1 Timoteo: La comisión de Pablo a Timoteo (1:18-20)

Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla, guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe. Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás, para que aprendan a no blasfemar.

1 Timoteo 1:18-20 (NBLH)

Luego de contar su testimonio, el apóstol Pablo comienza a hacerle un encargo a Timoteo. El resto de la carga va a tener este tono de encargo y ordenes que Pablo le da a Timoteo sobre cómo iba a tener que dirigir a la congregación de Éfeso. Recordemos que Timoteo había sido ordenado Pastor (Obispo/Anciano) de la congregación de Éfeso para traer orden a la misma. Estas ordenes y enseñanzas tienen gran relevancia para nosotros hoy, incluso si no somos pastores.

  • Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti: Pablo va a encargar a Timoteo algo que ya se le había dicho por medio de profecías que se habían hecho acerca de él. Estás probablemente decían que Timoteo iba a ser anciano o acerca de su don espiritual como vemos en 1 Timoteo 4:14.
  • a fin de que por ellas pelees la buena batalla: Pablo le pide a Timoteo que pelee la buena batalla. Él también usa esta frase en 2 Timoteo, cuando le dice a Timoteo que él “ha peleado la buena batalla” ¿Qué batalla debía pelear Timoteo? Él debía pelear la batalla del evangelio y la de la santificación. Hay quienes piensan que la batalla del cristiano y de la Iglesia es solamente contra los demonios y el diablo. Esto no es así. Los cristianos también deben luchar por su santificación. La santificación es una obra del Espíritu Santo en nuestra vida, pero nosotros no somos pasivos en la santificación. Debemos luchar contra la carne. Debemos negarnos a nosotros mismo. Negarnos al pecado. Matar el pecado por medio del Espíritu (Romanos 8:12-15). La santificación es una lucha tan real como la lucha para la extensión del evangelio. Es más, la santificación es necesaria si queremos llevar bien la lucha para extender el reino de Dios. La batalla del cristiano es contra:
    • El diablo.
    • El mundo.
    • La vieja naturaleza pecaminosa o carne.

Entendamos que es una lucha. No es unas vacaciones. Es una lucha. Requiere esfuerzo, dolor, estar siempre atento, vigilando, listo para combatir. Si la vida cristiana es una lucha, debemos saber que no va a ser sencillo. Sencillo es ser un no creyente, que da rienda sueltas a los deseos de su corazón y vive sólo para él. Aunque sabemos que a fin de cuentas, la vida sin Dios nunca paga lo que promete. Pero no debemos ser tan ingenuos de pensar que nuestra vida va a ser sencilla porque somos hijos de Dios. Tendremos oposición, seremos resistidos por los enemigos de Dios y hasta tenemos que luchar contra nuestro propio pecado y maldad.

  • guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe: Pablo acá le dice otra frase que luego usaría en 2 Timoteo 4. Guardar la fe. Es decir, perseverar en la fe. Hay quienes creen, pero no perseveran. Pablo exhorta a Timoteo a perseverar. Y esto es lo que todos tenemos que hacer entre nosotros. Exhortarnos a perseverar. Ayudarnos en el camino. Darnos aliento y sostenernos en la fe. Porque hay quienes rechazan al fe y abandonan la iglesia. Pero nosotros debemos perseverar. Si queremos llegar a la corona de gloria, tenemos que perseverar hasta el final. Pero sepamos esto, la perseverancia de nuestra fe es un regalo gratuito del Señor. Es por la gracia de Dios que perseveramos. Si no fuera así, estaríamos perseverando por nuestros propios méritos y podríamos gloriarnos de haber perseverado cuando otros no podían. La Biblia es clara en que somos responsables en perseverar. Pero también es clara en que detrás de nuestra perseverancia, está la gracia de Dios que nos sostiene. Como el caso del apóstol Pedro que negó al Señor, pero el Señor ya le había dicho que Él iba a estar orando, intercediendo por Pedro para que su fe no falte. Y ya le había asegurado que iba a volver. Así el Señor intercede por nosotros hoy en día ante el Padre(Hebreos 4:14). La exhortación y el ánimo de los hermanos es uno de los medios que Dios usa para que nosotros podamos perseverar. Es evidente que las personas que han rechazado la fe son personas que nunca creyeron. Y las que Pablo se refiere como que “naufragaron” son personas que no tenían una fe genuina, porque la fe salvadora es una fe que persevera hasta el final.
  • Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás, para que aprendan a no blasfemar: Pablo utiliza la frase “entregar a Satanás” únicamente en esta carta y en 1 Corintios 5:5. En los dos casos habla de personas que formaban parte de la iglesia, pero se encontraban claramente en pecado. En el caso de 1 Corintios, era un pecado de inmoralidad sexual del cual la persona no se arrepentía. En este caso, podemos asumir que se refiere a falsas enseñanzas, dado el contexto de la carta. Algunos piensan que el Alejandro mencionado aquí es la misma persona que se menciona en 2 Timoteo 4:14, una persona que estaba mostrando gran oposición al evangelio. ¿Qué quiere decir que fueron “entregados a Satanás”? Esta frase se refiere a una disciplina que fue aplicada por el apóstol Pablo. Esta disciplina es lo que conocemos como excomunión. Si seguimos el patrón que nos enseñó el Señor Jesús en Mateo 18, respecto a cómo debe tratarse el pecado en la iglesia, vemos:
  • Si un hermano peca, la persona que se da cuenta debe confrontarlo para que se arrepienta y si se arrepiente, hemos ganado un hermano.
    • Si no se arrepiente, debemos ir con dos o tres testigos y confrontarlo nuevamente.
    • Si aún no se arrepiente, debemos confrontarlo delante de toda la congregación.
    • Si luego de eso no se arrepiente, debe ser quitado de la comunión de la iglesia y considerado como un incrédulo.
  • Pero lo interesante aquí y en 1 Corintios, es el por qué de tal disciplina. Pablo dice “para que aprendan a no blasfemar”. El principal motivo de la disciplina no era expulsar a Alejandro y a Himeneo de la congregación, sino aplicar una disciplina para que puedan reflexionar verdaderamente y arrepentirse de su pecado. Si ellos, luego de ser excomulgados de la iglesia, se arrepentían, podían volver a la comunión y formar parte de la iglesia. El propósito de la disciplina en la iglesia siempre debe ser la restauración, no el castigo. Como dijo Jesús, “si se arrepiente has ganado un hermano”. Un hermano de la iglesia es tan valioso, que no podemos dejar que se pierda y sea atrapado por las garras del pecado sin hacer nada. Es por eso que la iglesia debe actuar. No porque seamos metidos. Sino porque amamos a nuestro hermano y queremos que pueda arrepentirse para que no se pierda. Si la persona jamás se arrepiente de su pecado, entonces podemos llegar a asumir que esa persona nunca tuvo una fe verdadera, porque el arrepentimiento es fundamental para la vida del cristiano. Juan Calvino dijo: “El arrepentimiento no es el comienzo de la vida cristiana. El arrepentimiento es la vida cristiana”. Tenemos que recordar siempre que el pecado es algo muy grave y que nunca debe ser tolerado en la iglesia. Sin embargo, la disciplina nunca debe aplicarse de forma abrupta o extrema y su principal objetivo siempre debe ser el de restaurar al hermano, no el de castigar y juzgar. Recordemos la parábola de la cizaña y el trigo. El trigo representa a los verdaderos cristianos y la cizaña a los falsos. La iglesia local siempre va estar compuesta por ambos tipos de cristianos. Pero el Señor nos advirtió acerca de no arrancar la cizaña de forma brusca, ya que podemos dañar al trigo. Es por eso que tenemos que tener muy en claro el evangelio, porque siempre debe estar presente en nuestro corazón que nosotros no somos mejor que nadie. Que si somos salvos y estamos siendo santificados, es por la obra de la gracia de Dios y no por nuestros propios méritos. Cuando juzgamos a un hermano en pecado, sin antes considerarnos a nosotros mismos, estamos siendo jueces y verdugos de un hermano. Estamos ocupando el lugar que le corresponde sólo a Dios. Ahora, si antes nos consideramos a nosotros mismos, y comprendemos lo indignos que somos y lo bueno que Dios ha sido en nuestra vida, vamos a poder ir y exhortar (animar) a nuestro hermano, de forma que pueda arrepentirse y sea ganado para el reino de los cielos.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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