¿Avergonzados del Evangelio?

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.

Romanos 1:16(NVI)

La vergüenza del evangelio

Retomando nuestro estudio de Romanos, en el versículo 16, Pablo dice que no se avergüenza del evangelio ¿Por qué debería? Si una persona dice que no se averguenza de algo, es porque al menos fue tentado a ser avergonzado por ello. Lo cierto es que hay razones por las cuales podemos ser avergonzados por el evangelio que predicamos.

Pablo mismo dijo que el “evangelio es locura para los que se pierden”(1 Corintios 1:18-19). También aseguró que si la resurrección no fuera cierta, los cristianos somos “de todos los hombres, los más dignos de lástima”(1 Corintios 15:16-19 NBLH). El evangelio provoca rechazo en el hombre natural, porque es incapaz de ver las cosas espirituales(1 Corintios 2:14). Por lo tanto nuestro mensaje pasa a ser locura o estupidez para él. La única forma en que el hombre puede entender las cosas espirituales es si Dios decide revelarlas, como dice 2 Corintios 4:6: “Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo”. El apóstol Pablo comprendía esto, pero así y todo no le importaba ser humillado o avergonzado. En sus propias palabras le dijo a su querido Timoteo: “De este evangelio he sido yo designado heraldo, apóstol y maestro. Por ese motivo padezco estos sufrimientos. Pero no me avergüenzo, porque sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado”(2 Timoteo 1:11-12). Pablo le escribió eso a Timoteo para animarlo a que no tenga temor y que no se avergüence del evangelio, ya que parece que la responsabilidad de pastorear lo había intimidado y estaba fallando en predicar correctamente el mensaje de salvación. Cristo mismo tuvo motivos para sentirse avergonzado, ya que pocas formas de morir son tan humillantes como lo fue la muerte del Señor.

Si una persona dice que no se averguenza de algo, es porque al menos fue tentado a ser avergonzado por ello.

Él había proclamado el evangelio del reino y por eso lo estaban llevando a la muerte. Los hombres carnales fueron incapaces de reconocer que estaban crucificando al Dios Eterno, al Gran Yo Soy hecho hombre. Si hubieran sabido a quien estaban crucificando, no lo hubieran hecho. Por eso Jesús dice “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”(Lucas 23:24). El Señor tuvo que soportar la vergüenza de la cruz, pero no dejó que la cruz lo avergüence, sino que despreció la vergüenza de su muerte, fijando su vista en el gozo que le esperaba(Hebreos 12:2). Así, Pablo también tuvo que soportar innumerables veces la vergüenza de ser burlado, insultado, perseguido, torturado y encarcelado por el evangelio. Esto lo hizo siguiendo el ejemplo del Señor, despreciando la vergüenza, no permitiendo sentirse avergonzado, sino poniendo la mirada en Cristo y confiando en el evangelio de Aquel que lo había enviado a predicar. Que mal parado deja esto a la Iglesia de hoy en día, que no es pública respecto a su fe. Antes que predicar el evangelio, preferimos guardarnos nuestra “fe” para nosotros mismos. No queremos ofender a nadie. No queremos ser avergonzados por nadie. Por lo tanto no predicamos el evangelio. Pero hay un motivo por el cual Pablo no se avergonzaba del evangelio: ¡Este es verdadero poder de Dios para salvación de los que creen! De todos los medios que Dios podría haber elegido para salvar a la gente, escogió la predicación del evangelio. Pablo lo llama literalmente “insensatez” o “estupidez”. Pero para aquel que ha nacido de nuevo y cree, este es poder y sabiduría de Dios. John Piper dice que el evangelio es “causa de vergüenza y el poder para superar la verguenza”. Si hemos creído en el evangelio, el mismo nos da poder para superar toda vergüenza que sea producida por la predicación del mismo. Y la razón por la que no somos avergonzados es esta: Que el evangelio es “poder de Dios para salvación”. El comprender el poder del evangelio, nos da la capacidad de predicarlo sin vergüenza.

El poder de Dios para salvación

El apóstol nos dice que el evangelio es poder para salvación, pero sólo para aquellos que creen. Como vimos antes, esta afirmación es sostenida por Pablo en otras de sus cartas. Él lo relaciona directamente con la obra de Dios en el creyente. Cuando el Espíritu Santo obra y hace nacer de nuevo a una persona, de repente puede comprender y ver la gloria del evangelio, porque ya no es un hombre natural, sino una nueva criatura que tiene nueva vida espiritual ¿Cómo es que el evangelio es poder para salvación de los que creen? Bueno, de eso se trata la carta a los romanos. Aquí Pablo está haciendo una introducción para luego pasar a explicar cómo es que el evangelio salva a los creyentes. Uno podría discutir y decir que el evangelio no salva creyentes, más bien salva no
creyentes que lo escuchan y terminan creyendo.

Juan Calvino: Siendo el evangelio el camino de nuestra salvación, debemos amarle

Esto es cierto. El creyente es justificado al momento de recibir la buena noticia y creerla. Pero no es esto a lo que Pablo se está refiriendo en este momento. Si leemos el resto de carta, nos daremos cuenta de que Pablo está argumentando la forma en que el evangelio salva al creyente. Vimos en el verso 15 que Pablo tenía un gran anhelo de predicarles el evangelio a los creyentes. También sabemos que cuando Pablo predicó en Corinto, se propuso a predicar sólo el evangelio(1 Corintios 2:1-2). Esto era lo único que Pablo predicaba y enseñaba en las iglesias, el evangelio. Sabemos que el mensaje del evangelio puede ser resumido simplemente. Sin embargo, la gloria, poder e implicancias del evangelio pueden ser estudiadas a lo largo de toda nuestra vida y nunca vamos a dejar de sorprendernos de las cosas que Dios tiene para enseñarnos por medio del mismo. Y como ya dijimos antes, sólo el evangelio nos sostendrá durante nuestra vida y nos dará la vía de escape ante el juicio de la Ira de Dios sobre los pecadores. Juan Calvino dice que “siendo el evangelio el camino de nuestra salvación, debemos amarle.” Sin embargo, incluso dentro de muchas iglesias, el evangelio es despreciado, es dejado de lado, es tratado como algo básico y asumido de lo cuál no es necesario hablar.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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