La Última Cena

Cuando llegó la hora, Jesús y sus apóstoles se sentaron a la mesa. Entonces les dijo:

—He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, pues les digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios.

Luego tomó la copa, dio gracias y dijo:

—Tomen esto y repártanlo entre ustedes. Les digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.

También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:

—Este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí.

De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo:

—Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.

Lucas 22:14-20 (NVI)

Hoy es Jueves santo. Lo llamamos así porque fue el día en el cual Jesús cenó por última vez con sus discípulos y luego es traicionado por Judas para ser juzgado. Es un hecho importante para nosotros, porque fue ese día en el cuál Jesús estableció la cena del Señor o Santa Cena. Sabemos, por todos los relatos de los distintos evangelios, que esta reunión fue muy íntima, ya que sólo participaron los 12 apóstoles y Jesús. Esta última cena tiene además grandes y hermosas enseñanzas que Jesús dejó a sus discípulos, como por ejemplo el lavamiento de los pies, la promesa del Espíritu Santo y la hermosa oración de Jesús por sus discípulos.

En el pasaje anterior, vemos que Jesús estaba deseoso de compartir esta cena de Pascua con sus discípulos. El Señor ya sabía lo que vendría después. Cualquiera de nosotros no tendría muchos deseos de que llegara esa hora. Pero Jesús deseaba tanto glorificar a Dios haciendo la voluntad del Padre y amaba tanto a los humanos, que deseaba que estas últimas horas llegasen. Su prioridad en el ministerio fue hacer la voluntad de su Padre y lo hizo hasta la muerte. Tenemos mucho que aprender de nuestro Señor a la hora de hacer la voluntad de Dios.

Luego tomó el pan y dio gracias y lo partió. El pan es la comida más básica en la gran mayoría de las culturas. Recordemos cuando Jesús nos enseñó a orar, dijo que debíamos pedir “el pan nuestro de cada día”. Al partirlo para darselos, dijo que era su cuerpo ¿Qué significa ésto? Jesús les estaba explicando que Él estaba entregando su cuerpo para morir por nuestros pecados. De ésta forma, Él establece que su sacrificio es nuestra comida básica espiritual. Debemos alimentarnos del sacrificio de Cristo para que nosotros podamos tener vida espiritual. Por supuesto que todo esto es simbólico. No debemos comer literalmente el cuerpo del Señor, como piensan los católicos romanos, pero sí debemos aceptar que el sacrificio de Cristo es lo que nos da vida delante de Dios. Es por eso que el pan se transforma en un símbolo de esa vida que es quebrada por nosotros, para darnos vida eterna.

Los judíos debían comer durante toda la semana anterior a la pascua panes sin levadura(Éxodo 12:15). Debían quitar todo rastro de levadura y de pan con levadura de sus casas. Éste tiene un significado para nosotros. En el Nuevo Testamento la levadura es usada como un símbolo de pecado(Lucas 12:1, Marcos 8:15, 1 Cor. 5:8). El pan del cuerpo de Cristo no tiene pecado. Él vivió una vida perfecta, y fue capaz de agradar a Dios con su vida, distinto a lo que ocurre con nosotros, que no podemos evitar pecar y caer bajo condenación por nuestros pecados. No es necesario hoy en día comer pan sin levadura al momento de compartir la cena del Señor, pero la fiesta de los panes sin levadura tenía este significado. Además dijimos que los judíos debían quitar toda la levadura de sus casas. Ésto es una señal de la santificación de la Iglesia. Como hijos de Dios debemos sacar todo el pecado de nuestras vidas, por medio del Espíritu Santo que obra en nosotros.

Luego toma la copa de vino y dice que es el “nuevo pacto en su sangre”. Ahora, no es una ocurrencia del Señor haberla llamado “nuevo pacto”. A pesar de ser nuevo, no era una novedad. Jesús se estaba refiriendo precisamente a una serie de promesas de Dios dichas a los profetas Ezequiel y Jeremías. El nuevo pacto que Dios le promete a su pueblo es el siguiente:

Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos días —dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Jeremías 31:33 (NTV)

Haré con ellos un pacto de paz; será un pacto eterno con ellos. Y los estableceré, los multiplicaré y pondré Mi santuario en medio de ellos para siempre. Mi morada estará también junto a ellos, y Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo. Y las naciones sabrán que Yo, el Señor, santifico a Israel, cuando Mi santuario esté en medio de ellos para siempre. Ezequiel 37:26-28 (NBLH)

Dios le había prometido a su pueblo que haría un nuevo pacto. Prometió que en ese nuevo pacto cambiaría nuestro corazón y pondría su Espíritu en nosotros. Pero para poder crear ese nuevo pacto, tenía que castigar la rebelión de la humanidad. Es por eso que se hizo hombre y en Cristo la raza humana es representada. Con valor, Jesús enfrentó la ira de Dios que había sobre cada uno de nosotros. Porque por la transgresión de un hombre entró el pecado y la muerte al mundo; por la justicia de otro hombre vino la gracia de Dios. Cristo firmó el nuevo pacto con el derramamiento de su propia sangre. Cuando Dios hizo el Antiguo Pacto con la nación Israel, Moisés sacrificó unos novillos y dijo: “Ésta es la sangre del pacto que, con base en estas palabras, el Señor ha hecho con ustedes.”(Éxodo 24:8). Con la sangre roció al pueblo. Ésto era una señal de perdón de pecados, ya que la vida de otro le da vida a quien está muerto en pecado. La vida de Cristo, contenida en su sangre, es la que nos da vida eterna y la que nos libra de la maldición del pecado. El Señor nos pide que recordemos que dio hasta la última gota de su sangre para que nosotros podamos tener vida. Para representar la aceptación de este sacrificio fue que utilizó el vino. Cuando bebemos el vino, estamos aceptando el sacrificio de Cristo por nosotros, por lo tanto nos hacemos participantes del nuevo pacto en su sangre.

En la escritura, la cena del Señor es siempre descrita como una actividad de comunión con todo el cuerpo de Cristo, es decir, nuestros hermanos de la Iglesia. Es inconcebible participar de la cena del Señor si no formamos parte de una congregación. Además la cena debe ser un momento de reflexión y reafirmación de nuestra fe. El apóstol Pablo nos advierte sobre lo terrible que es participar de la cena del Señor con indiferencia, sin creer verdaderamente, sin estar enemistados con nuestro propio pecado(1 Cor. 11:27-34). El participar de la comunión con nuestros hermanos es un momento muy solemne. No debemos tomarnoslo a la ligera. Debemos preparar nuestro corazón para participar juntos, buscar la reconciliación con aquellos hermanos que hemos ofendido y meditar en el evangelio de nuestro Señor. Cada vez que hagamos esto, anunciamos la muerte de Cristo. La santa cena se transforma en un medio de recuerdo y de predicación del evangelio para nosotros.

Hermanos, quiero desearles a todos una hermosa pascua. Pasemos tiempo con el Señor en estos días y recordemos lo hermoso y glorioso de su obra en la cruz del calvario. Meditemos en la cena del Señor y no participemos de ella como si fuera un simple ritual.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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