¿En qué enfocamos nuestra vida?

Luego de pasar setenta años bajo el cautiverio babilónico, una vez que Ciro de Persia tomó el poder, los israelitas pudieron comenzar su regreso a la tierra que habían heredado de sus antepasados. Este regreso se dio en tres tantas, las cuales fueron lideradas por Zorobabel, Esdrás y Nehemías. Todas tuvieron sus particularidades, pero en este caso nos vamos a enfocar sólo en la primera. ¿Cómo fueron esos primeros años? ¿Cómo encontraron todo en Jerusalén? ¿Ellos se dedicaron por completo a los asuntos de Dios?

Hageo 1:2-6 – “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Este pueblo dice: “No ha llegado el tiempo, el tiempo de que la casa del Señor sea reedificada.”’” Entonces vino la palabra del Señor por medio del profeta Hageo: “¿Es acaso tiempo para que ustedes habiten en sus casas artesonadas mientras esta casa está desolada?” Ahora pues, así dice el Señor de los ejércitos: “¡Consideren bien sus caminos! Siembran mucho, pero recogen poco; comen, pero no hay suficiente para que se sacien; beben, pero no hay suficiente para que se embriaguen; se visten, pero nadie se calienta; y el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota.” (NBLH)

La cuestión es que cuando Zorobabel y la amplía multitud que lo acompañaba llegaron, todo estaba completamente desolado y en ruinas. El templo, que tan majestuoso lucía en la época de Salomón, estaba hecho pedazos. Era un panorama muy triste. Al ver esto, los israelitas comenzaron a reedificarlo, de manera que pudieran reinstaurar su sistema de sacrificios y culto a Dios. El problema fue que a los vecinos no les gustó demasiado este movimiento, y finalmente, lograron que Artajerjes de Persia detuviera la construcción. Al ver tanta adversidad, los israelitas dejaron que la llama que ardía en sus corazones se fuera apagando y se olvidaron por completo del templo.

Ellos comenzaron a prosperar materialmente. Tenían, casas bien adornadas, comida, bebida, abrigo; todo lo que necesitaban. Vivían en relativa comodidad. En total, desde que abandonaron la edificación del templo, hasta el momento histórico en el que nos encontramos, pasaron 15 años. Ya ni siquiera recordaban aquella motivación que tenían al principio. Es por ello que el Señor levanta primero a Hageo y casi simultáneamente a Zacarías como profetas, para que hablen al pueblo de su parte. Mientras las personas afirmaban que todavía no era el momento de edificar el templo, Dios les da un mensaje que es totalmente opuesto a sus pensamientos. La frase clave de este pasaje está cuando dice “¡Consideren bien sus caminos!”. Con énfasis vemos como Hageo llama al pueblo a reflexionar. En cierto modo les está diciendo “¡Miren qué es lo que están haciendo! ¡Miren cómo están viviendo! ¡Despierten del letargo!”. Tanto se había ocupado cada quien de sus propios negocios, que la casa de Dios estaba completamente desolada. Entonces, en este llamado a la reflexión, vemos al Señor haciéndoles ver que todas las posesiones materiales que tienen no son suficientes para ellos; en el fondo saben que les falta algo. Aunque tienen comida, no se sacian; aunque tiene abrigo, no se sienten calientes, etc. El punto acá es que en su interior este pueblo sabía que algo no andaba bien. Pretendían vivir como si no sintieran nada, pero todas esas cosas no podían satisfacer el deseo que había en lo profundo de su interior de buscar agradar a Dios.

Inmediatamente, vemos cómo el pueblo se arrepiente y pone manos a la obra, para que luego de cinco años el templo pudiera estar restaurado. Sí, tenemos que reconocer que era menos esplendoroso que el de Salomón, pero aun así Dios se glorificó en ver como su pueblo trabajaba para esta tarea con los recursos que tenía a disposición.

Ahora bien… ¿qué aplicación tiene esto para nosotros?

1 Pedro 2:4-5 – Y viniendo a El, como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (NBLH)

En este pasaje, se nos ilustra a la iglesia como un edificio, el cual es edificado sobre la piedra angular, que es Cristo. A su vez, los apóstoles y los profetas constituyen el fundamento (Ef 2:20) ya que establecieron las bases doctrinales para la formación de la iglesia, que en su conjunto, es el templo de Dios. Él no está contenido en los muros de los edificios donde nos congregamos, sino que su presencia está en cada uno de nosotros, por lo que hemos venido a ser una casa espiritual edificada para un sacerdocio santo. Somos piedras vivas porque nacimos de nuevo por medio de la Palabra de Dios, que manifiesta la gracia que nos fue concedida. Es por ello que tenemos que enfocarnos en la edificación del templo del Señor.

¿Cómo podemos edificarlo?

  • Creciendo nosotros mismos: En la medida que vamos leyendo la Palabra y vamos siendo transformada por ella, al tiempo que permanecemos en oración, en la comunión con los hermanos y nos vamos apartando del pecado, nosotros crecemos para establecernos como rocas sólidas y firmes en esta casa espiritual.
  • Ayudando a crecer a otros: No sólo tenemos que crecer nosotros, sino que también debemos enfocarnos en ayudar a otras piedras vivas que forman parte del edifico a afirmarse, ajustándolas hasta que puedan ser hechas a la imagen del Señor, santificándose y siendo presentadas perfectas ante él (Ef 4:13, Cl 1:28).
  • Trayendo nuevas piedras: Como iglesia, nosotros tenemos que traer nuevas piedras a los pies de Cristo, para que puedan ser hechas vivas y de esa manera pasar a formar parte del templo que se está edificando para la gloria de Dios.

Por tanto, el llamado que encontramos en este pasaje es a dejar de mirar las cosas de este mundo, como la prosperidad material, la persecución de cargos, el anhelo de reconocimiento, etc. para empezar a enfocarnos en las cosas de arriba; las espirituales (Cl 3:2). Que Dios nos ayudé a no dedicarnos a hacer nuestra vida, siguiendo nuestros propios planes, y dejando las cosas del Señor para cuando nos sobre el tiempo. Hermano, tal como los israelitas, ¡considerá bien tus caminos! ¿Dónde está el foco de tu vida? ¿Estás dedicando todo tu tiempo a la edificación del templo de Dios o estás desperdiciándolo haciendo tesoros en la tierra?

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Fede Sinopoli

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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