6 consejos prácticos para perseguir la santidad

En mi anterior post estuvimos hablando acerca de quién es responsable por nuestra santificación, si aún no lo leíste, te invito a leerlo. Recordemos que no queremos predicar una religión en la que se obtiene la salvación por medio de las obras. Nosotros predicamos un evangelio en el cual estábamos muertos en pecado y Cristo nos rescató, nos dio nueva vida y ahora es Él quien vive en nosotros y por medio de su Espíritu produce la santificación en nosotros, a pesar de que éste es un acto consiente de nuestra mente. Es un acto de gracia en el que Dios nos va transformando, moldeándonos a la imagen de Cristo, nuestro hermoso y perfecto maestro y salvador. Antes de ponerte a hacer todas estas cosas, debes renunciar a intentarlas por tus propios medios, ya que lo más probable es que te frustres, creas que son una carga muy pesada, intentes negociar con Dios por medio de las obras y por último vas a abandonarlas, cuando te des cuenta que nadie está en la posición de negociar con el Señor. No cometas el error de intentar agradar a Dios, eso ya lo hizo Jesús con su vida y su sacrificio. La santificación no es la forma en que los cristianos agradamos a Dios, es la forma en la que encontramos nuestro propósito y satisfacción en Él, de forma que magnificamos la Gloria de Dios en nuestra vida. Si comprendiste que la santificación es la obra de Dios por medio de su gracia, entonces, vamos a ver algunos puntos prácticos que en su gracia, el Señor nos reveló por medio de su Palabra.

Reconoce que el viejo hombre ha muerto

Cuando somos regenerados por Dios, nuestra vieja naturaleza pecaminosa debe morir. Esto lo representamos en el bautismo, cuando somos sumergidos, somos sepultados con Cristo (Colosenses 2:12). Para poder resucitar con Cristo debemos morir con Él. Pablo dice que si hemos muerto nuestra vida está escondida con Cristo. Por lo tanto, tenemos que hacer morir las obras de la carne (Colosenses 3:1-9). Si no podes renunciar a tus pecados, debes preguntarte si de verdad te has arrepentido de tus pecados. Debes al menos odiar tus pecados y ponerte en guerra con ellos, porque entendemos que nuestros pecados son los que nos alejaron de nuestro Señor y que no nos permiten disfrutar verdaderamente de la Gloria del Señor

Reconoce la responsabilidad por tu pecado

Cuando nos vemos a nosotros mismos como víctimas del pecado, estamos perdidos. Debemos estar de acuerdo con la Palabra de Dios y reconocer que hemos pecado por nuestra propia voluntad y que somos totalmente responsables por el hecho(Juan 3:19). Si no hacemos esto nunca vamos a poder arrepentirnos y clamar a Dios que nos perdone y nos de un nuevo corazón.

Lee la Palabra y pasa tiempo con Dios

El único medio por el cual podemos vencer al miedo de abandonar el pecado es obteniendo Fe, y la Fe viene a través de conocer la Palabra de Dios, ya que ella es la que tiene poder para transformar las vidas de las personas (Romanos 10:17). Si no pasamos tiempo de calidad leyendo la Biblia y orando al Señor, nuestra vida cristiana va a ser una vida mediocre, donde sólo vamos a conocer a Dios por medio de lo que nos cuente nuestro Pastor, líder, etc..

Adoptemos la costumbre de la confesión, no es sólo para los Católicos Romanos

Al escuchar la palabra “Confesión”, se nos prenden nuestro detector de doctrinas católicas romanas y en seguida decimos: ¡No hay intermediarios entre Dios y los hombres, sólo Jesucristo!¡Yo confieso directamente mis pecados a Dios! Bueno, dejame decirte que es cierto que la Iglesia Católica Romana convirtió una excelente práctica en un ritual que poca utilidad tiene. Por supuesto que nosotros tenemos acceso directo a la presencia de Dios por medio de Cristo. Pero la confesión es una práctica muy buena que sirve para comprometernos a mantener la santidad. Santiago nos anima a que podamos “confesar nuestros pecados unos a otros”(Santiago 5:16). Las relaciones entre hijos de Dios debe ser relaciones de responsabilidad. Debemos contar con nuestros hermanos para que nos ayuden y nos corrijan en el camino y nosotros hacer lo mismo por ellos. No para jugar a quien es más santo, sino para que con amor, todos podamos ir creciendo juntos. Debemos acostumbrarnos a rendir cuentas a nuestros hermanos por nuestras acciones, ya que esto nos va a ayudar a mantener la santidad. Cuando tenemos algún pecado secreto, es bueno que podamos confesarlo a un hermano. Eso le quita poder a ese pecado. Nos va a dar miedo volver a cometerlo, porque no queremos defraudar a nuestros hermanos y sobre todo, no queremos defraudar a Dios. Es bueno que podamos rendir cuentas a hermanos con más experiencia en el camino, quizás algún líder o anciano de la Iglesia que nos ayude a crecer espiritualmente y pueda orar por nosotros.

Ayunemos regularmente

Cuando Jesús habló del ayuno en el sermón del monte, dio por hecho que sus discípulos tenían que ayunar. Él dijo “Cuando ustedes ayunen…”, no dijo “Si ustedes ayunan”. No hay una condición. Debemos ayunar. Pero ¿Para qué ayunar? El ayuno es una práctica en la que nosotros renunciamos a algún placer material, por lo general la comida, para enfocarnos en Dios. Es dejar de lado un poco nuestra necesidad de comer porque reconocemos que tenemos una necesidad más grande, Dios. Es encontrar la satisfacción en Él, en lugar de las cosas que el creó. A ésto se refirió Jesús cuando Satanás lo tentó para que convirtiera las rocas en pan, citando Deuteronomio, “No sólo del pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la Boca de Dios” (Mateo 4:4). El ayuno es una buena práctica que nos ayuda a abandonar el pecado, ya que el mismo ayuno nos ayuda a estar consientes de que queremos dejar el pecado para encontrar mayor satisfacción en Dios.

No demos lugar al pecado: Evitemos hacer planes donde nos exponemos al enemigo

Cuando hagamos planes, tengamos en cuenta a que lugares vamos a ir, que ambiente hay en esos lugares. No debemos dar lugar al pecado. El apóstol Pablo nos dice “Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo, y no piensen en proveer para las lujurias de la carne.” (Romanos 13:14 NBLH). Si sabemos que en un lugar al que vamos a ir va a estar lleno de tentaciones, evitemos esos lugares. No pongamos a prueba nuestra capacidad de aguantar la tentación en un momento de gran presión y un ambiente poco favorable, porque es probable que caigamos.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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