Caballo de Troya

Una de las batallas más recordadas de la edad antigua y, particularmente, de la historia Griega, es la batalla de Troya. Si bien no se sabe a ciencia cierta si realmente existió o no alguna vez esta batalla, se encontraron algunas pistas arqueológicas que pueden llegar a hacer alusión a un combate llevado a cabo en el territorio de la actual Turquía, donde se encontraba Troya. Sin embargo, a lo largo del tiempo, este evento fue siendo rodeado de misticismo y, si realmente sucedió, no hay dudas de que los relatos que tenemos hoy en día son algo exagerados.

La guerra entre una serie de polis griegas y la ciudad de Troya, tuvo lugar allá por el año 1200 A.C., cuando Helena, reina de Esparta, fue secuestrada por el príncipe Paris de Troya. Es así como, debido a esta ofensa, los griegos se embarcaron y atravesaron el mar Egeo para atacar a la ciudad de Troya desde la costa. El ataque persistió durante diez años, pero los grandes muros troyanos nunca cedieron. Esto ponía a los griegos en una situación difícil.

A partir de esto, tiene lugar la estrategia que haría que esta batalla sea recordada por siempre. Al ver que todo estaba en su contra, lo griegos decidieron fingir una retirada, escondiéndose de los troyanos. Como disculpas por las guerras ocasionadas, un espía griego que había permanecido en el lugar les ofreció el caballo de Troya. Si bien este obsequio generó cierta polémica dentro de los muros de la ciudad, finalmente accedieron a aceptarlo. Es así como, tras diez años de guerra, los troyanos celebraron a lo grande durante todo el día. Sin embargo, no contaron con que el caballo tuviera soldados adentro. Se cree que entre 30 y 50 soldados griegos salieron del caballo durante la noche y, matando a los guardias, abrieron las puertas de la ciudad. Ese fue el fin de Troya y, por lo tanto, de la guerra.

Leyendo el libro de Josué, vemos la historia de cómo los israelitas ingresan a la tierra prometida. Tras el fracaso de una generación en tomar la tierra debido a su falta de fe en Dios, la nueva generación se dispuso a tomar posesión del territorio que Dios les había dado. Es así como, durante su campaña por la tierra prometida, tuvieron que enfrentar tres principales dificultades relatadas en este mismo libro:

  • La conquista de Jericó, que hace referencia al mundo.
  • La conquista de Ai, que hace referencia a la carne.
  • El pacto con los gabaonitas, que hace referencia al diablo.

Así como los israelitas tuvieron que enfrentar a estos enemigos, nosotros también tenemos que enfrentar a los nuestros a lo largo de nuestra vida. Ellos debían enfrentarlos para tomar la tierra que Dios les había concedido, y nosotros los debemos enfrentar para obtener aquellas bendiciones espirituales que Dios tiene preparadas para nosotros. Entonces, nuestros enemigos son: el mundo, la carne y el diablo.

Gálatas 5:16-17  Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. (RVR)

La carne muchas veces nos gusta, porque parece satisfacernos.

De estos tres enemigos que debemos enfrentar, el peor de ellos es la carne. ¿Por qué? Simplemente porque somos nosotros mismos. Muchas veces nos cuesta reconocernos a nosotros mismos como enemigos, si después de todo somos todos “unos angelitos de Dios”. La carne nos lleva a pecar, estando el pecado en nuestra naturaleza. Hacemos cosas sin darnos cuenta que lo que hacemos está mal. Nosotros tenemos el problema de que este enemigo, muchas veces, nos gusta, porque parece satisfacernos. Si saliera de nosotros sería más fácil de combatir, pero al estar dentro nuestro tiene una posición privilegiada para atacarnos. La carne se convierte en nuestro caballo de Troya. Un enemigo que está atacándonos desde el interior de nuestras mismas murallas.

A lo largo de la historia, muchas naciones y grandes imperios fueron destruidos por problemas internos y no externos. Miremos el caso de Roma, uno de los más grandes imperios, que si bien fue conquistado por los bárbaros del norte, ¿por qué pudo ser conquistada? Porque cada romano quería sobresalir y a todos les importaban sus intereses y no los del imperio. Esa fue la única manera en que un imperio con el poderío militar romano pudo ser destruido. De la misma manera, muchas iglesias son destruidas desde adentro, por peleas constantes entre sus miembros que terminan debilitando a la congregación.

Romanos 7:18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. (RVR)

Los israelitas, luego de haber derrotado a Jericó, subestimaron a la ciudad de Ai, creyendo que unos pocos guerreros bastarían para derrotarlos, puesto que antes habían podido acabar con una ciudad mucho más grande como lo era Jericó. Ellos confiaron en su poder para obtener la victoria, sin interesarse en lo que Dios pensaba. Sin embargo, uno de los israelitas, llamado Acán, había tomado por posesión un objeto de la ciudad de Jericó, cuando Dios les había amonestado contra eso. Es así como todo el pueblo tuvo que pagar por su pecado. Pero… ¿por qué tuvieron que pagar todos?

1 Corintios 12:26 – De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (RVR)

Muchas veces no admitimos la derrota porque eso resulta ser algo vergonzoso y humillante para nosotros mismos.

Nosotros debemos darnos cuenta del potencial que tiene la carne como nuestro enemigo, como nuestro caballo de Troya, y debemos ser conscientes de que ésta es la causa de muchas de las dificultades que tenemos que vivir, porque la carne lleva al pecado y el pecado conlleva consecuencias. A lo largo de nuestra vida, es posible que haya momentos donde seamos derrotados por la carne, pero en esos momentos es cuando debemos confesar que fuimos vencidos y arrepentirnos. Muchas veces no admitimos la derrota porque eso resulta ser algo vergonzoso y humillante para nosotros mismos.

A pesar de todo lo que tengamos que afrontar, debemos ser conscientes de que no estamos solos en esta batalla. En este caso, la batalla contra la carne se gana de tres maneras:

Gálatas 5:24 – Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (RVR)

En primer lugar, debemos confiar en Cristo como nuestro único y suficiente salvador, de manera que seamos limpios de todo pecado y libres de las ataduras de la carne. Vamos a seguir equivocándonos, pero ya no vamos a ser presos de ese pecado.

Mateo 26:41 – Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (RVR)

En segundo lugar, debemos reconocer que en nuestra naturaleza está el pecar y el seguir los deseos de la carne, por lo que debemos perseverar en oración para cambiar eso.

Hechos 1:8 – Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo. (RVR)

En tercer y último lugar, debemos buscar la llenura del Espíritu Santo, que se manifiesta en nosotros y nos da fuerzas para enfrentar al enemigo.

Podemos vencer a la carne si nos negamos a nosotros mismos, y dejamos que Cristo reine en nuestras vidas. De esa manera, los frutos del Espíritu se irán manifestando en nosotros y se transformará nuestra manera de actuar.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

More Posts

Comentarios

comentarios

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

2 comentarios en “Caballo de Troya

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *