12 Errores cometidos al evangelizar

En mis años como creyente, Dios fue cambiando paulatinamente la forma en la que me ayuda a compartir el mensaje de salvación con los demás. En la medida que fui creciendo en mi relación con él, me fue mostrando algunos errores que cometía a la hora de presentar a las personas las verdades del evangelio. Es por eso que escribo este artículo para que puedas reflexionar sobre la forma en que vos estás llevando las buenas nuevas, y que si descubrís en vos alguno de estos mismos defectos, puedas pedirle a Papá que te ayude a corregirlos.

Antes que nada, considero importante aclarar que si no estás compartiendo el mensaje con otros por no considerarte lo suficientemente preparado, tenés dos tareas importantes para hacer: En primer lugar, prepararte, y en segundo lugar, empezar a compartir lo que sabés, primeramente con tu vida, dando testimonio de Dios, y en segundo lugar con las palabras, predicando sobre las verdades que encontramos en su Palabra. Hay quienes dicen “no voy a evangelizar hasta no estar lo suficientemente preparado”. El problema con esto es que puede que nunca llegues a estar lo suficientemente preparado. Por eso es importante ir preparándose por una lado, e ir evangelizando en la medida que seguimos creciendo en el Señor.

1- Estar nervioso

Esto es algo que nos pasa habitualmente cuando salimos a evangelizar, pero que definitivamente tenemos que empezar a pedirle a Dios que nos ayude a controlar. ¿Por qué? Porque si hablamos nerviosos, temblando, y aceleradamente, da la impresión que estamos queriendo engañar a la otra persona. En general, solemos ponernos nerviosos cuando estamos diciendo una mentira y tenemos miedo de lo que pudiera llegar a pasar si nos descubren. En este caso, nosotros estamos contándole la verdad a las personas, y estamos trayéndoles un mensaje que puede sacarlas de la condenación que merecen. Por eso, tenemos que esforzarnos y orar al Señor para que nos permita transmitir el mensaje con tranquilidad y claridad; con confianza, porque sabemos que lo que hablamos es cierto.

2- Enojarse con la otra persona

En muchas ocasiones, te va a pasar que la persona a la que intentás hablarle te va a ignorar o incluso responder de mala manera. Es posible que te rompan en la cara el folleto que les diste, o que cuando menciones que sos de una iglesia empiecen a darte un montón de argumentos por los cuales no quieren saber nada con las cosas de Dios. Por ejemplo, pueden decirte “yo viví esta situación en tal iglesia” o “los pastores le roban plata a la gente”, entre otras frases escuchadas habitualmente. En estas circunstancias, lo peor que podamos hacer es perder la calma. Seamos honestos, ¿cuántas personas conocés que se hayan convertido luego de que fueran convencidas tras discutir enfáticamente durante varios minutos? La discusión y la riña nunca es el camino. Hasta donde la otra persona nos deje, tenemos que transmitirle cuál es la verdad, pero si la persona se rehúsa una y otra vez a pensar en lo que le decimos, entonces tenemos que seguir adelante sabiendo que nuestro objetivo con ella fue cumplido. Nunca tenemos que ponernos a su altura y entrar en discusiones sin sentido, por mucho que el otro quiera fomentar esa situación.

3- Pretender explicar temas complejos

Una vez, estaba en la plaza y me acerqué a charlar con unos chicos que estaban sentados en un costado. La conversación fluía más o menos con normalidad hasta que, sin darme cuenta, me encontré a mí mismo intentando explicarles sobre la trinidad y cómo Dios se manifestaba en tres personas, dando lujo de detalles de esta doctrina. Cuando terminamos de hablar seguí mi camino, y el Espíritu Santo me hizo notar que los chicos no habían entendido nada de todo lo que les dije, y sólo contribuí a generar confusión en su cabeza. Esto me ayudó a entender que cuando vamos a transmitir el evangelio tenemos que intentar hacerlo de una manera simple, evitando entrar en detalles complicados y mostrándoles a las personas lo esencial del plan de salvación de nuestro Dios. Que ellas puedan reconocerse como pecadores, para luego comprender que hay una salida a la muerte que el pecado trae aparejada. Lo demás, podemos ir explicándoselos con tiempo, en la medida que ellos tomen la decisión de ser discípulos de Jesús.

4- Predicar sobre eventos, y no sobre el evangelio

¡Este es un error terrible! Cuando noté que lo cometía sentí mucha vergüenza de mí mismo. A veces, estamos tan compenetrados en nuestras propias actividades que terminamos olvidándonos cuál tiene que ser el centro de nuestro mensaje. Terminás predicándole a las personas sobre “el hermoso grupo de jóvenes que hay en la iglesia” o sobre “las salidas que hacemos después de la reunión”. Si bien están buenísimos los eventos que podamos hacer que contribuyan a la unidad de la iglesia, éstos, por sí mismos, no van a salvar a nadie. Podemos invitar a la gente a nuestras actividades, pero lo principal para nosotros tiene que ser poder transmitirles el mensaje de salvación. Ese tiene que ser el centro de lo que hablemos. Tengamos cuidado con estar poniendo actividades como el centro de nuestro evangelismo.

5- Tomar una postura de superioridad

Hay algo que tenés que tener bien en claro siempre que salgas a evangelizar: Si no fuera por la gracia de Dios, ¡vos estarías perdido! Es decir, no tenés nada de lo que enorgullecerte, ni tampoco ningún motivo para sentir que sos moralmente superior a los demás, porque todo lo que tenés no es tuyo, sino que es un regalo del Señor (Jeremías 9:24). Además, si vamos al foco del asunto, todavía no sos perfecto. Muchas veces decimos “Dios transformó mi vida”, lo cual es completamente cierto. Pero hay un problema con eso: parece que ya somos un producto terminado. Dios transformó nuestra vida, aunque también la sigue transformando día tras día por medio de su Espíritu Santo (Filipenses 1:6). Por eso, siempre que vayamos a transmitir el mensaje de salvación hagámoslo con completa humildad, y no sintiéndonos superiores (1 Pedro 3:15-16).

6- Ponerse en el rol de juez

Muchas veces nos olvidamos que nosotros somos simplemente un instrumento de parte de Dios para transmitir las buenas nuevas de salvación, y nos terminamos poniendo el traje de juez de las personas. Las sentenciamos al infierno o juzgamos sus actitudes, cuando esa no es la tarea que nos corresponde a nosotros. Nuestro deber consiste simplemente en transmitir el mensaje a todo aquel que tengamos la oportunidad, pero al final, sólo Dios juzgará a las personas de acuerdo a lo que haya en sus corazones. Nosotros tenemos que enseñar lo que dice la Palabra sobre ciertas cosas, y amonestar a quienes estén haciendo cosas fuera de la voluntad del Señor, pero bajo ninguna circunstancia tenemos que ir por la vida condenando a la gente. De haber sido así, no tendríamos una Biblia sino una hoz en nuestras manos. Sólo Dios juzga a las personas (Romanos 2:1).

7- Hablar pero no actuar

Habitualmente, tenemos la idea de que evangelizar se trata simplemente de predicarle a la gente sobre lo que dice la Biblia. ¡Esto es un grave error! Si bien una parte del evangelismo tiene que ver con lo que podamos decirle a la otra persona, la tarea de transmitir las buenas noticias de salvación se completa cuando nos disponemos a actuar sobre aquello que predicamos. Si bien no habla precisamente sobre el evangelismo, sino sobre la relación entre hermanos, Santiago 2:15-16 nos orienta un poco sobre de qué se trata esto. Tenemos que buscar satisfacer la necesidad primordial de las personas, que es la espiritual, pero también tenemos que tratar de contribuir en sus otras necesidades. ¿Por qué? Porque de esa manera mostramos amor por nuestro prójimo, y es así como nuestra manera de comportarnos termina impactando mucho más en la vida de los demás que cualquier cosa que podamos llegar a decir. Pensemos un momento sobre la vida de Jesús… si la cosa se tratara sencillamente de ser predicadores elocuentes y de saber conjugar bien los verbos, ¿por qué Jesús no nos Dios una técnica para predicar? El Señor no nos enseñó a hablar de tal o cual manera (aunque podemos tomar ciertos modelos que el usaba, como pueden ser las parábolas); el mensaje de Jesús apuntaba principalmente a enseñarnos a amar. Es por eso que dice en Juan 13:35 que el amor es lo que destaca a un discípulo de Jesús, y no su facilidad de palabras. Es de esto modo que muchas van a conocer al Señor. Tenemos que hablar, pero en primer lugar tenemos que actuar conforme a lo que creímos.

8- No conocer la Palabra

Fueron varias las veces que escuché decir que para compartir el evangelio con otros simplemente hay que “dejar que el Espíritu Santo hable por vos”. En cierto modo esto es verdad, pero es una verdad que no tiene sentido si vos no estudiás ni buscás entender la Palabra de Dios. Es necesaria una comunión constante con el Señor para que el Espíritu Santo crezca en nuestro interior, al tiempo que nuestro yo decrece. En la medida que vayamos aprendiendo más y más la Palabra, vamos a notar como sin pensarlo, cuando le estamos hablando a alguien, se nos van a venir montones de versículos a la cabeza para compartir en cada situación. Además, seamos honestos: nadie puede hablar sobre lo que no conoce. Si vos no tenés un mínimo interés por estudiar la Palabra, entonces es porque tu fe no es tan verdadera como crees que es, por lo que es medio complicado que puedas hablar sobre algo que no llegaste a comprender. Es necesario que estudiamos la Biblia y busquemos comprender al máximo las cosas de Dios, para que así podamos llevarle el mensaje a otros.

9- Hacer un monólogo

En nuestro entusiasmo por transmitir el mensaje de salvación, suele pasarnos que nos olvidemos de algo muy importante: dar lugar a que la otra persona se exprese. Los monólogos aburren. En general, la gente tiene mucha curiosidad respecto a las cosas de Dios. Por eso, está bueno que podamos darles lugar para hacer preguntas, para que puedan darnos su opinión sobre ciertas cuestiones, y para que puedan expresarse con total libertad. Que no sientan que les estamos intentando imponer algo, sino que pueda darse una charla amena donde nosotros plantemos esa semillita de la Palabra de Dios en su vida.

10- No orar

¡Cómo caemos en el activismo! Estamos tan metidos en que tenemos que hacer esto y tenemos que hacer lo otro, que nos olvidamos de algo fundamental: orar. Es importante que lo hagamos tanto antes como después de salir a evangelizar, y que de igual manera tratemos de recordar los nombres de las personas con las que hablamos, para poder estar pidiendo especialmente por ellos durante los siguientes días. Me a pasado alguna vez de incluso decirle a la persona “voy a estar orando por vos” y después olvidarme completamente de hacerlo. En definitiva, eso nos convierte en mentirosos. Por eso tenemos que intentar tomar el compromiso de buscar la manera de orar verdaderamente por las personas a las que les predicamos.

11- No aceptar los resultados

Un error típico a la hora de evangelizar es que nos sentimos decepcionados cuando nuestro trabajo evangelístico “no fue exitoso”. Salimos a predicar, hablamos con un montón de gente, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero aparentemente no logramos el objetivo que teníamos de que alguno pueda acercarse a la iglesia. Eso nos entristece y nos hace sentir como que la tarea de evangelizar no es para nosotros. Toda esta argumentación tiene aparejada varios errores. En primer lugar, el fin de evangelizar no es que la gente acepte a Jesús como salvador (más allá de que sea nuestro gran deseo), sino que el fin es poder llevar el mensaje de salvación. Mientras nosotros llevemos el mensaje, estamos cumpliendo con nuestro objetivo (Hechos 20:26-27). Por otro lado, debemos entender que la decisión de aceptar o no a Jesús es algo que va más allá de nosotros, porque es una decisión personal de cada uno. No tenemos que sentirnos mal ni pensar que no servimos para evangelizar. Incluso al apóstol Pablo lo rechazó mucha gente y se burlaron de él cual habló de la resurrección, aunque un remanente terminó creyendo (Hechos 17:32). Al evangelizar nuestro objetivo está concluido cuando llevamos el mensaje, y luego de eso, tenemos que aceptar los múltiples resultados que podamos llegar a tener.

12- Hacer convertidos en lugar de discípulos

Esto tiene mucho que ver con no entender verdaderamente el mensaje de la gran comisión. Creemos que si una persona hizo la oración de fe, o vino una vez a la iglesia, ya es salva y ahí termina nuestro trabajo. Sin embargo, es justamente lo contrario: ahí es cuando empieza verdaderamente nuestra labor como hacedores de discípulos. Si bien suena lindo decir que en un evento que hicimos se “convirtieron” 200 personas, la realidad es que eso es engañarnos a nosotros mismos. La pregunta es: ¿cuántos de todos ellos terminan siendo verdaderos discípulos de Cristo? Si nuestra motivación es simplemente sumar números para satisfacer nuestro orgullo, entonces el evangelismo no es para nosotros. Dediquémosle tiempo a las personas, para que puedan llegar a ser verdaderamente discípulos de Jesús.

Conclusión

Estas son algunas de las cosas que Dios me fue enseñando en la medida que fui compartiendo el mensaje de Dios con las personas. Espero que puedan ser de bendición para tu vida y que te ayuden a mejorar la forma en que evangelizas. Y, para concluir, me gustaría decirte algo importante: a evangelizar se aprende evangelizando. Dios mismo te va a ir moldeando y te va a ir ayudando a trasmitir de la mejor manera el evangelio. Pero para eso tenés que dar el paso al frente y animarte a compartir de su amor con los demás.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Fede Sinopoli

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

8 comentarios en “12 Errores cometidos al evangelizar

  1. Excelente ,y me gustó y conforto el tema de los resultados, llevamos el evangelio y el resultado aunque no sea el esperado sabemos q cumplimos objetivos.

    1. ¡Hola Edgar!
      Nos alegra que este artículo haya podido bendecir tu vida. Tenemos que seguir adelante predicando el evangelio, sin importar si la gente nos rechaza o se burla por ello. En definitiva, incluso Jesús, cuando predicaba, fue rechazado por muchas personas. Pero aun así siguió adelante buscando cumplir con los propósitos del Padre.
      ¡Dios te bendiga!

  2. DE GRAN AYUDA LAS OBSERVACIONES HECHAS AL PREDICAR, DEBEMOS ORAR AMEN, PEDIR A DIOS QUE NOS AYUDE, QUE NOS LLEVE A LAS PERSONAS QUE NECESITAN DE SU AMOR Y MUY CIERTO EL LLEVAR EL MENSAJE DEL EVANGELIO HACE QUE CADA VEZ MÁS VAYAMOS PERDIENDO EL MIEDO O EL TEMOR PARA HACERLO, DIOS NO NOS DIO UN ESPÍRITU DE COBARDÍA ( 2 TIMOTEO 1:7 ) DIOS LES BENDIGA…………….

    1. ¡Hola Richard!
      Muchas gracias por tu comentario. Nos alegra que este artículo te haya sido de utilidad. Esperamos que Discipulado Cristiano pueda seguir bendiciendo tu vida.
      ¡Saludos!

  3. Yo soy cristiana.. Pero nunca me anime a evangelizar ..y estos consejos me ayudan para poder comenzar a trabajar para Dios..gracias por compartir ..muchas bendiciones

    1. ¡Hola Carolina!
      Nos alegra mucho que este artículo te haya sido de utilidad. Esperamos que Discipulado Cristiano pueda seguir bendiciendo tu vida.
      ¡Un saludo!

  4. Maravillosa instruccion!!! Ha sido para mi punta de lanza para enrumbar un nuevo camino en mi vida. Buscar la renovacion y transformacion interior, para luego asi solo ser y reconocerme como verdadero instrumento de DIOS. ALELUYA

    FEDERICO seamos pues ejemplos vivos, llenos de testimonios y vivencias que Cristo nos regala dia tras dia.

    Promesa de reflexion: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. Apocalipsis 3:20

    1. ¡Hola Alexander!
      Me alegra mucho que Dios te haya hablado a partir de este mensaje. Espero que puedas seguir disfrutando de todos los mensajes que subamos a Discipulado Cristiano.
      ¡Dios te bendiga mucho!

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