¿Por Quién Murió Jesús?

Es una pregunta que parece sencilla. Casi cualquier cristiano contestaría “Jesús murió por vos y por mi para pagar por nuestros pecados”. Pero tener una visión de la cruz tan centrada en el ser humano minimiza lo glorioso de aquel histórico momento en la vida del Universo ¿Por qué tuvo que morir por los pecados? ¿No podía Dios simplemente perdonar nuestros pecados? ¿Qué clase de Dios se hace humano y muere en una cruz para salvar a su gente? Para entender mucho mejor la cruz de Cristo, debemos sacarnos el “chip” de la mente centrada en nosotros y ver la cruz un poco más desde el punto de vista de Dios. El evangelio, la Biblia, el Universo mismo está centrado en Dios, es por eso que tenemos que cambiar nuestra forma de pensar para centrar nuestra perspectiva en el verdadero centro del Universo.

Tenemos un Dios infinitamente grandioso, Todopoderoso, Soberano, Existencia infinita. Es pura bondad y amor. Es Santo. Esto quiere decir que es único, no hay otro como Él. Dios es. Cuando reveló su nombre a Moises, le dijo “YO SOY EL QUE SOY”(Éxodo 3:14). Este es el nombre que luego se traduce como YO SOY y más adelante en todo el antiguo testamento se traduce como Jehová la versión Reina Valera o como SEÑOR (todas mayúsculas) en otras versiones como la NVI, aunque se cree que la pronunciación más acertada sería Yahvé. Dios es existencia pura. Él es. Infinitamente existe y no hay nada fuera de Él (1 Reyes 8:27). Sostiene todos los astros, planetas y cada organo de tu cuerpo. Él no puede cambiar, porque Él siempre existió de la forma que es. No llegó a ser de una forma. Él simplemente es y la creación es la expresión de su existencia. Dios no puede dejar de expresar su carácter. Es imposible, ya que no puede cambiar. Y Él es un Dios justo y a la vez misericordioso. Como dice Números 14:

El Señor es lento para enojarse y está lleno de amor inagotable y perdona toda clase de pecado y rebelión; pero no absuelve al culpable. Él extiende los pecados de los padres sobre sus hijos; toda la familia se ve afectada, hasta los hijos de la tercera y la cuarta generación

Números 14:18 (NTV)

Absolver al culpable y condenar al inocente
    son dos cosas que el SEÑOR aborrece.

Proverbios 17:15 (NVI)

Al ser un Dios Santo y Justo, no puede dejar al culpable sin castigo. Esto sería suprimir parte de su carácter. A su vez Dios es misericordioso. Lo vemos en el mismo pasaje Números 14:18. Él perdona los pecados y muestra su amor a los pecadores. Nosotros los seres humanos hemos pecado contra Dios al rechazar su autoridad, su amor al no darle gloria por la creación y al no haber agradecido a nuestro creador (Romanos 3:23), por tanto merecemos el castigo de Dios. Entonces:

  • ¿Cómo puede Dios expresar su Santidad y Justicia y salvarnos de la condenación?
  • ¿Cómo puede Dios expresar su amor sin castigar nuestro pecado?
  • ¿Cómo puede Dios justificar a un pecador, absolver a un culpable sin aborrecerse a si mismo?

Como podemos ver en esta breve exposición, antes de ser un problema para nosotros, nuestro pecado es un problema para Dios ¡La solución a este problema es de lo que habla la Biblia! Leamos lo que tiene para decirnos Romanos 3:25-26:

Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.

Romanos 3:25-26 (NVI)

¡El nombre de Dios está en juego! En el pasado, antes de que Cristo muriera en la cruz, Dios perdonó muchos pecados, como dice este pasaje, en su paciencia. Por ejemplo, David, siervo de Dios y Rey de Israel había cometido adulterio y asesinato. Dos pecados que merecían la pena de muerte según la Ley de Moises(Levítico 20:10, Éxodo 21:12). Pero cuando fue visitado por el profeta Natán, éste reconoció su pecado y Natán le comunicó que su pecado había sido perdonado (2 Samuel 12:13) ¡Adulterio y asesinato! Así no más. Si estamos en una corte y escuchamos este veredicto, saltaríamos de nuestros bancos

John Stott dice “La posibilidad de sustitución descansa en la identidad del sustituto”

llenos de indignación ¡Esto no es justicia! Lo mismo pasó con el profeta Isaías cuando vió al Señor (Isaías 6:7). Dios debía hacer algo para mostrar su justicia. Es por eso que Jesús vino a este mundo. Se ofreció voluntariamente como sacrificio de expiación por los pecados de cada uno de nosotros. La Ley establecía que el sacrificio debía ser un cordero sin mancha de un año de edad, es decir, la plenitud de su vida. Esta es una figura de Cristo. Un cordero no puede sustituir a un ser humano. John Stott dice “La posibilidad de sustitución descansa en la identidad del sustituto”. Jesús era totalmente humano, sin embargo nunca pecó. El puede identificarse totalmente con nosotros (Hebreos 4:15-16). Además Jesús es Dios, por lo tanto su sacrificio en la cruz es capaz de apagar la ira infinita de Dios. Al ser sustituidos por Jesús, el castigo de la ira de Dios recae sobre Él y a nosotros se nos atribuye su Santidad y su Justicia, es por eso que el Padre nos ve santos y justos, porque en realidad ve la imagen de Jesús en nosotros. Es por eso que al aceptar a Cristo como Salvador y Señor nosotros morimos con Cristo en la cruz y quien renace es Cristo en nosotros por eso el apóstol Pablo dice “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi” (Gálatas 2:20).

¡Lo que movió a Jesús a la cruz no era sólo el amor hacia nosotros, sino principalmente, lo que lo llevó a sufrir fue su pasión por la Gloria de Dios! Por eso al momento de ser entregado Jesús oró:

¡Padre, glorifica tu nombre!

Se oyó entonces, desde el cielo, una voz que decía: «Ya lo he glorificado, y volveré a glorificarlo.»

Juan 12:28 (NVI)

Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado.  Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.

Juan 17:1-5 (NVI)

Cómo vemos, Dios toma muy en serio su Nombre, que es su Gloria. En la cruz se expresa la totalidad del carácter de Dios: su Santidad y Justicia, su Santa Ira. Su infinto Amor y bondad. Su Poder para salvar y su hermosa Gracia. Lo hermoso del evangelio es la forma en la que Dios ha expresado su Gloria; Se entregó a si mismo para morir en lugar de los pecadores que habían despreciado su amor y su bondad en el pasado y nos reconcilia haciendonos herederos de la Tierra. Nos adopta como hijos y nos transforma para que ya no vivamos nunca más en rebelión. En su resurrección tenemos nosotros la seguridad de que es quién decía ser y tenemos nuestra esperanza de que también resucitaremos con Él (1 Tes. 4:14). Y ha hecho todo esto por amor a Su Nombre.

¿Por quién murió Jesús? ¿Por vos? ¿Por mi? Si, por supuesto que si. Pero principalmente, murió por la gloria de su Nombre. Ahora te preguntarás…

¿Qué tiene que ver esto con nuestra vida?

Mi respuesta es todo. El entender que el centro de todo es Dios y no nosotros cambia radicalmente nuestra forma de vivir y de pensar. Incluso nuestra forma de ver los problemas cambia cuando comprendemos que nuestra vida no es el centro del Universo, que Dios usa las situaciones. Dios es el centro y su propósito es hacernos disfrutar de su Gloria. Cuando entendemos la cruz como lo que realmente es, podemos concluir:

  • Debemos tener tanta pasión por la Gloria de Dios, como Él mismo la tuvo. Dejemos de vivir un cristianismo casual. La pasión por la Gloria de Dios debe conducir nuestra vida. Esto es lo que yo llamo una sana ambición. Vivamos para magnificar la Gloria de Dios, esto hizo nuestro maestro Jesús. No hay mejor forma de dar Gloria a Dios que entregando nuestras vidas a la adoración y el servicio de nuestro Señor
  • Cuanto Dios odia el pecado: Dios detesta el pecado y no puede tolerar a los hacedores de maldad(Salmos 5:5). Es por eso que Jesús padeció la muerte que padeció. Por eso antes de pecar, tengamos en cuenta la grave ofensa que estamos cometiendo. No trivialicemos el pecado a una pequeña falla. Somos dignos de una muerte horrorosa por nuestro pecado y esté enciende la ira de Dios. Si verdaderamente le amamos, luchemos para no pecar más
  • Cuanto amó Dios a los pecadores: Dios nos amó tanto que pagó en Cristo el precio de nuestro pecado. No hay nadie tan amoroso y misericordioso como nuestro Dios ¿Cómo no adorarle y darle a conocer en medio de las personas?

Cuan Glorioso es tu Nombre, Oh Dios.

La Gloria de la cruz conmueve lo más profundo de mi ser.

Grande es Jesús, quien murió en la cruz por mi

Alaben todos los pueblos su Nombre

Sea conocida su salvación en medio de las naciones

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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