Memento: Recordemos a Dios

Es muy común que en la iglesia se hable las pruebas que tenemos que afrontar a lo largo de nuestra vida como cristianos. Cuando pensamos en pruebas, rápidamente no viene a la mente la palabra dificultad o la palabra problema. Somos probados por Dios mediante situaciones “malas” que nos ocurren en nuestra vida, de manera que si perseveramos en la fe, nos veremos fortalecidos, pudiendo así crecer como hijos de Dios.

Sin embargo, también hay otras formas de pruebas que debemos considerar. Dependiendo de la persona, podrá tener más dificultad en pasar un tipo u otro. En este caso, quiero hacer referencia a aquellas que, a simple vista, no parecen una prueba: ¿Qué pasa cuando todo nos va bien? ¿Qué pasa cuando todo nos sale perfecto y todos nos felicitan por las cosas que hacemos? ¿Qué pasa cuando incluso el mundo reconoce y aplaude nuestra labor? ¿Qué pasa en esos momentos en los que sentimos que la palabra “problema” ya no aplica a nuestra vida, puesto que todo lo que hacemos prospera?

Esto nos lleva a hacer un recorrido por la antigua Roma. Esta república se caracterizaba por ser muy guerrera, de manera que ellos veían como un sinónimo de prosperidad la expansión del imperio y el poderío militar. Es así como todo ciudadano romano aspiraba a poder llevar como comandante a las tropas romanas a la victoria, siendo esto lo máximo a lo que podía llegar una persona. Incluso aquellos que eran ricos y que podían pasar toda su vida con tranquilidad, sin hacer nada, buscaban lograr una hazaña militar debido al prestigio que ésta les daría. Lógicamente, quienes estaban más cerca de la posibilidad de comandar tropas eran los ciudadanos más poderosos, que conformaban el senado del pueblo de Roma. Es así como, en muchos casos, las tropas fueron comandadas por hombres que poco sabían de estrategia militar, llevando las misiones al fracaso. Era tal la ambición y las ansias de reconocimiento que tenían, que eso los llevaba a querer ser comandantes aun sabiéndose malos para esa tarea.

En muchos casos, las campañas militares romanas terminaban en victoria y, si se trataba de una victoria importante, el senado accedía a concederle un triunfo al capitán y a todo su ejército, siendo este EL momento anhelado por todo romano. El triunfo consistía en un desfile de las tropas por las principales calles de Roma, donde se presentaba al pueblo todas las riquezas obtenidas y todos los prisioneros capturados. Imaginen lo que representaba para el capitán que todos lo estuvieran aplaudiendo y vitoreando. Sin embargo, hay algo muy curioso que formaba parte de esta celebración: durante todo el desfile, el general tenía, detrás de sí, un siervo que iba recitando periódicamente la frase: “Respice post te! Hominem te esse memento! Memento mori!” que significa en español: “Mira detrás de ti. Recuerda que eres un hombre. Recuerda que morirás.” Principalmente quiero hacer énfasis en la parte final de la frase, cuando dice “Memento Mori”, es decir, “Recuerda que morirás”. Esto se realizaba para recordarle al general, que se paseaba triunfante, las debilidades de la raza humana, con el fin de evitar que éste incurriera en la soberbia que lo llevaría a sentirse un dios, con poder para hacer lo que quisiese sin respetar las leyes. Era un forma de decirle: “Buenísimo, te aplaudimos y te felicitamos por todo que hiciste, pero no importa lo que hagas, vos vas a seguir siendo una persona tal como lo somos nosotros”.

Es interesante analizar la historia de Israel allá por la época de Josué. Luego del fracaso de una generación por faltar a su fe en Dios, y de pasar casi 40 años rondando por el desierto, los jóvenes, ya crecidos, entraron en la tierra prometida. A lo largo de su paso por ésta, vamos viendo cómo van superando las adversidades, manteniendo su fe en Dios y llegando a conquistar grandes cantidades de tierras. Una vez que la campaña de Josué hubiera finalizado, éste les da unas instrucciones finales a los israelitas, sabiendo que su muerte se encontraba cerca. Este discurso lo encontramos en el capítulo 23. Josué los amonesta a permanecer fieles a Dios, sabiendo que si ellos obedecían, Dios los bendeciría, mas si ellos se apartaban, el juicio de Dios caería sobre ellos.

A la hora de tener que cruzar el Jordán, ellos enfrentaban un gran peligro, debiendo hacer frente a una enorme cantidad de enemigos en una tierra extraña para ellos, que les era totalmente desconocida. Como Israel se mantuvo cerca del Señor, ellos pudieron superar todas las dificultades y pruebas que tuvieron, venciendo así a sus enemigos y a su propio temor. No obstante, la mayor de las pruebas que tendría que enfrentar Israel estaba por llegar. Con la finalización de la campaña de Josué, el pueblo de Israel tendría que pasar por años de prosperidad y abundancia, donde todo parecía ir bien para ellos. Es en ese entonces cuando olvidaron lo que Dios significaba en sus vidas y comenzaron a apartarse de él.

Josué 24:31 –  Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.

Al principio, y tras la muerte de Josué, Israel se mantuvo fiel, pero con el tiempo, ese amor se fue enfriando, hasta llegar a ser nulo.

Romanos 1:21 – Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Que los halagos que podamos llegar a recibir no nos nublen la visión y que recordemos lo que Dios hizo por nosotros a lo largo de nuestra vida.

Tal como sucedió con los israelitas, pasa con muchas personas, que si bien conocen a Dios, no tardan demasiado en olvidar lo que él significa para sus vidas cuando las cosas les van bien. Debemos reconocer como pruebas en nuestra vida aquellos momentos en los que nos toca salir airosos de toda situación y ser reconocidos por nuestras tareas, buscando dar gloria a Dios por todas las cosas buenas que nos suceden y no olvidando que todo lo que logramos es sólo por él. Tal como les pasaba a los generales romanos cuando se les concedía un triunfo y llegaban a un momento en sus vidas en el que todo parecía sonreírles, siendo reconocidos por todo su pueblo, quizás a nosotros también nos toque ser reconocidos de forma similar en algún momento. La palabra clave en todo esto es “Memento”, es decir, “Recordar”. Así como los generales romanos debían recordar que no eran más que humanos y que iban a morir, nosotros debemos recordar a Dios. Que los halagos que podamos llegar a recibir no nos nublen la visión y que recordemos lo que Dios hizo por nosotros a lo largo de nuestra vida, empezando por haber entregado a su hijo para darnos vida y limpiarnos del pecado con su sangre. Que en todo lo que hagamos, podamos recordar que Dios es lo primero en nuestra vida y que nos esforcemos para que eso nunca cambie. Porque si nosotros logramos algo, no es por nuestras capacidades, sino por la grandeza de Dios.

Jeremías 9:23-24 – Así dice el Señor: Que no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor

Si de algo nos vamos a glorificar, que sea de haber conocido a Dios. Por lo demás, debemos recordar (MEMENTO) dar la gloria a él por todo lo que hagamos.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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