Isaías 53: No Pares de Sufrir

El 2015 empezó siendo un gran año para mí. Estaba avanzando en el estudio, en mi último año de la carrera de ingeniería, estaba asentado en mi trabajo, sirviendo en la iglesia y, por sobre todo, en una gran comunión con el Señor. No así más que crecer en él, y así fue hasta pasado mitad de año. Me sentía bien conmigo mismo, confiando en Dios. La pregunta que me venía a la cabeza era: ¿el ser cristiano me va a traer algún nuevo gran desafío para mi vida? Sentía que las aguas estaban demasiado calmadas, y que tenía que haber algo más… ¡y lo había! Desde finales del año pasado hasta ahora, Dios me está haciendo crecer de maneras que nunca hubiera imaginado. ¿A quién puso de maestro? A alguien llamado “sufrimiento”.

Hoy en día, hay un grupo de personas que se hacen llamar “la iglesia universal del reino de Dios”. Ellos mantienen un lema llamado: “para de sufrir”. Esta frase no sólo tiene poco que ver con la verdadera esencia del cristianismo, sino que es Satanás mismo quien está detrás de esas mentiras antibíblicas. A partir de este texto, quiero hacerte ver la importancia de “no parar de sufrir” cuando caminamos verdaderamente en la voluntad de Dios.

Vamos a la Biblia…

Isaías 53:3-7 – Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. (RVR)

Isaías relata con lujo de detalles el sufrimiento que el Mesías tendría que atravesar. Como dato curioso, es interesante saber que este  pasaje no es leído en las sinagogas judías. Forma parte del Tanaj (el equivalente a nuestro Antiguo Testamento), pero es pasado por alta por ellos. ¿Por qué? Porque señala de manera perfecta la forma en que el pueblo de Israel rechazó a quien venía a ser su Salvador.

Como vemos en Getsemaní, Jesús no quería sufrir. Él sabía lo que vendría sobre él. Y con esto no estoy hablando sólo del castigo físico y psicológico que recibiría, sino también del sufrimiento espiritual que le causaría el cargar con los pecados de toda la humanidad. Seguramente, a Jesús le hubiera venido bien un mensaje del tipo “pare de sufrir”; él deseaba poder hacer a un lado ese sufrimiento. ¿Pero saben qué es lo más interesante sobre Jesús? Que él tenía el poder para evitar pasar por todo lo que pasó. Él podría haber probado que era el Hijo de Dios, haciendo cosas como las que Satanás le insinuó en Lucas 4. Jesús, mientras era maltratado y torturado, mientras era abandonado por sus amigos, mientras se burlaban de él por no poder “salvarse a sí mismo”, era tentado por Satanás a acabar con ese sufrimiento. Él podría haber enviado a los ángeles a defenderlo. Sin embargo, agachó la cabeza y siguió adelante con su sufrimiento, porque esa era la voluntad del Padre. Él confiaba plenamente en la soberanía de Dios, y sabía que detrás de ese sufrimiento había un propósito, por lo que se dispuso de buena voluntad a entregarse al sufrimiento. ¡A no parar de sufrir!

Ahora bien, ¿qué implicancia tiene esto para nosotros hoy en día? Leamos…

1 Pedro 2:21 – Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. (NTV)

Como cristianos, estamos llamados a seguir los pasos de Jesús. ¿De qué pasos nos habla el apóstol Pedro? Ni más ni menos que de los pasos del sufrimiento; los del camino angosto que lleva a la salvación. ¡Ese es el sendero que tenemos que seguir! Dios, muchas veces, permite que pasemos por etapas de sufrimiento porque tiene un propósito para ello. Es por eso que, confiando en la soberanía de Dios, debemos pasar gozosos por la etapa del sufrimiento, sabiendo que con ello estamos haciendo la voluntad de Dios.

Un error que se comete habitualmente, es el pensar que el sufrimiento viene como consecuencia de que estamos haciendo algo malo. Esto no es así, hermanos. Si bien es una realidad que muchas cosas que nos pasan tienen que ver con las consecuencias de algún pecado que cometimos, también es posible que Dios nos haga pasar por etapas de sufrimiento por diversos motivos que tienen que ver con caminar en su voluntad. Es más, te diría que si como cristiano nunca pasaste por una etapa de sufrimiento, entonces no estás haciendo bien tu tarea como un verdadero hijo de Dios, porque como dice el apóstol Pedro, en este camino vamos a tener que sufrir. Sea perseguidos hasta la muerte, sea burlados, sea rechazados por gente que queremos, la realidad es que el negarse a uno mismo siempre tiene una dosis de sufrimiento implícita.

Para reafirmar el hecho de que el sufrimiento no siempre viene como consecuencia de un pecado, basta con ver la vida y la muerte de Jesús. El sufrió, ¡y de qué manera! Sin embargo, nunca cometió pecado.

Esto nos lleva a pensar el motivo por el cual Dios nos manda el sufrimiento. En realidad, los motivos son varios, pero me quiero centrar sólo en uno de ellos, que a mi entender es el más noble y el que más se destaca. Dios puede permitir que suframos para:

  • Probar si nuestra fe es verdadera.
  • Hacernos crecer.
  • Hacer que nos humillemos ante él.
  • Ser consolados para consolar a otros.
  • No depender de cosas materiales.
  • Valorar la esperanza eterna que tenemos.
  • Valorar las bendiciones de Dios.
  • Salvar a otras personas.

Veamos un pasaje de Génesis. José había pasado por muchas pruebas: traicionado por sus hermanos fue vendido como esclavo, la esposa de Potifar lo engañó y fue puesto en la cárcel, en la cárcel fue olvidado por el copero a quien él había ayudado. En este resumen transcurrieron muchos años. Finalmente, José es puesto en un lugar de prominencia en Egipto, y cuando sus hermanos se presentan ante él, lejos de pensar castigarlos, dice esto:

Génesis 50:20 – Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.

José entendió que el propósito por el cual Dios lo había hecho pasar por tantos sufrimientos era salvar a muchas personas, y se gozaba en ello. Él no sólo salvó a toda su familia, haciendo que el pueblo escogido por el Señor pudiera seguir creciendo, sino que también salvó la vida de muchos egipcios y gente de otras naciones, puesto que si José no hubiera interpretado el sueño de Faraón, todos hubieran perecido durante los años de hambruna.

Esto nos lleva de regreso al sufrimiento que tuvo que pasar Jesús. ¿Por qué Dios permitió que él pasara por todos los sufrimientos que pasó? Justamente, para salvar la vida de todo aquel que crea en su sacrificio y lo acepte como su único y suficiente salvador.

De la misma manera, cuando Pedro dice que tenemos que sufrir como sufrió Jesús, hace referencia a que Dios también quiere usar nuestro sufrimiento para que podamos ser de testimonio a los demás, y así salvar a muchas personas. Es por eso que en el mensaje de hoy te digo de parte de Dios: ¡no pares de sufrir! Seguí adelante a pesar del sufrimiento, porque Dios es soberano y quiere usar todo esto para que vos puedas bendecir a otros de tal manera, que muchos van a ser salvos a partir de tu sufrimiento, para la gloria de Dios. Esto es lo que renueva mi gozo y me inspira a seguir adelante en esta etapa de dificultades. Cuando no puedas más, simplemente postrate ante el Señor, y él va a estar dispuesto a renovar tus fuerzas. Pero por sobre todo, tené en vista siempre que el objetivo de tu sufrimiento es la salvación de muchos.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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