Sola Gratia: La salvación es un don de Dios

Yendo de la mano con el principio de “sola fide” (ver: Sola Fide), es decir, que la salvación es sólo por la fe, ahora debemos enfocarnos en el paso anterior al surgimiento de nuestra creencia: la gracia. Ésta nos permite entender que nosotros estábamos totalmente perdidos en nuestros pecados y que no teníamos ninguna posibilidad de reconciliarnos con el Señor (Efesios 2:1). Nuestra carne es débil y nos lleva a hacer cosas que están fuera de los deseos que Dios tiene para nosotros (Mateo 26:41); a eso se lo llama pecado. Cada vez que hacemos algo contrario a su voluntad, estamos pecando. Todos pecamos; creyentes y no creyentes; hombres y mujeres; judíos y no judíos. Y lo hacemos prácticamente todo el tiempo. Pensemos que el hecho de hacer algo por otro fin que no sea glorificar a Dios, ya es considerado pecado, incluso cuando sea algo bueno. La realidad es que con nuestra maldad a cuestas, y con lo egoístas que somos por naturaleza, nunca podríamos acercarnos al Señor; nunca podríamos desarrollar una fe salvadora; nunca podríamos creer. Es por es que encontramos en la gracia un pilar fundamental en el cristianismo.

Efesios 2:8-10 – Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. (NBLH)

Un análisis de este pasaje nos muestra que en realidad estamos errados al comparar la fe con las obras como formas de salvación. Éste es un debate que se dio a lo largo de toda la historia, sobre todo en la comparación de las epístolas de Pablo y de Santiago. Sin embargo, vemos que el texto dice claramente “por gracia… no por obras”. Si bien la fe es el único medio por el cual alcanzamos la salvación, que es un regalo de Dios, la conclusión es que somos salvos por gracia. Esto tiene que ver con que nunca nosotros podemos tomar la iniciativa para creer en Jesús como nuestro salvador y arrepentirnos de nuestra maldad. Es el Señor el que toma la iniciativa para con nosotros, nos hace nacer de nuevo, y a partir de entonces, el fruto del Espíritu empieza a ser una realidad en nuestra vida; y ese fruto incluye la fe (Gálatas 5:22-23). Jesús es el autor y consumador de nuestra fe, señala la epístola a los Hebreos (Hebreos 12:2). Es decir, si bien somos salvos por medio de la fe, la salvación es por gracia, y no por obras.

Pensalo de este modo: si nuestra salvación dependiera de nuestra propia iniciativa de creer en Jesús como salvador, ¿no estaríamos siendo salvos por obras? Eso, en cierto modo, dejaría afuera la gracia, que apunta a un regalo gratuito e inmerecido de Dios para con nosotros. Si la salvación depende de nuestra iniciativa, entonces tenemos mérito en haber creído, y esa acción se terminaría convirtiendo en una obra. Es por ello que la fe, que es el medio por el cual somos salvos, tiene que tener un paso anterior; un paso en el cual nosotros no hagamos nada y la totalidad de la obra sea atribuida a Dios: el paso de la gracia.

Sólo somos salvos por gracia. Porque Dios algún día nos miró, nos escogió desde antes de la fundación del mundo, y en su soberanía tuvo en bien salvarnos. No porque fuéramos especiales, no porque tuviéramos una fe especial, no por alguna característica o habilidad; sólo por gracia alcanzamos la salvación. No lo merecíamos, pero el Señor quiso hacerlo; el Señor quiso redimirnos. De este modo, demostraría que es un Dios justo y a la vez un Dios de amor (ver: ¿Por quién murió Jesús?).

Mateo 10:8 – Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios; de gracia recibieron, den de gracia. (NBLH)

Una vez que entendimos que somos salvos por gracia, por medio de la fe, nos queda dar un paso importantísimo en nuestra vida como creyentes: Dar aquello que recibimos. ¿Se trata te que tenemos que tomar el lugar de Dios, dando el regalo de la salvación? ¡Por supuesto que no!

En Mateo 10 encontramos la que bien podría llamarse “la pequeña comisión”. Ella se diferencia de la gran comisión en que los discípulos de Jesús tenían que predicar, pero no en todas las naciones, sino en todas las ciudades de Judea. El Evangelio debía llegar primero a los judíos, y es por ello que el Señor les da esta tarea. Es decir, en este caso, lo que recibimos por gracia y debemos dar por gracia no es directamente la salvación, sino el mensaje que tiene el poder de producir que una persona sea regenerada. Alguna vez, nosotros fuimos transformados por la palabra de verdad (2 Timoteo 2:15) y ella misma tiene el poder para hacer lo mismo en otras personas. Dios es el que determinará en qué personas termina creciendo ese mensaje, pero nosotros debemos asegurarnos de plantar la semilla en tantos lugares como podamos.

Entonces, podemos concluir que cuando escuchamos el Evangelio, Dios, por gracia, nos hace nacer de nuevo, y ese nuevo nacimiento es el que produce en nosotros la fe. Una vez que creíamos, entonces vamos a producir frutos (es decir, obras) que van a testificar que verdaderamente hemos creído. Pero lo fundamental de esto, es que nosotros no tenemos ningún mérito en nuestra salvación; somos salvos sólo por la gracia de Dios.

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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