Solteros: Primero el Reino de Dios

Una de las grandes preocupaciones que tienen muchos de los cristianos tiene que ver con la dificultad que se les presenta a la hora de encontrar a la persona indicada para sus vidas. Al principio confiamos en Dios y estamos dispuestos a esperar en él hasta las últimas consecuencias, aunque la cosa empieza a tomar otro color cuando el tiempo va pasando y pasando, y vemos que todo sigue igual. Esto empieza a transformarse en una preocupación e incluso, en algunos casos, en una obsesión.

Antes de meternos de lleno en el tema por el cual estoy escribiendo el artículo, me gustaría hacer una aclaración: Si vos estás caminando conforme a la voluntad de Dios y él es tu centro, hay dos cosas que te pueden pasar respecto a este tema:

  • Si vos tenés la necesidad de estar con alguien, si perseverás en oración, Dios va a suplir esa necesidad.
  • Si vos no tenés clara esta necesidad, una de las posibilidades es que Dios te hable mediante el Espíritu Santo para mostrarte que su voluntad para tu vida es que no te cases. Para eso es necesario crecer espiritualmente y aprender a escuchar al Espíritu hablando a nuestras vidas.

Hecha esta aclaración, vamos a suponer que vos tenés esa necesidad en tu vida y orás constantemente a Dios pidiéndole que la supla. Si este es tu caso, entonces acá vas a encontrar un mensaje de parte de Dios para vos.

Papá nos promete cosas, pero siempre, siempre, siempre, hay un precio que pagar. Es habitual escuchar prédicas en donde se habla de la recompensa, de las bendiciones, de lo que va a hacer Dios en nosotros. Siempre decimos Dios va a hacer esto en mi vida, Dios va a cumplir su propósito, Dios me está preparando para cosas grandes, y sin duda que estas cosas son ciertas; la pregunta es: ¿estamos dispuestos a cumplir con nuestra parte? Queremos evangelizar a las naciones sin leer la Biblia; queremos ver crecer nuestros ministerios sin orar; queremos hacer tal o cual cosa, pero no estamos dispuestos a tener una relación verdadera con Dios. Y acá es donde está el foco de la cuestión: las promesas de Dios son sólo para los que están relacionados en intimidad con él; para nadie más.

Leamos…

Mateo 6:31-34 – Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

Dios nos dice que no tenemos que preocuparnos por esas cosas, como los paganos, porque él sabe qué necesitamos y él está dispuesto a dárnoslo.

Acá plantea tres cosas: comer, beber y vestirse, aunque esta promesa no se limita sólo a esas cosas concretas, que son puestas como ejemplos, sino que abarca mucho más. Básicamente, abarca todas las cosas que son perseguidas por los paganos como necesidades fundamentales de la vida; entre ellas, quién va a ser mi pareja. Si vos necesitás casarte, Dios sabe que lo necesitás. Dios nos dice que no tenemos que preocuparnos por esas cosas, como los paganos, porque él sabe qué necesitamos y él está dispuesto a dárnoslo. El problema es que todo tiene un precio: en este caso, el precio es buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia”; es decir, enfocarnos por completo en nuestra relación con Dios y en cumplir sus propósitos en nosotros, sirviéndolo y obedeciendo su palabra. Todo lo demás va a llegar a su tiempo.

La dificultad surge con el hecho de que nosotros no estamos dispuestos a buscar y a confiar en Dios con todo nuestro corazón; nos ocupamos nosotros mismos de nuestras preocupaciones en lugar de entregárselas al Señor y pensar únicamente en sus propósitos. ¿Estás dispuesto a hacer a un lado tus preocupaciones y enfocarte sólo en Dios?

En definitiva, Dios tiene que ser el eje central de nuestra vida, sabiendo que él es lo único que necesitamos para seguir adelante. Y esto lo sabemos por fe. Nos pueden sacar todos nuestros bienes materiales, nos pueden sacar a todos nuestros amigos, nos pueden sacar a toda nuestra familia, pero nunca nadie nos va a poder separar de Dios y la esperanza que tenemos en él. Por eso, te animo a que no estés preocupándote constantemente por esa necesidad no satisfecha, como lo puede ser, en estos momentos, la provisión de la persona idónea para tu vida; simplemente enfocate en tu relación con Papá, y si perseverás en oración y realmente tenés esa necesidad y esa carga para tu vida, el Señor va a obrar.

En la Biblia hay dos historias de amor humano que me encantan. En este caso, me gustaría compartir con vos la segunda que más me gusta, ya que tiene que ver con esto de buscar primeramente las cosas de Dios. ¿Los protagonistas? Rut y Booz. Veamos un poco de qué se trata esta historia…

Elimelec y Noemí partieron junto a sus dos hijos de Belén hacia la tierra de Moab, debido a la hambruna. Allí, sus hijos se casan con mujeres del lugar. Pasados diez años, los tres varones habían muerto, y sabiendo que la situación en Judá había mejorado, Noemí decide regresar. Le dice a sus nueras que son libres para formar una nueva familia, pero Rut, una de ellas, decide acompañarla (Rut 1:16-17); ser una viuda extranjera en la tierra de Israel iba a hacer que fuera despreciada por muchos, pero ella había tomado la decisión de confiar en el Señor. Acá encontramos la primera “casualidad”: Cuando llegaron a Belén comenzaba la cosecha de cebada (Rut 1:22).

Noemí estaba muy desmotivada, mientras que Rut buscaba la manera de cuidarla, con el fin de cumplir con el compromiso que había hecho delante de Dios. Es por eso que propone ir a trabajar recogiendo las espigas que dejaban atrás los trabajadores (Rut 2:2). Dio la “casualidad” que justo fue a trabajar al campo de Booz, un pariente de Elimelec (Rut 2:3). Luego, dio la “casualidad” que llegó Booz (Rut 2:4) y también dio la “casualidad” de que vio a Rut porque justo ella había decidido descansar un momento (Rut 2:6-7). Booz se enamoró de inmediato de Rut por lo que ella había hecho por su suegra (Rut 2:11-12), y así tuvieron lo que hoy en día podría llamarse una primera cita (Rut 2:14). Luego esta historia sigue adelante y, finalmente, después de algunos inconvenientes, Rut y Booz se casan (Rut 4:13) y de esta unión terminaría llegando, varias generaciones más adelante, Jesús (Rut 4:21-22).

De esta historia podemos ver cómo Rut se entregó por completo a cumplir con el propósito para el cual Dios la llamaba, que en ese momento era servir a su suegra. A partir de este servicio, se dieron un montón de “casualidades” (aunque sabemos que fue todo parte del perfecto plan del Señor) que la terminarían llevando a conocer a la persona que Dios tenía preparado para ella. Él se enamoró de la manera en que Rut servía a su suegra, y ella de su bondad y el amor que él le demostró ofreciéndoles su ayuda.

Sin dudas, Rut buscó primeramente el reino de Dios, y todo lo demás le vino por añadidura.

¡Dios te bendiga!

Podés seguir leyendo la segunda parte de este tema acá.

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Fede Sinopoli

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

6 comentarios en “Solteros: Primero el Reino de Dios

  1. Muy bueno la verdad que es así Dios hace las cosas a su modo por eso son tan perfectas gracias por compartir esta reelección

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