¿Morará Dios con los hombres en la tierra?

Pero, ¿morará verdaderamente Dios con los hombres en la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no Te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado.
2 Crónicas 6:18 (NBLH)

Salomón había construido un templo para Dios. Cuando lo inauguraron, Salomón oro para dedicar el templo y la vida de Israel a Dios con una oración muy profunda. Salomón le pide a Dios que los bendiga, que los castigue si ellos pecan, que los haga arrepentirse, que los haga cada día más santos. En el medio de la oración, Salomón lanza la pregunta “¿Morará Dios entre nosotros?”. Él comprendía muy bien que Dios es más grande que toda la creación y que un templo hecho por humanos no lo podía contener. Él sabía muy bien que la gloria del templo no le hacía justicia a la gloria de Dios. Cuando pensaba en esto, dos cosas me vinieron a la mente:

El milagro de la encarnación

Dios había prometido que viviría en medio de su pueblo y no hubo forma más literal en la que esto se cumplió que en la encarnación del Hijo de Dios. En Él, Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros! ¡Qué humillante habrá sido para el Eterno Creador tomar un cuerpo y limitar el uso de sus atributos divinos! Nuestro Dios se hizo hombre y vivió como uno más de nosotros. Y no lo hizo para venir a reinar. No en su primera venida al menos. Él lo hizo para venir a morir por nosotros. Para venir a servirnos. Para venir a pagar el castigo que merecíamos. Dios habitó y habita totalmente en la persona de Jesús. El Dios-hombre es totalmente Dios y totalmente hombre. Dios realmente ha venido a habitar entre nosotros!

Nuestro cuerpo como templo del Espíritu Santo

No sólo hemos visto al Hijo de Dios tomar un cuerpo. Nosotros mismos hemos sido dedicados templos del Espíritu Santo. Nuestra frágil carne es ahora portadora del mayor tesoro del Universo. El Creador vive en nosotros sus hijos ¡Qué gran misterio es este! ¡Que Dios haya dicho que Él no habita en templos hechos por manos humanas, pero decidió habitar en cada uno de nuestros corazones! ¿Cómo no voy a maravillarme? ¿Cómo no alabarle? Ninguno de nosotros es digno de tan tremendo honor. Nosotros fuimos los que comenzamos el conflicto con Dios. Fuimos quienes comenzaron la enemistad. No merecemos más que ser destruidos. Pero Dios en su gracia nos salvó de la condenación. Y no sólo nos salvó, sino que habita en nosotros. El sólo hecho de pensar que el Espíritu Santo habita en nosotros debería hacernos temblar y regocijar. Debería llevarnos a reflexionar y pensar ¿Cómo no santificarme, si el Espíritu Santo me llamó su templo? Si un templo de piedra y madera fue dedicado con tan solemne oración como la que Salomón recitó, más aún nosotros, deberíamos dedicarnos todos los días a la santidad, la cual Dios nos llamó. Es por eso que todos los días oramos “Santificado sea tu nombre”. Hermano, Dios nos llamó a ser santos, por lo tanto, debemos arrepentirnos de nuestros pecados, confiar en el sacrificio de Cristo y pedirle a Dios que nos santifique por medio de su Espíritu Santo.

Oración

Padre santo, gracias por haber enviado a tu Hijo a pagar el castigo que merecían mis pecados. Gracias por enviar al Espíritu Santo, Dios mismo, para que habite en mi y me transforme a la imagen de tu glorioso Hijo. Quiero ser santo como vos. Mi malvada naturaleza no me lo permite. Es por eso que me arrepiento de mis pecados y confío en la salvación que tu Hijo consiguió para mi en la cruz. Santificame por medio del Espíritu Santo. Quiero andar en las buenas obras que preparaste de ante mano para mi. Amen.

Matías Salerno

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Cristo. Ingeniero en Informática egresado de la Universidad Nacional de La Matanza. Curioso, tratando de aprender siempre algo nuevo, busco estudiar la Palabra de Dios para poder compartir el evangelio con los demás

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