Baal: Un dios a la carta

A lo largo de toda la Biblia, vemos a un dios falso que está constantemente siendo de tropiezo para los seguidores de Dios: Baal. Ya temprano en la historia de Israel como nación, vemos como ellos terminaban apartándose del único Señor para dedicarse a rendir culto a esta deidad cananea. Es terrible que personas que conocían a Dios y que habían visto enormes maravillas ser realizadas en sus vidas, terminaran adorando a un pedazo de metal, despreciando a aquel que había hecho de todo por ellos. Hasta parece irracional la actitud de los israelitas.

Si analizamos un poco las diferentes menciones que se van haciendo de este dios en la Palabra, encontramos que generalmente va acompañado de otro nombre. Por su parte, en ocasiones, se lo llega a mencionar en plural también. ¿De dónde sale todo esto? ¿Baal es un solo dios o muchos? Estas cosas son las que vamos a analizar a continuación…

Baal era el dios principal de los fenicios, un pueblo que se caracterizaba por llevar a cabo importantes actividades comerciales a lo largo de todo el Mediterráneo. Si bien su plaza fuerte se encontraba en las cercanías de la región de Canaán, la realidad es que estaban constantemente navegando por distintos lugares intercambiando mercancías. Esto llevó a que muchas civilizaciones llegaran a tomar a sus dioses como propios. Tal es el caso de los cartagineses, que eran adoradores de Baal, por citar un ejemplo. El inconveniente que surgía de todo esto es que pueblos muy variados y diferentes estaban adorando a un mismo dios. Esto era un gran problema, ya que la gente no encontraba sentido en adorar a un “dios de la pesca” en un lugar donde no hubiera nada para pescar, si lo ilustramos de alguna manera. Es a partir de esto que comienzan a surgir los diferentes “baales”, que son adaptaciones locales del Baal original. Podemos citar algunos:

  • Baal-berit – Este nombre se traduce como “señor del pacto” y fue adorado por Israel duraten la época de los jueces (Jueces 8:33). Se desconoce concretamente de dónde procede su nombre o a qué pacto se refiere.
  • Baal-hazor – Un lugar ubicado en las cercanías de Efraín (2 Samuel 13:23).
  • Baal-hermón – Dios adorado en el monte Hermón.
  • Baal-peor – No se llamaba así por ser el más malo de los baales, sino que simplemente era el Baal adorado en la región del monte Peor (Números 25:3).
  • Baal-zebub – Era el dios adorado en Ecrón, una de las cinco ciudades principales de la pentápolis filistea (2 Reyes 1:2). En el nuevo testamente, los judíos solían llamarle “Beelzebu”, que significa el señor de las moscas, de manera burlona, haciendo referencia a que estos insectos solían estar presentes en los templos debido a los sacrificios.
  • Baal-zefón – Era el dios de Tafnes. Además, una región mencionada en el libro de éxodo lleva este nombre.
  • Bamot-baal – Era una región mencionada en el libro de números (Números 22:41).

En conclusión, cada región tomaba el nombre de Baal y le daba sus propios toques. Cada uno hacía de él el dios que siempre había deseado tener, y cuyas características beneficiara a todo el pueblo local. Por ello se indicaba a qué Baal se hacía referencia en base a la región geográfica en la que se lo adoraba. Baal se convirtió así en un dios sin personalidad; un dios a la carta.

Quizás hoy en día, el pueblo de Dios ya no cae en la adoración de estas estatuas de metal sin vida. Aunque la situación no cambió demasiado respecto a aquel tiempo en el sentido de que como iglesia, solemos vivir un cristianismo a la carta. Tomamos las partes de la Biblia que nos gustan y nos hacen sentir bien y predicamos sobre eso. En los púlpitos cada vez se habla menos de nuestro pecado, de nuestra maldad, de la necesidad que tenemos de arrepentirnos y volvernos a Dios, buscando la santidad. En su lugar, se prefieren tocar temas como las bendiciones que vamos a recibir si seguimos a Cristo, la prosperidad, como el Señor va a ayudarnos a superar tal prueba y demás cosas que nos ayudan a sentirnos mejor emocionalmente. Algunas de éstas están bien y otras no, pero a lo que voy con esto es que no predicamos ni aceptamos el mensaje completo. Hablamos de las promesas “lindas” que recibimos en la Palabra, aunque muy poco se habla de la “hermosura” del sufrimiento por la causa. Al final, terminamos creyendo en el Jesús que a nosotros nos gusta, que poco tiene que ver con el de la Biblia. ¡Estamos creyendo en un Jesús inventado por nosotros! Y tristemente, ese invento nuestro no nos llevará a ser salvos, porque sólo creyendo en el Cristo de la Biblia tenemos libre acceso a Dios.

Que podamos reflexionar sobre la manera en que creemos en lo que la Biblia dice, y sobre el Jesús al que nosotros creímos. ¿Es este el verdadero Jesús o es un Jesús personal mío, que yo me inventé?

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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