No hagas tesoros en Facebook; hacelos en el cielo

A lo largo del famoso sermón del monte, Jesús nos enseña diferentes aspectos que tienen que ver con la conducta que debemos tener como hijos de Dios. Es así que, al llegar al capítulo seis de Mateo, encontramos que se menciona una serie de cosas que en sí son buenas, pero que nuestro orgullo se termina llevando la recompensa que pudiéramos llegar a merecer por ellas.

Hoy en día como en aquellos tiempos, la gente sigue haciendo cosas por orgullo y para mostrarse. Sin embargo, en algún sentido, esto es todavía más evidente. Las maneras de hacer tesoros en la tierra se multiplicaron gracias al avance de las comunicaciones, y eso lleva a que nuestra carne se haga una “fiesta de vanagloria” con cada oportunidad que tiene. Por eso, a partir de este artículo, quiero alentarte a que dejes de hacer tesoros en Facebook y los empieces a hacer en el cielo…

Mateo 6:1 – Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa. (NVI)

Mateo 6:5 – Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. (NVI)

Mateo 6:16 – Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que éstos ya han obtenido toda su recompensa. (NVI)

“Ellos ya tienen su recompensa”. Todos los que creemos en el Señor vamos a ser salvos y a estar en su presencia. No obstante, los niveles de gozo que vamos a tener van a variar dependiendo de las obras que hayamos realizado acá en la tierra. Es decir, las obras no son necesarias para la salvación, aunque sí vamos a ser juzgados por ellas en el tribunal de Cristo, y en base a eso se nos va a conceder una recompensa. Basándose en el pasaje que dice “en lo poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:23), muchos entienden que los roles que tengamos durante el milenio tienen que ver con las obras que hagamos en la tierra; es decir, esos roles también forman parte de la recompensa.

Más allá de cuál es la recompensa que vamos a recibir, lo que me interesa que entendamos en este artículo es que cada uno de nosotros va a ser juzgado por todas y cada una de las cosas que hagamos en la tierra, y por cómo usemos los dones que nos fueron prestados por Dios. Es por ello que tenemos que esforzarnos al máximo para que podamos acabar la carrera sabiendo que dimos lo mejor de nosotros para la gloria de aquel que se entregó por todos nosotros.

En estos pasajes de Mateo, Jesús nos pone tres ejemplos por los cuales las personas suelen vanagloriarse:

  • Por las buenas obras (Mateo 6:1): Nos encanta que todos vean lo buenos que somos; que todos nos admiren por haber hecho tal o cual cosa. Que todos digan “wow, espero algún día poder ser tan bondadoso como él”. Es por eso que Jesús nos llama a hacer buenas acciones sin anunciar a todo el mundo lo que estamos haciendo; simplemente hacerlo para agradar a nuestro Dios.
  • Por su relación con Dios (Mateo 6:5): Otra manera en la que nos gusta jactarnos es que otros vean lo santos y espirituales que somos. Esto era habitual en los fariseos que oraban en lugares públicos para que todos lo que pasaban vieran lo profunda que era la relación con Dios que tenían. Es por eso que Jesús nos llama a tener una relación íntima con el Señor en aquellos momentos en los que nadie te ve.
  • Por los sacrificios que hace (Mateo 6:16): Por último, solemos admirar a las persona cuando hacen sacrificios por la causa de Cristo. En el libro de Hechos tenemos dos casos de personas que hicieron sacrificios, pero que terminaron de forma muy diferente. Por un lado, Bernabé vendió una propiedad para dar el dinero a la iglesia sin la intención de vanagloriarse, mientras que por el otro Ananías y Zafira quisieron hacer lo mismo y terminaron muertos por querer engañar al Señor. Sea sacrificios físicos, como el ayuno, el viajar a lugares difíciles, el dedicar tiempo a la obra, o sacrificios económicos, o de cualquier tipo que se te ocurra, asegurémonos de no hacerlos para mostrarnos a nosotros, sino para mostrar a Dios.

Todas estas cosas en sí son buenas. ¿Quién podría decir que hacer obras de justicia, orar y ayunar son cosas malas? La misma Biblia nos alienta a hacerlas. El problema es cuando dejamos de hacerlo para glorificar al Señor y lo hacemos para mostrarnos a nosotros mismos; en ese caso estamos pecando. Debemos recordar que todo lo que hagamos que no glorifique a Dios es pecado (1 Corintios 10:31), porque estamos llamados a hacer todo para su gloria.

El problema con estas acciones, es que simulan glorificar a Dios y nos hacen quedar como piadosos delante de los demás. Nos hacen ver como ejemplos y modelos a seguir; eso nos hace sentir bien con nosotros mismos. Pero si lo hicimos intencionalmente para que otros nos miren, seremos aplaudidos por todo el mundo excepto por el Señor, quien nos estará observando de brazos cruzados, negando con su cabeza, y tachando la recompensa que esas obras merecerían para nosotros.

Y así llego al punto en el que quiero hacer énfasis por medio de este artículo. ¿Si no lo publicáramos en Facebook, obraríamos de la misma manera en muchas situaciones? Me la paso viendo videos o fotos de gente que se muestra evangelizando en todo tipo de lugares, dándole de comer a los pobres, estudiando la Biblia con montones de libros alrededor, y haciendo todo tipo de cosas buenas que se te ocurra. La cuestión es: ¿es necesario subir todo lo que hacemos? ¿No analizamos que, en muchos casos, la recompensa eterna que podríamos recibir la vamos a perder por anhelar más likes o felicitaciones en Facebook? Hay muchos que, no queriendo reconocer el orgullo de su humanidad, se escudan diciendo que lo hacen para animar a otros. Quizás puede nacer con ese sentir, pero en el fondo todo queremos vanagloria; todos queremos sobresalir. Por eso, tenemos que pedir al Señor que nos ayude a no caer en la tentación de subir a Facebook absolutamente todo lo que hacemos para él. ¡No pierdas tu recompensa! ¡No hagas tesoros en Facebook! ¡Hacé tesoros en el cielo! ¡Luchá contra ese sentir que te lleva a querer sentirte importante! Subimos fotos cuando nos juntamos con nuestros amigos porque nos sentimos felices de pertenecer a ese selecto grupo; eso nos hace sentirnos bien. Quizás otro quiera pertenecer, pero no: YO pertenezco. También queremos que todos nos pongan me gusta, para inflar el pecho por la popularidad que tenemos. Vivimos pensando en qué pasa en Facebook; en quién publica qué cosa; en qué hace este y en qué hace el otro; en como puedo mostrar lo interesante que soy… ¿Pero alguna vez pensamos en nuestra santidad y en los propósitos que el Señor tiene para nuestras vidas?

Mateo 6:19-21 – No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (NVI)

Así resume Jesús todo este pasaje acerca de la vanagloria humana. Todo lo que no tiene peso en la eternidad es vano y pasajero; es tiempo perdido. Bien podría haber dicho nuestro Señor: “No acumulen para sí tesoros en Facebook, donde los servidores y la conexión a Internet pueden fallar, y donde fácilmente se meten los hackers a robar. Más bien, acumulen tesoros en el cielo, donde no hay necesidad de servidores ni de Internet, ni los hackers pueden hacer daño. Porque allí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. ¿Está nuestro corazón pendiente de Dios? ¿Tenemos nuestra mirada puesta en las cosas de arriba? ¿O estamos pensando en cómo ser más populares y en cómo la gente nos va a aplaudir por todo lo que subimos a Facebook? ¿Usamos nuestros dones para glorificar a Dios o para glorificarnos a nosotros mismos? ¿Es Cristo el centro de nuestras publicaciones? Hermano, no es necesario subir todo lo que hacés a Facebook. ¡No pierdas tu recompensa! Hacé tesoros en el cielo…

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Fede Sinopoli

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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