La Santificación: ¿Responsabilidad nuestra o de Dios?

Últimamente venía preguntándome: ¿Cómo es que yo puedo santificarme?¿La santificación no es la obra del Espíritu Santo?¿Es una actividad consciente o es algo que va a ir pasando sólo a medida que leo la Palabra y paso más tiempo en oración? Cuando tengo dudas acerca de la santificación y la lucha interna entre la naturaleza pecaminosa (la carne) y el Espíritu, siempre vuelvo a leer Romanos 7 y 8. Allí encontré este pasaje:

Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.  Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.  Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡ Abba! ¡Padre!»

Romanos 8:12-15 (NVI)

Vamos a analizarlo frase por frase:

  • Tenemos una obligación: Si es una obligación, debe ser algo que tenemos que hacer, no es algo que va a pasar por arte de magia. Es algo que concientemente debemos hacer. Para tener obligaciones, las personas deben ser conscientes de ellas y tienen que poder obrar en consecuencia. Si Dios nos va a dar una obligación, es porque podemos llevar a cabo ésta obligación y ciertamente nos dará los medios para poder llevarla a cabo
  • No es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si viven conforme a ella, morirán: Tremenda advertencia del apóstol Pablo. Si vivimos de acuerdo a la naturaleza pecaminosa, es decir, practicamos el pecado y no luchamos contra él, entonces no hemos sido justificados. Si de verdad nos arrepentimos de nuestros pecados y creímos en Jesús, nuestra actitud hacia el pecado es de odio. Odiamos nuestro pecado. Lo odiamos porque es aquello que nos ha alejado de Dios. Si esta actitud hacia el pecado no existe, entonces tenemos que preocuparnos acerca de si verdaderamente nos hemos arrepentido y creído que nuestra forma de vivir no es correcta. La Biblia dice que debemos mirar y buscar las cosas de arriba, ya que hemos muerto y nuestra vida ahora es Cristo (Colosenses 3:1-3). Si no estás en guerra contra el pecado y tu propia naturaleza pecaminosa, entonces hoy te animo a que tomes la armadura del Espíritu y comiences tu combate ¡Dios va al frente y pelea por vos!
  • pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán: ¿Nosotros debemos obrar?¿No es Dios quien obra en nosotros? Hermano, si esperas cambiar de un día para el otro, sin hacer nada, puedo decirte que no vas a ver resultados. Ahora, puedo decirte que si naciste de nuevo, toda lucha y pelea contra tu pecado, es el Espíritu dentro tuyo que está obrando. Es Dios quien pone en nosotros tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13). Esto no quita que sea una actividad consciente que nosotros debemos hacer. Debemos concientemente dar muerte al pecado. Para hacerlo debemos reconocer que hemos muerto. El pecado dentro nuestro va a querer seguir viviendo. Es en esos momentos en los que tenemos que decir “¡No!Con Cristo fui crucificado y ya no vivo yo, Cristo vive en mi” (Gálatas 2:20) ¿Cómo hacemos para matar al pecado por medio del Espíritu? Cuando tenemos el Espíritu de Dios, Él obra dentro nuestro y nos equipa con armas y defensas espirituales. Tenemos el poder de la Palabra de Dios, el escudo de la fe con la cual apagamos toda duda y miedo de parte del enemigo, y la persistencia en oración, que mantiene viva nuestra comunión con Dios. Tenemos que vivir de acuerdo al Espíritu. Esto va a producir el fruto del Espíritu en nuestra vida (Gálatas 5:16-22) ¿Cómo sabemos que andamos en el Espíritu? Porque vemos su fruto en nuestra vida. Vemos que es una acción concurrente. Es el Espíritu y somos nosotros los que actuamos. Es Cristo en nosotros. Es por eso que la renuncia al pecado debe ser conciente. Debe ser con disciplina. A través de dolorosos arrepentimientos y abandono de viejos vicios
  • Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios: Lo hermoso de esta frase es la seguridad que nos da acerca de nuestra salvación. Si nuestra naturaleza pecaminosa va muriendo a lo largo de nuestra vida, sentimos el gozo de la salvación. Nos sentimos asegurados de que hemos hallado gracia delante del Señor
  • Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo: Esta frase revela el principal motivo por el cual no podemos vencer al pecado: El miedo. Al momento de abandonar el pecado tenemos miedo de perdernos la satisfacción que encontramos en él. El enemigo utiliza este miedo para nublar nuestra mente con mentiras. Se honesto con vos mismo. Cuantas veces quisiste renunciar a algún pecado y no lo hiciste, porque no querías perderte la satisfacción. Pero la gran mentira es esa. Que no vamos a perder satisfacción, sino que vamos a abandonar una satisfacción pasajera y vacía por la verdadera satisfacción que proviene de Dios. Ésta es la de disfrutar de la Gloria del Señor en todo su esplendor. Este miedo es verdaderamente un problema de fe. No le creemos a Dios cuando nos dice que vamos a ser verdaderamente satisfechos en lo que Él nos dice. Somos rebeldes y no aceptamos su autoridad. Confia en la Palabra de Dios. Él sabe lo que te conviene, porque Él te creó. Digo que es un problema de fe, porque la satisfacción que tenemos en Dios requiere de nuestra parte tomar un riesgo, confiar en Él y sabemos que “la fe es la certeza de lo que se espera y la esperanza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1-3). Debemos pedir a Dios que nos ayude en nuestra incredulidad, como aquel hombre que le pedía a Jesús que le ayude a creer
  • sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡ Abba! ¡Padre!»: Debemos tener seguridad con nuestro Padre ¿Qué padre humano da malas cosas a sus hijos? Nuestro Padre nos ama y lo que nos dice, lo dice para nuestra total satisfacción. Él Espíritu nos quita el miedo que podemos tener acerca de Dios. Podemos acercarnos con seguridad a nuestro amoroso Padre celestial. Esto es lo hermoso del Evangelio. Que Dios nos justifica y ya no está enojado con nosotros. Nos atribuye la justicia de su Hijo amado y nos adopta como hijos suyos

Podemos concluir que la santificación es una tarea que el Espíritu Santo lleva a cabo en nuestro interior, pero es una tarea que concientemente debemos realizar. No podemos pretender no hacer nada. No podemos tampoco enorgullecernos y tomar merito por el fruto del Espíritu en nuestra vida. Te animo a que no te des por vencido en esta guerra espiritual. Nuestro peor enemigo a veces somos nosotros mismo. No te desanimes cuando peques, ya que si pecamos, tenemos un intercesor, Jesucristo el Justo, que nos defiende ante los reclamos del acusador (1 Juan 2:1) ¡No creas la mentira de Satanás y no te rindas! Busca la misericordia de Dios, clama a Él y Él te va a perdonar y darte los medios para que vayas matando a tu viejo hombre

¡Qué Dios te Bendiga!

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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