17 Errores cometidos al escuchar una predicación

En este artículo vamos a reflexionar acerca de la manera en que nos comportamos cuando estamos escuchando a alguien predicar en nuestras reuniones. En general, hay una serie de errores que, consecuencia de nuestra naturaleza pecaminosa, tendemos a cometer. El problema de esto es que terminan ocasionando que nos perdamos la bendición de recibir un mensaje que Dios tenía especialmente para nosotros, y por tanto, perdemos la posibilidad de ser transformados por su Palabra.

Por eso, es mi deseo que en esta lista de puntos podamos ir reflexionando con sinceridad sobre cuál es nuestra actitud al escuchar a un hermano dar un mensaje de parte de Dios para toda la congregación.

1- No orar por el predicador

Predicar es una gran responsabilidad; te parás frente a un grupo de gente pretendiendo transmitirles el mensaje que Dios tiene para sus vidas en ese día. Sean muchos o sean pocos los que están escuchando, tenés que asegurarte de hacer a un lado todos tus pensamientos humanos para enfocarte en hablarle a la congregación de parte de Dios. Eso es algo que siempre me hace temblar cuando tengo que compartir algo. ¿Qué pasa si digo algo mal? ¿Qué tal si soy de tropiezo para otro? ¿Y si menciono algo que no está en la Palabra?

Es una carga tremenda el tener que predicar. Por eso, como hermanos que estamos por escuchar el mensaje por medio de un predicador, tenemos que orar por esa persona, para que pueda hablar el mensaje que Dios le dé; para que el Evangelio se proclamado y el nombre de Jesús exaltado.

2- Prestar o no atención, dependiendo de la persona

Hay veces que nos dejamos llevar más por la persona que está transmitiendo el mensaje, que por el mensaje en sí. El mismo contenido transmitido por dos personas diferentes puede causar distintos impactos en nosotros. Y este problema crece exponencialmente cuanto más conocemos a quien esta predicando, porque así vamos a conocer más sus miserias. Esto nos puede llevar a tomar la actitud de decir “¿Qué me puede enseñar este a mí?” o “Sólo me interesa la predicación porque predica tal persona”. También tenemos la tendencia a despreciar a los predicadores que recién empiezan por el simple hecho de no tener un “nombre”, mientras que alabamos a los predicadores más experimentados aunque hablen cualquier cosa.

En este punto, el llamado es a que podamos estar con expectativa de recibir Palabra de Dios para nuestra vida sea quien sea el que esté transmitiendo el mensaje. Que no nos dejemos llevar por los prejuicios que podamos tener formulados hacia la persona que va a predicar, sino que podamos poner toda nuestra atención en el autor del texto que está por ser transmitido.

3- Despreciar un texto por ser muy conocido

¿Quién no escuchó predicar de la parábola del sembrador? ¿O del pasaje de María y Marta cuando Jesús las visita? ¿O acerca de la negación de Pedro? Son mensajes habituales en nuestros púlpitos. Entonces, cuando escuchamos que alguien menciona que va a hablar de esos pasajes, inmediatamente se nos viene a la mente el pensamiento “otra vez lo mismo”. O sea, ya los sabemos de memoria esos textos, ¿qué podemos sacar nuevo de ahí? ¡Ya está todo dicho! Pero no es así; creemos que la Palabra es viva (Heb 4:12) y que nunca podemos llegar a obtener todas las insondables riquezas contenidas en cada texto. Es por ello que debemos prestar atención también a los mensajes más conocidos, porque no sabemos cuándo Dios puede hacernos descubrir algo que nunca habíamos visto en él.

4- Estar excesivamente pendiente del error del predicador

A veces, mientras una persona está hablando desde el frente, tendemos a estar más pendientes en lo que pueda llegar a equivocarse que en el mensaje que pueda estar dando. Esto es así a tal punto que el más mínimo error tiende a ser recordado por muchísimo tiempo, aunque luego de un corto tiempo nadie se acuerda cuál fue la Palabra compartida aquel día. Es por eso que tenemos que esforzarnos en no estar pendientes todo el tiempo de si el hermano conjuga bien los verbos, sino enfocar nuestra atención a lo que Dios nos está hablando y a examinarnos a nosotros mismos.

5- Pensar en qué vas a hacer cuando termine la predicación

Muchas veces la predicación, en lugar de ser el tiempo en el cual recibimos la Palabra de Dios, es el momento de la semana en el cual planificamos todo lo que vamos a hacer durante los siguientes días. Aprovechamos para reflexionar sobre lo que hicimos y empezar a organizar los días que se vienen. Tengo que hacer esto o hacer lo otro… Incluso a veces estamos pensando en lo rica que va a estar la comida que vamos a comer después del culto. La cuestión es que todas estas cosas hacen que perdamos por completo el hilo de la prédica y que no podamos llegar a tomar el mensaje que el predicador pretendía transmitir.

6- Usar excesivamente el celular

Un problema propio de esta época es que no podemos estar 20 minutos haciendo algo sin consultar si tenemos alguna notificación nueva en el celular. Esto es una cuestión importante a la hora de estar prestando atención a lo que Dios quiere hablarnos. Nos suena el celular y empezamos a sentir esa curiosidad por saber quién será que nos está mandando un mensaje. A partir de ahí, ya perdimos el foco… Es por eso que también es un problema el no llevar Biblia de papel y leer desde el teléfono; es inevitable que nos sintamos tentados a revisar los mensajes que nos llegan. Para cuando terminamos de responder, nos perdimos buena parte de la prédica. Por ello, siempre es recomendable guardar el celular durante la reunión, y si te es muy tentador el revisarlo, apagalo.

7- Ponerte a hablar con el hermano de al lado

Es habitual hacer algún comentario rápido de alguna frase con el hermano que tenés al lado; no veo ningún problema en eso. La cuestión empieza a tomar otra dimensión cuando este intercambio se empieza a hacer constante. En primer lugar, al hablarle a otro te estás perdiendo la posibilidad de ser bendecido por la Palabra. Pero en segundo lugar, y más importante, por molestar a otro hablándole constantemente podés llegar a estar siendo de tropiezo para él, haciendo que no pueda prestar atención en lo que se está hablando. Quizás por respeto te escuche, se sonría ante tus comentarios e incluso te responda algo, pero quizás este hermano necesite especialmente ser renovado por el mensaje que se está dando; es por ello que debemos tener un especial cuidado con esto.

8- Estar demasiado pendiente de la hora

En ocasiones nos pasa que estamos demasiado pendientes del tiempo que dura la predicación. Es verdad que, por un lado, el predicador debe ser responsable y saber que la congregación no puede estar cincuenta horas prestando atención a lo que dice. No obstante, sí debemos considerar que si Dios tiene que hablar algo más, es el deber del predicador seguir transmitiendo el mensaje. No nos desesperemos si se está cumpliendo la hora y todavía no termina la exposición. Si nos tenemos que ir temprano por algún motivo, somos libres de hacerlo, pero sino, disfrutemos de poder recibir más de la Palabra en lugar de mirar la hora constantemente.

9- No tomar nota

Un problema que tenemos los humanos es que en poco tiempo perdemos el recuerdo de lo que escuchamos. A la hora de recordar, ayuda mucho que el predicador use ilustraciones y ejemplos gráficos de lo que está hablando, aunque al final siempre tendemos a ser olvidadizos. Es por esto que es importantísimo poder anotar las cosas que Dios te vaya hablando; quizás dentro de un año agarres el mismo pasaje y ni siquiera sepas qué era lo que tanto te había impactado. Por tal motivo te aliento a que puedas tomar nota, quizás no de toda la prédica, pero sí de las cosas que el Señor vaya hablando especialmente a tu vida para así no olvidarlas y poder consultarlas regularmente.

10- Tomar sólo lo que nos gusta

Como seres orgullosos que somos, no nos gusta ser confrontados. Preferimos que se nos elogie o que se mencionen cosas que nosotros cumplimos al pie de la letra, de manera de sentirnos bien con nosotros mismos. No obstante, no se trata de leer la Palabra para exaltarnos a nosotros mismos, sino para que Cristo sea exaltado; y para que Cristo sea exaltado, siempre nosotros tenemos que tomar una actitud humilde y de arrepentimiento. Si vemos que la Palabra nos muestra algo que estamos haciendo mal, esforcémonos por cambiarlo al tiempo que le pedimos a Dios que nos ayude, pero nunca escondamos eso debajo de la alfombra.

11- Dedicarse únicamente a criticar

La Palabra nos llama a retener lo bueno y desechar lo malo (1 Tes 5:21). Es por ello que no debemos tener un espíritu de crítica constante hacia el que está hablando. Siempre tendemos a hacer lo inverso a lo que aconseja Pablo los tesalonisenses: Retenemos lo mal, lo cual nos queda marcado a fuego, pero ni nos acordamos de lo bueno. Por tanto, debemos trabajar en este asunto para poder ver qué cosas tenemos que guardar para aplicar en nuestra vida, teniendo discernimiento para hacer a un lado lo malo.

12- Pensar en que vos podrías haber predicado mejor

Un error propio de nuestro orgullo como humanos tiene que ver con que escuchamos hablar de un pasaje que nosotros tenemos súper estudiado, entonces cualquier cosa que dice el hermano ya es motivo para que lo consideremos un ignorante en nuestra mente, y que empecemos a pensar en lo bien que nosotros hubiéramos podido tratar el tema si se nos hubiera dado la posibilidad de ser nosotros quienes transmitieran el mensaje. Ese es un terrible pecado de orgullo, propio de nuestra carne que busca exaltarse a sí misma. Cuando nos toque predicar, prediquemos. Mientras tanto, no importa si pudiéramos haberlo hecho mejor o peor que el que está hablando; escuchemos y recibamos lo que Dios tiene para decirnos. Y si podemos, a la salida podemos contarle al hermano lo que nosotros vimos en ese pasaje cuando lo estudiamos, de manera que pueda seguir siendo edificado.

13- Considerar que el mensaje “no es para vos”

Algo típico, que va relacionado con el tema de escuchar cosas que no nos gustan, es considerar que el mensaje es correcto, es bíblico, es bueno, pero es para otro. Buscamos esquivar a la carga de tener que aplicarlo poniendo esta simple excusa, de manera que estemos libres de salir de nuestra comodidad o de cambiar nuestra actitud. Sin embargo, tenemos que saber que de alguna u otra manera el mensaje siempre va a ser para nosotros y va a tener algo en lo que podamos ser edificados. Es por ello que debemos estar atentos a lo que Dios quiere decirnos.

14- No reflexionar sobre la predicación

Cuando escuchamos con atención una prédica, finalmente caemos en el problema de nos sentarnos un momento a reflexionar en la intimidad sobre él y sobre lo que Dios quiso transmitirnos. Durante la semana, van corriendo los días y ya ni siquiera nos acordamos de qué fue que se habló, por lo que el mensaje termina perdiéndose por completo en algún rincón de nuestra mente. Qué bueno cuando podemos reflexionar sobre él y aplicarlo en nuestras vidas. Incluso si la prédica es mala, falta de contenido, aburrida, sencilla, obvio, o lo que fuere, podemos quedarnos con el pasaje bíblico que se leyó y reflexionar sobre él.

15- No revisar la Palabra

Es habitual que seamos demasiado crédulos a la hora de escuchar un mensaje, y ni siquiera nos detengamos a pensar en si lo que está diciendo el hermano está en la Biblia Es habitual que tendamos a repetir lo que escuchamos en otro lado, pero nunca nos detengamos a verificarlo. Es por ello que es una buena práctica que debemos tomar el revisar las Escrituras para ver si lo que nos están diciendo va de acuerdo con ellos, tal como lo hacían los hermanos de Berea (Hch 17:11).

Acá podés leer algunas cosas que se dicen habitualmente, pero no están en la Palabra: Cosas que la Biblia no dice.

16- Aferrarte a tus propias ideas

Siempre el orgullo nos lleva a aferrarnos al máximo a nuestras propias ideas y preconceptos en lugar de dejar que Dios nos transforme y nos muestre con su Palabra las cosas que estamos haciendo mal. Es por ello que, a la hora de escuchar una prédica, debemos acercarnos con una mente abierta, estando dispuestos a cambiar nuestra forma de pensar siempre que la Palabra nos lo muestre. No es pecado haber estado equivocado; es pecado que quedando en evidencia el error no quieras reconocerlo.

17- No buscar la manera de aplicar el mensaje a tu vida

Siempre es responsabilidad del predicador dar una aplicación general del mensaje. No obstante, sería imposible para el hermano que está hablando dar la aplicación particular para cada uno de nosotros, ya que eso depende mucho de nuestro contexto y las situaciones que atravesamos. Por lo tanto, queda de nuestro lado la responsabilidad de determinar qué vamos a hacer para poner en obras ese mensaje que recibimos.

Conclusión

En general, estos errores los fui tomando de cosas que me suelen pasar a mí y en las que lucho por trabajar día a día para no repetir. Espero que puedas analizarlos en base a tu comportamiento, y que puedas ir corrigiéndolos para así poder estar más atento a los mensajes que Dios te quiere dar en cada reunión.

¡Dios te bendiga!

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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