¿A quién le hablamos cuando oramos?

Esta pregunta puede parecer una completa obviedad. O sea, no hay mucho que pensar; está claro que orar es hablar con Dios. ¿Quién podría dudar de eso? El punto de mi pregunta es, siendo más específico, a qué persona de la Trinidad le hablamos cuando estamos en oración; acá es donde la cosa empieza complicarse. ¿La Biblia dice algo al respecto? ¿Hay un rol asignado para cada una de las personas de la Trinidad en nuestras oraciones? Me sucede que habitualmente escucho que en una misma oración por momentos se la habla al Padre, por momentos a Jesús y por momentos al Espíritu Santo (por no contar los que cometen el error de usar las oraciones para hablar a los hermanos; podés leer más de esto acá). ¿Tenemos alguna referencia al respecto? Vamos a analizarlo…

Oramos al Padre

Nuestras oraciones tienen que estar dirigidas al Padre. A él le pedimos y a él clamamos. Esto lo podemos ver en varios pasajes, siendo el más claro de ellos el “Padre nuestro” orado por Jesús, y que vino a ser para nosotros un modelo de cómo debemos dirigirnos a él. En él, nuestro Señor nos indica que debemos orar de ese modo. Por supuesto que no se refiere a que debemos repetir una y otra vez lo mismo, ya que en el mismo sermón del monte se nos advierte contra las oraciones repetitivas. La cuestión es que podamos tomar la estructura general de esa oración, para saber cómo comunicarnos. El hecho de que Jesús se dirija al Padre y nos diga que debemos imitar la forma en que él oró, nos da la idea de que a él es a quien debemos dirigir nuestros pedidos.

En todos estos pasajes se habla al respecto:

Mateo 6:6 – Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (NBLH)

Mateo 6:9 – Ustedes, pues, oren de esta manera: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre. (NBLH)

Lucas 11:13 – Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (NVI)

Juan 17:24 – Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. (NVI)

Romanos 1:8 – En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, porque por todo el mundo se habla de su fe. (NBLH)

Romanos 8:15 – Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”. (NBLH)

Efesios 1:17 – Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de El. (NBLH)

Efesios 3:14 – Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo. (NBLH)

Efesios 5:20 – Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre. (NBLH)

Colosenses 1:3 – Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por ustedes. (NBLH)

Oramos en el nombre del Hijo

Jesús, el Hijo, tomó forma humana y murió por todos nosotros en la cruz, llevando el castigo que nosotros merecíamos. Desde entonces, él resucitó, vive para interceder por nosotros delante del Padre (Heb 7:25); él es el único camino al Padre (Hech 4:12); él es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5). Por tanto, entendemos que no podemos acercarnos al Padre en oración si no es por medio de Jesús. Nuestro pecado nos separa de Dios, pero es por medio de la sangre de Cristo que somos justificados y tenemos libre acceso a él (Heb 4:15-16).

Entonces, si queremos llegar al Padre, debemos hacerlo en el nombre del Hijo, que es nuestro mediador.

Juan 16:23 – En verdad les digo, que si piden algo al Padre en Mi nombre, El se lo dará. (NBLH)

Efesios 5:20 – Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre. (NBLH)

Todas nuestras oraciones tienen que ser en el nombre del Hijo. Esto no significa decir al final “en el nombre de Jesús” y ya (aunque está bien hacerlo). Sino que el punto es pedir verdaderamente conforme a la voluntad de Dios y no a nuestros propios deseos (Stg 4:3).

Cuando nosotros hablamos en nombre de alguien, como representantes suyos, tenemos que acatar la voluntad de aquel que representamos y no la nuestra propia. Eso mismo  sucede cuando oramos al Señor. Para que nuestras oraciones sean respondidas, debemos orar en el nombre de Jesús; y para orar en el nombre de Jesús, debemos pedir conforme a su voluntad. Ahora bien, ¿cuál es la voluntad de Dios? Que su nombre sea glorificado; para eso fuimos creados (Is 43:6-7). ¿Y cómo se glorifica Dios hoy en día? En que llevemos mucho fruto (Jn 15:8), lo que implica traer a otras personas a los pies de Cristo. Por ende, pedir en el nombre de Jesús, es pedir en favor del progreso del Evangelio.

Oramos por medio del Espíritu Santo

El problema que tenemos hasta acá es que, como humanos pecadores que somos, no podemos buscar a Dios ni clamar por él (Rm 3:11). Sólo si nacemos de nuevo por medio del Espíritu Santo podremos acercarnos al Padre y pedir conforme a su voluntad, ya que él es el que intercede por nosotros incluso cuando no saben bien qué pedir o decir. Él es como un corrector que hace que nuestras oraciones sean verdaderamente como Dios las espera de sus hijos. Pero para eso debemos asegurarnos de que el Espíritu crezca en nuestro interior, para que vayamos muriendo al viejo hombre, y así él nos capacite para orar.

Romanos 8:15 – Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!” (NBLH)

Romanos 8:26 – De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (NBLH)

Efesios 6:18 – Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos. (LBLA)

Conclusión

Por tanto, concluimos a partir de todo esto que oramos al Padre, en el nombre del Hijo y por medio del poder que nos da el Espíritu Santo. Ahora bien, ¿qué pasa si le oramos al Hijo o al Espíritu directamente? ¿Estaríamos pecando? No lo creo. Yo pienso que sería una actitud legalista andar haciendo doctrina de estas cosas, pero sí me parece interesante poder intentar alinearnos con el orden que Dios tiene para estas cosas. Tenemos algunos casos en la Palabra en los que se habla de pedirle directamente al Hijo (Jn 14:14, Hech 7:59). En el primero, Jesús habla a discípulos de que “le pidan” a él, mientras que en el segundo tenemos a Esteban orando directamente a Jesús. Es por ello que no podemos decir que esté mal hacerlo. Pero lo que sí tenemos como un patrón general en la Biblia es que nosotros hablamos al Padre, teniendo a Cristo y al Espíritu Santo como nuestros abogados. El primero es el mediador, que intercede por nosotros, mientras que el segundo es aquel que nos capacita para hablar con el Padre.

Entonces, reconociendo los roles de cada uno de los miembros de la Trinidad, debemos tratar de seguir el orden que vemos establecido en el Nuevo Testamento. No obstante, no está mal de tanto en tanto expresar algún sentimiento particular hacia el Hijo o el Espíritu Santo. Lo fundamental de todo esto es que podamos ver cómo, en la oración, toda la Trinidad está involucrada y participando activamente. ¡Que podamos enfocarnos cada día en orar conforme a su voluntad!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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