La Parábola del Sembrador

Muchas veces nos preguntamos cómo Evangelizar. ¿Por qué evangelizar? ¿O Por qué las personas no creen? En este pasaje vamos a estudiar la famosa Parábola del Sembrador. ​Ésta tiene el propósito de mostrar la forma en que distintos tipos de personas reciben el Evangelio. Nos dice la razón y las condiciones por las cuales algunas personas dan fruto y otras no. Pero también nos hace reflexionar sobre la condición en la que nos encontramos nosotros mismos cuando recibimos la Palabra de Dios

Las parábolas eran analogías que se usaban para explicar las cosas del reino de Dios, tenían el fin de facilitar la enseñanza como así de esconderla. Una parábola sin la explicación de Jesús, simplemente, no podría entenderse (Mateo 13: 10-18). Veamos lo que dice el pasaje:

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga. (Mateo 13:1‭-‬9. RVR1960)

Te recomiendo que leas esta parábola también en los evangelios paralelos: Marcos 4: 1-20, Lucas 4: 1-15.

Ese día, cuando Jesús salió, mucha gente se le juntó. Por qué motivos se juntó, si por enseñanza, sanidad o milagros, no lo sabemos. Pero lo primero que hizo Jesús fue enseñarles. Esta enseñanza dice que una persona salió a sembrar, y sembró en cuatro tipos distintos de tierra “tierra del camino, pedregales, espinos y la buena tierra”. Ahora, ¿qué sucedió con la semilla que cayó en el camino, espinos y pedregales? Jesús dice que ninguna de estas semillas dio fruto. También nos da distintos tipos de razones por las cuales no lo dieron. Pero tienen una cosa en común; en ninguna creció nada. La única que dio fruto es la que cayo en buena tierra. Es curioso notar que no se nos dice cuánta semilla cayó en cada lugar; simplemente que se sembró. Ahora, ¿quién es este sembrador? ¿Cuál es esta semilla? ¿Qué son las tierras? ¿Qué método utilizó? Respondiendo estas preguntas responderemos lo dicho al principio.

En Mateo 13: 18-23 nos da la explicación de todo:

El Sembrador y la Semilla

En Marcos (pasaje paralelo donde se cuenta esta misma parábola) nos dice:

“El sembrador es el que siembra la palabra.” Marcos 4:14 RVR 1960

Mateo (dónde está la explicación):

“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo,​ ​y​ ​arrebata​ ​lo​ ​que​ ​fue​ ​sembrado​ ​en​ ​su​ ​corazón…” (Mateo 13:19 RVR 1960)

Marcos nos dice que el sembrador es la persona que sale a sembrar la Palabra de Dios; el Evangelio. Y Mateo agrega también que la semilla​ es la palabra de Dios. Entonces, este es nuestro trabajo: salir a sembrar. La semilla fue sembrada en todos lados, pero no especifica en qué proporción se sembró en cada tipo de tierra. Esto significa que el Evangelio debe ser predicado a todas las personas, no a un cierto grupo de personas o al que pienses que puede creer. Dios no llamó a predicarle a un grupo particular de personas o sólo a un sector ya sea de personas o lugar físico, sino a todos y en todos los lugares. (Hechos 1:8)

Ahora esto deja otra pregunta: ¿Qué tengo que sembrar? ¿Por qué?

Nuestro mensaje debe ser el verdadero Evangelio. La semilla fue la misma en todos los tipos de tierra. El Evangelio es uno, y no hay que alterarlo; es el mismo que se tiene que predicar a todas las personas. A todos se le sembró exactamente lo mismo.  

¿Cuál es el propósito de sembrar la semilla?

Lucas cuando habla de la tierra del camino agrega algo:

“Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.”​ (Lucas 8:12 RVR 1960)

El fin de predicar la Palabra es que la gente crea y sea salva. Por eso es tan importante no adulterar el Evangelio/la semilla porque cuando se cambia la Palabra o se disfraza el mensaje para que suene bonito no producirá ningún crecimiento. Cuando tu mensaje está enfocado en otras cosas que no sea la cruz de Cristo, no producirá cambio alguno. ¿Puede ser que una persona sea más moral con un mensaje moralista? Sí, puede ser. ¿Pero puede ser salva? ¡No!

Si no se predica el Evangelio verdadero no va a haber salvación ahí. Las personas se irán al infierno siendo moralmente correctas, sintiéndose bien con sigo mismas tal vez, pero se van ir al infierno de todas formas. Esta es la tarea que el Señor nos encomendó: Predicar el verdadero Evangelio… ¿Sabés qué es el Evangelio?

Las tierras

La otra cosa que nos habla la parábola, y es donde hace más énfasis, es en los tipos de tierra.

La tierra del Camino

​“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto​ ​al​ ​camino” (Mateo 13:19 RVR 1960)

¿Qué pasa con la tierra del camino? ¿Por qué no puede crecer nada allí? Hoy en día uno no se encuentra mucho en los caminos de tierra al vivir en un mundo pavimentado. Pero antiguamente la tierra por la que pasaba constantemente era tan pisoteada y quedaba tan dura que era imposible que la semilla penetrara y de ahí creciera algo. La semilla queda expuesta y sin importar cuánta agua se le tire, no va a crecer y es arrebatada. Cuando el corazón de la gente está tan endurecido, es imposible que crezca algo, a menos que Dios haga algo para transformarlo.

Muchas veces, cuando predicamos el Evangelio, hay gente que tiene el corazón tan endurecido que simplemente no puede creer por más que lo intentes, por más que utilices distintos métodos evangelísticos (Tema que abordaremos más adelante) no crecerá nada; Dios es el único que puede transformar ese corazón. Fijate que el sembrador no hizo nada para cambiar la tierra, por el simple hecho de que es imposible para él.

La otra pregunta que surge es: ¿Cómo se encuentra nuestro corazón​ ​cuando ​​escuchamos​ ​la​ ​Palabra? Cómo dijimos el sembrador no puede hacer nada para cambiar ese tipo de tierra; solamente Dios puede transformarla. Pidamos a Dios que nos transforme si nos encontramos así.

Pedregales

​“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego​ ​tropieza.”. (Mateo 13: 21-22)

¿Qué sucede con este tipo de tierra? Jesús no se refiere aquí a la tierra que está superficialmente llena de piedras que cualquiera podría sacarlas y listo; sería tierra fértil. Él se refiere a un terreno pedregoso que, aunque puedan sacarse las piedras de la superficie, por debajo de la tierra sigue llena de piedras. Las personas con el arado no pueden llegar tan profundo, por lo tanto no pueden remover las piedras. Es por eso que la semilla no puede crecer. Esta tierra puede parecer prometedora. Sin embargo, al no tener profundidad donde la raíz crece, no da fruto sino que se seca. Éstas son las personas que se emocionan al escuchar la Palabra, pero no fueron transformadas. ¿Qué demuestra que en esta tierra/personas no creció nada? La misma Palabra es la que se va encargar de demostrarla. ¿Estamos en este tipo de tierra? Pidamos a Dios que nos transforme si es así.

Espinos

“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Mateo 13:23 RVR 1960)

¿Qué sucedió con este tipo de tierra? Los que son sembrados en esta tierra son personas que tienen su mente en las cosas de este mundo, en lugar de las cosas de Dios. Prefieren más lo terrenal que lo espiritual. Los espinos en el campo tampoco se pueden sacar. Por más que los cortemos, los restos que quedan, aunque estén muertos, vuelven a entrar en la tierra y vuelven a crecer impidiendo que la semilla crezca. Un dato de color… este tipo de espino es el mismo que se usó para la corona de Cristo en la cruz. A éstos se refiere la Parábola. Esta tierra está llena de impurezas. Los espinos germinaron y siempre crecerán más rápidos que la buena semilla. Las personas representadas por este tipo de tierra son aquellas que se encuentran enredadas en los asuntos de este mundo. Ellas no son personas totalmente endurecidas. Son personas que tienen todo el aspecto de que darán fruto y que serán fieles, pero al enredarse con los asuntos mundanos y no poder poner su vista en Jesucristo, se pierden. Estos son los que el apóstol Pedro llama “Cortos de Vista” (2 Pedro 1:9). Los apóstoles, en sus cartas, nos advierten tremendamente acerca de vivir pensando en los asuntos de este mundo, en obtener riquezas, posesiones, fama, belleza, etc. Aquellos que viven de esta forma no están aptos para recibir la semilla del Evangelio y necesitan ser transformados por Dios. ¿Sos una de ellas? Podés pedirle hoy que te transforme y te haga crecer.

La buena tierra

Hasta ahora, vimos tres tipos de tierra y por diferentes motivos ninguna de ellas dio fruto. La semilla era la misma, el clima era el mismo, ¿por qué razón no creció nada? La otra cosa que tenían en común era que el sembrador no podía cambiar la tierra y la tierra no podía cambiarse a sí misma. Cuando salgamos a predicar, no debés pensar que podés hacer algo para que la persona se convierta. Lo único que tenés que hacer es predicar el Evangelio (algo que de por sí es tener la vara muy alta). No sos vos el que va a cambiar a las personas; es Dios el que las transforma. El único que da convicción de pecado es el Espíritu Santo, Juan​ ​16:​ ​8-11​. Pero…

¿Que sucedió con la buena tierra?

“…Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la​ ​palabra,​ ​y​ ​da​ ​fruto;​ ​y​ ​produce​ ​a​ ​ciento,​ ​a​ ​sesenta,​ ​y​ ​a​ ​treinta​ ​por​ ​uno.” (Mateo 13:23 RVR 1960)

Ésta es la única tierra que da fruto. Es la única en la cual el Evangelio, cuando se predica verdaderamente, permanece. ¿Cómo es el Fruto de esta tierra? ¿Qué quiere decir “…produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno”? En esa época, cuando se sembraba, había que realizarse una inversión inicial en semillas y demás. Una vez terminada la siembra, se veía cuánto ganaron respecto a la inversión original. Mayormente se obtenían cinco, seis o siete veces la inversión original de la siembra; una cosecha del diez por uno era una cosecha excelente (es decir se ganó 10 veces más de lo invertido). Aquí Jesús está diciendo que la tierra buena va a dar un retorno de inversión de, al menos, 30 veces lo invertido, es decir un 3000%. Esto es una cantidad extremadamente grande. No hay negocio en esta tierra que sea tan redituable. ¿Qué nos quiere decir esto? No todos los cristianos son iguales. Sí, es verdad que todos los que verdaderamente son cristianos son salvos; en eso estamos de acuerdo. Pero no todos van a producir la misma cantidad de fruto. Algunos más, otros menos. Ahora, hay algo que es claro. Todos producen frutos y mucho. Aun el menor de los hijos de Dios va a producir abundante fruto y va a ser bien notorio. No hay que esforzarse para encontrar su fruto. En el momento en que lo dé, es visible ​(podríamos pensar en la parábola del trigo y la cizaña. No se diferencian uno del otro, pero eso es porque cuando crecen, ambos parecen lo mismo. La diferencia se ve cuando el trigo empieza a dar fruto, lo da y en abundancia, mientras que la cizaña no producen nada). Si no te encuentras en este tipo de tierra, pedile a Dios que te transforme para que puedas ser salvo.

El Método de Siembra

¿Qué método utilizó el sembrador para predicar? El método es uno: Enseñar el Evangelio. No hay otro, en ninguna parte habla de cómo hay que sembrar; simplemente hay que hacerlo. Con esto no quiero decir que utilizar un método para predicar el evangelio esté mal. Pero cuando confiás en las estrategias, en los métodos, en lugar de confiar en el poder del Evangelio, fracasaste antes de empezar. Nosotros no podemos hacer el trabajo del Espíritu Santo. Un ejemplo: Todo sembrador tiene su método de siembra, y hasta muchos les podría parecer hermoso, pero si un infante coloca una semilla en buena tierra, ¿qué diferencia hay?

Conclusión

Esta parábola habla de los distintos tipos de tierras y cómo crece la semilla en cada una de ellas. La única forma de que algo de fruto, es que caiga en buena tierra. Ninguna de estas personas entendió la parábola. Ni siquiera los apóstoles. (Si leés Mateo 13:10-19 ​, te vas a dar cuenta). Todos podían ir a que Jesús les explique. Pero sólo los apóstoles fueron.  ¿Por qué creés que fue así? El trabajo del sembrador, es decir, el nuestro, es sembrar. Lo único que tenés que hacer es predicar el Evangelio​. ¿Querés conocer el método por excelencia para hacerlo?

Es este: Predicá​. No hay otro. Así como el sembrador no sabe cómo es que al dejar una semilla en tierra, regarla y ser bañada por la luz del sol, crece, nosotros tampoco sabemos cómo es que una persona se puede arrepentir (como sabemos a nadie le gusta escuchar que somos pecadores y nos merecemos el infierno). Lo que sí sabemos es que si Dios lo transforma, se va a arrepentir. Vuelvo a repetir: Si a vos te resulta más fácil hablar de Dios por un método, no tiene nada de malo hacerlo. Pero tené en cuenta que el método no salva a nadie. El propósito de la semilla es que la gente crea y sea salva. La parábola no habla ni del tiempo, ni la forma de siembra, ni de las circunstancias, simplemente la semilla va a crecer en buena tierra. ¿No sabés cómo hacerlo? Mirá lo que hizo Pablo cuando predicó en Corinto, 1 Corintios​ ​2:1-5​.

Al leer esta parábola también podemos reflexionar sobre nuestro estado espiritual. ¿Qué clase de tierra sos? Si no sos buena tierra, si tenés el corazón endurecido, si las pruebas te alejan de la Palabra de Dios o si simplemente te gusta más este mundo, no hay nada que vos puedas hacer para pasar a ser buena tierra. Pero por gracia de Dios, Él te puede transformar. Si esta Palabra te hizo reflexionar y considerás que tu estado espiritual no es el mejor, pedile a Dios que te transforme y perdone. Él es poderoso para transformar y salvar aún al peor de los pecadores; no hay pecado tan chico que no necesite perdón, así como no existe pecado tan grande que no se pueda perdonar.

Dios​ ​te​ ​bendiga

Matías Daniel Battaglia

Matías Daniel Battaglia

Miembro de la iglesia Asamblea Cristiana Villa Devoto. Me gusta leer la biblia, aprender más de Dios y poder compartirlo con la gente.

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