El Dios que se revela a sus criaturas

Lectura: Salmo 19

Dios es un Dios que revela su poder, gloria y magnificencia como el Creador de los cielos y la Tierra

¿Alguna vez se pusieron a pensar que tan grande es la Tierra? ¿Qué tan grande es el sistema solar? ¿Cuántas estrellas hay en el Universo? La Tierra mide algo así como 12755,66 kilómetros de diámetro, lo que nos da una circunferencia de 40074,275 kilómetros. Si pusiéramos un Lego al lado del otro, necesitaríamos un poco menos menos de 13 mil millones de Legos para pegarle toda la vuelta a la tierra ¿Qué hay de las estrellas? ¡Se cree que en la sección del Universo que podemos observar tiene al menos 2 billones de galaxias! La Vía Láctea, la galaxia en la cual nuestro planeta se encuentra, tiene alrededor de 4 mil millones de estrellas y una de esas es nuestro Sol, que es 1.300.000 veces más grande que la Tierra. En fin, el Universo es ridículamente grande. También es cierto que la creación es muy hermosa. Nuestro querido planeta Tierra está lleno de sitios hermosos que al contemplarlos nos dejan totalmente maravillados. Mirar el cielo azul, al poderoso Sol que nos ilumina y nos da la energía que necesitamos para vivir; o las estrellas y la Luna que alumbran la noche. Todo es verdaderamente maravilloso.

Ahora, en vista de todo esto, ¿Qué nos dicen los primeros versículos del salmo? En ellos vemos el “Porqué” de tan grande Universo. El Universo es tan gigante, porque tiene la función de mostrar los infinitos poder, gloria y sabiduría de Dios. “Los cielos proclaman la gloria de Dios”. La gloria de Dios es su orgullo, su poder, su majestad, lo que lo destaca del resto de la existencia, lo que lo aparta del resto, su rango infinitamente más elevado que el nuestro. Y la creación, tan gigante, maravillosa y hermosa, tiene como función la de revelar esa gloria.

Lo interesante es notar que, para que haya una comunicación, es necesario que haya un emisor, un mensaje y un receptor. Sabemos que el emisor del mensaje es Dios. Sabemos que el mensaje es la gloria de Dios ¿Quién o quiénes son los receptores? La respuesta es verdaderamente increíble. Los receptores somos los seres humanos. Quiero que vayas al lugar más lindo que puedas imaginar. Quizás algún lugar hermoso que visitaste durante tu vida: Una hermosa playa, una imponente montaña, un frondoso bosque ¿Estás allí? ¿Recordás la sensación de sentirte maravillado ante esa escena? ¿Te sentías insignificante delante de tan hermosa creación? La realidad es que Dios nos creó a los seres humanos con esta capacidad de contemplar el resto de la creación, maravillarnos y apreciar la belleza de todas las cosas. Tal habilidad es única, al menos en el mundo natural en que vivimos ya que es probable que los ángeles también tengan esta capacidad. Somos los únicos con tan increíble habilidad de contemplar, apreciar y entender la creación que nos rodea. Por lo tanto, Dios hizo el resto de la creación para que nosotros podamos maravillarnos ante el poder, la sabiduría y disfrutar de la gloria de nuestro Creador. Y este es el mensaje que los cielos y la Tierra nos cuentan todos los días. Cuando salimos de casa y miramos el cielo, este está dando testimonio de Dios. Cuando nos vamos de vacaciones y vemos lo basto del mar, nos habla de la inmensidad de Dios. Cuando escuchamos el rugir de los poderosos truenos, nos dan testimonio del poder de Dios.

¿Tenía Dios la necesidad de crear el Universo? Muchas personas piensan, erróneamente, que Dios creó el Universo porque estaba aburrido o porque no tenía a nadie con quien relacionarse. Esto puede ser verdad del Dios falso del Islam, pero no es cierto del Dios Verdadero. Nuestro Dios es una sola esencia en 3 personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la Trinidad, Dios disfruta de una comunión perfectamente feliz, armoniosa y gloriosa entre sus miembros. Por lo tanto, Dios no tenía la necesidad de crear el mundo ¿Por qué lo hizo? Porque esto le agradó. Y lo increíble es que creó seres capaces de comprender, en cierta medida, lo glorioso y hermoso del Creador y lo invitó a que participe de esta comunión.

Entonces, ¿Por qué creó Dios un Universo tan ridículamente grande? Para manifestar su gloria a nosotros, los seres humanos (Is. 43:7).

Este es el mensaje que los cielos proclaman. El mensaje que del cual los primeros versos de este salmo hablan. Que tenemos un Creador infinitamente bueno, glorioso, grande y hermoso. Y este mensaje es transmitido por ellos sin ninguna palabra(v. 3 – 4), a pesar de que fue por la Palabra de Dios que todo fue creado (Génesis 1:3-, Juan 1:1-3) y es por el poder de su Palabra que toda la creación es sostenida (Hebreos 1:3). A pesar de que no vemos ni escuchamos a Dios, sabemos que existe porque la creación es la evidencia de que hay un Creador y el hecho de que la creación sea tan buena, hermosa, grandiosa, maravillosa y gloriosa nos muestra lo grandioso que nuestro Creador es. Este testimonio es tan evidente, que incluso una persona que no puede entender ningún idioma humano puede entender el mensaje de la gloria de Dios. Juan Calvino lo pone de la siguiente manera:

“El inspirado escritor declara cómo los cielos predican a todas las naciones indiscriminadamente, ya que los hombres en todos los países y en todas las partes de la Tierra pueden entender que los cielos están puestos delante de sus ojos para dar testimonio de la Gloria de Dios”.

Ahora, ¿Nos detenemos a pensar en todo esto en nuestra vida diaria? Miren lo que dice David en el salmo 8:

“Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, La luna y las estrellas que Tú has establecido, Digo: ¿Qué es el hombre para que Te acuerdes de él, Y el hijo del hombre para que lo cuides?” Salmo 8:3-4 (NBLH)

Él miraba los cielos y no podía evitar maravillarse ante la gloria de Dios y sentirse humillado en su finitud. Pero dudo que esta sea la actitud de todos los hombres. Todos los hombres hemos faltado en nuestro deber de dar gracias y glorificar a Dios. Todos hacemos nuestra vida y ni por un momento paramos a reflexionar o a agradecer a Dios por todo lo que Él hizo. Esto es lo que dice Romanos 1:18-23 (NBLH):

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad. Pero lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa.

Pues aunque conocían a Dios, no Lo honraron (no Lo glorificaron) como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

Aquí, el apóstol Pablo nos dice que el mensaje de la creación es tan claro y evidente que nadie tiene excusa. Charles Spurgeon dice:

“Quien mira hacia el firmamento y se hace llamar ateo, se deja ver como un tonto o un mentiroso”.

La misma Biblia lo afirma:

“Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios’”. Salmo 14:1 (RVR1960).

Pero esta es la actitud de todos nosotros, cuando aún no conocemos personalmente a Dios. El pecado, la maldad, la muerte y las catástrofes son consecuencia de haber rechazado la autoridad, el amor y la bondad de Dios en nuestras vidas. Todos sabemos que a pesar de que la creación es hermosa, parece como que algo no está bien ¿Por qué hay tanta maldad? ¿Por qué hay enfermedades? ¿Por qué existe la muerte? Entendemos que hay algo mal en el mundo, pero no sabemos por qué, ni cómo solucionarlo, aunque el hombre intenta de alguna manera hacerlo: Algunos intentan la religión, otros intentan la educación, otros simplemente viven como si no existiera un mañana.

Como vemos en el pasaje de Romanos, Dios está furioso contra aquellos que viven de esta forma; Aquellos que habiendo recibido los beneficios de la creación, no demuestran ni el más mínimo aprecio por el Creador, ni un poco de gratitud. Ni hablar de honrarlo y glorificarlo, viviendo de la forma en la que Él pretende que vivamos y disfrutemos. Es por eso que los hombres no nos encontramos en una situación favorable respecto a Dios. Con cada uno de nuestros pecados seguimos acumulando ira y castigo sobre nuestras cabezas, sin nada que podamos hacer para escapar de la inminente muerte. Pero, ¿No es Dios un Dios de amor? ¿No es Él nuestro salvador? Todo esto no lo podemos saber por medio de lo que los cielos nos revelan. Hay una limitación respecto a lo que podemos saber acerca de Dios por medio de la naturaleza. ¿Cómo podemos saber más acerca de Dios?

Dios se revela como un Dios personal por medio de su Palabra Escrita

Si leemos a partir del v. 7, David hace un giro repentino de la descripción de la creación a la Palabra de Dios. Esto no es casualidad. Decimos que el punto principal de este salmo es que “Dios es un Dios que se revela a sus criaturas”. Y Él no sólo se revela por medio de la creación. Se ha revelado de una forma más completa a través de otro lenguaje que nosotros podemos entender: Su Palabra.

Notemos que al pasar del v. 6 al 7 ya no se llama a Dios “Dios”, sino que se lo llama “Jehová/SEÑOR”. Este fue el nombre con el que Dios se dió a conocer a su pueblo Israel. El Nombre con el que se relacionó con su pueblo elegido. En los versos anteriores se le decía “Dios”, que es la palabra que se usa para hablar de cualquier Dios, no sólo del verdadero y por lo general se usa para hacer énfasis en Dios como el Creador, el sustentador de todo, y como tal, es conocido por todos los hombres. Pero en su Palabra, Dios revela su nombre propio. El nombre con el que hizo el pacto con Israel. Sólo por medio de su Palabra podemos conocer realmente este nombre. Sólo por medio de la Palabra podemos conocer que Dios es en realidad un Dios personal, que se relaciona con sus criaturas a nivel personal, que tiene un nombre y que tiene una voluntad. Y es por eso que cuando David empieza a hablar de la Palabra de Dios como la segunda fuente de revelación, comienza a usar el Nombre personal de Dios.

El salmo dice “La ley del Señor, el testimonio del Señor, los preceptos del Señor, del Señor, del Señor…” Y repite. Es porque la Biblia es la Palabra de Dios, no de hombres. Por supuesto que la Biblia fue escrita por hombres, pero cada uno de ellos estaba inspirados por el Espíritu Santo. El apóstol Pablo dice que las Escritura es Theopneustos y quiere decir “Respirada por Dios” (2 Tim. 3:16). Es el Espíritu Santo, el aliento de vida de Dios que inspiró a los autores bíblicos para escribir sus libros y ese mismo poder creador aún reside en la Escritura, con poder para dar vida a los muertos espirituales.

Por otro lado, cuando decimos que Dios se revela por medio de su Palabra escrita, estamos diciendo que Dios es un Dios que habla. Él no sólo habló en el pasado. Él tiene algo para decirnos hoy. Las Palabras que el Señor dejó escritas en la Biblia tienen la función de comunicarnos lo que Dios quiere decirnos hoy. Si Dios ya no hablara a su pueblo, la predicación no tendría sentido. Cuando escuchamos una predicación Bíblica, lo que hacemos es “escuchar lo que Dios tiene para decirnos hoy y ver cómo podemos aplicarlo a nuestras vidas”. Por ejemplo, en Hebreos 3:7, el autor cita al Salmo 95, pero no dijo “David dijo” o “El Espíritu Santo dijo”, sino “dice el Espíritu Santo”, dando a entender que el Espíritu sigue diciendo eso a cada uno que lee el Salmo 95 ¡Esta convicción es la que nos tiene que mover a estar atentos a las predicaciones, a leer más la Biblia, a amarla y a estudiarla. Porque a través de ella, Dios nos habla diariamente!

La apreciación de la Palabra de Dios

En esta sección del Salmo, David hace una apreciación de las distintas facetas de la Palabra de Dios, utilizando el siguiente patrón para describirla:

[Título de la Palabra] es/son [característica de la Palabra], [función/logro]

Veamos uno por uno, que es lo que dice:

  1. La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma: La ley o instrucción (torah) son los principios que Dios nos ha dado para que nosotros podamos vivir nuestra vida de la forma más plena y que más glorifica a Dios. Al ser una ley, regula el comportamiento de acuerdo a la justicia de Dios. Su característica es la perfección. Muchas leyes humanas son imperfectas en cuanto a la justicia que imparten, pero la Ley de Dios es totalmente justa. Además, la palabra perfecta, en el original hebreo, no sólo denota perfección en cuanto a su infalibilidad, sino que también describe a la ley de Dios como totalmente completa. Por ejemplo, la misma palabra original se usa para hablar de ofrendas que se traían “completas”, o “sin ningún faltante”. Esto proclama acerca de la suficiencia de las Escrituras. La Palabra de Dios es suficiente para llevar nuestra vida cristiana. No necesitamos más que la Palabra de Dios, que es aplicada a nuestras vidas por medio del Espíritu Santo. No necesitamos ninguna guía moderna y cambiante para poder vivir como Dios quiere. Sólo necesitamos ser guiados por la Biblia. La función que cumple es la de restaurar o convertir el alma. Que nos quede bien claro, lo único que puede transformar nuestra vida es la Palabra de Dios. En ella reside el poder de Dios. Ella es el medio que utiliza el Espíritu Santo para hacernos nacer de nuevo (Santiago 1:18, 1 Pedro 1:23) y para santificarnos (Juan 17:17) ¿Queremos que las personas sean salvas? Prediquemos la Palabra de Dios, no nuestras opiniones. No demos buenos consejos en nuestras prédicas, hablemos la Palabra de Dios para que las personas sean salvas y puedan santificarse. El carácter perfecto de la Palabra de Dios nos revela la perfección de Dios.
  2. El testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo: La Palabra de Dios da testimonio de quien Dios es, cómo es Él, que cosas hizo, que hace y que hará. Dios se revela por medio de ella. El testimonio es seguro, es decir que podemos saber que todo lo que dice la Biblia acerca de Dios es totalmente cierto. Lo que logra es hacer sabio al sencillo. Aquí, el sencillo es una persona que no tiene discernimiento y que no sabe bien cómo vivir. En contraste, la persona sabia, no es simplemente alguien que sabe mucho. No se refiere aquí a inteligencia o a acumulación de conocimientos teóricos, sino que la Palabra de Dios nos hace hábiles para la vida. El estudio de la Palabra de Dios nos hace dominar el arte de vivir conforme a la voluntad de Dios. Es un tipo de sabiduría muy práctica. El sencillo no sabe cómo debe vivir la vida y en consecuencia sufre por su falta de conocimiento. El sabio es la persona que sabe vivir bien la vida.
  3. Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón: Los preceptos o estatutos del Señor son rectos, en comparación con las torcidas ideas y opiniones de los hombres. Los preceptos son las doctrinas o enseñanzas bíblicas. Estas enseñanzas traen al que las sigue gozo y felicidad. El corazón es alegrado por los preceptos de Dios, que, cuando ajustamos nuestra vida para vivir conforme a ellos, obtenemos una paz que muy pocos pueden describir, es la paz de tener la conciencia tranquila. Es por eso que La Palabra de Dios nos revela la verdad de Dios
  4. El mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos: La Palabra de Dios también contiene mandamientos, es decir órdenes que deben ser cumplidas. La pureza de los mandamientos de Dios alumbran nuestros ojos. En este mundo de oscuridad, la Palabra de Dios nos ayuda a ver con claridad la realidad en la que vivimos. Sin ella nos encontramos en oscuridad total en cuanto a los temas espirituales. Con nuestra constante tendencia al pecado, necesitamos la Palabra de Dios para poder diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Sin ella nos hayamos ciegos. Al comparar nuestras vidas y el mundo en el que vivimos contra la Palabra de Dios, podemos ver claramente qué cosas están bien y qué cosas están mal, qué caminos llevan a un lugar seguro y que caminos llevan a un precipicio. En el Salmo 119:105, el salmista dice: “Lámpara es a mis pies Tu palabra, Y luz para mi camino”. La Palabra de Dios nos revela el camino de Dios
  5. El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre: El temor del Señor se refiere al correcto respeto o reverencia que se tiene por Dios. En la Palabra de Dios encontramos la forma correcta en la que debemos adorar a nuestro Dios. El conocimiento y el temor de Dios son necesarios para poder adorarlo apropiadamente. Siempre debemos considerar a quién estamos adorando y sirviendo. Esto debe humillarnos, e incluso no está mal tener una cierta medida de temor, como dijo nuestro Señor: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28 NBLH). El temor de Dios nos aleja del pecado. Este temor nos hace mantenernos limpios. En definitva, la Palabra de Dios nos revela el carácter Santo de Dios, su odio por el pecado y el debido temor que debemos tener hacia su santidad.
  6. Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos: La Palabra de Dios también contiene los juicios de Dios. En ellos, se ejecuta la perfecta justicia de Dios. La Biblia nos relata los distintos juicios de Dios para aquellos que tienen el atrevimiento de desafiar su autoridad y cometen transgresiones. Todos estos juicios siempre son correctos. Dios condena al pecador y justifica al inocente en toda justicia. La Palabra de Dios nos revela el carácter Justo de Dios. Aquí surgen muchas dudas para los seres humanos: ¿Cómo sabemos que los juicios de Dios son justos? ¿Deberíamos medir los juicios de Dios respecto a nuestra opinión de justicia? ¿En base a qué estándar juzgamos a Dios? Dios no permita que nosotros nos pongamos en la situación de intentar medir la justicia de Dios. ¿Quiénes creemos que somos nosotros que queremos conformar a Dios a nuestra opinión de justicia que es tan imperfecta que cambia de un día a otro? Los juicios de Dios son verdaderos, no porque se ajusten a algún estándar de justicia, sino que ellos son el estándar de justicia. Al ser Dios quien los emite, sus juicios son automáticamente justos, porque Él es el Creador. No hay una tribunal más alto que el de Dios, por eso se lo llama El Altísimo. Si nos ponemos a cuestionar la justicia de Dios, nos estamos poniendo en un tribunal más alto que el de Él y esto es una actitud de gran soberbia, orgullo y rebelión que Dios no tolerará. El apóstol Pablo lo dice muy claramente: “¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo!”(Romanos 9:14), y de nuevo “Me dirás entonces: ‘¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios? Porque ¿quién resiste a Su voluntad?’ 20 Al contrario, ¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: ‘Por qué me hiciste así?’” (Romanos 9:19-20). Por lo tanto, aprendamos a conformar nuestra justicia a la de Dios en lugar de juzgar a Dios de injusto, porque no estamos en posición de hacerlo.
  7. Deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, Más dulces que la miel y que el destilar del panal: Por último vemos el gran valor que tiene la Palabra de Dios. Ella es muchísimo más valiosa que cualquier otra cosa en el mundo. Acá se dice que es más deseable que el oro, que mucho ¡Cuánto tenemos que cambiar! ¿Quién de nosotros puede decir que la Palabra de Dios es más valiosa que cualquier otra cosa en este mundo? ¡Y no me refiero a sólo decirlo! ¿Quiénes de nosotros realmente vivimos dándole el valor que la Escritura se merece? ¡Deberíamos estudiarla y aprender de ella todos los días! ¡Habiendo aprendido y reflexionado en todas sus características y beneficios, nuestra actitud hacia ella debe cambiar! Yo disfruto tanto cuando reflexiono y aprendo de la Palabra de Dios. Puedo sentir como ella va transformando mi mente y como me lleva a glorificar a Dios por su infinita sabiduría ¿Es tan deseable para vos? La segunda comparación es acerca de la dulzura de la Palabra. En ese momento, la miel era quizás la sustancia más dulce que existía. Pensá en lo más dulce que hayas comido en tu vida y en la sensación que te genera. La meditación en la Palabra de Dios produce una sensación de más dulzura, tan dulce y hermosa que es casi indescriptible y no se puede comparar con nada existente. Esta es la dulzura de conocer más y más de nuestro Dios a medida que vemos como Él se revela en su Palabra
  8. Además, Tu siervo es amonestado por ellos; En guardarlos hay gran recompensa: Lo irónico de esto es que, a pesar de ser tan dulce, la Palabra de Dios nos amonesta. Amonestar es “reprender severamente a una persona por un error o una falta que ha cometido, para que no la vuelva a cometer”. Esto me recuerda al pasaje que en Hebreos que dice: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados (adiestrados) por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia.” (Hebreos 12:11 NBLH). No parece que sea algo agradable, pero en realidad, a pesar de causar dolor, es un dolor santo, que luego lleva al arrepentimiento y a la santificación (2 Corintios 7:10, Mateo 5:4). Esta amonestación trae gran recompensa, pues si por ellos somos amonestados y entristecidos, entonces vamos a encontrar gracia y perdón en los brazos de un Dios misericordioso que nos espera con brazos abiertos una vez que nos arrepentimos.

La aplicación de la Palabra de Dios

Este salmo es maravilloso, ya que es muy integral. En él no sólo encontramos cómo es que Dios se revela a la humanidad y apreciaciones de las dos revelaciones que tenemos. Sino que también se nos da la forma en que las debemos aplicar a nuestras vidas. De esto trata la última sección de este salmo, los v. 12 al 14.

Cómo vimos al principio, la revelación de Dios en la creación es tan asombrosa y evidente, que ninguno de nosotros tiene excusa para nuestro comportamiento pecaminoso y nuestra rebelión. En definitiva, nuestro conocimiento de Dios por medio de la creación nos pone en una situación de condena delante de Dios. Y lo más desesperante es que ninguno de nosotros es capaz de darse cuenta que se encuentra en rebelión delante de Dios. Es por eso que el salmista dice “¿Quién puede discernir sus propios errores?”. Nosotros no podemos. No podemos siquiera reconocer a Dios en la inmensa creación. Somos todos desagradecidos y rebeldes y necesitamos que el Espíritu Santo nos transforme para que podamos reconocer a Dios realmente. Y esto, el Espíritu lo hace por medio de la Palabra de Dios.

Así como en la creación encontramos nuestra condenación, en la Escritura encontramos nuestra salvación. En ella descubrimos el plan de salvación de Dios, realizado y completado perfectamente en la obra de Jesús. En ella podemos ser absueltos de nuestros pecados. Gracias a la vida y a la muerte de Cristo en la cruz, todos nuestros pecados son perdonados en el instante en que creemos y nos arrepentimos. Veamos que el texto dice: “Entonces seré integro”. El “ser integro” es la consecuencia de auto-examinarse a la luz de la Palabra de Dios, que el Espíritu Santo nos de la capacidad de ver nuestra rebelión y transgresión, y que nosotros podamos apelar a la misericordia de Dios. Necesitamos reconocer nuestra condición. Necesitamos entender que nos hallamos en transgresión delante del tribunal de Dios y que merecemos ser castigados por nuestro pecado. Pero David sabe que Dios es misericordioso y por eso apela a su gracia y le pide ser absuelto de los pecados. David lo llama “gran transgresión”. Él había comprendido que la rebelión en contra de Dios no es algo trivial. Había comprendido la seriedad del pecado. Nosotros debemos entender también esto. Que nuestros pecados no son “pequeños errores”, R.C. Sproul dice: “El pecado es una traición cósmica”. Dios sería totalmente justo si nos destruyera en un instante. Pero decide no hacerlo. Decide amarnos a pesar de que lo odiamos. Cuando entendemos todo lo que Dios ha hecho realmente por nosotros, dando la vida de su Hijo por nuestra salvación y perdonando nuestros pecados, es ahí cuando podemos llegar a intentar comprender lo asombroso de la gracia de Dios. Por eso el salmo termina diciendo “Sean gratas(o agradables) las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti,

Oh Señor, roca mía (la seguridad de la salvación) y Redentor(nuestro salvador, nuestra única esperanza) mío.” Sólo por medio de la obra perfecta y completa de Cristo nuestra adoración puede ser agradable a Dios. A aquellos que aún no han creído, aquellos que aún no han nacido de nuevo, presten atención hoy: Escuchen la voz de Dios que los llama a arrepentirse de sus pecados. Vean en la creación al hermoso y glorioso rey que rechazaron y en la Escritura a ese mismo Rey tomando forma de siervo para pagar por sus transgresiones. Reconozcan sus pecados y arrepiéntanse de ellos. Dejen de cometerlos. Odien su pecado y aprendan, por medio de la Palabra de Dios a santificarse. Examinate hoy a la luz de la Palabra de Dios, a la luz de su ley, de su testimonio, de sus preceptos, de sus mandamientos y de sus juicios y comprobá lo que hoy te estoy diciendo, que sos un transgresor y que necesitas el perdón de Dios. Andá hoy al trono de la gracia de Dios. Él está dispuesto a recibirte si tan sólo te arrepentis. No dejes pasar la oportunidad de disfrutar de la gracia y el perdón de nuestro grande y misericordioso Señor.

Hermano cristiano, reflexiona hoy en el uso, el valor y el lugar que le das a la Palabra de Dios en tu vida. Hemos aprendido de los muchos beneficios que ella tiene para nosotros, buscá la forma de leerla. Arma un plan de lectura. Seguilo a tu propio ritmo. Buscá hermanos que te ayuden a entenderla, pedile ayuda a los líderes, a los ancianos. Aprendamos a amar a la Palabra de Dios. Escucha hoy lo que Dios te está hablando. Mi mayor oración hoy es que puedas irte con la convicción de que Dios es un Dios que se revela y que habla. Que tiene mucho para decirnos hoy. Dios no simplemente se reveló. Él se revela. No sólo habló. Sigue hablando. Recibí la Palabra de Dios hoy, que tu mente sea transformada y esta convicción de que Dios sigue hablando sea una realidad en tu vida.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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