Pokémon Go: ¿A dónde vamos?

En estas últimas semanas, hay un tema que viene copando los noticieros y los diarios a toda hora. En el trabajo, en el trasporte público, en las mesas familiares, en las reuniones de amigos, y en cualquier lugar donde las personas se reúnen se habla de una cosa: El Pokémon Go. Supongo que si estás leyendo esto ya debés conocer de qué se trata, así sea que tenés una idea muy vaga. De todos modos, siempre hay algún desprevenido, por lo que voy a hacer un breve comentario de esto…

Pokémon Go es un videojuego para teléfonos celulares que salió a la luz en estas últimas semanas. Concretamente, en América Latina, recién la semana pasada fue subida la aplicación a los stores oficiales de Android y Iphone. Ésta consiste en tener que recorrer las calles de la ciudad atrapando diferentes monstruos, algunos más simpáticos que otros, llamados pokémones. Algunos aparecen casi en cualquier lado, mientras que para capturar otros, tenés que ir a ciertos puntos de interés, como pueden ser museos, plazas, monumentos, etc. El foco, como bien lo dice su nombre en inglés (Go), está en “ir”. Ya no basta con pasarse horas sentado en la silla de la computadora para ganar el juego; lo que hace falta es moverse.

Esta aplicación superó numerosos records de descargas y usuarios activos en el mundo de los dispositivos mobiles. Sin dudas que fue un éxito comercial rotundo. Esto nos lleva a pensar en cómo puede afectarnos a nosotros como iglesia. ¿Está mal jugarlo? ¿Aparecen pokémones en la iglesia? ¿Puedo viajar por distintos lados capturando pokémones hasta convertirme en un maestro pokémon (así se llaman quienes se dedican a esto)?

¿Está mal jugarlo?

Antes que nada me gustaría hacer una aclaración, puesto que seguramente surgirán comentarios al respecto. No tengo la intención de discutir si Pokémon es o no satánico en el sentido de que tiene referencias a brujería y cuestiones por el estilo. La gran realidad es que no lo sé. Hay muchos artículos dando vueltas por Internet que hablan de estas cosas, pero la realidad es que no los considero fuentes lo suficientemente confiables como para llegarlos a considerar con seriedad. Por eso, no puedo decir que no tenga nada que ver con cuestiones de brujería, pero tampoco cuento con evidencias para ratificar lo contrario. Hecha esta aclaración, vamos a reflexionar juntos… ¿podemos como hijos de Dios usar esta aplicación?

Bueno, la realidad es que como poder podemos. La cuestión está en que, a mi entender, no nos conviene (1 Corintios 10:23). Si bien no es que estemos cometiendo un pecado concreto, la realidad es que no encuentro la forma en la idea de que podemos glorificar a Dios a partir de jugar a Pokémon Go. Esto no lo hace diferente de cualquier otro videojuego. En lo que respecta es este tipo de entretenimiento, creo que sí puede ser útil para fomentar amistades y compartir un tiempo de distensión con otras personas. El gran problema se da cuando todo nuestro día se convierte en tiempo de distensión. No debemos olvidarnos de que estamos en la tierra con un propósito claro, que es el de llevar el mensaje de salvación a las personas. Cada segundo vale para que podamos crecer más en el Señor y así dar por gracia aquello que por gracia recibimos. ¡Somos soldados en servicio activo! Peleamos esta batalla que no es contra carne ni sangre, sino contra las huestes de las tinieblas comandadas por Satanás, el príncipe de este mundo, que cegó el entendimiento de las personas para así alejarlas de las verdades de Dios. Está en nosotros el poder llevar la palabra que tiene el poder para dar vida y liberar de la esclavitud a las personas. Podemos jugar videojuegos un ratito, sí, pero eso no debe consumir la mayor parte de nuestro tiempo. Si termina el día y nos damos cuenta que le dedicamos más tiempo a eso que, por ejemplo, a la oración o a la lectura de la Biblia, entonces Dios no es el rey de nuestra vida; en todo caso Pikachu (el pokémon más famoso) lo será. Para orar no tenemos tiempo pero sí para esas cosas, entonces claramente estamos lejos de hacer tesoros en el cielo. Y creo yo que también estamos lejos de hacer tesoros en la tierra con esto, ya que ser el mejor maestro pokémon del mundo no tiene ningún sentido ni siquiera en el mundo. Tal como le indica Pablo a Timoteo, un soldado que está en pleno combate no debe distraerse con asuntos de la vida civil (2 Timoteo 2:4).

Por su parte, cada momento vale para que podamos acercar  el mensaje de salvación a una persona, y que ella pueda conocer a Cristo como su salvador. Es por eso que Pablo, en su epístola a los efesios, llama a estos hermanos y también nos llama a nosotros hoy en día a poder aprovechar al máximo cada momento que tengamos, porque los días son malos (Efesios 5:16). Y miren qué importante era esto para el apóstol, que le llega a escribir exactamente lo mismo a los colosenses (Colosenses 4:5).

Que cada momento que estemos acá en la tierra podamos aprovecharlo para crecer en Dios y usar ese crecimiento para ser de bendición. El Señor nos bendice y el Señor nos hace crecer… ¿para qué? Para que bendigamos a los demás (Génesis 12:2).

Capturando pokémones en la iglesia…

En estos días, en los diarios salieron algunos artículos de iglesias en Argentina y en otros países que llamaban a la gente a que asistiera a sus reuniones capturar pokémones, para que de ese modo terminen llevándose algo más. Esto me llamó mucho la atención, y hasta me da pudor el pensarlo. Como dijimos, estos pequeños monstruos aparecen en cualquier parte de la ciudad, pero los más importantes se encuentran en edificios importantes. Nombramos museos o monumentos, aunque la realidad es que también pueden aparecer en iglesias. Es en base a esto que estas congregaciones tomaron la iniciativa de ofrecer que las personas pudieran aprovechar los horarios de reunión para capturar pokémones. “Es maravilloso. Desde entonces la iglesia tiene más gente”, afirma un pastor danés, según un artículo publicado en Clarín. Como si la cuestión estuviera en llenar un lugar, ¿no?

La realidad es que no estoy de acuerdo con que se use un videojuego para atraer personas a las reuniones. El Evangelio debe ser suficiente para que las personas crean y no necesitamos ningún tipo de estrategia más. No tenemos que andar engañando a la gente por ahí, como si quisiéramos venderles algo. Simplemente tenemos que predicar con la verdad y orar para que las personas puedan ser regeneradas por medio de la gracia de Dios. Por supuesto que no estoy en contra de la utilización de ciertos métodos, que pueden ser muy útiles para ayudar a las personas a ver en Jesús a su salvador. Por ejemplo, las encuestas son una buena manera de hacerlo reflexionar al respecto. También puede resultar útil hacer conciertos, obras de teatro, películas, y demás cosas que ayuden a transmitir la Palabra de distintas maneras. Pero en este caso, no veo cómo podemos glorificar a Dios convirtiendo nuestra iglesia en un centro de cacería de pokémones. Principalmente, encuentro dos problemas en este sentido:

1. La reverencia a Dios: Cuando Jesús llegó al templo de Jerusalén, como parte de la celebración de la Pascua, se encontró con que un lugar que debería estar destinado a la adoración a Dios se encontraba lleno de comerciantes, vendiendo todo tipo de productos para los viajeros que llegaban desde las regiones más diversas del imperio romano. Al ver lo que estaba ocurriendo, el Señor no estuvo dispuesto a permitir que el nombre del Padre sea deshonrado de esa manera, y procedió a limpiar el templo causando una importante agitación (Juan 2:12-17). Un evento similar sucedería, según relatan lo Evangelios sinópticos, al final de su ministerio (Mateo 21:12-16, Marcos 11:15-18, Lucas 19:45-46). “El celo por tu casa me consume”, recordaron los discípulos sobre aquel pasaje de Salmos. Es cierto que Jesús dejó en claro que la verdadera adoración tiene que ver con un espíritu y un corazón sincero rendido a Dios, y no con un lugar determinado (Juan 4:21-23), pero eso no implica que dejemos de tener un respeto y un temor reverente hacia nuestro Dios. Creo que al dar dar más relevancia a un videojuego como el Pokémon que al Evangelio, estamos dando pasos para transformar nuestra congregación en un club social, cada vez más alejado de la verdadera adoración al Señor.

Algo que debemos entender es que nuestro foco no se trata de llenar las iglesias de gente, sino que se trata de transmitir el mensaje de salvación. ¿Por qué tendríamos que esperar a que las personas vengan a buscar pokémones a nuestras iglesias para predicarles? ¿No podemos ir hacia ellos donde sea que estén? Creo que a partir de esto nos olvidamos de que la salvación es del Señor (Jonás 2:9, Salmos 3:8). Proverbios 21:31 nos llama a prepararnos para dar batalla, para trasmitir correctamente el mensaje, pero la salvación sigue perteneciendo a Dios. Él es el que tiene el poder para abrir los ojos de las personas, para traer convicción de pecado y fe a sus vidas; el crecimiento lo da Dios (1 Corintios 3:7).

Yendo a un caso completamente extremo, que no es comparable bajo ninguna circunstancia, pero sí nos puede ayudar a entender. Todos sabemos que está mal drogarse, y reconocemos que hay muchos drogadictos por alcanzar para la gloria de Cristo. Sin embargo, ¿vamos a poner carteles que digan “venga a drogarse” para atraer a las personas a nuestros templos y poder predicarles? ¡De ninguna manera! Vamos a ir a predicarles a los drogadictos donde sea que estén. Esto es lo mismo, pero en una escala infinitamente menor. Si una persona es capaz de acercarse a una iglesia especialmente para capturar pokémones es porque está dándole más importancia de la cuenta al videojuego, lo que termina siendo una adicción de otro tipo. Por eso, en cierto modo, estaríamos contribuyendo a esa adicción. No debemos usar artimañas para atraer a la gente, sino que debemos confiar en el poder de la Palabra de Dios. Ella es mucho más poderosa que cualquier método que podamos usar.

Para concluir este punto, creo yo que usar cosas como videojuegos para atraer a las personas a nuestras reuniones es una irreverencia para con nuestro Dios, y también es una falta de confianza en el poder de su Palabra. En nuestros cultos debe haber una atmósfera de adoración al Creador…

2. El amor por nuestros hermanos: Hay hermanos en la iglesia que son más débiles que otros en la fe. Esto los puede llevar a ser más susceptibles a ciertas cosas en las cuales la Biblia no es clara. Este problema lo vivió Pablo, durante su ministerio. En Hechos 15 vemos cómo él, fervientemente, defiende la postura de la salvación sólo por fe. Lo sorprendente es que en el capítulo siguiente hace que Timoteo se circuncide antes de que lo acompañe en su segundo viaje misionero. ¿Por qué hizo esto? ¿Qué le pasaba por la cabeza a Pablo? ¿No que ya no era necesaria la circunscripción? La cuestión es que, si bien todos entendían que la circuncisión no era necesaria, a algunos les hacía un poco de ruido que Timoteo fuera al viaje sin estar circuncidado. Es por eso que Pablo, por amor a estos hermanos que eran más débiles en la fe, toma la decisión de circuncidarlo.

Esta es una situación que debiera darse habitualmente en la iglesia. Tenemos que mantener nuestra postura, pero estar dispuestos a ceder en ciertas circunstancias. Por ejemplo, la Biblia no es clara respecto a si podemos hacernos tatuajes o no. Hay opiniones diversas al respecto. No obstante, si vos te congregás en un lugar donde los hermanos consideran que está mal, el tatuarte te pondría en falta frente a Dios, porque vos estás haciendo algo que sabés que va a molestar a tus hermanos. Es por eso que, por amor a ellos, no deberías hacértelo. Por más que vos estés convencido de que no hay problema en ello, decidís negarte a vos mismo en pos de la unidad del cuerpo de Cristo.

De igual manera, es evidente que impulsar a la gente a ir a las iglesias a capturar pokémones va a a molestar a buena parte de los hermanos. Eso tendría que ser motivo suficiente para evitar usar esta estrategia, incluso aunque consideres que no tiene nada de malo.

El verdadero IR

Si queremos usar este videojuego en su máxima expresión, logrando tener los mejores pokémones y siendo de los mejores jugadores, entonces hay un punto clave que debemos cumplir: ir. De hecho, justamente ese es un nombre en inglés. Esta aplicación llama a las personas a dejar su lugares de comodidad y empezar a moverse con la finalidad de lograr el gran objetivo de capturar a todos los pokémenos. Sinceramente me duele ver a cristianos dedicando buena parte de su tiempo persiguiendo esta finalidad…

Como hijos de Dios, de igual manera, nosotros también estamos llamados a ir. No a capturar pokémones, sino a hacer discípulos (Mateo 28:19-20). Que un juego no termine distrayéndonos de nuestro propósito como hijos de Dios. Que podamos movernos por todas las ciudades llevando el mensaje de salvación a aquellos que se están perdiendo. Y que podamos hacer esto con una motivación mucho más grande que la que tienen los jugadores de Pokémon Go. Después de todo, es una misión de vida o muerte.

Conclusión

Para concluir este artículo, me gustaría dejar en claro que respeto a quienes no opinan igual que yo. Hay mucha gente que considera correcto usar estos métodos y eso no los hace menos hermanos en Cristo para mí. Simplemente considero adecuado poder expresar mi opinión sobre el tema, no considerándome dueño de la verdad, sino opinando, en la medida que puedo, a la luz de la Palabra de Dios. Un problema que encuentro en las argumentaciones de quienes están a favor de usar el Pokémon Go para atraer gente, es que usan lógica humana para justificarlo. Leí varios artículos sobre lo buenísimo que está esta nueva forma de llegar a las personas, aunque el problema es que ninguno de todos ellos citaba un solo versículo. Creo que es completamente edificante para la iglesia el poder discutir e intercambiar opiniones, siempre que sea con amor. La cuestión es que ese intercambio tiene que ser en base a lo que las Escrituras dicen, y no a partir de lo que nos parece bien a cada uno. Nadie es sabio según su propia opinión (Proverbios 3:7). Así lo entendió Pablo, a quien no le importaba lo que pensaban los demás, ni tampoco lo que él mismo pensaba; sólo le importaba la opinión de Dios (1 Corintios 4:3-4).

No tenemos que permitir que cosas como éstas causen división en el pueblo de Dios, porque justamente es en el amor que nos tengamos unos a otros en que mostramos en quién creímos (Juan 13:35). Opinemos, compartamos, discutamos, hablemos, comentemos, pero siempre con la idea de edificarnos unos a otros y de buscar la voluntad del Señor revelada por medio de su Palabra.

¡Dios te bendiga!

 

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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