Fuertes por Amor

A lo largo de toda la escritura, vemos como Dios nos manda a negarnos a nosotros mismos en pos de amar a los demás, y nos da múltiples ejemplos de personas que dedicaron su vida a hacer esto (así como también de muchas que hicieron precisamente lo contrario). Una de las grandes características que tenemos que tener como cristianos es el poder estar atento a las necesidades que tienen los que nos rodean. Al momento de la regeneración, Dios nos da un nuevo corazón sensible y que se conmueve frente al sufrimiento de las personas, y que tiene el deseo de que todos puedan adorar al Señor.

Es en base a estas consideraciones que, cuando Jesús tiene que resumir todo el contenido de lo enunciado por la ley y los profetas, lo hace de la siguiente manera:

Mateo 7:12 – Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. (RVR)

Esta es la que se conoce como la regla de oro del cristianismo. A los primeros creyentes, en Antioquía, se los comenzó a llamar cristianos porque mostraban una manera de actuar que coincidía con la forma en que Jesús obraba; es decir, preocupándose por el prójimo en todo momento, y negándose a sí mismo todas las veces que hiciera falta. De hecho, Jesús se negó a sí mismo de tal manera, que aun cuando no quería sufrir, cargó con el pecado de todos nosotros para que hoy podamos ser justificados por medio de la fe en él.

Analicemos un poco la regla de oro: es interesante notar que el mandamiento es completamente activo. No dice simplemente “no hagan a los demás lo que no les gustaría que les hagan”. Es decir, no basta con evitar hacer cosas que dañen a los demás; no es a eso a lo que apunta esto. Lo que dice es “vayan y hagan”. Es decir, busquen maneras de bendecir a otros. Si a vos te gustaría que te den un abrazo, andá y da un abrazo; si a vos te gustaría que te hagan una torta de chocolate con dulce de leche, andá y hacele a alguien esa torta. Y así con cada cosa que se te ocurra. Como cristianos, tenemos el mandato de amar a nuestro prójimo. Esto no es simplemente un sentimiento, como el mundo muchas veces lo describe. Dios nunca nos mandaría  a hacer algo que no depende nosotros. El mandato de amar tiene que ver con la decisión y la determinación de buscar en todo momento el bienestar de quienes nos rodean, sin importar cuál sea la circunstancia.

En Lucas 10, encontramos a Jesús respondiendo la pregunta “¿Quién es mi prójimo?”. Para responderla, usó la parábola del buen samaritano…

Lucas 10:33-35 – Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva.” (NVI)

Es interesante recordar que los samaritanos no se caracterizaban por ser gente popular entre los judíos; más bien todo lo contrario: ni siquiera pasaban por Samaria. La realidad es que los habitantes de esta región se habían involucrado mucho con otros pueblos, y habían terminado cayendo en una religión que mezclaba aspectos del judaísmo con la idolatría pagana. Por ejemplo, ellos reconocían al Pentateuco como la palabra de Dios, pero no así al resto de los libros del Antiguo Testamento. Eran un pueblo que se caracterizaba por su decadencia espiritual, y por ende moral.

Sin embargo, el que marca la diferencia en esta historia que Jesús cuenta es precisamente un samaritano. ¿Qué quería decir Jesús con esto? Que hasta el más malo de los hombres, cuando recibe la gracia de Dios en su vida, puede ser cambiado de tal manera que muestre frutos de salvación. Cuando muchos que decían ser adoradores de Dios ni se mosquearon ante el hombre herido, el samaritano se dispuso a ayudarlo. ¿Quién había creído realmente?

1 Juan 3:18 – Queridos hijos, que nuestro amor no quede solo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones. (NTV)

De eso se trata el haber creído realmente: de mostrar nuestro amor por medio de nuestras acciones. Quiero ser claro con esto: no se trata que nosotros tengamos que hacer un esfuerzo sobrehumano para lograr esto. Se trata de que, si en verdad creímos, en la medida que estemos en comunión con Dios el Espíritu Santo nos va a ir transformando a la imagen de Cristo, para que podamos llevar a cabo estas acciones. En definitiva, es Dios quien pone tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13), pero para eso tenemos que estar en comunión con él y caminar en su voluntad.

Volvamos al buen samaritano… ni bien lo vio se compadeció de él. Es decir, se sintió conmovido con la situación. Es interesante que este fue el mismo sentimiento que Jesús tuvo cuando vio la triste de María llorando por la muerte de Lázaro (Juan 11:33). No podemos pretender mostrar amor a nuestro prójimo si no tenemos un corazón sensible a sus necesidades, como lo tenían el buen samaritano y Jesús.

El buen samaritano tomó una decisión en ese momento: negarse a sí mismo para ayudar a quien lo necesitaba. Dejó todo lo que estaba haciendo para ocuparse de aquel hombre. Lo curó, lo cuidó, pasó la noche a su lado y prometió volver. ¡De eso se trata amar! De entregarse por completo por el bienestar de los demás. De poder hacer a un lado nuestros propios intereses y deseos con tal de bendecir a otro. El samaritano tuvo que abandonar sus ocupaciones, perder tiempo y también dinero para hacer esto, pero sin dudas que para él todo eso valió la pena, porque estaba ayudando a quien lo necesitaba.

Hermano, negarse a sí mismo duele. Puede dolerte físicamente, sentimentalmente, mentalmente, económicamente, o de muchas otras maneras. Cuando decidimos poner a los demás antes que a nosotros mismos, alguna consecuencia vamos a terminar pagando. Pero te aseguro que no importa cuál sea el precio, tenemos que luchar por bendecir a todos los que nos rodean, porque así vamos a estar obedeciendo a Dios, y en la medida que caminemos en su voluntad, todas las cosas nos van a ayudar para bien. Por eso te animo a que puedas ser fuerte, por amor. Que no importa que nadie te reconozca lo que hagas, que nadie te felicite y que nadie se preocupe por vos, que vos te dispongas a ser de bendición para cada persona que te rodea. Porque eso fue lo que hizo Jesús: aunque todos lo despreciaron, él amó más allá de todo entendimiento. Seamos incondicionales en nuestro amor hacia los demás, por amor a Cristo. Seamos fuertes por amor…

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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