Jeremías y los Falsos Profetas

Muchas personas creen que el llamado “evangelio” de la prosperidad (que no es ningún evangelio en realidad) es una invención del siglo XX. Que surgió dentro del movimiento pentecostal y neo-pentecostal. Pero esto no es así. El mensaje de la prosperidad de Dios ha existido desde siempre. Es tan antiguo, que podemos encontrarlo, por ejemplo, en los tiempos del profeta Jeremías. Si leemos Jeremías 23, podemos ver el mensaje del Señor para las personas que no predican la verdad.

La Palabra del Señor para estas personas es verdaderamente aterradora. Pero para entender mejor este mensaje, podemos ponernos en contexto.

Dios había llamado a Jeremías a anunciar la Palabra del Señor. Esta Palabra no era nada alentadora para la nación de Judá. Dios había levantado al imperio babilónico para traer juicio sobre los judíos, que habían abandonado la Ley del Señor y la adoración. Jeremías tenía gran temor, ya que su tarea no era nada agradable. Debía anunciar a una nación apóstata (que abandonó a Dios) de la inminente destrucción que vendría sobre ellos. Este mensaje no iba a agradar a los oídos de los judíos. Muchas personas no le iban a creer. Otros iban a decir que sólo anunciaba malas noticias. Otros dirían que estaba loco, que esas terribles cosas nunca le iban a suceder al pueblo escogido por el SEÑOR. Además, aunque los judíos habían abandonado el amor por la Ley del Señor, y se habían vuelto a los ídolos, ellos seguían manteniendo la adoración ritual a Dios y el Templo del Señor seguía en funcionamiento. Aunque Dios mismo había abandonado el Templo (como lo describe Ezequiel 10). Y entre los judíos había profetas que seguían anunciando la Palabra de Dios. Pero ciertos profetas estaban anunciando un mensaje muy distinto al de la Palabra de Dios.

Este mensaje era muy agradable a los oídos. Como vemos en Jeremías 23:16-22:

16 “No escuchen las palabras de los profetas que les profetizan.
Ellos los conducen hacia lo vano;
Les cuentan las visiones de su propia fantasía,
No de la boca del Señor.
17 Dicen de continuo a los que Me desprecian:
‘El Señor ha dicho: “Tendrán paz”’;
Y a todo el que anda en la terquedad de su corazón
Dicen: ‘No vendrá calamidad sobre ustedes.’
18 Pero ¿quién ha estado en el consejo del Señor,
Y vio y oyó Su palabra?

La tempestad del Señor ha salido con furor,
Un torbellino impetuoso
Descargará sobre la cabeza de los impíos.
20 No se apartará la ira del Señor
Hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitos de Su corazón.
En los postreros días lo entenderán claramente.
21 Yo no envié a esos profetas,
Pero ellos corrieron;
No les hablé,
Mas ellos profetizaron.
22 Pero si ellos hubieran estado en Mi consejo,
Habrían hecho oír Mis palabras a Mi pueblo,
Y lo habrían hecho volver de su mal camino
Y de la maldad de sus obras.

Estos profetas estaban anunciando un mensaje que no estaba en la Palabra del Señor. Ellos veían al pueblo caer en el pecado de la idolatría, veían como sacrificaban a sus propios hijos a los ídolos, veían como los judíos habían abandonado la Ley de Dios, y así y todo, ellos profetizaban paz y prosperidad en la Tierra.

¿Qué tiene que ver esto con el mensaje de la prosperidad?

El verdadero evangelio es un mensaje que a los oídos de un hombre natural parece locura. Nos dice que todos nos encontramos bajo la condenación por nuestros crímenes contra Dios y que a menos de que nos arrepintamos y depositemos nuestra confianza en la obra salvadora de Cristo, vamos a pagar nuestra condena sufriendo por la eternidad. Si depositamos nuestra fe en Cristo y renunciamos a nuestra vida de pecado, empezamos a disfrutar de una vida de bendición espiritual y reconciliación con Dios. Comenzamos a disfrutar de Dios mientras somos santificados por el Espíritu Santo. Otro de los puntos más difíciles de entender es el costo del discipulado. Para seguir a Jesús, debemos abandonar nuestra vida, morir al mundo y comenzar a vivir para Dios.

Para la persona regenerada por el Espíritu Santo, este evangelio es poder y dulzura de Dios. En él, se manifiesta la hermosa justicia y gracia de Dios. Pero para el que no cree, esto es un mensaje ofensivo. ¿Abandonar mis sueños? ¿Dejar de vivir para mí mismo? ¿Arrepentirme de las cosas que hago y que son impulsadas por mis deseos? No, gracias, no me interesa.

El evangelio es muy similar al mensaje que predicaba Jeremías:

  • Dios le dijo que anuncie el inminente juicio que ejecutaría sobre las personas que lo habían rechazado
  • Le dijo que llame a las personas al arrepentimiento
  • Le dijo que comunique las promesas futuras de restauración por medio de un Rey descendiente de David que reinaría con justicia y los conduciría por el camino del Señor

Entonces ¿Por qué hay predicadores que cometen el mismo pecado que cometían estos falsos profetas, al comunicar un mensaje distinto al de la Escritura? ¿Por qué no predican el evangelio completo? ¿Por qué no llaman a la gente al arrepentimiento, al cambio de vida? Dicen a la gente “Aceptá a Jesús en tu corazón y vas a ser salvo”, pero nadie se encarga de decirles cuál es su condición delante de Dios, cuál es su necesidad de salvación, cómo debe santificarse, cómo debe abandonar los deseos egoístas de la carne. Estos predicadores no hacen más que decir lo mismo que los falsos profetas de los tiempos de Jeremías. Invocan el nombre del Señor para asegurar la paz y la prosperidad, pero niegan el resto del evangelio.

El apóstol Pablo le advirtió a su discípulo Timoteo acerca de estos hombres diciendo:

Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha (toda) paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos (a las fábulas).

2 Timoteo 4:2-4 (NBLH)

La gente no quiere escuchar el evangelio. No quiere arrepentirse de sus pecados, no quiere abandonar sus deseos. Es por eso que “apartan sus oídos de la verdad” y “acumulan para sí maestros”. Estos no enseñan la Palabra de Dios, sino que dicen lo que la gente quiere oír. A pesar de esto, Pablo le exhorta a que siga orando y predicando. Porque la predicación no depende de que tan lindo o razonable suene al oído, sino del poder de Dios para transformar las vida de los pecadores.

Pablo también le advierte a Timoteo que los predicadores que quieran ser fieles siempre van a sufrir oposición. Esto es porque los falsos maestros enseñan mensajes más agradables que produce que mucha gente se oponga a la verdad del evangelio. Esto sin duda le pasaba a Jeremías, cuya vida siempre se encontraba en peligro, siendo amenazado por la gente que no quería escuchar su mensaje “negativo”. Jeremías llegó a sufrir tanta persecución que maldijo el día en que nació. A pesar de todo, reconoció que no podía dejar de predicar la Palabra del Señor, ya que había sido cautivado por la hermosura, la justicia y la verdad de Dios. En sus propias palabras, los expresó así:

 Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido;
Fuiste más fuerte que yo y prevaleciste.
He sido el hazmerreír cada día;
Todos se burlan de mí.
Porque cada vez que hablo, grito;
Proclamo: ¡Violencia, destrucción!
Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí
Oprobio y escarnio cada día.
Pero si digo: “No Lo recordaré
Ni hablaré más en Su nombre,”
Esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente
Encerrado en mis huesos.
Hago esfuerzos por contenerlo,
Y no puedo. (Jeremías 20:7-9 NBLH)

Maldito el día en que nací;
El día en que mi madre me dio a luz no sea bendito. (Jeremías 20:14 NBLH)

Podemos ver cómo el profeta tenía una lucha en su interior. Estaba sufriendo amenazas, maldiciones . Incluso sus mejores amigos lo habían traicionado (Jeremías 20:10). A pesar de todo, se mantuvo fiel al Señor y siguió predicando el verdadero mensaje de Dios.

Hermano, si estás predicando en tu iglesia, prestá atención a las advertencias del Señor. No prediques otra cosa que no sea la Palabra de Dios y su evangelio. No te preocupes tanto por lo que predican los demás, más bien, esforzate en ser fiel y predicar el evangelio, que es lo único que transforma la vida de las personas. Los que enseñamos la Palabra de Dios vamos a tener que rendir cuentas por la tarea que se nos encomendó. Si somos encontrados infieles a la Palabra, el castigo del Señor va a ser más severo sobre nosotros. Como lo describió el Señor Jesús:

Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán. (Lucas 12:47-48 NBLH)

El mensaje del evangelio es un mensaje hermoso, lleno de esperanza, de poder, de salvación, de un Dios misericordioso y amoroso y de una raza de seres caídos que no merecen tanto amor. No cometamos el error de empezar a omitir partes del evangelio para hacerlo más atractivo, esto nos puede llevar a terminar como los falsos profetas de los tiempos de Jeremías.

¡Que el Señor nos encuentre siempre predicando su Palabra de manera fiel hasta que decida llamarnos a su presencia o llegué el día de su venida!

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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