Azul contra Azul

Efesios 2:14 – Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba. (NVI)

Azul contra azul es el término usado por la OTAN para describir al fuego amigo. Éste, lejos de ser una llamita sonriente, hace referencia a aquella situación en la cual un aliado ataca a otro durante una guerra. Aunque podamos pensarlo como algo que se da sólo en casos excepcionales, la realidad es que forma parte de la agenda habitual de casi todas las batallas, tanto antiguas como presentes. Veamos algunos ejemplos…

  • En la Biblia encontramos un caso de fuego amigo: Josafat estaba rodeado por los amonitas y los moabitas que pretendían atacarlo, aunque finalmente sale airoso de la situación ya que éstos terminan atacándose entre ellos.
  • En las guerras mundiales, éste se convirtió en un problema importante debido a la falta de experiencia en la coordinación aire-tierra. Pasaba a menudo que un avión bombardeara tropas pertenecientes a su propio bando, por error.
  • Un dato interesante, y bastante reciente, indica que la mayor parte de las bajas del ejército británico en la guerra del Golfo, fueron producidas por ataques de las tropas estadounidenses, quienes resultaban ser sus aliados.

Es decir, a lo largo de la historia, siempre existieron ataques entre aliados. El fuego amigo, a diferencia del fratricidio, engloba sólo aquellos que fueron realizados de manera involuntaria. Es decir, se realizó una ofensiva contra un compañero porque se creía que se trataba de un enemigo.

Tomando esto como base, podemos hacer un paralelo con nuestra vida cristiana. En la batalla que peleamos día a día como hijos de Dios, no hay lugar para el fratricidio. Es decir, no estoy en condiciones de decir que alguien que busca hacer algo, a propósito, para que un hermano se aleje de Dios se va a ir al infierno; eso le corresponde al Señor y no a mí. Pero sí puedo decirte que si ese es tu caso, tus frutos están empezando a largar un poco de olor a podrido, y que deberías revisar este tema.

Hecha la aclaración, vamos a enfocarnos en los ataques entre compañeros que son accidentales. Al igual que sucede en todas las guerras humanas, en la guerra espiritual, muchas de las bajas que se producen dentro del bando cristiano no se deben a ataques enemigos, sino que son producidas por un fuego amigo entre creyentes. Sin darnos cuenta, muchas veces nos atacamos y somos de tropiezo unos con otros, pudiendo esto traer grandes consecuencias para nuestras vidas espirituales.

Es en este momento cuando entra en juego este pasaje de Efesios 2, en el cual Pablo habla de cómo fue roto el muro de enemistad que nos separaba a unos de otros. A pesar de nuestras diferencias, una vez que creímos, pasamos a ser uno en Cristo, haciendo que ya no estemos nunca más alienados, sino que formemos parte de una nueva sociedad santa, que es la iglesia. Sin embargo, a veces nos pasa que olvidamos que por medio de Jesús este muro fue echado abajo, y nos dedicamos a edificar nosotros mismos paredes que nos separan a unos de otros. Cuando hablamos mal de alguien, construimos un muro que nos separa de esa persona; cuando no perdonamos, construimos un muro que nos separa de esa persona; cuando buscamos destacar constantemente las miserias de alguien, en lugar de gozarnos en sus dones y talentos, construimos un muro que nos separa de esa persona; cuando nos da bronca que a otro hermano lo vaya mejor que a nosotros, construimos un muro que nos separa de esa persona.

Es más, muchas situaciones como estas no se limitan simplemente a personas, sino que se dan entre congregaciones. Otra iglesia del mismo barrio que la nuestra hizo un evento que resultó un éxito y mucha gente se acercó a Jesús, pero nosotros reaccionamos con enojo por ello, porque no fuimos nosotros los que organizaron el evento, sino ellos. Ahí estamos construyendo un muro entre congregaciones que forman parte de una sola iglesia. Todos queremos que haya un avivamiento en nuestras congregaciones, pero casi nunca pasa. ¿Por qué? Porque queremos hacerlo para jactarnos y decir que tal día nuestra iglesia tuvo un mover especial del Espíritu, y no porque queremos glorificar a Dios por ello.

Azul contra azul, no es lo que Jesús quiere de nosotros… Jesús no quiere una iglesia donde hermanos se dañen unos a otros, como si pertenecieran a distintos bandos; Jesús no quiere una iglesia llena de muros entre las personas, que se termina convirtiendo en un laberinto para aquellas personas nuevas que se acercan a conocer de Dios. Mientras el amor del Señor no sea una realidad en nuestra vida, vamos a seguir actuando en contra del llamado que Jesús nos hizo, y en contra de su obra. Él murió para destruir los muros que nos separaban, pero muchas veces nosotros volvemos a construirlos.

Que Dios nos ayude a dejar de lado nuestro propio orgullo y vanagloria, y que podamos ser una iglesia que se cuide del fuego amigo en esta guerra espiritual que vivimos.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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