La Incredulidad de Nazaret

Lectura: Mateo 13:53-58

Contexto

Luego de que Jesús enseñara las parábolas acerca del reino de los cielos, volvió a su pueblo, es decir, a Nazaret. Allí comienza a enseñar en las sinagogas.

Estudio del pasaje

La gente se maravillaba de las cosas que Jesús decía y de los milagros que hacía. Ellos decían “¿Dónde obtuvo Éste tal sabiduría y estos poderes?”. ¿No era lo suficientemente claro? ¿Por qué la gente se preguntaba de dónde venían estos poderes y esta sabiduría? Al final del pasaje entendemos por qué se hacían esas preguntas. Ellos no creían en Jesús. Era evidente que lo que Jesús enseñaba y los milagros que hacían eran de parte de Dios. Jesús mismo lo decía: “nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo” (Juan 8:28). E incluso otras personas reconocían que el poder que Jesús tenía era de parte de Dios. Recordemos lo que Nicodemo le dijo a Jesús: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él” (Juan 3:2). Es decir, los milagros de Jesús eran tan claros, que era innegable que su enseñanza estaba siendo aprobada por Dios Padre. La incredulidad de la gente de Nazaret no les permitía ver la realidad de Jesús.

Ellos lo habían visto crecer y trabajar con su padre adoptivo, José, y no podían creer ahora lo que Él enseñaba y hacía. Ellos no entendían cómo una persona común y corriente, podía hacer ese tipo de cosas. La gente de Nazaret trataba con los hermanos de Jesús todos los días. Incluso algunos de ellos eran los cuñados de Jesús, ya que el pasaje dice “¿No están todas sus hermanas con nosotros?”. Imaginen por un momento que su cuñado llega diciendo que él es el Hijo de Dios ¿No sería algo sorprendente? Ni siquiera sus propios hermanos le creían a Jesús acerca de lo que Él predicaba (Juan 7:1-5).

Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos: Vemos que a causa de la falta de fe de las personas, produjo que Jesús no hiciera muchos milagros allí ¿Por qué? ¿Acaso Dios necesita de nuestra fe para obrar? No hermanos, no es así. Dios es totalmente soberano y poderoso para hacer lo que Él quiere. No necesita nada de nosotros. La incredulidad lo que le produce a Dios es no querer actuar. No es que Dios no puede. Él no quiere. Podemos ver muchos casos en que Jesús obró milagros, a pesar de que las personas no creían. Por ejemplo: El caso de los diez leprosos (Lucas 17:11-19). Estos diez hombres fueron sanados por Jesús, pero de todos, sólo uno volvió a agradecer a Jesús a alabar a Dios. Esto nos muestra que sólo uno de ellos tenía fe, el resto no. Lo mismo pasa cuando Jesús multiplica los panes y alimenta a cinco mil. Todas estas personas lo querían coronar Rey de forma instantánea y Jesús se negó. Después les dijo “ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse.” y luego de decirles que Él es el verdadero pan de vida, muchos de los que le seguían dejaron de seguirle diciendo: “Esta enseñanza es muy difícil; ¿Quién puede aceptarla?”. Como vemos, Dios no requiere de fe para obrar, sino de tener un propósito claro para hacerlo. Así y todo, la incredulidad hace que Dios se ofenda. En los evangelios vemos muchas veces a Jesús elogiando a personas que tenían fe y retando o reprochando a personas que no la tenían. El autor de Hebreos dice que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6-9). Evidentemente Jesús hizo milagros en la ciudad, ya que la gente decía “¿De dónde sacó este poder?”. Pero al no creer en Él, probablemente muy pocos se acercaban para ser sanados. Además, no tenía sentido hacer demasiados milagros frente a personas incrédulas, ya que por más milagros que haga, no iban a creer su mensaje, y este era el propósito de los milagros.

Hay una gran mentira en el mundo evangélico estos días, y es que Dios necesita de nuestra fe para obrar. Como vimos, esto no es así. Pero, ¿De dónde sale esta enseñanza? Las personas que lo enseñan, dicen cosas como: “Usted tiene que demostrar su fe para que Dios le de su milagro. Venga, de su dinero a Dios y Dios le va a bendecir, le va a conceder su milagro”. Y cuanto más dinero ponemos, significa que más fe tenemos y por lo tanto Dios más nos va a bendecir. Esto no puede estar más alejado de la realidad. Dios no necesita de su fe para actuar. Dios es todo poderoso y soberano y puede hacer como a Él mejor le parezca.

¿Cuál era la incredulidad de ellos?

Ellos sin duda creían en los milagros de Jesús. Ya que ellos los veían y se maravillaban o se escandalizaban. Entonces ¿Cuál era la incredulidad de ellos? ¿Qué era lo que no creían? Lo que ellos no creían no eran los milagros. Ellos no creían en el mensaje de Jesús. La gente cree en todo tipo de cosas. Curanderos, gauchito gil, los santos, el mensaje de la prosperidad. Cualquier tipo de cosa que le provea la solución a sus problemas. Pero cuando predicamos el evangelio, ahí la cosa cambia. El evangelio no es fácil de creer. Es más, estoy convencido de que es imposible para un hombre natural comprender y creer el evangelio. Si el Espíritu Santo no obra de forma sobrenatural, no convence de pecado a la persona, la persona no puede creer, porque “El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen (se examinan) espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Lo que Jesús predicaba era el Evangelio de Dios y llamaba a las vidas al arrepentimiento y a creer. Hermanos, no sólo debemos creer, sino que debemos saber en qué creer. No alcanza tener fe. Mucha gente tuvo fe en los milagros de Jesús y fueron sanados, pero no todos fueron salvos ¿De qué nos sirve ser sanos y prosperados en esta vida si vamos a pasar la eternidad en el infierno?

No se dejen engañar, lo único que salva del infierno es el Evangelio de Cristo, quien siendo Dios se hizo hombre para morir en sustitución por nuestros pecados y que resucitó al tercer día con el poder del Espíritu Santo. Si creemos en Él y estamos dispuestos a arrepentirnos de nuestra forma de vivir, para confiar en su Palabra, entonces seremos salvos.

No pongan su fe en los milagros de Dios, pongan su fe en Dios que es poderoso para salvar! Escuchen hoy la voz del Señor que los llama a arrepentirse y a creer. Dejen de buscar a Dios por las razones equivocadas y busquenlo por quién Él es. Tengan cuidado de no tener la incredulidad que está disfrazada de fe. Porque poner fe en otra cosa que no sea Jesús, es incredulidad, no importa como los falsos maestros la llamen.

Leamos Juan 3:16-18
Todos sabemos de memoria Juan 3:16, pero el pasaje siguiente no es muy conocido. El mundo ya se encuentra bajo condenación. Nosotros tenemos que decidir si creer para salvación o seguir bajo esa condenación. Nada más importante en esta vida. Si hoy no estás seguro de ser salvo, no te vayas a dormir con dudas. Si conoces a alguien que venga a la Iglesia por las razones equivocadas, háblale el Evangelio con claridad. Hermanos, la incredulidad es cuestión de vida o muerte. Oro para que todos los que estamos acá estemos totalmente seguros de nuestra salvación y que el Espíritu Santo toque los corazones de aquellos que aún no han creído el único Evangelio, las buenas noticias de la gracia y la salvación de Dios.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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