Los Valientes del Señor

En 2 Samuel 23 relatan las últimas palabras dichas por el rey David, al final de sus días. Luego, se usa todo el capítulo para mencionar a aquellos que fueron los soldados más valientes y leales de este gran rey de Israel. Allí es que encontramos un relato que nos narra una de las grandes hazañas realizadas por los tres guerreros más importantes de David. A partir de ella, vamos a ver cómo tenemos que relacionarnos nosotros con nuestro Señor…

2 Samuel 23:15-17 –  David sintió un gran deseo, y dijo: “¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” Entonces los tres valientes se abrieron paso por el campamento de los Filisteos, y sacando agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David. Pero él no quiso beberla, sino que la derramó para el SEÑOR, y dijo: “Lejos esté de mí, oh SEÑOR, que yo haga esto. ¿Beberé la sangre de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas?” Por eso no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes.

Es interesante que David no estaba transmitiendo una orden, sino que simplemente estaba pensando en voz alta. Esa agua era algo que él deseaba, pero por supuesto que no tenía pensado enviar a nadie a buscarla. Tenían que ir a campamento enemigo; ¡era una completa locura! Y menos aún arriesgaría la vida de sus tres guerreros más importantes. La cuestión es que era tan grande el amor que estos hombres tenían por su señor, que no les importo poner en riesgo su propia vida con toda de satisfacer sus deseos. Fue tal la sorpresa que se llevó David al verlos llegar con el agua, que la derramó en el suelo como una ofrenda a Dios, ya que se sentía completamente indigno de tomar algo que había resultado tan costoso. Sin dudas el coraje de estos hombres es más que admirable, pero más allá de eso vamos a analizar sus características, para sacar una enseñanza de cómo tenemos que ser nosotros con nuestro Señor…

  • Estaban atentos a lo que el rey quería: En primer lugar, debían estar cerca del rey para aprovechar cualquier momento en el que él expresara sus deseos. No se distraían con cosas de la vida cotidiana, sino que sus oídos estaban totalmente puestos en escuchar la voz de su señor. Que nosotros podamos tener siempre nuestros oídos atentos a las cosas de nuestro Dios; que podamos estar siempre a la expectativa por saber qué es lo que quiere para así poder cumplir sus deseos y hacer su voluntad. Por eso debemos prestar atención, callar y escuchar a nuestro Rey.
  • Estaban dispuestos a actuar, sin importar las consecuencias: Estos valientes no simplemente se contentaban con haber oído lo que el rey quería y conocer su voluntad, jactándose con otros súbditos que quizás no lo habían escuchado, sino que estaban dispuestos a ponerse en acción en ese mismo momento. No dijeron “bueno, lo vamos a anotar y cuando tengamos un momento libre vemos si podemos hacer algo”. ¡No! Su rey tenía sed, y el agua de Belén era la que quería, por lo que valía la pena darlo todo para cumplir ese deseo. No importaban las consecuencias, no importaban las dificultades, ellos tenían un objetivo claro e iban en pos de él. ¿Hacemos nosotros eso mismo con nuestro rey? ¿Ni bien conocemos su voluntad nos ponemos en acción con el fin de cumplir con aquellas cosas que él quiere y que cautivan su corazón? ¿O simplemente nos hacemos los distraídos, miramos para otro lado y dejamos que otro se ocupe? Como estos hombres, nosotros tenemos que estar dispuestos a arriesgar nuestra propia vida con tal de hacer la voluntad de aquel a quien servimos. No importa si es un mandato o no, vamos a hacerlo porque le amamos y queremos agradarlo sólo a él.
  • Cuando todos se echaban atrás, ellos permanecían firmes: Estos tres hombres se destacan entre el grupo de los treinta valientes de David, y a su vez, los treinta sobresalen por sobre el resto del ejército. Esto nos lleva a pensar que ellos eran los que siempre iban para adelante; los que mostraban una confianza similar a la que mostraron Josué y Caleb cuando regresaron del espionaje a la tierra prometida. Cuando todos se daban por vencidos, ellos permanecían firmes. Los versículos inmediatamente anteriores a estos que estamos analizando nos relatan algunas de las grandes hazañas que estos hombres hicieron con tal de defender posiciones en batalla cuando todos salían corriendo. ¡Era por el rey! ¡Su nombre estaba en juego! ¿Hacemos nosotros lo mismo por nuestro rey? ¿Somos de esos que cuando todos le dan la espalda, nosotros permanecemos fieles? ¿Somos de ese remanente que permanece fiel a su Palabra y que cree que la santidad también es para nuestra época? No importa que todos sigan otros caminos, nosotros debemos permanecer firmes en aquel en quien creímos.
  • Ellos triunfaban no por su fortaleza, sino porque Dios les daba la victoria: Tanto individualmente como en grupo, ellos habían llevado a cabo grandes hazañas, impropias de un humano común y corriente. Esto puede llevarnos a pensar que eran hombres dotados de ciertas capacidades especiales, o con una gracia de Dios particular. ¡Pero no! No se trataba de su propia fortaleza, sino del Dios en el que habían puesto su confianza. ¡Ese es nuestro mismo Dios! Y así como él les daba la victoria a estos hombres cuando querían cumplir los deseos de su rey, de la misma manera Dios nos va a dar la victoria cuando en nuestros corazones esté el glorificar su nombre, porque no hay cosa lo suficientemente grande o difícil para aquel que creó el universo.
  • Se equiparon: Una vez que la decisión de ir a buscar el agua estaba tomada, no es que salieron corriendo y ya, sino que se prepararon para ese momento. Deben haber agarrado sus espadas y también su equipamiento, para así enfrentar a quienes se pusieran en sus camino. De igual manera, nosotros debemos prepararnos para cumplir con los deseos de nuestro Señor. Para ello contamos con toda la armadura que él mismo nos provee (Ef 6:10-18). Sin embargo, no debemos caer en el error de estar eternamente preparándonos, sino que no debemos perder nuestro objetivo: Satisfacer los deseos de nuestro Señor.
  • Salieron de su comodidad: Por supuesto que todo estaba más tranquilo mientras estaban en el campamento. Allí nadie los molestaba y podían descansar tranquilos. No tenían por qué salir. Pero ellos no velaban por sus propios deseos, sino por los de su señor, y por eso estuvieron dispuestos a salir de su comodidad. ¿Haríamos nosotros lo mismo? Dios nos llama constantemente a salir de nuestra comodidad y negarnos a nosotros mismos para servirle.
  • Se abrieron paso en territorio enemigo: Estos hombres tuvieron que adentrarse en territorio enemigo, totalmente hostil a sus intereses. Y esto es lo mismo que tenemos que hacer nosotros si queremos hacer la voluntad de Dios. El mundo se opone a las cosas del Señor y es por eso que vamos a sufrir persecución si queremos servirle.
  • Llegaron al pozo y sacaron agua: Una vez que llegaron a lugar, era necesario que se organizaran. Seguramente uno de los tres habrá sacado el agua mientras los otros hacían la guardia por si algún enemigo se acercaba. Está claro que no fueron a ese lugar totalmente a la deriva, sino que tenían un plan para llevar a cabo su cometido. Trabajando en equipo y con esfuerzo, pudieron retirar el agua de aquel pozo. Y es exactamente así como debemos trabajar los hijos de Dios. No estamos solos en nuestra intensión de satisfacer los deseos de nuestro Padre, sino que podemos contar con muchos hermanos que están dispuestos a trabajar a nuestro lado.
  • Regresaron con el agua: Una vez retirada el agua del pozo, todavía quedaba un desafío más complicado: Regresar al campamento sin que esta se les derramara. Ya no podían ir tan rápido y metiéndose por cualquier lugar como habían hecho a la ida; tenían algo precioso que cuidar. De igual modo, nosotros debemos cuidar aquellas cosas que glorifican a Dios. Por ejemplo, debemos ser férreos defensores de su Palabra.

¡Busquemos cada día tener un sentir para con nuestro Dios como estos hombres lo tenían por David! El problema con que nos encontramos es que en ese momento el rey expresó su deseo, mientras que nosotros podemos mirarnos entre nosotros y preguntarnos: ¿Qué es lo que quiere Dios? La realidad es que eso nos lo dejó revelado por medio de la Palabra. No necesitamos escuchar una voz audible sino que todo lo que necesitamos saber sobre él está en las páginas de nuestras Biblias. A partir de ella, podemos llegar a los siguientes deseos que tiene nuestro Dios para su gloria:

  • Que seamos santos:
    • 1 Pedro 1:14-16 – Tenemos que ser santos, porque Dios es santo.
    • Mateo 5:48 – Tenemos que ser perfectos, porque nuestro Padre es perfecto.
  • Que testifiquemos:
    • Mateo 28:19-20 – Tenemos que ir y hacer discípulos a todas las naciones.

Que en este tiempo podamos comprometernos a, como los valientes de David, cumplir los deseos de nuestro rey, sin importar cuánto eso pueda llegar a costarnos.

Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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