Ni en los cielos ni en la tierra

Cuando perdemos de vista lo que más importa las cosas se vuelven muy difíciles, perdemos motivación, nuestros asuntos empiezan a perder relevancia, mientras que una sensación de vacío e indiferencia se vuelve cada vez mas grande. Esto es particularmente cierto para los cristianos, ¿pero qué es lo que mas le importa a un cristiano? ¿Por qué lo perdemos de vista?

Desviando la mirada

¿Por qué miramos a otro lado? Los cristianos tenemos un solo lugar a donde mirar, a Dios, pero la realidad es que todo el tiempo miramos para otro lado, como Pedro dudamos ante la fuerza de la tormenta (Mateo 14:28-31), como Asaf casi resbalamos al ver la prosperidad de los impíos (Salmo 73:2-3), como David nos tentamos mirando lo que no debemos, mientras estamos ociosos donde no debemos (2 Samuel 11:2), pero ¿por qué? ¿Por qué estas cosas atraen nuestra mirada y nos desvían de Dios?

La nueva vida y la santificación

Cuando Cristo hablo de lo que significa seguirlo, dio cuatro razones muy importantes del porque y del como debemos hacerlo. (Marcos 8:34-38)

34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

¿Cómo debemos seguirlo? Negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz. ¿Por qué? Porque no hay nada en el mundo que podamos dar a cambio de nuestra alma. ¿Pero qué significa tomar una cruz y qué significa negarse a uno mismo? Significa dejar de seguir los deseos propios y sufrir como sufrió Cristo, para salvar nuestras almas (como también escribe Pablo a los filipenses, Filipenses 3:7-8). ¿Y qué sufrimientos padeció Jesús? Fue negado por sus seres queridos, fue humillado, fue tachado como criminal y condenado, y fue asesinado en una cruz. ¿Qué lo motivo a soportar esto? El gozo puesto delante de Él (Hebreos 12:2), esto es, el gozo de sentarse nuevamente a la diestra del Padre en gloria, habiéndonos redimido para que también nosotros podamos estar con Él (1 Pedro 3:18). Y este mismo gozo nos motiva a nosotros, esa es nuestra esperanza como cristianos, que por medio de la obra de Cristo y nuestra fe en Él, podemos acceder al Padre y al gozo supremo de estar íntima y eternamente en su presencia (Salmos 16:11).

Y no solamente tenemos una esperanza para el futuro, sino una también en el presente, que todas las cosas que nos suceden son para nuestro bien, de modo que vamos siendo conformados a la imagen de Cristo cada vez mas (Romanos 8:28), sabiendo que Él es fiel para completar la obra (Filipenses 1:6). ¿Qué necesidad hay de santificarnos? ¿Es añadir a la obra de Cristo y contribuir en mi salvación? no, la santificación no es un “requisito” para ser salvo, somos salvos por la fe en Cristo y gracia divina, no añadimos nada a la obra de Jesús, pero la santificación es la prueba y el fruto de nuestra salvación, por lo tanto no es “necesario” santificarse para ser salvo, sino que se necesita ser salvo para santificarse, pero nadie que es salvo no se santifica, ya que como dijimos antes la santificación es el fruto de nuestra salvación.

Ahora bien, la santificación es una obra del Espíritu Santo, quien da el crecimiento espiritual (1 Corintios 3:7). De Él es el fruto (Gálatas 5:22), lo que garantiza que esos frutos son agradables a Dios, y que no son trapos de inmundicia por más que ninguna de nuestras obras sea perfecta o digna de los estándares de nuestro Señor. ¿Depende completamente de Dios o tenemos parte en esto? La respuesta es simple, “sí”. Depende completamente de la gracia de Dios, y tenemos parte en nuestra santificación. ¿Cómo? El mandato bíblico nos manda a ocuparnos en nuestra salvación (Filipenses 2:12-13), pero porque es Dios el que nos da tanto el querer como el hacer. Entonces, trabajamos en nuestra santificación con la fuerza que Dios nos da, de manera que nosotros nos santificamos y él recibe plena gloria, evitando cualquier tipo de jactancia de nuestra parte (1 Pedro 4:11), haciendo que la obra de Dios y nuestro esfuerzo sean uno, lo cual dicho sea de paso, es un gran privilegio y una terrible responsabilidad, que amerita que lo demos todo de nosotros y nuestra actitud sea temor y temblor.

Hasta acá no hice mas que repasar breve y superficialmente lo que podríamos denominar como “la vida cristiana”, desde que nacemos del Espíritu Santo a una esperanza viva, hasta que empezamos a caminar en santidad. Pero resulta que en el caminar diario hay problemas, desde los mas pequeños en la fe, hasta los mas maduros en la fe, todos fallamos en seguir a Cristo perfectamente. Y acá es donde surge la pregunta “¿por qué?” y junto con esa pregunta vienen muchas otras cosas aparejadas.

La carne y el espíritu

Luego de nuestro nacimiento espiritual, comienza la batalla, no sabemos cómo pelearla, no sabemos muchas veces que hay una batalla, pero la hay. Dentro de cada cristiano la carne y el espíritu se oponen, uno busca las cosas del mundo, el otro las cosas de Dios, y se niegan mutuamente. La carne no puede negar a la carne y seguir a Cristo, solo el espíritu puede negar a la carne y seguirlo.

¿Pero qué hace esta carne en nosotros los hijos de Dios? ¿no fuimos redimidos por Cristo y nacidos de nuevo en el Espíritu de Dios? ¿no somos nuevas criaturas? ¿què hacemos en la carne? Lamentablemente, la carne esta junto a nosotros desde que nacemos hasta que morimos, nuestro cuerpo físico esta corrompido, y aunque un día va a ser también redimido e incorruptible, mientras tanto aguardamos ansiosos la venida de Cristo. Si bien tenemos que vivir con nuestra carne, no tenemos porque someternos a sus deseos que nos alejan de nuestro amado Señor (Romanos 8:6-7), de hecho debemos matar sus obras (Romanos 8:12-13), ¿cómo? por medio del Espíritu ¿què significa esto? que debemos tomarnos de las promesas de Dios en su palabra y tener fe en que Aquel que las hizo es fiel y va a ministrarnos el Espíritu Santo (Gálatas 3:5). Entonces la santificación es por medio del Espíritu, cuando oímos con fe la palabra de Dios, y nos aferramos a ella (Filipenses 2:14-16).

Entonces ¿a qué se debe que desviemos la mirada de Dios? se debe a nuestra falta de fe en las promesas de Dios, lo que nos lleva a caer en las falsas promesas del pecado. ¿Pero cómo llegamos a dudar de las promesas de Dios? Pedro cayó por temor, no confió en que Dios lo iba a guardar, Asaf cayó por falta de satisfacción en Dios, no confió en que a Su diestra hay plenitud de gozo, David cayó por faltar a sus responsabilidades y dejarse tentar, no confió en la promesa de que Dios estaba con el para esforzarlo. Asi como nuestro espíritu niega a nuestra carne, nuestra carne niega a nuestro espíritu. La pregunta no es “¿por qué desviaron la mirada?”, la corrupción de la carne, que esta incluso en la carne de los cristianos, esta inclinada por naturaleza desde la caída de Adan a odiar a Dios, no puede cumplir su voluntad, no lo puede amar ni gozarse en El, la pregunta es “¿como puedo no desviarla?”

La nueva mirada

Cuando Asaf desvió su mirada hacia la prosperidad de los impíos, llego a la conclusión de que la santificación es en vano (Salmos 73:13-14), pero aun así no se volvió impío ni salió a buscar la prosperidad de ellos, sino que se inclinó y buscó a Dios.

21 Se llenó de amargura mi alma,
Y en mi corazón sentía punzadas.

22 Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de ti.

23 Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.

24 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

26 Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

Al principio se inclinó para entender porque los justos eran castigados y los impíos prosperados, pero cuando Dios le dió entendimiento se dió cuenta de que había desviado la mirada, él tenia el tesoro mas preciado jamas concebido y andaba envidiando las migajas de los soberbios, su carne y su corazón desfallecían y rogaban por prosperidad, pero su corazón estaba sustentado en Dios y su promesa de que iba a estar siempre con él. Ese mismo entendimiento tenemos que pedirle a Dios también nosotros, para que dejemos de mendigar las migajas del pecado y podamos disfrutar el gozo de nuestra porción eterna.

Desviamos la mirada porque nuestra carne le cree al pecado que en el mundo esta la máxima satisfacción, evitamos desviarla convenciendonos por medio de la Palabra y del Espíritu Santo, de que ni en los cielos ni en la tierra se concibe una satisfacción mas suprema y eterna que la satisfacción en Dios.

Luis Marchini

Luis Marchini

Miembro de la Iglesia Asamble Cristiana Villa Devoto. Soy un recien llegado a la fe, teniendo poco mas de un año desde que Dios se volvio el centro de mi vida. Aun asi mi objetivo es claro, glorificar a Dios en todo, confiando en El, obedeciendolo y disfrutandolo cada dia mas. Y le agradezco la oportunidad que me da de bendecir a mis hermanos y de crecer juntos.

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Luis Marchini

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Miembro de la Iglesia Asamble Cristiana Villa Devoto. Soy un recien llegado a la fe, teniendo poco mas de un año desde que Dios se volvio el centro de mi vida. Aun asi mi objetivo es claro, glorificar a Dios en todo, confiando en El, obedeciendolo y disfrutandolo cada dia mas. Y le agradezco la oportunidad que me da de bendecir a mis hermanos y de crecer juntos.

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