1 Timoteo: El mandato que recibió Pablo (1:1b)

1 Timoteo 1:1 – Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jesús nuestra esperanza. (NBLH)

Luego de presentarse a sí mismo como apóstol de Cristo Jesús, vemos que Pablo indica en nombre de quién está escribiendo. Es decir, a quién el representa. Pablo no fue apóstol porque quiso o porque se preparó para ello. ¡Dios lo mandó! No se trata de que nosotros elijamos, sino de aquello a lo que el Señor mismo nos llama. El caso de Pablo es el más extremo que podemos llegar a encontrar. Bajo ninguna circunstancia él hubiera cumplido este llamado de manera diligente y voluntaria. Fue la gracia de Dios la que se derramó sobre su vida para que él cumpliera ese mandato. El apóstol tuvo que esforzarse, sí, pero su esfuerzo hubiera sido en vano de no haber sido por la gracia que recibió. Su ministerio no fue una idea propia, sino que formaba parte del plan del Señor. Es por ello que, librándose de todo mérito, él le da gloria al único que es digno de toda adoración.

Nosotros, como hombres, no tenemos la autoridad suficiente como para responder a un llamado tan grande como el de llevar el Evangelio a las personas. Sin embargo, todo cambia cuando nos convertimos en instrumentos de Dios, quien nos llena con su Espíritu Santo para que podamos predicar con la autoridad que tiene su Palabra. Pablo no predicaba por placer, aunque de seguro amaba predicar, sino que lo hacía por que tenía la obligación de hacerlo (1 Corintios 9:16). De la misma manera, cuando Dios te llama a hacer algo, no tenés opción; está obligado a hacerlo. A esto se refiere el apóstol cuando indica que tiene este cargo “por mandato”. No hay mérito nuestro, sino de aquel que nos envía. (Podés leer más sobre esto acá: El llamado de Dios)

Tal como lo enuncia Pablo, su llamado viene de dos partes:

  • Por un lado, el mandato es del Padre, a quien se lo identifica como el salvador. En general estamos acostumbrados a asociar la salvación al Hijo, aunque acá se nos cambia un poco la perspectiva. La salvación viene de Dios y toda la trinidad toma parte en ella. El plan fue del Padre, quien envió a su Hijo para que todo aquel que en él crea no se pierda más tenga vida eterna. Entonces, el plan es del Padre, llevado a cabo por el Hijo, hecho efectivo por la obra del Espíritu, que es quien regenera a las personas cuando reciben la Palabra. La salvación es del Señor, en cada una de sus personas.
  • Por otro lado, el mandato es de Cristo Jesús, quien es nuestra esperanza. Es que en ningún otro hay salvación y, por ende, esperanza sino en él (Hechos 4:12). Cuando creemos en él pasamos a tener la certeza de lo que nos espera, que tiene que ver con la esperanza que tenemos de que fiel es el que hizo las promesas, y que si comenzó la buena obra en nosotros la va a perfeccionar hasta el final. ¡Esa es nuestra esperanza! Estando en Cristo nunca seremos abandonados.

Bien, Pablo menciona al Padre y al Hijo, ¿pero no se está olvidando de que el mandato es del Espíritu también? Él inspiró estas palabras, aunque no es mencionado explícitamente en esta introducción. Si bien no conocemos el motivo concreto por el cual se da esta situación, hay una realidad: La trinidad no fue conocida como tal hasta muchos años después. Es por ello que no se tenía una perspectiva tan articulada de esto en aquel tiempo, aunque sí podemos entender por sus escritos generales que los apóstoles lo conocían. Es decir, Pablo sabía que tenía un Dios que se manifiesta en las personas del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero ni usaba la palabra “trinidad” ni había un sistema teológico teórico desarrollado al respecto en ese entonces, como sí lo tenemos hoy en día. Quizás, por eso no hizo referencia directa al Espíritu. Lo que sí sabemos es que fue por medio de su llenura que Pablo pudo hacer las obras que hizo. Cuando recibió el Espíritu Santo en Damasco, después de haberse convertido camino a esa ciudad, fue capacitado con todas las herramientas necesarias para poder llevar el Evangelio. Luego tuvo un largo período de aprendizaje hasta que finalmente fue llamado por Bernabé para trabajar junto a él en la iglesia de Antioquía.

La trinidad llegó a establecerse recién a partir de los concilios realizados por la iglesia:

  • Concilio de Nicea (325): Jesús como Dios.
  • Concilio de Constantinopla (381): El Espíritu Santo como Dios.

Estas son dos verdades que se conocieron siempre, pero que recién en esas épocas se declararon irrefutablemente como bases fundamentales de la iglesia.

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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