El Evangelio en la palma de tu mano

Es habitual que cuando tenemos que compartir el mensaje de salvación con alguien que conocemos, nos olvidemos de alguno de los puntos claves del mismo. El error más típico que se comete está relacionado con hablarle a la gente de que tiene que creer en la obra de Jesús para alcanzar salvación, pero nunca les explicamos de qué necesitan ser salvados. Es decir, les presentamos al salvador, pero olvidamos mencionar el problema del pecado. Si una persona se considera buena y no llega a entender que está apartada de Dios, no le encontrará sentido a su necesidad de creer en Cristo. De igual manera, sería un error terrible decirle a las persona que están apartadas de Dios por su pecado, pero nunca presentarles la perfecta obra redentora llevada a cabo por nuestro Señor. También es posible que hablemos tanto del pecado como de Jesús, aunque no hacemos ninguna referencia al crecimiento y a la santificación que vienen después de haber nacido de nuevo.

Considerando estas cosas, quiero presentarte una forma práctica de recordar cada uno de los puntos importantes del mensaje de salvación, de manera que puedas ordenarte y no olvidarte de ninguno de ellos cuando tengas la posibilidad de predicarle el Evangelio a alguien que no cree. El ayuda memoria lo vas a poder llevar a todos lados, ya que va a estar siempre ubicado en tu mano.

Algunos lo separan en cinco puntos el mensaje del Evangelio, mientras que otros lo dividen en cuatro. En este caso, yo me voy a enfocar en la primera de las formas, porque para recordarlo vamos a utilizar cada uno de los dedos de la mano.

  • Pulgar
    • El pulgar, siendo el dedo más gordito, representa el gran amor de Dios.
    • El deseo de Pablo es que nosotros, como creyentes, podamos comprender cuan largo, ancho, alto y profundo es el amor de Dios. Sin embargo, inmediatamente el apóstol afirma que éste es demasiado grande para que nosotros podamos llegar a comprenderlo con nuestra mente limitada (Efesios 3:17-19). Dios es infinito e igual de infinito es su amor. Es tan largo que cubre todas las épocas de la historia, tan ancho que abarca y llega a todas las personas, tan alto que nos lleva hasta el cielo y a su mismísima presencia, y tan profundo que alcanza hasta el lugar más recóndito de nuestro corazón.
    • Este dedo tiene una importancia fundamental para los hombres, puesto que a partir de él podemos agarrar cosas con facilidad. Por ejemplo, sería muy difícil pensar en hacer cosas como escalar una montaña o jugar un partido de tenis sin tener pulgares. Hay gente que por algún tipo de accidente o lo que fuere no tiene estos dedos y aun así hace todas estas cosas, lo cual es verdaderamente admirable, pero la realidad es que el encontrarse en esta situación hace que les resulte más dificultoso. Habiendo aclarado esto, el dedo pulgar puede verse como el dedo más importante. De la misma manera, Jesús nos dice que separados de él nada podemos hacer (Juan 15:5). Por él y para él existen todas las cosas (Romanos 11:36Colosenses 1:16), por lo que todo lo que nos rodea permanece gracias a Dios. De igual manera, nosotros respiramos y vivimos por la gracia del Dios soberano que controla todas las cosas.
    • Este Dios santo, con su infinito amor, nos creó para que seamos hechos a su imagen y semejanza, y que podamos llevar una vida de plena comunión con él. Todo lo que Dios hace es bueno (Santiago 1:17). El problema está en que el hombre despreció la posibilidad que le dio el Señor de estar cerca de él, y optó por desobedecerlo.
  • Índice:
    • El siguiente dedo es el índice, el cual se caracteriza por ser utilizado para señalar y también para juzgar.
    • Lo que representa este dedo es nuestra culpabilidad por habernos apartado de la perfecta comunión que teníamos con Dios. Desobedecimos sus mandatos, y todos merecemos la muerte. No hay ni un solo humano que no peque (Romanos 3:23Romanos 3:10), y por ende, todos somos merecedores de la muerte y de la ira de Dios (Romanos 6:23Efesios 2:3). Estábamos condenados, muertos en nuestros propios pecados y en nuestra propia desobediencia. No había nada que pudiéramos hacer para salvarnos de la condenación. Éramos señalados por Dios como culpables y éramos merecedores del castigo correspondiente a nuestra desobediencia.
    • Sólo Dios podía hacer algo para que nosotros salgamos de esta situación. Sólo Dios podía resucitar a nuestro espíritu muerto. Sólo él…
  • Mayor:
    • Continuamos llegando hasta el dedo mayor, que como su nombre lo indica, se caracteriza por ser el más largo de todos.
    • ¿De qué manera podemos asociar esto con el Evangelio? Con la muerte y la exaltación de Cristo. Él, se humilló a sí mismo, tomando forma de hombre y despojándose de su gloria para venir a servirnos, hasta que finalmente sufrió la muerte en una cruz (Juan 3:14), lo que implica haberse hecho maldito por todos nosotros (Gálatas 3:13). Su sacrificio perfecto fue aceptado por Dios como la paga de todos nuestros pecados, por lo cual Jesús fue exaltado hasta lo sumo, y se le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:9-10).
    • Nosotros no podíamos alcanzar salvación; no teníamos forma de restaurar nuestra comunión con Dios; éramos sus enemigos. No obstante, en su perfecto plan de redención, el Señor tuve en bien enviar a su Hijo para que todo aquel que crea en su sacrificio no se pierda y sino que tenga vida eterna. ¡Esto es gracia! Aun cuando no lo merecíamos, Jesús se hizo hombre y se entregó por todos nosotros. Sólo por medio de su sangre podemos ser limpios del pecado. Por ello, merece ser exaltado hasta lo sumo, hasta lo más alto, para que todos podamos ver su grandeza.
  • Anular:
    • A continuación nos toca analizar el anteúltimo dedo: el anular. Si hay algo que caracteriza a éste es su dependencia de los demás. ¿A qué me refiero? Tratá de levantarlo dejando el resto de los dedos abajo. Como verás, apenar lo podés levantar un poquito. A diferencia de los demás, que pueden ser estirados individualmente, éste necesita que otros dedos sean levantados para poder llegar hasta esa posición.
    • Lo que esto nos señala es que, como decíamos antes, nosotros no tenemos forma de salvarnos por nuestros propios medios. Si quisiéramos ser salvos por nuestras propias obras, no podríamos levantarnos completamente, sino que nos quedaríamos a mitad de camino, porque siempre somos propensos a actuar en desobediencia a Dios. Pero como Cristo, el dedo de al lado, el de mayor importancia, ya fue levantado, nosotros también podemos ser levantados junto a él (Colosenses 2:12). Si recibís a Jesús como tu salvador, sos declarado justo por medio de tu fe en aquel que recibió la ira de Dios en tu lugar. Y así como Cristo se levantó de entre los muertos, así también los que creen van a ser levantados para estar en su presencia.
  • Meñique:
    • El último dedo resulta ser el más pequeño: el meñique.
    • Este dedo nos enseña dónde está el énfasis en el crecimiento de una vida cristiana. Ya creímos en Jesús para salvación y fuimos justificados por nuestra fe en él, pero la cuestión no hace más que recién empezar. En ese momento, el Espíritu santo entra en nosotros para iniciar el proceso de santificación que nos va a llevar a ser presentados perfectos delante del Padre, una vez que vayamos a su presencia. Siendo esto así, debemos ser santos así como Dios es santo. Para ello es necesario que, como el meñique, nosotros nos dispongamos a hacernos pequeños. Que ya no vivamos nosotros, sino que podamos matar a nuestro yo día a día para que cada vez viva más Cristo en nosotros (Gálatas 2:20); que podamos hacer a un lado nuestro orgullo, nuestras ambiciones, nuestro deseo de vanagloria, para dar lugar en nuestra vida a Jesús, para que sólo él sea glorificado por todo lo que hacemos (Juan 3:30); que podamos dar antes que recibir, servir antes que ser servidos, porque ese es el ejemplo que Jesús nos dejó; en el reino de los cielos, el mayor es el menor (Mateo 20:26).

Así, cada uno de los dedos de nuestra mano nos enseña un aspecto importante del mensaje del Evangelio:

  1. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios para vivir en comunión con él.
  2. El hombre decidió apartarse de los mandatos de Dios y el pecado entró en él, y con éste la muerte.
  3. Dios, en su perfecto plan de redención, envió a su Hijo para morir por todos nuestros pecados.
  4. Si hoy nosotros creemos en su sacrificio, podemos alcanzar salvación y estar en su presencia cuando muramos.
  5. Una vez que creímos, debemos esforzarnos por llevar una vida santa, conforme a los mandatos de Dios.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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