Una Vida de Adoración

A la hora de pensar en la adoración a Dios, es habitual que nos imaginemos a una banda musical tocando alguna canción emotiva. Solemos restringirla a ciertos momentos en nuestros cultos, cuando en realidad la adoración a Dios debe ser parte de nuestra vida diaria.

A lo largo de toda la Biblia podemos encontrar diferentes ejemplos de adoración a Dios en situaciones de la vida cotidiana, alejadas de lo que son las reuniones eclesiásticas. Por ejemplo, una de las primeras veces en las que esta palabra es mencionada, la encontramos en este pasaje:

Génesis 24:26-27 – Entonces el criado de Abraham se arrodilló y adoró al Señor con estas palabras: «Bendito sea el Señor, el Dios de mi amo Abraham, que no ha dejado de manifestarle su amor y fidelidad, y que a mí me ha guiado a la casa de sus parientes.» (NVI)

Eliézer llevaba la pesada carga de tener que buscar una mujer idónea para Isaac, y tenía miedo de fallarle a su amo. Él, lejos de querer resolver esto con su propia fuerza, se entregó por completo a Dios para que él obrara según su perfecta voluntad; y así sucedió. El Señor bendijo a este siervo, y él todo lo que pudo hacer ante tan enorme alegría fue postrarse y adorarlo. En este caso, la adoración fue sin música; sólo con palabras.

Otra mención de la adoración cotidiana la encontramos en el libro de Hechos, cuando Pablo y Silas se encontraban en la cárcel de Filipos:

Hechos 16:25 – A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. (NVI)

En este caso sí la adoración involucró música, aunque tampoco se trataba de una reunión congregacional. Simplemente, estos hombres de Dios, en medio de la dificultad, decidieron rendirse por completo a él, dejándoles un hermoso testimonio a los demás presos del gozo que el Señor puede sembrar en la vida de aquellos que le aman.

Viendo estos ejemplos, podemos entender que adorar a Dios no es un acto reservado para ciertos momentos particulares de nuestra vida, sino que es algo que podemos hacer todo el tiempo; se trata de hacer Dios parte de nuestra vida diaria, considerándolo en todo lo que hacemos y buscando siempre darle la gloria en todo (1 Corintios 10:31). Es curioso notar que, a veces, ni lo consideramos como parte de nuestra vida cuando supuestamente lo estamos sirviendo. Es tal el activismo en el que suele caer la iglesia, que ciertos eventos pasan a ser más importantes que Dios, para quien se supone que estamos haciendo dicho evento.

Si tu adoración a Dios se limita solamente a la iglesia, entonces tu vida cristiana va a estar incompleta. Podés llegar a ser salvo, pero nunca vas a poder disfrutar del gozo de la salvación, ni del deseo de hacer su voluntad en todo momento. En su lugar, vas a ver a Dios como alguien que nos pone un montón de prohibiciones sin sentido, y nunca vas a llegar a entender que todo lo que él nos ordena es para nuestro bien.

¿Cómo vamos a limitar la adoración a la iglesia cuando incluso la creación entera habla de la gloria de Dios? (Salmos 19:1-4)

Siempre trato de pensar de qué nuevas maneras puedo adorar a Dios en mi vida diaria. Una costumbre que tomé durante mis años de universidad fue la de orar, cantar canciones y estar en comunión con el Señor durante las horas previas al parcial. Ese tiempo suele ser valioso, ya que ahí es donde podés incorporar los últimos conocimientos, que quizás terminen siendo los que te den la aprobación. Sin embargo, siempre preferir dedicar ese tiempo a Dios, para mostrarle que no dependía de mi fuerza ni de mi inteligencia, sino que todo estaba en sus manos. Esa es una de las formas en las que adoro a Dios en mi vida cotidiana, y espero que vos puedas buscar las tuyas también.

Nosotros tenemos que vivir para exaltar el nombre de Jesús. Esta es una verdad, aunque también conlleva un gran problema:

Filipenses 2:9 – Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

No podemos exaltar el nombre de Jesús, porque él ya fue exaltado hasta lo sumo, es decir, lo máximo; el punto más alto. No podemos levantarlo, porque ya se encuentra en el máximo nivel posible. Por eso, para exaltarlo, como no podemos hacer que él suba, tenemos que bajar nosotros; negarnos a nosotros mismos en una completa adoración a él; menguando nosotros para que él crezca, como bien entendió Juan el Bautista:

Juan 3:30 – Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. (RVR)

Es necesario que tengamos una adoración cotidiana, para que Jesús crezca en nosotros. Es necesario que Jesús crezca en nosotros, para que podamos impactar al mundo. Es necesario que reconozcamos que no podemos hacer nada separados de Dios. Es necesario que entendamos somos débiles y que no nos valemos por nosotros mismos. Es necesario que entreguemos cada área de nuestra vida, para que Dios pueda hacer su obra. Es necesario negarnos a nosotros mismos en una completa abnegación, para que Dios nos santifique. ¡Es necesario que la iglesia se rinda en adoración a Dios!

Es mi deseo que puedas entender la importancia de adorar a Dios en cada momento de tu vida, para que así puedas llevar tu relación con él a niveles inimaginables.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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