no se narran sus grandes hazañas, sino que lo que la Biblia nos ofrece es algo un poco más escueto. En primer lugar, Tola, de la tribu de Isacar, juzgó a Israel por veintitrés años, y murió. En segundo lugar, encontramos a Jair, de quien se nos da un poco más de información: tuvo treinta hijos, los cuales tuvieron treinta asnos y treinta ciudades; más allá de esto, este juez juzgó a Israel por veintidós años, y murió. Si bien no conocemos si estos hombres cumplieron o no con el propósito para el cual Dios los llamó, me dio algo en qué pensar: ¿Qué escribiría Dios sobre mi vida como hijo suyo, una vez que me encuentre en su presencia?

Le doy vueltas a esto, y pienso que si Dios escribiera algo similar a lo de Tola, sería algo así: “Fede vivió en Argentina, fue cristiano por X años, y murió y fue sepultado”. Por otro lado, si mi historia fuera similar a la de Jair, escribiría algo como esto: “Fede vivió en Argentina, fue cristiano por X años, tuvo cinco Ferraris, tres BMWs, y quince casas; luego murió y fue sepultado”. (Como aclaración, recordemos que los asnos, en aquellos tiempos, eran animales propios de reyes, por lo que podemos ver que Jair no la estaba pasando nada mal en lo económico). Hermano, de verdad creo que sería muy triste si Dios tuviera que describir mi vida de esta manera. En el primer caso, es casi como si dijera que nació y murió, mientras que en el segundo, lo único que hay para destacar es que el tipo tuvo mucha plata. De verdad que me sentiría muy mal si Dios hablara de esa manera de mi vida cristiana.

Y así fue como resurgió en mi vida el tema de cambiar el mundo; empecé a entender por qué Dios había puesto ese sueño en mi corazón, aunque esta vez Papá me mostró una nueva perspectiva. Cambiar EL mundo es imposible, porque no hay manera en que nosotros podamos influir absolutamente sobre todas las personas. Aun así, podemos cambiar UN mundo, DOS mundos, y vaya a saber cuántos mundos a lo largo de nuestra vida.

1 Juan 3:18 – Queridos hijos, que nuestro amor no quede sólo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones. (NTV)

Son esas pequeñas cosas inesperadas y sencillas que podemos hacer por los demás las que pueden ser la diferencia entre la salvación y la perdición de alguien.

Con todo lo que hacemos, estamos cambiando el mundo de cada una de las personas que nos rodean. Y si tomamos la decisión de que nuestro amor no quede sólo en las palabras, y podemos llevarlo a los hechos, el Espíritu Santo nos va a guiar a hacer las buenas obras que Dios preparó para nosotros, y así vamos a poder impactar muchos mundos. Y no hace falta hacer grandes cosas, porque podemos impactar la vida de quienes rodean con cosas simples, como un saludo, un abrazo, un mensajito de preocupación, una carta, una palabra de aliento, un regalo… Son esas pequeñas cosas inesperadas y sencillas que podemos hacer por los demás las que pueden ser la diferencia entre la salvación y la perdición de alguien, porque de esa manera estamos dando testimonio de quien nos envió y de aquel por el que vivimos. En muchos de los lugares en los que te desenvolvés, vos sos lo más cercano a Jesús que esas personas conocen. ¿Cómo no entregarnos por completo al control del Espíritu para que podamos ser luz en la vida de los demás? ¿Cómo no orar a Dios pidiéndole que nos ayude a impactar la vida de que nos rodean? Si después de todo, esa es la gran comisión que nos dejó Jesús.

Cuando vos te preocupás por alguien, vos estás cambiando un mundo; cuando vos hacés un lado tu propio bienestar en favor de otro, vos estás cambiando un mundo; cuando vos le mostrás amor a alguien, vos estás cambiando un mundo; cuando vos te disponés a pasar tiempo con alguien que te necesita, vos estás cambiando un mundo; cuando vos ayudás a alguien a ser discípulo de Cristo, más que nunca, VOS ESTÁS CAMBIANDO UN MUNDO.

Motivémonos unos a otros a servir a Dios y a hacer cosas que puedan cambiar la vida de quienes nos rodean, para que así podamos mostrarle al mundo que Cristo vive y reina por siempre. No dejemos nunca de hacer el bien. Oremos para que Dios nos ayude a aprovechar al máximo nuestro tiempo en esta tierra para ser de bendición para otros, de manera que si él tiene que escribir algo sobre nuestras vidas, no sea simplemente decir que vivimos y morimos, sino que pueda decir que fuimos fieles a su llamado hasta las últimas consecuencias.

Hoy Papá te deja este gran desafío: empezar a cambiar muchos mundos. ¿Estás dispuesto a llevar tu amor a las acciones?

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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