1 Timoteo: Pablo, apóstol de Cristo Jesús (1:1a)

1 Timoteo 1:1 – Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jesús nuestra esperanza. (NBLH)

El apóstol siempre comienza sus cartas mencionando su nombre: Pablo. Era habitual en ese entonces, a diferencia de las cartas de hoy en día, que el autor apareciera al principio y no al final. Como a lo largo de todo su ministerio, ya no usa su nombre judío, Saulo, sino que lo usa en griego. Pablo quiere decir “pequeño”. Esto puede tener algunas consideraciones:

  • Su estatura: Según escritos de algunos padres de la iglesia, Pablo era pequeño de estatura.

  • Su consideración respecto a otros: Él se consideraba como el menor de los santos; el peor de los pecadores.

  • Sólo un nombre: Lo que parece más probable, es que simplemente se tratara de un nombre puesto por sus padres, como cualquier otro.

Siempre en sus cartas, además de mencionar su nombre, da algunas referencias respecto a su ministerio y al llamado particular que recibió de parte de Jesús. Esto puede considerarse como una muestra de soberbia, aunque los escritos refutan esta teoría. Si algo vemos en el carácter de Pablo es que verdaderamente él se consideraba el peor de los pecadores por todo lo que había hecho en contra de Cristo y de su iglesia. Él reconocía la inmensa gracia que había sido derramada sobre su vida para que pudiera llegar a ser usado para la gloria de Dios.

De igual manera, hoy en día nosotros tenemos que asegurarnos de mostrar autoridad, tal como Pablo lo hacía. ¿Tenemos que entonces proclamarnos apóstoles, profetas, evangelistas, etc para ello? ¡De ninguna manera! Hoy en día podemos demostrar autoridad de dos maneras:

  • Mediante la Biblia: Esto es importante para nosotros, sobre todo cuando tenemos que predicar, y debe ser un motivo adicional para querer conocer más la Palabra. Para que lo que hablamos impacte verdaderamente la vida de las personas, tenemos que hacerlo usando la voluntad revelada de Dios. Que quede claro que lo que decimos no viene de nosotros, sino que viene del Señor. Es su autoridad la que pesa en nuestras palabras. El hecho de que nosotros digamos algo no impacta demasiado, pero qué tal si es el Dios creador de todo lo que existe el que lo está diciendo. Entonces la connotación es diferente.

  • Invocando el nombre de Jesús: En esto debemos ser muy cuidadosos. Invocar el nombre de Jesús implica actuar conforme a la voluntad de Dios y a las enseñanzas de nuestro maestro. Hoy en día vivimos en una época en la cual muchas cosas son hechas en su nombre, pero pocas tienen que ver realmente con sus propósitos y la comisión que nos dejó.

Otro asunto que vale la pena discutir está relacionado con el apostolado, ya que era el cargo y la autoridad que Pablo tenía. Debemos distinguir entre distintos tipos de apóstoles:

  • Apóstoles de Jesús: Son aquellos que fueron comisionados especialmente por Jesús luego de su resurrección. Si bien en cierto sentido todos cumplimos con este aspecto, la referencia es que ellos tuvieron un llamado particular y el cual fue realizado por Cristo en persona. La idea es que ellos transmitieran enseñanzas que conformarían el fundamento sobre el cual se edificaría la iglesia, basada en la piedra angular que es Jesús (Efesios 2:20). Tomando esta analogía realizada por Pablo, no tiene sentido que siga habiendo apóstoles a lo largo de la historia, si es que ellos forman parte del fundamento. No se puede volver a poner fundamento donde ya hay un edificio. Es por ello que si bien podemos llegar a otras acepciones de la palabra apóstol, los mencionados como apóstoles de Jesús, como lo era Pablo, eran diferentes a cualquier otro.

  • Apóstoles de la iglesia: La palabra apóstol significa “enviado”. En este sentido, las iglesias pueden enviar personas a llevar a cabo diferentes tareas. El caso más concreto de esta situación son los misioneros, enviados a llevar el Evangelio a ciertos lugares. La iglesia los sostiene material y espiritualmente para que ellos puedan cumplir con su llamado.

  • Apóstoles universales: En cierto sentido, todos somos apóstoles. “Cada cristiano es un misionero o un impostor”, dice Spurgeon. Esto es así a la luz de la gran comisión que Jesús nos dejó. Es en esto en que somos enviados a llevar las buenas nuevas a todas las naciones.

Ya habiéndose presentado como apóstol, debemos destacar el hecho de que, en los dos primeros versículos, Pablo asocia tres veces la palabra “Cristo” con Jesús. Veamos el porqué…

  • La palabra Cristo viene del griego, Christós.

  • Christós, a su vez, es la traducción usada para la palabra hebrea Mashíaj, de la cual deriva la palabra española mesías. Ésta hace referencia a aquel héroe redentor que esperaba Israel desde algunos años antes de la venida de Jesús.

  • Mashíaj quiere decir “ungido”. El origen de la unción viene de los pastores de aquel tiempo. Diferentes insectos solían llegar a las ovejas por medio de la lana, y terminaban haciendo colonias en su cabeza, llegando a matarlas. Es por ello que los pastores debían derramar aceite sobre la cabeza de estos animales. Así, la lana patinaba, y los bichos no podían llegar a la cabeza, ni alojarse en las orejas. Es por eso que, hoy en día, el aceite se usa como un símbolo de bendición y cuidado de parte de Dios para con nosotros.

  • El aceite no tiene poder algún por sí solo. Es simplemente un símbolo que usamos al ungir para representar el cuidado y la bendición de Dios para esa persona. Por ende, el poder poder está en lo que Dios hace para que una persona pueda llegar a cumplir su llamado, y no en el aceite en sí.

  • La Palabra nos enseña que el Padre ungió al Hijo con el Espíritu Santo, para que éste pudiera cumplir con el propósito por el cual vino a la tierra, y así poner en libertad a los cautivos y traer vista a los ciegos (Lucas 4:18-19; Hechos 10:38).

  • Tal como afirma 2 Corintios 1:21, nosotros tenemos parte en esa unción de Jesús, al recibir el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a toda la humanidad.

Considerando estas cosas, entendemos a Jesús como EL ungido en el sentido de que su propósito era mucho mayor que el que cualquiera puede llegar a tener. Todos somos ungidos por Dios, e incluso podemos ser escogidos por personas para diferentes asuntos, pero ninguno puede tener mayor preponderancia que la obra que esperaba a Jesús. Por eso, él es EL MESÍAS, EL CRISTO.

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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