Yo Soy la Puerta de las Ovejas

Juan 10:7-10 – Por eso volvió a decirles: «Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran unos ladrones y unos bandidos, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

La situación entre Jesús y los fariseos se estaba volviendo cada vez más tensa y complicada. ¡Y esto estaba muy lejos de llegar a detenerse! Por el contrario, cada vez que ellos se encontraban el Señor terminaba dando un paso más cerca de su muerte.

En esta ocasión, nos encontramos a Jesús discutiendo con los fariseos, que se encontraban bastante alterados. ¿Qué había pasado? Para entenderlo tenemos que comenzar mirando el capítulo anterior. Él había devuelto la vista a un ciego, y éste, que tenía este defecto de nacimiento, se presentó en la sinagoga diciendo que Jesús lo había sanado. Los líderes judíos, que tenían el corazón totalmente endurecido, se negaban a aceptar lo obvio: Todas las señales que este hombre hacía le daban las credenciales para demostrar que era el Hijo de Dios. Además, muchas profecías se habían cumplido y se seguían cumpliendo en él. ¡Es increíble hasta qué punto ellos estaban cegados en su entendimiento que terminaron matando a su propio Mesías!

La cuestión es que ellos buscaban la manera de que el ciego confesara que, en realidad, nunca había sido ciego. Se negaban rotundamente a aceptar una sanidad de parte de Jesús. Sin embargo, como el hombre persistía indicando que había recobrado la visión que antes no tenía, los líderes religiosos del momento enfurecieron, expulsándolo de la sinagoga. Al enterarse de estos eventos, el Señor se acercó hasta aquel lugar y se dispuso a hablar con los judíos. Entonces llegamos al capítulo 10. En los primeros seis versículos, Jesús intenta mostrarles a estos hombres, mediante una alegoría, que ellos eran bandidos y ladrones. Falsos pastores, si queremos ser más concretos. Es que ellos tenían la tarea de acercar a la gente a Dios, pero en lugar de eso todo lo que hacían era imponerles cargas cada vez más pesadas, que hacían que el pueblo se frustrara en su intento por cumplirlas; esto no era más que lo que se conoce como “legalismo”.

Como estos hombres no entendían la parábola que Jesús había hecho, tuvo que ser bien directo hacia ellos para que pudieran interpretarla. Y es en ese momento cuando encontramos que el Señor hace su tercera declaración “YO SOY”. Ahora bien, ¿a qué se refiere con que es la puerta? Difícilmente podamos imaginarnos a Jesús como a alguien hecho de madera con un picaporte en la cara. No, por supuesto que este es un lenguaje simbólico. La puerta sirve para dos finalidades: ser tanto una entrada como una salida de un lugar determinado. Veamos qué representa cada elemento de esta ilustración…

  • La puerta: Es el Señor Jesús.
  • El pastor: Es también el Señor Jesús (ver Yo Soy el buen pastor).
  • Las ovejas: Somos los creyentes.
  • Los bandidos: Son los falsos maestros.

A partir de esto, podemos sacar de este pasaje varios puntos importantes para nuestras vidas:

  1. Nuestra situación inicial: En un principio, todos éramos ovejas perdidas, descarriadas, que vagaban por los campos expuestas a todo tipo de peligros, sin capacidad alguna de defendernos. No formábamos parte de un rebaño, ni teníamos un redil en el que descansar. Estábamos completamente solos, abandonados a nuestra suerte. Éramos ovejas negras. Esto generaba varias inconvenientes:
    1. Éramos fáciles de engañar: En nuestra desesperada búsqueda de seguridad, éramos susceptibles a seguir a pastores que quisieran hacernos daño y llevarnos por mal camino. No teníamos discernimiento. Creíamos en cosas que son ajenas a Dios y a sus verdades. Éramos ciegos que, en algunos casos, se dejaban guiar por ciegos. (Mateo 15:14)
    2. Éramos incapaces de defendernos: Si venía un lobo a atacarnos, estábamos a merced suya. No teníamos la capacidad ni siquiera de correr velozmente, y mucho menos de combatir o defendernos. Caminábamos hacia la muerte segura. No podíamos librarnos ni del pecado ni de sus consecuencias, por más que resultaran perjudiciales para nuestra vida. (Mateo 9:36 / Efesios 2:1-2 / Colosenses 2:13)
    3. Éramos incapaces de producir algo bueno: Quizás producíamos mucha lana, pero sin un buen pastor que nos esquile, toda ella carecía de sentido. Incluso las buenas acciones que pudimos haber hecho mientras estábamos apartados de Dios, son pecado a sus ojos, porque no fueron hechas para gloria suya. (Juan 15:5)
  2. El pastor nos buscó y nos encontró: Estando muertos espiritualmente, hay algo que tenemos que reconocer: no buscamos a Dios (Romanos 3:11). No tenemos la capacidad de acercarnos a él, sino que sumidos en nuestra maldad y perdición, lo rechazamos por completo. Sólo cuando él se acerca a nosotros encontramos una razón para vivir y todo empieza a tener sentido a nuestro alrededor. No lo escogimos nosotros, sino que él nos escogió (Juan 15:16). Es por medio de su Palabra que nosotros podemos llegar a tener convicción de pecado y entonces sí, por medio de su Espíritu, tomar la decisión de negar nuestros deseos carnales y arrepentirnos. Es ahí cuando el pastor nos guía hacia el redil.
  3. Entramos al redil: Sólo por medio de Jesús, el buen pastor, y nuestra fe en él es que podemos llegar a ser salvos (Hechos 4:12). Él es el único camino; el es la única puerta para poder acercarnos al Padre. Fuera de él, nosotros permanecemos enemistados con Dios sin ninguna posibilidad de reconciliación. Es por eso que, en este pasaje, él deja bien en claro que es LA puerta de las ovejas. No es una puerta; es decir, una alternativa entre muchas. No. Él es la única puerta. Si no pasamos por él, entonces no podemos llegar a formar parte del rebaño del Señor, que es la iglesia. Ser salvo y llegar a ser miembros de la iglesia son dos cosas que van indefectiblemente de la mano (Hechos 2:47); no es posible tener una de las cosas sin la otra. En el redil se encuentra reunida la iglesia; el cuerpo de Cristo.
  4. Nuestro tiempo en el redil: El redil representa la comunión que tenemos como miembros de la iglesia, formando un solo cuerpo en Cristo. Veamos algunas implicancias de nuestro tiempo allí:
    1. Comenzamos a ser limpiados: Como dijimos, estando alejados de Dios, somos ovejas negras, incapaces de dar fruto. La cosa cambia una vez que pasamos a formar parte de su rebaño, entrando por la única puerta del redil. Al entrar somos justificados. Esto no implica ser justos. Es decir, aún no somos ovejas blancas. Pero sí somos declarados justos, o en el ejemplo, somos considerados como si fuéramos ovejas blancas. En ese momento, empieza el proceso de santificación en nuestras vidas, en el cual vamos siendo limpiados de toda nuestra maldad. (Isaías 1:18)
    2. Crecemos y nos desarrollamos: Estando en el redil, podemos compartir tiempo con ovejas más experimentadas que forman parte del rebaño y nos ayudan a conocer más en detalle los mandamientos del pastor. Es por eso que es importante que respetemos a los líderes en nuestras congregaciones, y escuchemos siempre sus concejos. No en vano tienen más experiencia que nosotros en los caminos del Señor. (Hebreos 13:7)
    3. Somos protegidos y sanados: El redil es un lugar seguro. Allí podemos curarnos de todas las enfermedades espirituales y de la maldad que acarreamos. Cuando estamos con nuestra congregación encontramos un espacio en el cual podemos recuperarnos de los achaques de la vida, restaurándonos y conteniéndonos unos a otros. Además, gozamos de tranquilidad, ya que el pastor está cuidándonos. Puede que algún bandido salte la verja y entre ilegalmente al redil, pero como ovejas nosotros sólo escucharemos la voz de nuestro pastor y no seremos engañados (Mateo 24:24 / Marcos 13:22). En la medida que crezcamos en el Señor y estemos en comunión y en unidad con la iglesia, no tenemos que temer de ser engañados por falsas doctrinas. Ahora gozamos de la paz con Dios y también con los hombres.
    4. Nos fortalecemos: El redil es un lugar donde tomamos agua, reponemos ánimos y energías y nos ponemos a punto para un propósito mucho mayor. No estamos destinados a estar todo el tiempo allí, sino que ese es nuestro lugar de descanso y restauración. Así funcionan nuestras congregaciones. Ellas no son el campo de batalla, sino que representan más bien el campamento, donde nos fortalecemos unos a otros y todos en el Señor (Hebreos 10:24-25). Esto nos deja un interrogante: ¿cuál es el campo de batalla entonces? Y a eso vamos en el punto siguiente…
  5. Salimos del redil: El estar en el redil no es un propósito en sí mismo, sino que estamos allí con la finalidad de prepararnos para la verdadera misión; para salir al campo de batalla; al campo misionero. Nos fortalecemos y nos edificamos unos a otros estando congregados. Nos animamos y alentamos para poder cumplir con una gran misión; la misión de ir. Así como pasamos por la puerta para entrar, también pasamos por ella para salir. Salimos nuevamente al mundo, lleno de peligros, pero al formar parte del rebaño de Dios, vamos cubiertos por la sangre de Cristo. Ya no tenemos que temer a los peligros de este mundo, sino que sólo tenemos temor de aquel que juzga el pecado (Mateo 10:28). El pastor podría hacer todo el trabajo solo, pero nos da la posibilidad de que nosotros, como ovejas, podamos colaborar a la hora de buscar que otras que están perdidas también pasen a formar parte del redil. Muchas están solas por ahí, mientras que otras están siguiendo a falsos pastores. Sea cual sea el caso, nosotros debemos acercarnos a ellas y presentarles al buen pastor. No tenemos que temer, porque Jesús mismo nos está respaldando en esta tarea (Mateo 28:20). Siempre debemos regresar al redil para descansar y fortalecernos tras pasar un tiempo en el campo de batalla, pero debemos ser concientes de que nuestra misión está afuera. Allá donde están todas las almas que se están perdiendo. Ahora tenemos una causa para vivir. Por momentos estamos en el mundo, fuera de la seguridad del redil, pero ya no somos ovejas errantes como antes, sino que ahora somos alumbrados por la luz de Cristo, que nos guía en cada una de nuestras salidas. Por ello nos movemos “con entera libertad y hallaremos pastos”. Si nos quedáramos en el redil, no nos moveríamos con libertad; eso lo hacemos cuando salimos a cumplir con el llamado de “ir y hacer discípulos”.
  6. Salimos definitivamente del redil: Llegará un momento en que saldremos del redil para no volver nunca más. En ese entonces, el pastor nos conducirá a un lugar de eterno gozo y descanso, donde acabaremos la carrera de nuestras vidas. Ese lugar es el paraíso. Allí ya no habrá más peligros, como los había en los campos que solíamos recorrer, ni podrán entrar ladrones, como sucedía a veces en el redil. Allí todo será paz y devoción a nuestro Dios.

Es así como vemos que toda nuestra vida cristiana puede ser representada mediante esta parábola del rebaño de ovejas. Por último, vamos a destacar dos cosas que salen de la última oración de este pasaje:

  • ¿Alguna vez escuchaste decir que Satanás vino a robar, matar y destruir? Bueno, resulta que eso no está en la Biblia. Quienes vinieron a hacer eso son todos los falsos maestros, que engañan a la gente con sus artimañas pero son incapaces de acercar a alguien a Dios. En cierto modo es el diablo quien está detrás de ellos y estas acciones forman parte de sus deseos, pero en la Palabra nunca se lo asocia directamente con esta frase.
  • En Cristo tenemos una vida abundante, ya que en él nos son concedidas todas las bendiciones espirituales, y además se nos ha concedido un propósito para vivir y una razón para nuestra existencia. ¡De eso se trata la vida abundante!

En conclusión, a partir de este pasaje reafirmamos que Jesús es el único medio (la única puerta) mediante el cual podemos llegar a ser salvos, y formar parte del rebaño santo de Dios que es la iglesia. ¡Demos gracias al Señor porque un día Jesús pude decir “Yo Soy la puerta”, y esa puerta está abierta para todo aquel que quiera recibirlo!

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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