Héroes de la Fe: Atanasio de Alejandría

En el artículo anterior de esta serie, analizamos la historia de un héroe de la fe bien reciente, como lo fue Eric Liddell. En este caso, vamos a meternos en profundidad en la historia de un hombre que fue levantado por Dios a comienzos de la era cristiana, y que fue usado por él de manera notable para que se pudiera preservar la sana doctrina bíblica.

Atanasio nació alrededor del año 298 en Alejandría. Para esta época Diocleciano eran emperador con su tetrarquía, la cual había comenzó a establecer la división entre el imperio romano de oriente y de occidente, la cual se terminaría de consumar unos 100 años más tarde. Durante la juventud de Atanasio, Constantino I fue el emperador del imperio de oriente, llamado imperio bizantino (312 al 326). Recién en el año 326 se hizo con el gobierno de la totalidad del imperio romano, hasta el año 337. Para que entendamos el contexto en que se se desenvolvió Atanasio, es fundamental analizar un poco la influencia de Constantino. Él, un año después de ser proclamado emperador, en el 313, decretó que el cristianismo debía ser tolerado dentro de las fronteras del imperio, poniendo fin así a la gran persecución sufrida por nuestros hermanos de aquel tiempo. Esta declaración la encontramos en lo que se conoce como el edicto de Milán. Lejos de interesarse demasiado por los asuntos espirituales, el emperador veía al cristianismo como una herramienta para lograr la unidad y la paz dentro del imperio, y a eso era a lo que apuntaba. Es decir, si preocupación era sobre todo política, más que espiritual.

En esos años, Alejandro, el obispo de Alejandría (lo que sería un pastor para nosotros), predicó sobre la doctrina de la Trinidad. Fue entonces cuando Arrio, un sacerdote de aquella región, se levantó en contra de los dichos del obispo afirmando que sólo el Padre era verdaderamente Dios. La base que usaba para justificar esto consistía en la base de que Dios no cambia, por lo que sería imposible que él se volviera humano, ya  que esto implicaba justamente un cambio. A partir de esto, afirmaba con total libertad que Jesús no era Dios.

Arrio afirmaba lo siguiente: “Si el Padre engendró al Hijo, el que fue engendrado tuvo un comienzo en su existencia, lo cual evidencia que hubo un tiempo en el que el Hijo no existía. Por lo tanto, de ellos resulta necesariamente que recibió su existencia de la nada”.

Este hombre se caracterizaba por ser muy elocuente y convencía a las personas con total facilidad. Esto empezó a preocupar a Alejandro, quien convocó a un sínodo en el 318 para evaluar los dichos de Arrio. Allí determinaron que este hombre era un hereje y lo obligaron a abandonar Alejandría. Sin embargo, este no sería el fin de sus teorías, ya que comenzó a llevarlas por todo el imperio, convenciendo a muchas personas, incluyendo obispos.

Constantino empezó a preocuparse por los crecientes desacuerdos existentes dentro de la iglesia, lo que podía traer inestabilidad en todo el imperio. Por tal motivo, en el año 325, convocó al primer concilio ecuménico de la historia: el concilio de Nicea. Esta ciudad se encuentra en Turquía, y estaba cerca de Constantinopla, la capital del imperio oriental. Allí se reunieron todos los obispos desde el 20 de mayo hasta el 25 de julio. La opiniones de Arrio fueron consideradas nuevamente como herejías, y se elaboró el credo niceno que afirma la deidad de Cristo. Sólo dos obispos estuvieron en contra de esto. El problema fue que muchos firmaron bajo presión, aunque conservaban muchas dudas. Es por eso que, en definitiva, esto no resolvió el problema.

Uno de los obispos que asistió a aquel concilio para defender la deidad de Jesús fue Alejandro de Alejandría, quien llevó consigo a un joven diácono que había sido puesto en tal cargo en el año 320, cuando tenía 22 años: Atanasio. Sólo tres años pasaron del concilio de Nicea hasta que murió Alejandro, y Atanasio fue puesto como obispo en su lugar. A partir de allí empezaría una vida de constante lucha contra las creencias arrianas.

Algo que caracterizo el ministerio de Atanasio, fue que no defendía la verdad con meras filosofías, sino que siempre respondía con la Palabra. Argumentó en contra de los dichos de Arrio indicando que, mientras que “hacer” produce algo de distinta clase, “engendrar” produce algo de la misma naturaleza, ser, esencia o sustancia. Además, afirmó que nunca fue cambiada la naturaleza divina del Hijo con la encarnación, sino que más bien se le añadió una naturaleza humana a su naturaleza divina. Por su parte, afirmó que si Jesús no fuera Dios, la salvación sería imposible, ya que sólo Dios puede salvar; sólo Dios puede dar vida. En su escrito “Sobre la encarnación de la palabra”, Atanasio escribe que “El Hijo se hizo hombre para que nosotros fuésemos hechos Dios”, en el sentido de que sólo por la obra de Cristo mediante su encarnación podemos llegar a vivir como él quiere, ya que de cualquier otra manera nuestros caminos se alejarían de los suyos.

Atanasio era muy joven cuando tuvo que levantarse en contra de una corriente antibíblica que cobraba cada vez mayor impulso en su época. Los arrianos tenían muchas influencias entre los políticos y los poderosos, además de que lograban convencer a las personas con facilidad. Por esto, Atanasio llegó a ser desterrado en cinco ocasiones:

  • 335-337, a Tréveris, bajo Constantino I
  • 339-345, a Tréveris, bajo Constancio II
  • 356-361, al desierto egipcio, bajo Constancio II
  • 362-363, bajo Juliano el Apóstata
  • 365, bajo Valente

Para el fue muy costoso mantenerse fiel a la Palabra, y esto lo llevó a tener una vida llena de complicaciones. Pero como bien sabía nuestro hermano, ningún sufrimiento presente se compara con la gloria que recibiremos (Romanos 8:18).

Finalmente, sus esfuerzos se verían recompensados cuando, en el 380, el emperador Teodosio I decide comenzar a considerar el cristianismo niceno como la religión oficial del imperio mediante el edicto de Tesalónica, poniendo así fin a las doctrinas arrianas. Atanasio no llegó a vivir para ver esto, ya que falleció en el año 373, pero su fidelidad a Dios tuvo gran influencia en que la iglesia siguiera considerando la deidad de Jesús. ¡Gloria a Dios por la vida de este hombre! Sin dudas un gran héroe de la fe…

Ahora bien, ¿qué implicancias tiene esto para nosotros hoy día? La realidad, hermano, es que los arrianos siguen presentes en nuestros días. Y no sólo ellos, sino que muchos otros también están atacando la sana doctrina de la iglesia. Los arrianos actuales son aquellos a los que todos conocemos como “Testigos de Jehová”, quienes dicen creer en Dios pero niegan rotundamente la deidad de Cristo. Por otro lado, debemos considerar otras falsas doctrinas como la de la prosperidad, que nos llevan a creer cosas que son contrarias a la Palabra de Dios. Es por eso que tenemos que levantarnos en contra de todas esas doctrinas satánicas, sin importar que eso nos lleve a ser populares, para que como Atanasio, nosotros también podamos ser héroes de la fe.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

More Posts

Comentarios

comentarios

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *