Cuando la Enfermedad nos Toca Cerca

¿Tienes algún familiar enfermo? ¿Padre, madre, hijos, hermanos, tíos, abuelos? Las enfermedades a veces no podemos preverlas. Simplemente llegan, y lo que para nosotros era un núcleo familiar normal, a partir de ellas todo se trastoca y se vuelve complejo.

En la biblia encontramos muchas situaciones de personas enfermas. Las causas de las enfermedades son un tema especial y complejo, principalmente vienen como consecuencia del pecado, porque Dios quiere manifestarse de un modo especial o simplemente como pruebas a pasar. Sin embargo hoy quiero que nos detengamos en aquellos que están siendo atravesados por algún familiar enfermo.

Los problemas de salud en nuestro núcleo familiar no son agradables para nadie. Conlleva una carga, una tarea extra que nadie quisiera soportar. Uno se hace miles de preguntas y busca respuestas. ¿Cuál es el propósito, Dios? ¿Para qué? ¿Por qué tenemos que sufrir esto? Y muchas veces sólo encontramos el silencio como respuesta, o el tiempo pasa y todo sigue igual o, incluso, peor. Pero, ¡atención! Sabemos que los planes de Dios son perfectos. Considero que uno nunca debe despreciar la medicina, y hacer todo lo posible para ayudar a que mejore su condición, pero hoy veamos esta situación desde un punto espiritual.

Orar por ellos

Como hijos de Dios debemos primero y principalmente orar por ellos. Por aquel que está necesitando de sanidad. La oración es la dieta básica para todo aquel que espera un milagro de Dios. Nuestro deber es estar con el que necesita, y aquellos que están enfermos necesitan de Dios como ninguno. Quizá puedas decirme que estás triste o desanimado, o quizá la situación te esté superando. Quizá alguno de tus padres sufra una enfermedad irreversible, quizá tu hermano tenga una enfermedad incurable, quizá tus hijos. Créeme, te entiendo, lo vivo y he vivido en carne propia, y muchas veces nuestras fuerzas flaquean. Pero es ahí, en ese momento, donde más y más nuestros ojos deben fijarse en Dios, y nuestros labios clamar por consuelo y sanidad. Pedir a Dios fuerzas para seguir batallando día a día.

Creer en el poder sanador de Dios

“3 Cuando el oficial oyó hablar de Jesús, envió a unos respetados ancianos judíos a pedirle que fuera a sanar a su esclavo. 4 De todo corazón, le suplicaron a Jesús que ayudara al hombre. Le dijeron: «Si alguien merece tu ayuda, es él; 5 pues ama al pueblo judío y hasta construyó una sinagoga para nosotros».
6 Entonces Jesús fue con ellos; pero, justo antes de que llegaran a la casa, el oficial envió a unos amigos a decir: «Señor, no te molestes en venir a mi casa, porque no soy digno de tanto honor. 7 Ni siquiera soy digno de ir a tu encuentro. Tan solo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará. 8 Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Solo tengo que decir: “Vayan”, y ellos van, o “vengan”, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: “Hagan esto”, lo hacen».
9 Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a la multitud que lo seguía y dijo: «Les digo, ¡no he visto una fe como esta en todo Israel!». 10 Cuando los amigos del oficial regresaron a la casa, encontraron al esclavo completamente sano.” (Lucas 7:3-10 NTV)

El oficial o centurión creyó en Jesús, en su poder y autoridad como Dios. Su fe conmovió al mismísimo Jesús, y el esclavo fue salvo. Es por esto que entonces a la oración debemos agregarle fe, fe en que Jesús tiene poder para sanar la enfermedad.

Entender que existe la voluntad de Dios

Sabemos que Dios todo lo sabe, todo lo conoce. Sabe lo que hace y lo que sucede. Y aunque la voluntad de Dios muchas veces no podamos entenderla desde el punto de vista humano, sabemos que existe y que va más allá de nuestros deseos, y es buena y por sobre todo, justa.

Ante esto, entendemos que a veces la voluntad de Dios es la sanidad y, otras veces, no lo es. Juan dice:

14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. (1 Juan 5:14-15 RVR1960).

Afrontemos la prueba.

Dios obra conforme a su voluntad. Aún Dios sigue sanando y perdonando pecados. Todavía Dios escucha nuestras peticiones. Sabemos que todo nos ayuda para bien (Romanos 8:28) y que estos momentos son pruebas. Pruebas que nos fortalecerán, quizá en oración con Dios, en comunión con mi familia, en experiencia para otros casos cercanos.

Es mi deseo que todas las enfermedades sean sanadas, pero también debo reconocer que existe la voluntad de nuestro gran Padre, Dios. Si él indica sanidad, lo habrá y lo bendeciremos. Si no, también lo bendeciremos. Porque sus planes son buenos para sus hijos y, mientras Jesús nos fortalezca, ¡todo vamos a poder! (Filipenses 4:13).
Oremos a Dios con fe por aquellos familiares enfermos. Entendamos que Dios puede sanarlo, o no. Busquemos la sabiduría de Dios en esta prueba que transitemos, y, demos ánimo y palabra de Dios a ellos, para que se fortalezcan en Cristo Jesús.

Esto es difícil de entender o hacer, lo se, pero hoy te animo a que puedas buscar paz y consuelo en Dios, y fuerzas para seguir acompañando a tu familiar día a día, orando por él y siendo de bendición para su vida.-

Facundo Vanni

Facundo Vanni

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Soy un seguidor de Jesús, "común y corriente". Trabajo, estudio y otras cosas de la vida. Me encanta escribir. Por lo general escribo poesía y también me gusta pensar devocionales, reflexiones, predicaciones y demás formas de comunicar las verdades de Jesús.

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