13 Errores cometidos al ofrendar

Es habitual que como cristianos nos tomemos el momento de dar la ofrenda bastante a la ligera. No reflexionamos demasiado sobre lo que estamos haciendo. Casi que se vuelve una costumbre en nuestras reuniones. Sin embargo, debe representar un gran honor para nosotros que, siendo que Dios podría actuar sin necesidad de ninguno de nuestros bienes materiales, él nos da el privilegio de poder comprometernos con su obra y sus propósitos aportando aquellas cosas que recibimos de su parte.

En este artículo, vamos a analizar algunos errores que cometemos habitualmente al momento de ofrendar…

1- Creer que Dios nunca te pide todo

Es habitual que estemos tan aferrados a nuestros bienes materiales que estemos dispuestos a dar hasta cierto punto. Es como que decimos “hasta acá es de Dios, mientras que lo demás es mío”. ¡Este no es el pensamiento que debemos tener! Más bien tendríamos que pensar como lo hacía Job, cuando dijo “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado” (Job 1:21). Es decir, él reconoció que todo viene del Señor y nada de lo que tiene le corresponde. Esa tiene que ser la base que tenemos para no aferrarnos a lo que tenemos, sino que siempre estemos dispuesto a darlo para la gloria de Dios.

Jesús le dice al joven rico: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme.” (Mateo 19:21). Esto nos demuestra que en casos puntuales, Dios puede demandar que una persona entregue todo lo que tiene. Es un error creer que eso fue sólo una indicación para el joven, mientras que hoy en día esto ya no pasa. Tener esa mentalidad demuestra que, en realidad, estás demasiado aferrado a tus cosas.

Dios es dueño de todo lo que tenemos, y puede demandarnos tanto como el quiera. En definitiva, ¿qué son algunos bienes materiales en comparación con la salvación que por gracia recibimos?

2- Creer que Dios siempre te pide todo

De la mano del punto anterior, también resulta erróneo creer que Dios siempre quiere que le entreguemos todo lo que tenemos. Veamos el caso de Zaqueo, quien al momento de su conversión dijo: “Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea” (Lucas 19:8). Es decir, el Espíritu lo llevó a dar la mitad de sus bienes, no la totalidad de los mismos. De igual modo, podemos ver el caso de la iglesia de la antigüedad, quienes tenían todas las cosas en común y vendían sus propiedades para ofrendar (Hechos 2:45). Sin embargo, notamos que no todos lo hacían, ya que algunas reuniones se celebraban en casas (Hechos 2:46). Acá vemos con claridad el contraste de algunos que eran llamados a vender sus cosas en favor de la iglesia, mientras había otros que no lo hacían.

Como conclusión de estos dos primeros puntos, podemos decir que es importante estar dispuestos a dar todo lo que Dios demande, sea o no sea todo.

3- Creer que poniendo vamos a recibir más

Un gravísimo error es el poner dinero en la ofrenda pensando que eso va a traerte prosperidad material. ¡Para nada! No se trata de poner 100 para recibir 200, sino de ofrendar con alegría por todo lo que hizo Dios por nosotros y porque queremos ver cómo su obra avanza en esta tierra. Si realmente creímos, vamos a estar deseosos de participar en los propósitos de Dios, tanto con nuestros dones como poniendo a su disposición nuestros bienes materiales.

¡La gloria de Dios tiene que ser la única motivación que tenemos para dar! No la expectativa de recibir más. Podemos confiar en que el Señor cuida de nosotros y no nos va a hacer faltar nada que necesitemos. Por eso podemos dar con alegría. Sin embargo, de ninguna manera debemos ver a la ofrenda como un fondo de inversión que va a multiplicar las cantidades que pongamos.

4- Poner ofrenda en cosas específicas

Con esto me refiero al gran problema que tienen las congregaciones en el que cada cual ofrenda para aquello que cree conveniente. Por ejemplo, alguno piensa que el templo necesita una puerta nueva, entonces en lugar de poner dinero en las reuniones durante unos meses, ahorra y compra la puerta. De igual modo, puede que las personas tengan la tendencia a usar sus ofrendas para sus propios ministerios. Pensemos en el caso más extremo, en el que todos hacen esto. Seguramente, no quede dinero para pagar la luz, u otros gastos fijos que tienen la iglesia, ya que nadie va a poner plata específicamente para eso. Por ello, está bien que ofrendemos para cosas específicas, pero también debemos dejar parte de lo que demos al Señor en las manos de las personas idóneas encargadas de la administración del dinero en nuestras congregaciones. Ellos son los que conocen mejor que nadie qué necesidades son más urgentes, y van a saber usarlo correctamente.

5- No orar

Esto es algo en lo que debemos fallar casi todos. Si bien se ora en las congregaciones antes de que las ofrendas sean recolectadas, la realidad es que no sé cuántas personas se tomaran el tiempo para orar personalmente por el dinero que va a poner. Es decir, pedirle a Dios que esa plata, sea poca o mucha, pueda ser usada de la mejor manera para su gloria, buscando que el Señor llene con su Espíritu a aquellos que son responsables de administrarla, para que su obra pueda seguir extendiéndose.

Administrar el dinero de la iglesia es una responsabilidad enorme, y sólo gente en la que toda la congregación confía puede ser apta para dicha labor. La tentación puede llegar a ser grande, y de igual manera es fácil pretender usarla por medio de pensamientos humanos. Es por ello que debemos orar específicamente por el dinero que vayamos a poner, y por las personas que lo usarán.

6- Improvisar

De la mano del punto anterior, el ofrendar en oración implica también hacerlo conscientemente. Es decir, debemos pensar y orar a Dios para que nos indique cuánto debemos dar a la iglesia en cada reunión. No se trata simplemente de que, mientras los demás hermanos oran, yo ando revisando mi billetera a ver qué tengo.

7- Creer que lo que importa son las cantidades

No se trata de pensar simplemente en la cantidad de lo que demos, sino en el hecho de que podamos hacerlo con alegría y con un corazón dispuesto a glorificar a Dios por medio de la ofrenda. No se trata de creerte superior a otro hermano por aportar más a la congregación. Si tenés la posibilidad de tener mucho para ofrendar a la obra, ¡gloria a Dios por ese privilegio! Sin embargo, si lo hacés simplemente por soberbia y para sentirte bien con vos mismo, de nada vale lo mucho que puedas poner. Lo más importante es que tengas un corazón dispuesto a dar.

8- No dar en tiempos de dificultad

Malaquías 3:10 es el único pasaje que encontramos en la Palabra en el que Dios nos llama a probarlo. ¿En qué tenemos que probarlo? En nuestra confianza de que él puede proveer para nosotros aun en medio de la más terrible de las crisis. Este es un llamado a tratar de no dejar de ofrendar nunca, sin importar cuán dura sea la situación que estás pasando. Siempre tenés que buscar la manera de hacer sacrificios por la obra del Señor, y así vas a ver cómo él es fiel y no te va a desamparar.

9- No pensar en la misión mundial

Es habitual que demos pensando en las necesidades de nuestra iglesia local, pero nos estamos olvidando de algo importante: la gran comisión. Hay muchas congregaciones que dedican parte de sus ofrendas a misioneros, por lo que en esos casos este aspecto estaría cubierto. Sin embargo, eso no pasa siempre. Debemos pensar en dar dinero a aquellos que están dando su vida para que el Evangelio llegue a los pueblos que nunca escucharon de Jesús. Si estamos verdaderamente comprometidos con los propósitos de Dios y con la extensión de su reino, entonces este es un aspecto que no debemos pasar por alto.

10- Pensar que sólo debemos ofrendar dinero

Es habitual que cuando pensemos en ofrendar nos imaginemos a nosotros mismos dando dinero. Esto no debería ser así, ya que el Señor no quiere simplemente nuestro dinero; él quiere todo de nosotros (Marcos 12:30). Es implica estar dispuesto a poner a disposición de la iglesia todo bien material que tenemos. Quizás no puedas dar tanto dinero, pero sí usás tu automóvil para llevar y traer a los hermanos antes y después de cada reunión. ¡Esto también es ofrendar! De igual modo, podemos ofrendar nuestro tiempo para la gloria del Señor.

Volviendo a Malaquías 3:10, vemos que los diezmos eran dejados en el alfolí. ¿Alguna vez te preguntaste qué significa esta palabra? Es un error llamar así a la bolsita en la que ponemos el dinero en nuestras congregaciones. En realidad, el alfolí es un granero. Esto nos enseña que, en los tiempos del Antiguo Testamento, lo que se ofrendaba no era solamente dinero, sino también distintos tipos de bienes. ¡Esto sigue siendo válido hoy en día!

11- Dar para que te vean

Esto es algo que va muy ligado a la soberbia y el orgullo humano. Damos para sentirnos bien sabiendo que pusimos algo, de manera que nadie nos vaya a mirar mal por eso. Queremos que todos vean cómo ponemos y, si es posible, lo mucho que entregamos a la iglesia. Mateo 6:3 nos da una lección al respecto (el foco de este pasaje apunta a las limosnas a los pobres, pero aplica a lo que venimos hablando también). No se refiere a que ofrendemos sin mirar, poniendo lo que agarremos primero. El foco de este pasaje está en que no nos tiene que importar cuánto pongan los demás, y tampoco tenemos que dar pensando en qué van a opinar de nosotros los hermanos.

12- Dar por obligación

A lo que voy en este punto es al caso en que las autoridades de la iglesia presionan a los miembros a dar. Con esto no estoy diciendo que esté mal enseñar sobre las ofrendas y el diezmo; eso es algo bueno. A lo que voy es a los casos en los que se obliga a una persona a dar tantas cantidades o ciertos bienes, poniéndole una presión para ello. Esto es algo que va en contra de lo que dice la Palabra. Cada uno debe tener la libertad de ofrendar lo que sienta en su corazón, sin que ninguna otra persona lo fuerce a hacerlo. Si damos por obligación y no por el deseo de glorificar al Señor, sin dudas que nuestra ofrenda no va a resultar agradable a él.

13- No considerar el diezmo porque no es mencionado en el Nuevo Testamento

Volvemos una vez más a Malaquías 3. En este pasaje, vemos al Señor acusando al pueblo de Israel por estar robándole. ¿A qué se refiere? A que estos hombres habían dejado de dar el diezmo. Si bien no encontramos en el Nuevo Testamento ningún mandato acerca de diezmar, sin dudas que es una práctica que es agradable a Dios. Por ello la pidió en el antiguo pacto y por ello se enojó tanto al ver cómo su pueblo desobedecía en este mandato.

Considerando que estamos frente a un Dios inmutable, que nunca cambia, debemos entender que el diezmo sigue siendo agradable a nuestro Señor hoy en día. No tenemos la obligación de darlo, pero sí podemos elegir entregarlo de buena gana, sabiendo que es un práctica que regocija al Creador.

Es cierto que el diezmo era conformado siempre por alimentos que eran destinados a los sacerdotes. De hecho, sólo se permitía ofrecer dinero si la persona estaba muy lejos geográficamente (Deuteronomio 14:22-29). Luego, éste era usado para comprar comida. Por ello, debemos respetar a los hermanos que no están de acuerdo con esta práctica, siempre que lo estén con la de la ofrenda.

Conclusión final

A modo de conclusión, es importante citar el pasaje fundamental respecto a este tema en el Nuevo Testamento:

2 Corintios 9:7 – Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. (NBLH)

Puede haber diversas opiniones sobre la manera en que se debe dar bienes materiales a la iglesia, pero lo fundamental es que podamos respetar este principio, que implica dar con gozo por el inmenso privilegio que tenemos de ser partícipes en la obra de Dios en la tierra. Él podría proveer todo lo que hace falta; no necesita nada de nosotros. Sin embargo, tuvo en bien darnos la posibilidad de dar de aquello que recibimos para ser participe de la extensión de su reino.

Más allá de todo, es importante no creernos que la vida cristiana empieza y termina con la ofrenda. El Señor Jesús es muy claro cuando amonesta a los fariseos porque diezmaban pero descuidaban la justicia y el amor de Dios (Lucas 11:42). De nada sirve ofrendar si no buscamos santificarnos y llevar una vida conforme a lo que él quiere para nosotros. Nuestra principal motivación tiene que estar en ser luz en el mundo, llevando bien alta la bandera del amor de Dios, aunque no por ello debemos descuidar la ofrenda…

¡Que podamos disfrutar y alegrarnos por tener la bendición de ofrendar!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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