Ni una menos: El grito de una sociedad sorda

El 3/6, en toda Argentina, se llevó a cabo una movilización denominada “Ni una menos”. El objetivo de ésta fue reclamar contra cualquier tipo de violencia de género existente en la sociedad, así como también pedir justicia por aquellas mujeres que fueron asesinadas o lastimadas por hombres. Así describe el diario Clarín esta marcha: “Miles de personas marcharon desde el Congreso a Plaza de Mayo y en otras 80 ciudades del país. Con cánticos y carteles, pidieron acciones concretas contra los femicidios”.

Como cristiano, estoy totalmente de acuerdo con los reclamos que se hicieron en tantas partes del país. Sin dudas que estas cosas, y muchas otras que se están haciendo habituales en nuestra sociedad, no deberían ocurrir. Es doloroso y me angustia que tengamos que vivir pensando en que cualquiera puede ser el siguiente; hoy le tocó a otro… quizás mañana te toque a vos.

El problema que le encuentro a esta movilización, más allá de que apoyo el reclamo de justicia y la búsqueda de concientizar a la gente, es que no va a cambiar nada. Es un grito que pudo haber sonado muy fuerte. Sí. Pero es un grito en una sociedad que está completamente sorda. Por eso no importa cuán fuerte haya sido el reclamo; todo va a seguir igual. Seguramente, mientras se realizaba la marcha, muchas mujeres estaban siendo violadas, esclavizadas y asesinadas tanto en Argentina como en todo el mundo. Y esto no es un mero pensamiento mío, ni tampoco un negativismo. ¡Yo también quiero que las cosas cambien! La cuestión está en que el año pasado se hizo una marcha exactamente igual a esta, ¿y qué se logró con eso? Dejemos que Clarín nos lo cuente: “El año pasado el grito fue el mismo, y aún así 275 mujeres fueron asesinadas, la mayoría en sus propias casas, y por sus propias parejas”. Como mencioné antes, este fue un grito en medio de una sociedad sorda.

Ahora bien, ya que digo que este tipo de marchas no va a cambiar nada, la gran pregunta que te debés estar haciendo es: “¿Qué puede cambiar las cosas entonces?”. Y a eso es a lo que voy con este artículo. En reiteradas ocasiones, Jesús dice la frase “El que tiene oídos para oír, oiga”. Hoy, nos encontramos en una sociedad que no tiene oídos para oír la voz de Dios llamándolos al arrepentimiento. Por eso no importa cuanto se grite, ese grito nunca va a ser escuchado por nadie a quien no se le hayan abierto los oídos para poder escuchar las verdades de Dios. Sólo él puede cambiar las vidas de las personas; sólo él puede llamar hasta al más vil pecador al arrepentimiento; sólo él puede cambiar los corazones de las personas; sólo él puede salvar a esta sociedad perdida en su malicia. La salvación es del Señor (Jonás 2:9) y sólo él tiene el poder para salvar (Hechos 4:12). Podemos reclamar, patalear, enojarnos, pedir justicia, gritar, chillar, clamar, pero en tanto no nos volvamos a Dios como sociedad, nada va a cambiar. ¡Y esto no sólo lo dice la Biblia! También fue reconocido por los padres de la nación argentina:

Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino; invocando a la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución para la Nación Argentina – Preámbulo de la Constitución Nacional Argentina.

En nuestros comienzos como nación se reconocía a Dios como la única fuente de toda razón y justicia. También se reconocía que nuestra sociedad necesitaba de su guía y protección. Sólo así Argentina iba a poder ser el país que todos deseamos. Sólo puede haber justicia en medio de una sociedad que tenga a Dios como referencia, porque de él mana la justicia. Sin embargo, nuestra maldad nos llevó a apartarnos de Dios, por lo que hoy estamos pagando las consecuencias. La Biblia misma profetiza que, en los últimos tiempos, vendrían hombres que tomarían estas actitudes:

2 Timoteo 3:1-4 – Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. (NVI)

¡Es increíble que esto se haya escrito hace unos 2000 años! Es una descripción perfecta de lo que vemos en nuestro alrededor cada día, en este mundo que vivimos. Las personas son aquello que hay en su corazón; si hay maldad, rencor y odio en sus corazones, eso es lo que van a manifestar con sus acciones. Cada uno piensa en sí mismo; cada uno tira para su lado y el de sus propios beneficios; cada uno ve a los demás como culpables pero nunca asume la culpa por nada. ¡Esa es la sociedad que construimos apartándonos de Dios! Me duele mucho decirlo, pero es necesario. Cada vez va a haber más asesinatos; cada vez más de nuestros parientes y amigos van a sufrir robos; cada vez más chicas van a ser violadas y llevadas a la esclavitud sexual; cada vez vamos a vivir en una sociedad más y más hundida en la oscuridad. La solución no es ni Macri, ni Cristina, ni Massa, ni ningún otro presidente. La solución es reconocer lo malos que somos; reconocer que somos ventajeros, que siempre pensamos sólo en nuestros propios intereses, que no buscamos hacer lo bueno, que somos egoístas; reconocer que necesitamos a Dios. El que tenga oídos para oír, oiga…

Las familias se están rompiendo. Y justamente ellas son la base de la sociedad en que vivimos. Donde hay familias sanas hay personas sanas. El inconveniente es que Satanás sabe mejor que nadie esto, por lo que es ahí en donde nos está atacando, incluso dentro de la iglesia. Cada vez son más los chicos que viven en medio de familias destruidas, por diferentes motivos. Y la cosa va a ir empeorando mucho más. Tiemblo en pensar en lo que va a ser de nosotros dentro de treinta o cuarenta años. ¡Todo va a ser un caos en esta sociedad! Que Dios tenga misericordia de nosotros, pecadores…

Si no sos creyente y estás leyendo este artículo, seguramente te venga una pregunta a la mente: Si Dios existe, ¿por qué pasan estas cosas? La respuesta a eso es muy simple. Él no nos obliga a creer en su palabra ni a obedecerle, sino que permite que seamos nosotros mismos quienes tomemos esa decisión. Todo esto pasa porque, en lugar de usar esa libertad de elección que nos da Dios para amarlo, la usamos para oponernos a él, mostrándonos rebeldes a sus mandatos y alejándonos de sus caminos. Dios te enseña cómo te tenés que comportar. No tiene sentido que si nosotros hacemos lo contrario, luego digamos que todo es culpa de él.

La clave está en entender que todos somos pecadores a los ojos de Dios. Para él, el simple hecho de que nosotros pensemos mal de otra persona equivale a que lo asesinemos; el simple hecho de que deseemos una mujer ajena equivale a que adulteremos. Todos fallamos y todos estamos destituidos de la presencia de Dios. Es sólo por su amor, que envió a Jesús a morir en la cruz, para que si nosotros nos arrepentimos de nuestra maldad y creemos en su sacrificio, todas nuestras faltas sean perdonadas.

El único cambio que puede salvar a esta sociedad es que tomemos la decisión de volvernos a Dios. Caso contrario, vamos a seguir contando muchas mujeres menos…

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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