Desde la cruz: “Tengo sed”

Una de las últimas frases dichas por Jesús tiene que ver con una de las necesidades humanas más básicas como lo es la sed. En concreto, sólo dos frases fueron dichas después de ésta y tienen que ver con cosas gloriosas como la consumación de su obra y la entrega final de su espíritu. Lo que me llama la atención es cómo, en un momento tan crucial de su ministerio, nuestro Señor estaba pensando en que estaba sediento. ¿Qué nos quiere decir con esto? ¿Hay algo que nos estamos perdiendo? Veámoslo…

Juan 19:28-29 – Después de esto, sabiendo Jesús que todo ya se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed.” Había allí una vasija llena de vinagre. Colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca. (NBLH)

A partir de ahí, podemos llegar a que este pasaje nos lleva a las siguientes enseñanzas:

  • La humanidad de Jesús.
  • El cumplimiento de las escrituras.
  • El abandono del Padre.

La Humanidad de Jesús

Por un lado, podemos comprender este deseo que tenía Jesús de beber como algo que nos demuestra que él verdaderamente se hizo hombre para venir a morir por nosotros. Luego de haber sido expuesto a un sinfín de castigos físicos, tanto dolor y desgaste le debía estar produciendo una sed intolerable. Además, debemos considerar como un detalle no menor que toda esta escena se llevaba a cabo durante el mediodía y el comienzo de la tarde, y considerando que se encontraban en el mes de abril, ya entrada la primavera, debía hacer bastante calor. Es por eso que nuestro Señor hace esta declaración, mostrando así una debilidad propia de un hombre semejante a cualquiera de nosotros.

Al realzar la humanidad de Cristo de esta manera, Juan está dando testimonio en contra de los gnósticos, que se caracterizaban por decir que el espíritu es bueno y la materia mala. Por lo tanto, afirmaban que Jesús no había tenido un cuerpo verdaderamente, sino que su cuerpo era más bien una ilusión, por lo que el proceso de la crucifixión fue un trámite para él, y no sufrió en ningún momento. Ellos llegaban al punto de decir que Jesús era una especie de fantasma, que ni siquiera dejaba huellas en el suelo.

Pues bien, acá Juan nos da una de las tantas muestras de que nuestro Señor verdaderamente se hizo hombre para habitar entre nosotros y, a su vez, morir por nuestras transgresiones. No entra en nuestra mente limitada el entender cómo Jesús se humilló a sí mismo de tal manera al punto de tomar un cuerpo mortal y estar sujeto a las limitaciones que éste le imponía. Debe haber sido algo humillante para él, luego de existir desde la eternidad, tener que vivir en un cuerpo que se cansaba, que necesitaba comer y dormir. Él, que nunca había tenido esas necesidades, vino a la tierra, se encarnó, se humilló a sí mismo tomando forma de hombre, para llevar una vida perfecta y finalmente ser hecho pecado por nosotros, para que por medio de su sacrificio, nosotros, que estábamos muertos en nuestros pecados, pudiéramos tener vida. ¿Cómo no postrarnos en adoración a Dios con tan inmenso y sublime sacrificio? ¡Esa es la gracia de nuestro Dios!

Al tener sed, se nos dice que le ofrecieron a Jesús un poco de vinagre por medio de una esponja. Esta bebida seguramente era una mezcla de agua con vinagre llamada posca, que era usada habitualmente por los soldados durante sus campañas y los tiempos de custodia. De hecho, si bien la Palabra no lo indica, podemos suponer que fue un militar romano quien le alcanzó la esponja mojada, aunque podría haber sido cualquier persona que se encontrara alrededor. También era habitual el consumo de posca entre las clases bajas de la sociedad romana.

La posca tenía el propósito, en muchos casos, de aliviar el dolor de aquellos que estaban desfalleciendo en la cruz. Jesús no la tomó porque estaba dispuesto a sufrir hasta el final por todos nosotros (Mateo 27:34, Marcos 15:23). Juan nos indica que lo tomó, aunque considerando lo indicado por los otros evangelios, podemos concluir que sólo la probó; es decir, dio un pequeño sorbo. ¿Por qué? Es posible que lo haya hecho porque necesitaba mojar la boca para luego decir “Tetelestai” (que significa “Consumado es“) y finalmente clamar a gran voz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Jesús se hizo hombre para venir a salvarnos, y estuvo sujeto a todas las limitaciones humanas que nosotros tenemos. ¡Ese es nuestro Salvador!

El Cumplimiento de las Escrituras

En segundo lugar, Jesús hizo esta exclamación teniendo en mente el cumplimiento de cosas que habían sido escritas en el Antiguo Testamento. En este pasaje, Juan nos demuestra que, a pesar de todo el sufrimiento, Jesús estaba plenamente consciente de lo que hacía y decía. De hecho, nos indica que él sabía que el propósito por el cual había venido a esta tierra ya estaba cumplido. Pero aun así dice esta frase que tiene por propósito señalar a dos salmos que apuntan hacia él, porque en definitiva toda la Palabra, tanto del Nuevo como el Antiguo Testamento tiene por finalidad que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea levantado; él es el centro de la Escritura (Lucas 24:44).

Veamos las dos referencias a los salmos que encontramos en esta sed que tenía Jesús:

  • Salmo 22:15 – Como un tiesto se ha secado mi vigor, Y la lengua se me pega al paladar; Me has puesto en el polvo de la muerte. (NBLH)
  • Salmo 69:21 – Y por comida me dieron hiel, Y para mi sed me dieron a beber vinagre. (NBLH)

Es decir, había sido profetizado que el Mesías que vendría a padecer por todos nosotros recibiría vinagre para saciar la sed que sentía. Es por ello que Jesús, al afirmar que tiene sed, permite que la posca le sea ofrecida, cumpliéndose así lo que estaba escrito. Es increíble como no sólo las profecías más generales se cumplieron en Cristo, sino también cosas específicas como el hecho de que tendría sed y que le iban a dar vinagre para aliviarla.

Además, como adición a esto, debemos agregar un detalle más: Para acercarle la esponja que fue mojada en la posca usaron una rama de hisopo. Hay estudiosos que afirman que no tendría sentido esto, y que en realidad tiene que tratarse de un error ortográfico, ya que “hisopo” y “jabalina” se escriben parecido en griego; es decir, afirman que en realidad era un soldado utilizando su lanza para este fin. Más allá de que este argumento parezca razonable, no tenemos motivo para creer que se pudo haber usado una rama de hisopo lo suficientemente larga y resistente para poder alcanzar la boca de Jesús con ella. Y esto cobra mucho más sentido a la luz de los siguientes pasajes:

  • Éxodo 12:22 – Tomarán un manojo de hisopo, y lo mojarán en la sangre que está en la vasija, y untarán con la sangre que está en la vasija el dintel y los dos postes de la puerta. Ninguno de ustedes saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana. (NBLH)
  • Levítico 14:6-7 – En cuanto a la avecilla viva, la tomará junto con la madera de cedro, el cordón escarlata y el hisopo, y los mojará junto con la avecilla viva en la sangre del ave muerta sobre el agua corriente. Después rociará siete veces al que ha de ser purificado de la lepra, lo declarará limpio, y soltará al ave viva en campo abierto. (NBLH)
  • Hebreos 9:19 – Porque cuando Moisés terminó de promulgar todos los mandamientos a todo el pueblo, conforme a la Ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua y lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, diciendo: “ESTA ES LA SANGRE DEL PACTO QUE DIOS LES ORDENO A USTEDES.”

De modo que, en primer lugar y por sobre todo, se destaca que el hisopo es el elemento usado por los israelitas para pintar el dintel y los postes de la puerta. Por lo tanto, al utilizarse este elemento, encontramos que se nos está señalando al cordero pascual, por medio de cuya sangre las personas serían salvas de la ira de Dios. ¡Ese es Cristo! Nuestro cordero pascual que nos liberó del poder del pecado y que recibió el castigo que nosotros merecíamos, siendo nuestro sustituto y tomando nuestro lugar.

En segunda instancia, el hisopo era usado para rociar a las personas que tenían lepra pero que habían sanado. Antes de volver a insertarlos en la sociedad, el sacerdote realizaba con ellas una serie de ritos de purificación. Siendo así, en este caso el hisopo señala a la santificación que nosotros recibimos por medio de la sangre de Cristo. Al Señor hechos santos e ir siendo transformados a la imagen de aquel que murió por nosotros, tenemos libertad para acceder a la presencia de Dios.

En tercera y última instancia, la sangre era rociada con un hisopo para señalar el establecimiento de un pacto. Y de la misma manera, nuestro Señor dice que “este es el nuevo pacto en mi sangre, la cual es derramada por muchos” (Mateo 26:28, Marcos 14:24, Lucas 22:20). Es decir, el hisopo nos remite al nuevo pacto que Dios estaba estableciendo con la humanidad por medio de la sangre de Cristo.

En vista de todas estas cosas, entendemos que además de mostrar su humanidad con esta frase, Jesús pretendía asociarse con todos estos pasajes del Antiguo Testamento, demostrando que él era el Mesías que traería al mundo paz para con Dios.

El Abandono del Padre

Finalmente, llegamos a un tercer motivo por el cual Jesús realiza esta exclamación estando crucificado. Su significado va mucho más allá de lo que la frase a simple vista quiere decir. No se trata de una trivial muestra de debilidad, sino que en lugar de representar su estado físico, lo que hace es señalarnos a su estado espiritual. Nuestro Señor, allá en la cruz, tenía sed porque había sufrido el abandono del Padre y había sido hecho pecado por todos nosotros. Es por ello que la sed que siente tiene que ver con la falta de la presencia del Padre en su vida, con la agonía espiritual que estaba viviendo y con el ser hecho objeto de la ira de Dios. Esa agonía era la que merecíamos sufrir nosotros por toda nuestra maldad y todas nuestras transgresiones, pero que Cristo estuvo dispuesto a cargar para que nosotros hoy pudiéramos tener vida eterna. ¡Cuán grande es nuestro Señor!

Juan 4:13-14 – Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna.”

La sed es una de las necesidades básicas que tenemos como humanos. Si dejáramos de tomar, todo nuestro cuerpo empezaría a funcionar mal; estamos hechos de agua y necesitamos tomarla constantemente para tener fuerzas y no morir deshidratados. De la misma manera, nosotros tenemos un espíritu que fue creado para relacionarse con Dios, pero cuando no recibimos de su Palabra nos vamos deshidratando y padecemos por la necesidad que tenemos de él. ¡Todos necesitamos a Dios! Incluso cuando la gente no lo reconozca porque trata de tapar esa necesidad con otras cosas, aún cuanto tengamos todas las cosas mundanas que siempre necesitamos, si no tenemos al Señor en nuestro corazón, vamos a sentir nuestra falta de él. Una falta que será eterna para aquellos que rechacen la obra de Cristo en la cruz y no crean en él para salvación.

Por tanto, lo que el agua es para la vida de nuestro cuerpo, lo es Dios para la vida de nuestro espíritu. Él es el agua que sacia los anhelos más profundos del ser humano y que le da un sentido a nuestras vidas, ya que después de todo fuimos creados por él y para él. Es por eso que cuando el Espíritu Santo nos hace nacer de nuevo, recibimos de esa agua que nos va a saciar para siempre. En Dios encontramos nuestra plena satisfacción; no necesitamos nada más.

Esta necesidad; esta ausencia del Padre era la que estaba experimentando Jesús en la cruz al haberse hecho pecado por nosotros. Por primera vez desde la eternidad, él había sido abandonado por el Padre, y no podía resistir esa ausencia en su interior. ¡Esta es la sed de la que habla con esta expresión! Esa misma sed que sufren todos los que son separados de Dios:

Lucas 16:24 – Y gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en esta llama.’

Cuando Jesús nos narra la historia del rico y Lázaro, podemos ver la agonía que siente una persona que no confió en nuestro Señor como su salvador, una vez que termina su vida terrenal. Mientras se encuentran en el Seol, aguardando el juicio final donde serán todos los impíos arrojados a lago de fuego, vemos que estas personas tienen una característica: Están sedientas. Esto se debe a que no tienen el agua viva que es capaz de saciarnos para siempre, para vida eterna. Entonces, de eso se trata el infierno: De vivir una eternidad separados completamente de Dios y con la plena conciencia de ello.

Haciendo un paralelo, podemos ver que eso mismo es lo que sintió Jesús al hacerse maldición por nosotros, para que hoy podamos tener vida eterna. Esta es la sed que tenía el Señor, y también la que teníamos nosotros hasta el momento en que creímos. ¿Cómo no entregar nuestras vidas a aquel que nos da plena satisfacción para siempre? ¿Cómo no agradecerle a Dios por esa gracia sublime? ¿Cómo no adorar a quien recibió el castigo que nosotros merecíamos?

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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