Yo Soy el camino, la verdad y la vida

Lectura: Juan 14:1-14

Jesús, en el aposento alto, les comenta a sus discípulos que ha llegado la hora de volver al Padre. Los discípulos no entendían muy bien a qué se refería cuando decía que iba a ir al Padre. Les decía que a donde Él iba, ellos no podrían ir. Imaginen lo que pensaron los discípulos en ese momento; Ellos habían dejado sus vidas, sus familias, sus trabajos, sus carreras, todo para seguir a Jesús. Y ahora, Él les estaba diciendo que no lo iban a poder seguir más. Ellos querían saber a dónde iba Cristo y sobre todo, querían saber cómo llegar a ese lugar. Ellos querían seguirlo. Querían estar con Él. Querían ir al Padre. Pero no sabían cómo hacer esto. Es en ese momento que Jesús les dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí”(v. 6).

¿Jesús es el único camino a Dios?

Esto es lo que Él afirmó. No hay otra forma de llegar al Padre, sino por Él. A veces nos encontramos en discusiones que pretenden persuadirnos de que todas las religiones son igualmente válidas y buenas. Que en definitiva, todas llevan a Dios, el Cielo o la siguiente vida. Jesús no le da vueltas al asunto. Si alguien quiere ir a Dios, el único camino es Él.

¿Cómo es que Él es el único camino al Padre? La respuesta es la siguiente: Como todos hemos rechazado a Dios y hemos transgredido su Ley, estamos condenados a sufrir por la eternidad. Cada uno de nosotros. Ni siquiera estamos dispuestos, en nuestra rebeldía, en buscar a Dios y arrepentirnos por nuestra maldad. Y por más que lo quisiéramos, la justicia de Dios demanda que seamos castigados por nuestras transgresiones. Pero Dios nos ama. Es por eso que mandó a su Hijo a que pague por el castigo que nosotros merecíamos. El vivió una vida de perfecta obediencia a la Ley de Dios, y se entregó para ser crucificado, de forma que su perfecta obediencia es imputada a todo aquel que en Él crea. Además resucitó, demostrando que su sacrificio fue aceptado por Dios.

Hay gente que nos acusa a los cristianos de ser muy cerrados. Dicen: “No puedo creer en un Dios que nos da sólo un camino para ser salvos”. Esas personas tienen una visión muy incorrecta de quien es Dios y quienes somos nosotros. Dios es el Creador del Universo entero; las galaxias, las estrellas, los planetas, los átomos, la vida, todo lo que existe. Y también nos creó a nosotros para que lo representemos en la creación. Pero Adán, una simple criatura, osó desafiar la autoridad de Dios y rechazó su amor y soberanía sobre la creación, desobedeciendo. Cada uno de nosotros es tan desobediente cómo Adán. Somos pecadores, malvados, egoístas, egocéntricos, con un corazón que tiende a la sociopatía, perversos, etc.. Y Dios es bondadoso, amoroso y sobre todo, es santo y justo. No tolera la transgresión de su Ley, porque es ella la que da orden a todas las cosas. Y este Creador, en lugar de darnos el castigo que cada uno de nosotros merece, decide de su propia voluntad y amor, venir, tomar un cuerpo humano, dejarse maltratar, humillar y por último asesinar para tomar en nuestro lugar ese castigo. Y nosotros nos preguntamos ¿Por qué hay un sólo camino? La verdadera pregunta debería ser ¿Por qué existe UN camino? No merecemos una salvación tan grande. El Dios Viviente y Eterno murió por nuestros pecados, no puede haber otro camino. Si fuera así, su sacrificio habría sido en vano. Si fue necesario que Él tenga que dar su propia vida en la cruz, es porque sin dudas es el único medio posible para nuestra salvación.

¿Cómo es este camino?

Jesús habló de esto en una ocasión. Lo vemos en el sermón del monte en Mateo 7:13-14 donde dice que hay dos caminos: El camino ancho y la puerta ancha son las que llevan a la destrucción. Pero el camino angosto que conduce a la puerta angosta es el que conduce a la vida y son pocos quienes lo hayan. John Stott dice que “En el camino ancho hay mucho espacio para la laxitud moral, diferencia de opiniones. Es la senda de la tolerancia y de la ausencia de restricciones. No tiene frenos ni límites de pensamiento o conducta”. Por el contrario el camino angosto, es aquel que tiene límites bien marcados. Estos límites están dados por la Palabra de Dios. Por un lado, es difícil de seguir, pero para quienes lo encuentran, la carga del pecado es reemplazada por la carga de Cristo que es ligera y su yugo que es suave(Mateo 11:30).

La analogía del camino fue tan importante para los primeros discípulos, que el primer nombre por el cuál fueron conocidos los cristianos fue “los del Camino”(Hechos 9:2, Hechos 16:17, Hechos 18:25-26, Hechos 19:9, Hechos 19:23, Hechos 22:4).

¿Por qué dice Jesús que es la verdad y la vida?

Esto tiene que ver también con la analogía del camino angosto. Dijimos que los límites del camino están dados por la Palabra de Dios. Cristo es la Palabra de Dios hecha carne. En Él se cumplen todas las profecías y todas las demandas de la Ley de Dios. Él es la verdad. La Biblia habla enteramente de Él. Si lo conocemos a Él, conocemos la verdad, que nos delimita el camino. Por lo tanto podremos ir seguros por el camino que conduce a la vida. Él es el camino que lleva a la vida. Sólo en Él encontramos la vida eterna. Porque Él dio su vida, a fin de que nosotros podamos tener vida eterna junto al Padre por siempre.

¿Jesús y el Padre son el mismo?

Aquí vemos expuesto el misterio de la Trinidad. Cristo les afirma a los discípulos que quien lo ha visto a Él, ha visto al Padre, diciendo que Él y el Padre son uno, aunque son distintas personas. No debemos tratar de rompernos la cabeza tratando de entender este misterio. Muchos intentos de explicarlo llevan a conclusiones no bíblicas. Además, Dios es mucho más grande de lo que nuestra finita mente puede imaginar. Debe haber en nuestra mente lugar para el misterio. No podemos comprender totalmente a un ser que va más allá de todo lo que conocemos. Creo que es válido y necesario el esfuerzo de tratar de conocer todo lo que Dios ha revelado de sí mismo en la Escritura y en la creación. Pero las cosas secretas, son del Señor(Deuteronomio 29:29). ¿Qué hay de quienes no han visto a Cristo? Sin duda, no vemos a Jesús con nuestros propios ojos. Pero quienes creen en el evangelio, a quienes Dios ha alumbrado, ellos pueden ver con los ojos espirituales. Cómo dice el autor de Hebreos, debemos vivir nuestra vida “puestos los ojos en Jesús”(Hebreos 12:2). En el evangelio vemos a Jesús y vemos que Él es el único camino hacia el Padre.

Conclusión

¡Qué grandioso camino el de la salvación! Este es el Camino por el cuál los apóstoles estuvieron dispuestos a dar sus vidas. El Camino angosto que estuvieron dispuestos a caminar. El Camino que estableció Jesús es el de negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirle. Pero no es todo negro en la vida del cristiano. La bendición de Dios y la autoridad de Cristo está con nosotros. La felicidad de haber encontrado el mayor de los tesoros y de disfrutar el amor eterno y el cuidado de nuestro Dios. El gozo de saber que Dios nos ha escogido para caminar este Camino que lleva a la vida. Saber que nuestra vida tiene un propósito: Glorificar a Dios y disfrutar de Él eternamente ¡Anunciemos el evangelio! ¡Cristo es el Camino!

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Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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