La Decisión de Apolos

Apolos era un hombre profundamente instruido, que se caracterizaba por tener una gran facilidad para transmitir el Evangelio. Está claro que Dios le había concedido el don de la enseñanza, y él lo ponía a disposición de la iglesia, para su edificación. Sin dudas, aunque no sabemos tanto de él, fue uno de los grandes hombres que Dios usó en la historia de la iglesia, sobre todo en una etapa tan importante como lo fueron los tiempos fundacionales. No obstante, encontramos que él toma una decisión que, al menos a mí, me dejó sorprendido en un principio: Se negó a ir a Corinto aun cuando Pablo quería mandarlo a aquella ciudad a ayudar a la iglesia con sus problemas. ¿Por qué pasó esto? ¿Acaso Apolos no querían servir al Señor y ayudar a sus hermanos? Vamos a verlo…

1 Corintios 16:12 – En cuanto a nuestro hermano Apolos, mucho lo animé a que fuera a ustedes con los hermanos, pero de ninguna manera tuvo ahora el deseo de ir. Sin embargo, irá cuando tenga oportunidad. (NBLH)

¿Quién era Apolos?

Apolos era un cristiano de Alejandría. No sabemos bien cómo llegó a conocer a Jesús, pero sí sabemos que lo había recibido como su Señor y Salvador. Posiblemente le llegó el relato de su obra en algún Evangelio temprano que pudo haberse escrito, aunque no por la inspiración del Espíritu Santo, sino simplemente por hombres que relataban lo que vieron. La realidad es que no sabemos cómo llegó a convertirse, aunque sí está claro que no tuvo un buen maestro que lo fuera instruyendo, ya que no sabía diferenciar entre el bautismo de Juan y el de Jesús (Hch 18:25). Lo que vemos es que, a pesar de que no sabía todo, él se dedicaba a enseñar lo que sí sabía y a predicarle el Evangelio a todo el mundo.

Él era de origen judío, a pesar de que tenía un nombre griego. De manera que, como buen judío estaba muy bien instruido en las Escrituras, que en ese tiempo eran conformadas por el Antiguo Testamento; y no sólo eso sino que el hecho de vivir en una ciudad como Alejandría debe haber contribuido grandemente en su desarrollo intelectual. Esta ciudad fue fundada por Alejandro Magno, durante su campaña conquistadora, en el año 331 AC, llegando pronto a convertirse en el centro cultural del mundo antiguo. Allí se encontraba, además, un importante puerto muy famoso por el enorme faro con el que contaba, el cual llegaría a transformarse en una de las siete maravillas del mundo antiguo. Allí se encontraba la biblioteca más grande de ese tiempo, que llegó a albergar hasta 900.000 manuscritos. Ésta finalmente resultaría destruida por un incendio provocado en las diversas invasiones que sufrió la ciudad. Además, en ese lugar Ptolomeo II reunió a los 72 sabios enviados por el sumo sacerdote de Israel para que tradujeran el Antiguo Testamento del hebreo al griego, conformando así la famosa Septuaginta. Todas estas cosas nos ayudan a entender por qué es que la Biblia describe a Apolos como una persona “elocuente” y “poderoso en las Escrituras”. Está claro que era un estudioso, y la ciudad en la que vivía favorecía ampliamente a esto.

La cuestión es que, luego de convertirse, es evidente que empezó a tener un sentir por ir a predicar el Evangelio a distintos lugares, y es así como llegó a Éfeso allá por el año 54. Pablo había pasado por esa ciudad durante unos pocos días en su segundo viaje misionero, prometiendo volver allí pronto (año 52). Luego de estar dos años en Antioquía, comenzó a recorrer Frigia y Galacia iniciando así su tercer viaje misionero. Mientras esto sucedía, Apolos llegaba a Éfeso y empezaba a predicar en la sinagoga. Allí conoció a Priscila y Aquila , quienes lo instruyeron con exactitud en los caminos de Jesús (Hch 18:26). Luego de pasar un tiempo con ellos, este hermano siente el llamado de ir a la provincia de Acaya (donde esta Corinto) a predicar el Evangelio y sus mentores lo apoyan en su decisión, enviando una carta para que los hermanos de aquel lugar lo recibieran (Hech 18:27).

En ese mismo año 54, una vez que Apolos ya se encontraba en Corinto, Pablo llega a Éfeso para estar tres años enseñando en esa ciudad. En algún momento, Apolos regresó desde Acaya para acompañar al apóstol. Es allí cuando se da esta situación con la cual este hombre se rehúsa rotundamente a volver a la ciudad en donde había estado sirviendo el último tiempo.

¿Qué pasaba en Corinto?

Ni bien llegó a Corinto, el ministerio de Apolos fue todo un éxito (Hch 18:27-28). Vemos que él había podido ayudar a fortalecer la fe de los creyentes, ya que sus enormes conocimientos de las Escrituras le permitían refutar con facilidad todo lo que los judíos argumentaban, demostrando así, por medio del Antiguo Testamento, que Jesús era el Mesías que ellos estaban rechazando. Su elocuencia sumada a sus profundos conocimientos hicieron que muchas personas pudieran ser ayudadas por este maestro, cuyo ministerio no hacía más que empezar y evidentemente la gracia de Dios estaba sobre él. Seguramente, cuando regresó a Éfeso y le contó a Pablo todo lo que había vivido, debía estar más que feliz.

El problema llegó después. Un día, Acaico, Estéfanas y Fortunato, tres hermanos de Corinto, se presentaron en Éfeso y fueron a verlo a Pablo. Enseguida plantearon una serie de problemas por los que estaba atravesando su congregación y que requerían la intervención del apóstol. Todos éstos los podemos ver en la acción que toma él al escribir la que llegaría a ser la primera epístola a los corintios que tenemos en nuestros días (1 Cor 1:12, 3:4-6, 3:22, 4:1, 4:6). La influencia de Apolos, que tan positiva había sido mientras él estuvo allí, ahora estaba resultando contraproducente. Los hermanos de Corinto se peleaban porque algunos tenían a Pedro como favorito, otros a Pablo y otros a Apolos. El hecho de que este judío alejandrino sea puesto a la altura de los dos mayores hombres de la iglesia de aquel tiempo nos habla un poco de la importancia que tuvo su ministerio. Sin embargo, en este caso, eso no resultaba bueno, ya que se estaban produciendo divisiones en la iglesia.

¿Por qué Apolos tomó esta decisión?

En ese momento, cuando la iglesia de Corinto estaba pasando tal crisis, Pablo le propone a su compañero que regrese a esa ciudad donde había tenido un ministerio tan exitoso, de manera que pudiera ayudar a los hermanos. El apóstol indica que incluso le insistió e intentó animarlo para que fuera, pero finalmente se dio por vencido; no había caso. ¡Apolos no quería saber nada con regresar a Acaya! ¿Por qué tomó esta decisión tan drástica? ¿No quería ayudar a sus hermanos? ¿Estaba Apolos siendo egoísta?

La respuesta a esto es que lo hizo por amorApolos sabía que si regresaba a Corinto, muchos lo admirarían por la gracia que le había sido concedida, y sería él puesto por encima de Cristo. Si con una visita había ocasionado que lo pusieron a la altura de Pedro o Pablo, era de esperarse que, sin querer, él se convirtiera en objeto de adoración de la congregación. Pero estamos ante un hombre que realmente era temeroso de Dios, y que no quería causar tropiezo a los hermanos. Es por eso que decide permanecer lejos de ellos. Seguramente que Apolos tenía un montón de ideas para ayudar a la iglesia de Corinto a acomodar su rumbo, aunque le aterraba la perspectiva de ver cómo su nombre podía ser proclamado por encima del Señor; le aterraba la idea de poder llegar a ser de tropiezo para algún hermano, incluso cuando su intención era ayudar.

Conclusión

Esta decisión de Apolos nos debe llevar a reflexionar sobre cómo nos comportamos nosotros en nuestros días en dos sentidos:

  • ¿Estamos siendo de tropiezo para otros hermanos? Aun cuando nuestras intenciones sean buenas y queramos ayudar, debemos tener cuidado de no estar dañando al cuerpo de Cristo; debemos saber discernir cuándo corresponde que intervinamos y cuándo es mejor permanecer ajeno a alguna situación. La Palabra nos advierte una y otra vez acerca del cuidado que debemos tener de ser de tropiezo para otro (Mt 18:7, Lc 17:2, Rm 14:13, 1 Cor 8:9, 1 Cor 10:32, 1 Jn 2:10). Procuremos cuidar a nuestros hermanos y edificarlos con todo lo que hagamos, para no ser de tropiezo para ellos bajo ninguna circunstancia. Porque si amamos a Jesús, entonces tenemos que amar a nuestros hermanos.
  • ¿Estamos brillando nosotros o Cristo? La situación que estaba viviendo Apolos por el éxito de su ministerio en Corinto bien podría compararse con lo que muchos predicadores viven hoy en día, cuando la gente los idolatra, lleva remeras con su cara, le piden que les firme la Biblia, se quieren sacar fotos con él, discuten con otros porque tienen distintos predicadores favoritos, etc. ¡Esto mismo es lo que pasaba en Corinto! Jesús había sido corrido a un costado y el centro era Apolos, con su gran elocuencia y conocimiento. ¡Eso estaba mal! Es por eso que él no quería ser parte de ello. Procuremos levantar el nombre de Jesús en todo lo que hagamos, para que su nombre crezca día a día, mientras el nuestro decrece.
Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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