¿Por qué levantamos las manos al adorar?

A la hora de adorar a nuestro Dios, es habitual que en nuestras congregaciones veamos a gente con sus manos levantadas. Es una práctica tan habitual como inconsciente. Con esto voy a que no decimos “bueno, ahora voy a levantar mis manos”. No. Simplemente nos sale naturalmente. ¿Por qué lo hacemos? ¿Está bien hacerlo? ¿Tenemos la obligación de adorar de esta manera? ¿De dónde salió esta idea? La realidad es que, hoy en día, la mayoría levanta sus manos por algo que podríamos llamar “contagio”. Llegamos a una congregación, vemos que todos lo hacen, y eso termina llevándonos a hacerlo también nosotros. ¿Hay alguna base bíblica para esto? La realidad es que sí la hay, y eso es lo que vamos a analizar en este artículo…

En concreto, son tres los pasajes bíblicos a partir de los cuales surge esta costumbre de levantar las manos mientras adoramos. Ellos son la base tomada por quienes comenzaron a realizar esta práctica, aunque la realidad es que este significado inicial se fue haciendo más difuso con el tiempo. Aun así, encontramos en estos textos fundamento bíblico válido para adorar de este modo.

Éxodo 17:11 – Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas. (NVI)

El primero de los pasajes lo encontramos en el camino del pueblo de Israel, al salir de Egipto, andando hacia la tierra prometida. En su peregrinaje, debieron hacer frente al pueblo de Amalec. Allí se dio una situación por demás curiosa: Mientras Josué comandaba al ejército de Israel en el combate, Moisés permanecía en una colina levantando sus brazos. En tanto ellos permanecían arriba, la balanza se inclinaba a favor de su pueblo. El problema fue que poco a poco sus fuerzas empezaron a flaquear. Es entonces cuando notamos que, si los bajaba, los amalecitas empezaban a cobrar la delantera. Sólo con la ayuda de Aarón y de Hur el líder de los israelitas pudo sostener sus brazos en alto hasta la victoria. Ahora bien, ¿a qué va todo esto?

Que Moisés tuviera que sostener los brazos hacia arriba para que Israel triunfe mostraba que la lucha verdadera no estaba en el campo de batalla, sino en los lugares celestiales. Era Dios quien les daría la batalla. Este pueblo no dependía de su propia fortaleza, sino del poder de quien velaba por ellos. Este gesto de quien guió a toda esta gente a través del desierto es una clara señal de dependencia total del Señor.

Salmos 134:2 – Eleven sus manos hacia el santuario y bendigan al Señor. (NVI)

Una segunda referencia bíblica a esta práctica, también en el Antiguo Testamento, la encontramos en el libro de los Salmos. Este lejos está de ser uno de los más estudiados. De hecho, tiene sólo tres versículos. No obstante, tiene la importancia de ser el salmo que cierra la sección de “los cánticos de los peregrinos”, que arrancan en el 120. Todos ellos tienen el denominador común de hacer referencia al momento en que todo el pueblo de Israel se reunía en Jerusalén con el fin de adorar a Dios. Es en ese contexto que, el escritor, llama a todos los que sirven al Señor en su casa a levantar sus manos hacia aquel lugar.

Una vez más, este gesto tiene que ver con la búsqueda del Señor. En aquel momento, la presencia de Dios moraba en el templo. Es por ello que levantar las manos hacia ese lugar implica estar queriendo alcanzar a aquel que hacía que éste fuera tan importante. Es claro que esto debía ser algo habitual en aquel tiempo; de otra manera, este cántico resultaría extraño para cualquiera que fuera a cantarlo en ese contexto.

1 Timoteo 2:8 – Por tanto, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones. (NBLH)

Por último, nos encontramos un último pasaje en el Nuevo Testamento que nos habla acerca de levantar las manos al adorar. En este caso, el foco está particularmente en la oración, que según lo que Jesús nos enseñó en el Padre nuestro, debe incluir adoración.

Pablo le indica a Timoteo en su carta una serie de instrucciones relacionadas con la organización de la iglesia y la prevención de falsas enseñanzas. En este caso, no está transmitiendo una orden sin más bien un deseo. El “levantar manos santas” no apunta tanto a la acción física sino más bien a una actitud espiritual. Las manos tienen que ver con el servicio. Santiago 4:8 dice que tenemos que limpiar nuestras manos. No habla de que tenemos que lavárnoslas literalmente, sino que tenemos que santificar nuestro obrar. De esta manera, creo que levantar manos santas tiene que ver con entregar nuestro servicio al Señor; que no sea algo humano, sino que sea él quien nos use. No por nuestra fuerza, sino por su Espíritu. Dependemos de él para servirle, porque él pone tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13).

Podemos acercarnos a Dios con confianza, porque fue quitado el velo que nos separaba de su presencia. Incluso tenemos el privilegio de poder decirle Abba Padre. Pero es importante aclarar que eso no implica que podemos olvidar quién es quién en esta relación. Cuando oramos o adoramos, tenemos en frente al Dios todopoderoso, creador de todo y tres veces santos. No debemos cambiar la confianza por soberbia. Si nos acercamos al Señor, que sea mostrándonos santos, con un corazón arrepentido por nuestra maldad y también agradecido por todo lo que él ya hizo por nosotros.

Juan 4:23 – Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que Lo adoren. (NBLH)

Ahora bien, ¿tenemos que adorar a Dios levantando nuestras manos obligatoriamente? ¡Claro que no! La realidad es que la verdadera adoración, como explica Jesús en Juan 4 es “en espíritu y en verdad” y no levantando las manos en alto. Esto señala a que lo que importa no es lo que hagamos exteriormente, cuando oramos o adoramos, sino que lo que importa es lo que haya en nuestro corazón. De nada sirve levantar las manos si por dentro tenemos un corazón de piedra. El Señor quiere ser adorado por personas que hayan renacido espiritualmente, y que lo hagan con sinceridad y acción de gracias, desde lo más íntimo de su ser.
No se trata de una postura ni para orar ni para adorar. No importa si adorás parado, sentado, arrodillado, con los brazos cruzados, con los ojos abiertos o cerrados. Son todas cosas que no hacen a la esencia ni de la oración ni de la adoración. Por ejemplo, no tiene sentido orar de rodillas por costumbre si en tu corazón no mostrás una actitud de humillación a Dios. Ahora, si lo que hay en tu corazón te lleva a humillarte y a orar de rodillas, entonces buenísimo.

En conclusión, está bien levantar las manos y está bien no hacerlo. Lo fundamental es el sentir con el cual adoremos, y no lo que hacemos con nuestras manos. Podemos rendirnos a Dios para que él nos use, entregando nuestras manos para el servicio, sin tener que levantarlas físicamente, sino con una convicción interior. Ahora, si sentimos de hacerlo físicamente, no hay nada de malo. Tenemos libertad en cuanto a eso. Entonces, lo fundamental es lo que pasa en nuestros corazones. En todo lo demás, podemos actuar con libertad.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

Un comentario en “¿Por qué levantamos las manos al adorar?

  1. Gloria a Dios!!!
    Es nuestro creador,nosotros somos su obra gracias a la justificación,santificación y redención en Cristo Jesus Señor nuestro,Amén.

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