San Valentín: El amor en una cultura de romance

Carteles de corazones, parejas regalándose bombones, vendedores de flores en las esquinas de las plazas, restaurantes totalmente reservados.

Hoy es 14 de Febrero. Hace ya unos cuantos años, en latinoamérica hemos adoptado, gracias a la globalización, la celebración del día de San Valentín, también llamado “día de los enamorados”.


En este día, parejas de distintas partes del mundo planifican citas, se regalan bombones, flores y cartas de amor para expresar los sentimientos que tienen hacia su persona amada. Todo esto parece muy inofensivo y lindo. Pero detrás de esta celebración, existen ideas muy peligrosas.

En la actualidad, hemos comprado la idea de que el romance es el bien definitivo de una relación amorosa. Definimos el éxito de una relación por la medida de romance que esa relación tiene. Mi relación es buena o mala, dependiendo de cómo yo me sienta respecto a mi pareja. Los sentimientos son la cinta métrica de la relación y el “amor” es descripto como esa pasión que nos mueve a estar con la otra persona, a pensar en ella todo el día, etc.. Lo impactante es que este tipo de ideas se va metiendo de a poco en medio de la iglesia. Los cristianos van adoptando más y más esta visión del amor y el romance ¿Dónde está el matrimonio? ¿Dónde se celebra el pacto matrimonial en el día de los enamorados? Ciertamente, nuestra cultura ha mansillado el significado del matrimonio y el amor. A lo largo de toda la historia de la humanidad, hemos visto que todas las diferentes sociedades adoptaron al matrimonio como una institución y un pacto entre un hombre y una mujer que deciden formar una familia juntos y mantener exclusividad entre ellos. Esto llegó a cada cultura y sociedad de la humanidad, nada menos que por la misma boca de Dios cuando en el huerto del Edén dijo: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24 NBLH). Curiosamente, cada sociedad ha identificado al matrimonio como una realidad escencial, sin la cual la sociedad no puede existir. El matrimonio siempre fue considerado la unidad mínima de una sociedad funcional. Y estas sociedades nunca esperaban un cortejo romántico de parte de los novios, sino que por medio de arreglos, se casaban y luego surgía el romance y los sentimientos. La idea de un cortejo romántico es relativamente nueva. No creo que el cortejo en sí esté mal. Es algo cultural y que puede o no existir y creo que es algo bueno. El problema viene por otro lado.

El problema es que el romance ha superado al matrimonio como bien esencial. La Biblia nos enseña que el hombre y la mujer que desean estar juntos deben casarse, ya que esto es lo correcto y justo delante de Dios y lo que conduce al florecimiento de la raza humana. Y es en el contexto del matrimonio, que el hombre y la mujer comienzan a desarrollar más romance y sentimientos. Es el compromiso con Dios y con el conyuge lo que les hace mantener el pacto matrimonial. Este compromiso hace que ellos se esfuercen por amar a su conyuge con amor sacrificial, respetando los roles establecidos por Dios.

Pero si tenemos la idea de que el romance es superior al matrimonio, como ciertamente afirma nuestra cultura, entonces nuestro matrimonio está en problemas. Debido a nuestro pecado, los sentimientos que tenemos hacia nuestro conyuge inevitablemente varían a lo largo del tiempo. Puede haber días en los que estamos totalmente enamorados y lo amamos. Puede haber días en los que no toleramos su presencia. Además nuestro pecado nos puede hacer mirar a otras personas como deseables sexualmente y esto también genera nuevos sentimientos en nosotros y hacia nuestro conyuge.

En nuestra cultura, si comienzo a tener sentimientos por otra persona, todo lo que tengo que hacer es “seguir a mi corazón”. El corazón siempre sabe lo que uno quiere y esto lleva a la mayor felicidad. Esto es una absoluta mentira. Si siguieramos totalmente a nuestro corazón, tendríamos un gran aumento en la criminalidad, inmoralidad sexual, corrupción, etc.. El Señor Jesús lo enseñó claramente:

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.  Estas cosas son las que contaminan al hombre…

Mateo 15:18-20a (NBLH)

Y también dijo el Señor por medio de Jeremías:

Más engañoso que todo, es el corazón,
Y sin remedio;
¿Quién lo comprenderá?

Jeremías 17:9-10 (NBLH)

Ningún matrimonio cristiano perduraría si obedecieramos realmente a nuestros corazones. Tenemos que obedecer a Dios. Tenemos que glorificar a Dios y disfrutar de Él. Disfrutar del hermoso regalo del matrimonio y toda su significancia.

Por lo tanto, ¿Cómo es que algunos cristianos aconsejan de esta forma a sus hijos? El romance y los sentimientos son hermosos frutos del amor y del esfuerzo del matrimonio cristiano, sustentado por la gracia de Dios, pero no son el bien definitivo. Tampoco podemos abandonar nuestro matrimonio porque nuestros sentimientos no nos acompañan. Los sentimientos son demasiado fluctuantes como para guiarnos por ellos. Debemos guiarnos por la revelación bíblica, no por nuestro corazón, que es perverso y engañoso.

En nuestros tiempos, esta idea del amor romántico está tan metida que cuando una relación pierde el romance, se dice que la relación ha fracasado. Y por lo tanto hay que buscar una solución o buscar el romance en otro lado. El veneno de las telenovelas, la pornografía y el entretenimiento en general comienzan a meterse en nuestras mentes, pervirtiendo todo lo pensamos y alejándonos de la voluntad de Dios. Hemos caído tanto en esta trampa, que nuestros jóvenes tienen miedo a casarse, debido a que podrían fracasar en su relación. Muchos jóvenes piensan que si se casan y el romance desaparece, serán infelices por el resto de sus vidas y no entienden que es nuestra responsabilidad amar a nuestro cónyuge, crear el romance, sostener el matrimonio, con el amor de Dios. Tienen tanto miedo, que la cultura cristiana tuvo que inventar el concepto de “el ideal“. Aquella persona con la que nunca se terminará el romance. Aquella persona por la que nunca dejaremos de sentirnos enamorados. Esto es una mentira diabólica. La persona ideal no existe. Todos somos pecadores y hemos sido destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Inevitablemente habrá momentos de nuestra vida donde sentiremos muchísimo amor por la otra persona, y otros momentos en que nuestros sentimientos parecen desaparecer. Si estás esperando a “el ideal”, te puedo decir que podes llegar a esperar toda tu vida y no va a aparecer. Es mejor que no andes con miedo. Hay principios claros en la Biblia que podes seguir para seleccionar una pareja y luego casarte y obviamente podes tener en cuenta cómo te sentís respecto a el/ella. Pero no te conduzcas con miedo. Dios es soberano sobre todo. Confiá en su soberanía y en la bondad de sus propósitos para con sus hijos (Romanos 8:28).

El éxito de una relación matrimonial no debe medirse por los sentimientos que se sienten en un momento específico, sino por la fidelidad de los cónyuges, primeramente para con Dios y segundo para con ellos mismos. Estos son los matrimonios que Dios bendice. La gracia de Dios nos sostendrá en los momentos más difíciles y podremos ser fieles hasta el final. En definitiva, un matrimonio será exitoso en la medida en que este glorifique a Dios y experimente lo hermoso de Dios en el matrimonio.

Si estás de novio, comenzá a glorificar a Dios en tu noviazgo. Compartan tiempo con el Señor. Lean la Biblia. Oren. Disfruten del Señor juntos y cada uno en su intimidad.

¡No compremos la mentira que el mundo quiere que creamos! ¡Esto tan sólo tiene como objetivo destruir familias, matrimonios y por último vidas! ¡Vivamos el amor sacrificial que nos enseñó el Señor Jesús!

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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