Discípulos Verdaderos y Discípulos Falsos

Juan 15:5-6 –  »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. (NVI)

En este pasaje del evangelio de Juan, nos encontramos a Jesús dando una enseñanza sobre la importancia de permanecer en él para ser verdaderamente discípulos suyos, y dar así mucho fruto. El Señor hace una importante declaración: no todos los que creen ser sus seguidores lo son verdaderamente. Hay quienes dicen estar aferrados a Jesús, que es la vid verdadera, pero en realidad no están unidos a él, por lo que no reciben los nutrientes necesarios para dar fruto, y terminan siendo ramas que se secan y se descartan.

La vid, a lo largo de toda la Biblia, representa al pueblo de Dios. Son varios los pasajes del antiguo testamento en los cuales se hace referencia al pueblo de Israel, la nación escogida, como la vid. Con la venida del mesías, la salvación no es únicamente para los judíos, sino también para los gentiles. Es así que la vid, en el nuevo testamento, deja de enfocarse en Israel, para pasar a apuntar a Jesús y a todos los que están unidos a él formando parte del cuerpo de creyentes.

Mateo 7:13-14, 23 – Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran. […] Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?”. Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad! (NVI)

Este pasaje de Mateo 7 es de los que más claramente explican la existencia de falsos discípulos. Éstos son aquellos que sirven a Dios, hacen cosas en su nombre, pero nunca tuvieron una transformación verdadera; nunca recibieron al Espíritu Santo por medio de la regeneración; nunca van a pasar por la puerta estrecha. Esto me lleva a algunas preguntas: ¿Cómo estamos nosotros en nuestra vida cristiana? ¿Si hoy tuviéramos que enfrentarnos a la puerta estrecha, la pasaríamos? ¿Estamos seguros de nuestra salvación?

Estos interrogantes nos acercan a reflexionar sobre qué requisitos tenemos que cumplir para pasar por la puerta estrecha. Como toda puerta, debe tener algún mecanismo de seguridad para que no entre cualquiera; de otro modo, ¿qué sentido tendría tener una puerta? Bastaría con hacer una abertura… La cuestión es que existen distintas formas de asegurar una puerta, las cuales dependerán de cuán importante es lo que hay detrás. Por ejemplo, el acceso a la caja fuerte de un banco seguramente tendrá un tipo de seguridad diferente respecto a la puerta de una casa.

En la teoría de la seguridad física, existen tres tipos de sistemas de seguridad:

  • Lo que sé: Se basa en el conocimiento de algo, como puede ser una contraseña.
  • Lo que tengo: Se basa en la posesión de un objeto físico, como una tarjeta de acceso o una llave.
  • Lo que soy: Se basa en rasgos biológicos de una persona, como puede ser la huella digital, la mano, el ojo, etc.

Siendo que la puerta que nos lleva a la presencia de Dios es la más importante que existe, es lógico pensar que ésta cuenta con los tres tipos de seguridad combinados. Sólo si cumplimos con todos ellos vamos a poder pasarla. Vamos a analizarlos…

  • Lo que sé: Para pasar por la puerta, en primer lugar, tengo que saber que Jesús es el salvador y creer en él. Esto es lo que se conoce como fe. Sin embargo, es importante distinguir dos tipos de fe:

La fe intelectual: ¿Es posible creer en Jesús y no ser salvo? La respuesta es sí. Más allá de que muchas veces nos quedamos con Juan 3:16, en donde se afirma que todo el que cree es salvo, si estudiamos el pasaje en el contexto, entendemos que es necesario un nuevo nacimiento para la salvación. De hecho, si vamos un capítulo más atrás, tenemos un claro ejemplo de gente que creyó, pero aun así no pasó por la puerta estrecha:

Juan 2:23-25 – Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos; no necesitaba que nadie le informara nada acerca de los demás, pues él conocía el interior del ser humano. (NVI)

Es decir, estas personas creyeron en su nombre, pero Jesús sabía que su fe no era verdadera. Era sólo una fe intelectual, motivada por las emociones de ver lo que él hacía. No había una transformación verdadera. Esta es la fe que tienen aquellos que creen ser discípulos de Jesús, pero en realidad no lo son. Ellos son las ramas que van a secarse y ser quemadas.

La fe salvadora: Esta es la fe verdadera; la fe que va de la mano de los dos puntos que vamos a analizar a continuación. Esta es la fe que tienen los verdaderos discípulos; es la fe que involucra el arrepentimiento, la convicción de pecado, y la transformación de la persona; es la fe que lleva a que nada vuelva a ser igual; es la fe que se describe en Efesios 6:16. Si nuestra fe es sólo intelectual, no podremos resistir los ataques del diablo, porque no estamos verdaderamente unidos a la vid verdadera. Pero todo cambia cuando pasamos a tener una fe salvadora: ésta nos va a servir de escudo para detener los dardos de Satanás.

  • Lo que tengo: Para pasar por la puerta, tengo que tener frutos. Si tenemos una fe salvadora, sencillamente es imposible no llevar frutos, porque estamos aferrados a la vid verdadera. Si no mostramos los resultados de nuestra salvación, es porque sencillamente no somos salvos. Algo tiene que cambiar en nosotros; algo nos tiene que llevar a glorificar a Dios en todo momento. Cuando el Espíritu Santo está dentro de nosotros el dar frutos es algo que no podemos evitar.

Juan 15:5 – El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto. (NVI)

  • Lo que soy: Si tengo fe salvadora y estoy dando frutos, entonces si dudas puedo afirmar que soy una nueva criatura. Ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. El Espíritu Santo comienza cambiando mi Espíritu, para que luego el cambio llegue a nuestra alma, y finalmente al cuerpo, manifestándose en acciones que se corresponden con aquello que proclamamos creer.

2 Corintios 5:17 – De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (RVR)

Es importante entender que para pasar por la puerta estrecha debemos cumplir con estas tres características. Y, de igual manera, debemos saber que no se puede tener una sin la otra. No podemos, por ejemplo, ser nuevas criaturas sin tener fe salvadora o sin dar frutos. Los tres aspectos van de la mano.

Espero que este mensaje te sirva para reflexionar sobre tu salvación. ¿Sos realmente salvo? Si hoy tuvieras que enfrentarte a la puerta, ¿la pasarías?

¡Que Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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