Dos Semanas en Valles Calchaquíes

Durante el mes de Julio, unos doscientos estudiantes y profesionales, movilizados por Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, viajamos al norte de Argentina para participar del Proyecto VAS Valles Calchaquíes 2017. Ya hace unos quince años que todas las vacaciones de invierno se viaja durante dos semanas a aquel lugar, con el fin de brindar ayuda social, llevando donaciones y asistencia de diferentes tipos, pero por sobre todo llevando la Palabra de Dios. A partir de estos viajes se fueron formando comunidades misionales que posibilitan el crecimiento de la iglesia local de varios pueblos del NOA (Noroeste Argentino).

En este artículo, quiero contarte sobre mis dos semanas sirviendo en aquel lugar…

Hasta lo Último de Argentina

Si analizamos los mandatos que Jesús dejó a sus seguidores, uno de los que primero se nos viene a la mente es la gran comisión; ese mensaje que nos lleva a ir y hacer discípulos de toda tribu, lengua y nación, para que puedan renacer espiritualmente y crecer hasta llegar a la estatura de Cristo. Por lo tanto, el llamado es ir por todo el mundo predicando el único mensaje capaz de salvar a las personas de la muerte eterna.

En este caso, tuvimos la posibilidad de ir hasta lo último de Argentina. Fueron muchos los pueblos en los que se trabajó. Algunos de ellos son Amaicha, Amblayo, Angastaco, Cachi, Cafayate, Molinos, Payogasta, Pucará, Santa María, Seclantás, entre otros. Todos pertenecientes a las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca. En mi caso, Dios me concedió el privilegio de formar parte del único equipo que fue para la provincia de Jujuy, la provincia más norteña de mi país. Allí hicimos base en Humahuaca y nos extendimos hacia los pueblos de Iturbe y Huacalera, al norte y al sur respectivamente.

Durante el día, repetíamos más o menos las mismas actividades. Íbamos al lugar donde trabajaríamos durante esa jornada y visitábamos a las personas casa por casa a lo largo de la mañana, invitándolas a las actividades y charlas que compartiríamos a la tarde. Fue duro el estar todos los días viajando, yendo y viniendo, haciendo cosas constantemente, pero también fue hermoso el poder estar dos semanas a pleno enfocados en el propósito de predicar la Palabra. No teníamos las mejores comodidades en el lugar donde nos hospedábamos, pero eso significaba nada cuando teníamos la posibilidad de ver a las personas alegrándose por nuestras visitas. Pudimos conocer y compartir con muchísima gente, por quienes nos llevamos la carga y el deseo de estar orando. Escribo y me vienen a la mente las caras de algunos como Patricio, Analía, Ludmila, Daniel, Antonio, Hermenegildo, Nicanor, Díaz, Cuevas, Mabel, Candy, Ana, Aurelio, Cándido, Florinda, Candelario, Santiago, Marcel, Quispe, Emilce, Sara, Joaquín, Antú, Tupac, Dina, Leonel, Cristina, Francisca, Normando, Diego y tantos otros con quienes tuvimos la posibilidad de compartir durante nuestro tiempo allá. Ahora, cuando pienso en la provincia de Jujuy, puedo pensar en todos ellos, y orar específicamente por sus vidas, anhelando volver a verlos algún día para seguir compartiendo de Dios.

Sin dudas que en este tiempo Dios habló a mi vida, y con la idea de bendecir, como pasa siempre, terminé siendo bendecido más de lo que podía imaginar. Es que así es como obra nuestro Señor, quien siempre hace más de lo que podemos ver o pensar. Si te disponés a hacer su voluntad, entonces abrochate los cinturones, porque cosas maravillosas van a pasar en tu vida. Es que cuando cumplimos el llamado de ir y hacer discípulos a las naciones no vamos solos, sino que Jesús está con nosotros hasta el fin del mundo. Y si está Jesús en el medio, podés estar seguro  de que algo interesante va a pasar.

Un Tiempo de Comunión

Uno de los grandes interrogantes que tenía a la hora de sumarme a este proyecto tenía que ver con el equipo con el que me iba a tocar trabajar. No los conocía; de hecho, ni siquiera sabía sus nombre. ¿Me iba a llevar bien con ellos? ¿Cómo iba a ser la convivencia? ¿Iba a haber peleas y diferencias entre nosotros? Todo esto daba vueltas en mi cabeza y, en cierto modo, me preocupaba. Sin embargo, si tengo que decir que hubo algo en que Dios me sorprendió en este viaje por sobre todo lo demás, lo que elijo es la comunión. Éramos casi quince personas en una casa relativamente chica y con un solo baño; bien podríamos decir que todo estaba en contra de nuestra convivencia sana.

Pero el Señor obra milagros, y por medio de su Espíritu Santo permitió que hubiera entre nosotros una perfecta convivencia, llena de hermandad, amor, cuidado mutuo y edificación, que posibilitó enfocarnos por completo en la obra a la que habíamos sido llamados. Esto es humanamente imposible. Éramos un grupo de muchas provincias y contextos completamente diferentes, cada uno con sus particularidades y miserias, pero todo eso fue hecho a un lado por el poder de la comunión que posibilitó el Espíritu. Nunca en mi vida experimenté algo igual. Siempre leía el libro de Hechos y tenía que usar la imaginación para entender el significado de estar “unánimes juntos” tal como los creyentes de la antigüedad lo estaban. Ahora no necesito imaginar más; simplemente tengo que pensar en las dos semanas que pasé sirviendo en Valles Calchaquíes junto a hermosos hermanos en Cristo. Lo que entiendo de todo esto es que si cada uno, individualmente, se dispone a enfocarse en las cosas de Dios, entonces la unidad con otros creyentes es algo que surge solo.

Y hablando de la comunión, no quiero dejar de mencionar a Pedro y a Chengo, quienes con sus familias estuvieron ayudándonos durante los primeros días, llevándonos a los lugares de trabajo con sus vehículos y también dándonos comida, librándonos así de la carga de cocinar. El primero de ellos es el director del proyecto, pero lejos de sentarse en una oficina a completar papeles, está al pie del cañón, compartiendo codo a codo con los distintos equipos que se encuentran distribuidos en varios pueblos. La disposición y la calidez de estas personas generaron un ambiente idóneo para recobrar fuerzas y estar motivados a la hora de compartir el Evangelio con otros.

También quiero mencionar a Antonio y a Jony, quienes forman parte de un grupo de personas de origen chino que colaboran grandemente con el proyecto. Ellos nos ayudaron durante la segunda semana, y nos despidieron con un rico asado cuando les llegó el momento de partir.

Un Hombre Llamado Aurelio

En Jujuy, unos 30 kilómetros al sur de Humahuaca, se encuentra un pequeño pueblo de menos de mil habitantes llamado Huacalera. Muy pocos autos se detienen en ese lugar, sino que la gran mayoría de las personas pasa de largo cuando va desde Humahuaca a Tilcara, ya que no se caracteriza por tener un gran atractivo turístico. En ese poblado, desconocido para la gran mayoría de nosotros, encontramos a una congregación llamada “la iglesia de Dios”. Quizás te imagines un edificio dedicado especialmente a la reunión de cristianos del lugar, pero en este caso no resulta tan así: La iglesia es la sala de entrada de la casa de un hombre llamado Aurelio. Él vivió gran parte de su vida en Iruya, en la provincia de Salta, pero hace unos quince años que se encuentra en Huacalera. No se caracteriza por ser de esas personas imponentes, que llamen la atención de cualquiera que lo ve, sino que es más bien un hombre flaquito y bajito, a tal punto que la mayoría nos teníamos que agachar para pasar por las puertas de su casa. Sin embargo, aunque chiquito por fuera, por dentro tiene un corazón enorme ardiente de amor por las demás personas. Ni bien nos veía acercarnos nos miraba con ojos emocionados y una sonrisa de verdadero entusiasmo, que nos hacía sentir como en casa; no hay nada que llene más su corazón que estar con los hermanos y compartir de Cristo con otros. Él nos decía que todo lo que Dios le dio lo quería usar para bendecir a otros, es por eso que no tenía problemas que unos cincuenta chicos anduvieran por toda la casa, corriendo y revolviendo cada rincón; no importa lo que ellos hicieran, Aurelio era feliz al verlos divertirse y escuchar de Dios. Nada hacía desaparecer la sonrisa y el gozo del Señor de su cara. Él se esforzaba por atendernos, y por hacernos sentir cómodos, acercándose personalmente a cada uno de nosotros, y también recibía a las personas que venían a las actividades. Por ejemplo, estuvo hablándole de Dios durante más de una hora a un hermano en silla de ruedas que había sido acercado al lugar. La despedida fue el momento más difícil; todos lloramos, intercambiamos teléfonos y nos quedamos con el compromiso de que nos volveríamos a ver pronto. Sea en esta tierra o en el cielo, sabemos que nos vamos a dar un gran abrazo cuando nos reencontremos. El día siguiente a ese último encuentro, nos llamó diciéndonos que cuando nos fuimos se quedó solo, llorando en su casa, porque el lugar estaba vacío ahora que ya no estábamos; una muestra de amor tan simple y honesta que nos impactó a todos. ¿Cómo no tener el deseo de volver? ¿Cómo vamos a quedarnos en nuestra comodidad y no ir a apoyar a estos hermanos?

Durante nuestros días sirviendo en aquel lugar, pudimos aprender cómo no son los grandes conocimientos teológicos o el hacer grandes hazañas sobrenaturales las que dan testimonio de aquel en el que creímos, sino que es una fe sencilla y sincera, como la de Aurelio, la que impacta la vida de las personas. Quizás él no sea pastor, pero con su vida predica todo el tiempo del amor de Jesús; quizás él no sea conocido por multitudes, pero cada persona que se cruza en su camino es bendecida; quizás no sea como los grandes héroes de las películas, pero sin dudas que es un héroe de la fe.

Una Mirada a la Necesidad

Si hay una palabra que puede describir todo lo que experimentamos en esas semanas, sin dudas que sería “necesidad”. En Humahuaca, por ejemplo, estuvimos en barrio en el que había solamente dos canillas de agua para todas las personas que vivían allí. Por lo tanto, para cualquier necesidad, las personas tenían que acercarse a aquel lugar con baldes. Y todo esto se hacía todavía más dificultoso si tenemos en cuenta que las calles eran de tierras, llenas de piedras, y además, por encontrarse en la ladera de la montaña, todo era subidas y bajadas constantes. ¿Cómo no conmoverse al ver niños pequeños o señoras que debían tener más de ochenta años luchando por llevar el agua a sus hogares? Además del contexto, estos lugares se caracterizan por la falta de trabajo. Los chicos terminan el colegio y se ven en la obligación de elegir entre dos alternativas: Viajar a una gran ciudad para estudiar y trabajar de lo que sea para subsistir, o quedarse en su pueblo y trabajar en el campo en largas jornadas y por un salario mínimo. Es por eso que encontramos gente con muy poca perspectiva futura; no saben hacia donde van. En algunos casos, encontramos a personas que andan rotando de un pueblo a otro buscando la manera de subsistir.

Sin embargo, a pesar de todas estas cosas, las necesidades materiales son nada en comparación con la gran necesidad espiritual que hay. En esta zona encontramos gente muy supersticiosa e idólatra. También vemos una degradación moral que llega más allá de lo que superficialmente podemos ver. Es típico de los carnavales norteños el emborracharse y hacer grandes fiestas donde se cometen todo tipo de pecados sexuales, los cuales muchas veces incluyen a menores de edad. Es por eso que encontramos muchas chicas que fueron violadas sin saber por quien, o que no quieren confesarlo por temor. ¿Cómo se llegó a todo eso? Porque la gente vive completamente apartada de Dios. De hecho, durante el carnaval hay canciones que llaman al diablo a bajar del monte a divertirse con ellos. En esto entendemos que toda la degradación moral está directamente asociada con la degradación espiritual que hay en el lugar.

Como iglesia no podemos ser indiferentes a estas cosas. ¿Cómo invocarán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?

Una Iglesia por Edificar

Este viaje me llevó a analizar la situación de la iglesia en todo el mundo. A veces, tenemos la visión de que si hay una iglesia en el lugar, ya no tiene sentido ir a trabajar allí, porque hay quien predique el Evangelio. El problema de esto es que nos olvidamos de un punto fundamental: La edificación de esas iglesias. Por ejemplo, una vez, charlando con un misionero que viajó a Mozambique a enseñar, me impactó mucho que había pastores en aquel lugar de África que no habían entendido cosas básicas como que todos somos pecadores. No es que lo sabían y ocultaban la verdad, sino que eran tan inmaduros espiritualmente que ni siquiera habían llegado a entender eso.

Esta es más o menos la situación de las iglesias en el norte de Argentina. Hay pueblos en los que existen congregaciones, pero éstas están formadas en su mayoría por creyentes muy inmaduros, que con facilidad son arrastrados por vientos de doctrina de todo tipo. Es por ello que a la hora de pensar en misionar, no sólo tenemos que apuntar a evangelizar a nuevas personas, sino también en edificar una iglesia local que pueda plantarse frente a cualquier otro Evangelio distinto al que predicaron los apóstoles. Estos hermanos están ansiosos con poder compartir con otros creyentes, y poder así crecer en su conocimiento de Dios. Por eso, si Dios nos dio la gracia de poder conocer ciertas cosas de su Palabra, no podemos ser indiferentes a esta necesidad de nuestros hermanos. Tenemos que ir, animarlos y ayudarlos a poder acercarse cada día a la estatura de Cristo. Como enseña la parábola de los talentos: No podemos enterrar la gracia que Dios nos dios para compartir su Palabra, sino que por medio de ella debemos ayudar a otros a ir a los pies de Cristo y luego a crecer cada día en él, porque nuestro llamado no es sólo a evangelizar, sino a discipular.

¡Manos a la Obra!

Luego de contarte todo lo que viví en estas dos semanas formando parte del equipo de Cruzada Estudiantil que viajó al norte para servir, no me queda más que animarte a ser parte de la obra que Dios está haciendo a partir de este ministerio. Vas a ir con la intensión de bendecir, pero vas a ser más bendecido que nunca. Estoy terminando de escribir esto más o menos un mes después de haber vuelto, y te aseguro que todavía me estoy replanteando cosas de mi vida que tendría que cambiar, ya que en ese tiempo, como diría Romanos 12:2, pude renovar mi entendimiento para entender nuevas verdades sobre nuestro Señor.

Podés encontrar más información del proyecto y de Cruzada Estudiantil en estos links:

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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