Felices los Infelices

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Mateo 5:4 (RV60)

Para navidad, mi primo, Fede Sinopoli, me regaló el libro de John Stott llamado “El sermón del monte”, originalmente publicado como “Contracultura Cristiana”. Cómo lo indica su nuevo título, el libro es un comentario y estudio sobre quizas el sermón más comentado de la historia. Ha sido de gran bendición para mi vida y se los recomiendo. El sermón del monte nos muestra como debe ser un discípulo de Jesús. Pero quiero detenerme hoy en éste versículo en particular. Y lo quiero hacer porque a lo largo de esta semana, el Señor me fue hablando por distintos medios acerca él. Cómo la gran mayoría sabe, las bienaventuranzas son el comienzo del sermón del monte. Estas 8 promesas son la base sobre la cual se expone luego todo el sermón. Cada una de ellas debe estar presente en la vida del cristiano. Prestemos atención a lo que dice este pasaje. Básicamente podríamos decir que el pasaje nos dice “Sean felices los infelices”. La palabra bieanventuranza se refiere a la condición de una persona respecto de Dios, es decir, esa persona se encuentra bendita por Dios. La palabra original en griego también se refiere al estado de felicidad de la persona. Por lo que la bendición de parte de Dios produce la felicidad. Ahora, varias preguntas surgen de éste versículo ¿Por qué dice que los cristianos lloramos?¿Cómo podemos ser benditos por Dios mientras lloramos?

¿Por qué lloramos?

Dijimos que las Bienaventuranzas deben estar presentes en nuestra vida, si verdaderamente fuimos regenerados por Dios. Por lo tanto, los cristianos debemos llorar ¿Cuál es la causa de ésta tristeza? Por el contexto, podemos concluir que no se refiere a la tristeza de haber perdido a un ser querido. Cuando caemos a los pies de Cristo, cuando reconocemos nuestra ofensa delante de

El arrepentimiento muestra que nuestro corazón ha sido regenerado por Dios y es necesario para ser cristiano.

Dios y nos damos cuenta que no hay nada que podamos hacer para ser salvos y debemos arrepentirnos de nuestra maldad, esto causa dolor. Una cosa es reconocer el pecado y otra es arrepentirse. Cuando somos descubiertos en pecado, no nos queda otra más que reconocerlo, pero podemos hacerlo sin necesidad de arrepentirnos sinceramente. El verdadero arrepentimiento va a estar siempre acomañado de la contrición de espíritu. El dolor de saber que vamos por un mal camino y debemos tomar otro. El dolor de saber que no podemos confiar en nosotros mismo, sino que debemos sujetarnos a las Palabras de Jesús. El arrepentimiento muestra que nuestro corazón ha sido regenerado por Dios y es necesario para ser cristiano. Es por eso que Santiago le dice a la Iglesia en su carta “Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.” (Santiago 4:8-9 NVI). Él no quería que lloren y que sufran porque si ¡Quería esto para que su vida sea transformada! Veía muchos problemas en la Iglesia por falta de madurez y porque había personas que no habían nacido de nuevo.

¿Cómo podemos ser benditos por Dios mientras lloramos?

Esta pregunta es muy valida. Y la realidad es que uno llora por estar triste ¿Debemos alegrarnos y considerarnos benditos por esto? La respuesta es si. Cómo dijimos, el arrepentimiento es la muestra de una vida que ha nacido de nuevo. Por lo tanto debemos alegrarnos, porque hemos hayado gracia delante de nuestro Dios y nuestros pecados han sido perdonados. Confiando en el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario, ya no hay nada que nos pueda separar del amor de Dios. Somos justificados delante de Dios en ese mismo instante. Formamos parte del nuevo pacto que Dios ha hecho con su pueblo. Dios escribirá su Ley en nuestros corazones y mentes y pondrá su Espíritu en nosotros, de forma que vamos a poder cumplir con sus mandamientos(Jeremías 31:32-34). Este es el pacto que hizo Dios por medio de la sangre del Cordero(Mateo 26:28), que es Jesús el Señor. Todo esto es motivo de gran alegría ¡Hemos sido salvos de nuestra condenación! ¡La sangre del Cordero nos proteje! En esta vida vamos a seguir luchando con las tentaciones, pero debemos matar el pecado que está en nosotros (Romanos 8:13). Este proceso estará lleno de arrepentimientos dolorosos, hacia Dios y hacia aquellos a quienes ofendimos. El Espíritu Santo nos ayudará y nos transformará, mientras permanecemos en La Palabra de Jesús y oramos en comunión a nuestro Dios. Ya llegará el día en que seremos transformados a la imagen del Hijo de Dios y ya no pecaremos nunca más. Ya no habrá más lagrimas en nuestros ojos, ya que Dios mismo las enjugara con sus caricias de amor(Apocalipsis 21:4). Anhelo el día en que mis deseos sean los deseos del Señor y ya no tenga que luchar más con mi propio pecado. Hay días que lo anhelo con lágrimas y dolor en mi corazón. Pero mi confianza esta en Dios y en su Cristo. Mi confianza está en la sangre del Cordero. La muerte ya no tiene poder sobre mi vida ¡Donde está, oh muerte tu aguijón!(1 Corintios 15:55-57).

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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