Un Pueblo Santo

Efesios 2:11-22 – Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

  • Análisis en contexto:
    • La verdad enseñada: La salvación es para todo el que viene a Cristo, sin importar su origen, raza, sexo o estado social (Gálatas 3:28). Todos somos uno en Cristo.
    • Recordando los viejos tiempos de los gentiles:
      • No tenían un Salvador: Estando muertos en nuestros pecados (Efesios 2:1) y excluidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23), el destino de los gentiles era la muerte (Romanos 6:23). No tenían la expectativa por la llegada de un Mesías, como la tenían los judíos. Eran ignorantes sobre su pecado y su necesidad de un Salvador.
      • No formaban parte del pueblo de Dios: Al no formar parte de Israel, los gentiles no formaban parte del pueblo escogido. Por tanto, no tenían comunión con Dios, y andaban por sus propios caminos; estaban en los tiempos de la ignorancia (Hechos 17:30). En otro tiempo, ni siquiera conformaban un pueblo (1 Pedro 2:10).
      • No tenían parte en las promesas: El no estar incluidos dentro del pueblo de Dios, tampoco tenían parte en los tratos que éste hacía con los suyos. El antiguo pacto, teniendo a Moisés como mediador, fue dado sólo al pueblo de Israel. Es en el nuevo pacto que todos somos incluidos.
      • No tenían esperanza: En ese tiempo las personas estaban a merced de la muerte y no tenían forma de escapar de ella. Pasaban sus días sabiendo que en algún momento todo acabaría. La vida no tenía sentido alguno.
      • No tenían Dios: La necedad del mundo se manifestaba en el desconocimiento de lo obvio: Hay un Dios (Salmos 14:1). Los hombres no tienen excusa delante de Dios porque todo el universo muestra que él existe (Romanos 1:20).
    • Pero ahora, por medio de Cristo:
      • Tienen un Salvador: Jesús pagó el precio de nuestro pecado, de manera que nuestra fe en él nos sea contada por justicia. Ya no estamos bajo el yugo del pecado y de Satanás (Romanos 6:17-18).
      • Forman parte del pueblo de Dios: La condición para formar parte del pueblo de Dios ya no está dada ni por la circuncisión ni por la pertenencia a Israel, sino por la fe en Cristo. Es por ello que de entre los gentiles Dios apartó a un pueblo para sí (Hechos 15:14). Se les concedió una ciudadanía celestial (Filipenses 3:20), a partir de lo cual se les dio la tarea de ser embajadores de Jesús acá en la tierra (2 Corintios 5:20).
      • Tienen parte en las promesas: Ahora tenemos un nuevo pacto, que es mejor que el anterior (Hebreos 7:22, 8:6). Ya no estamos bajo la ley, sino que el tiempo de la gracia llegó (Romanos 6:14-15).
      • Tienen esperanza: Podemos mirar hacia el futuro con tranquilidad, sabiendo en quién pusimos nuestra esperanza (2 Corintios 1:10). Es por eso que la muerte es hoy, simplemente, el medio que nos lleva a Dios; ya no tenemos de que temer (1 Corintios 15:55).
      • Tienen Dios: Ya no vivimos en la ignorancia, sino que se nos dio el privilegio de ser hechos hijos del Creador de todo (Juan 1:12).
    • Una iglesia dividida, que fue reconciliada:
      • Judíos por un lado y gentiles por el otro, como si fueran dos iglesias paralelas.
      • Jesús es nuestra paz:
        • Nos trajo paz para con Dios (Romanos 5:1), ya no siendo más enemigos sino hijos suyos.
        • Nos trajo paz para con los hombres, haciendo de ambos pueblos (esto es, judíos y gentiles) uno solo.
      • ¿Cómo trae la paz Jesús?
        • Derribando la pared de separación: En el templo de Jerusalén había una pared que separaba la sección hasta la cual se le permitía ingresar a los gentiles. A partir de allí, sólo los judíos podían entrar. Es por eso que, siendo eliminada la diferencia entre judíos y gentiles por medio de Cristo, ya no existe más esa pared separatoria.
        • Aboliendo en su carne las enemistades: Toda la rivalidad, enemistad y rencor existente entre judíos y gentiles es dejado a un lado por medio de Cristo.
        • Aboliendo la ley de los mandamientos: Ya no debe cumplirse con la ley ceremonial, que demandaba montones de sacrificios que pretendían cubrir el pecado del hombre. Habiendo muerto Cristo, todos esos sacrificios son innecesarios, por lo que fueron abolidos por completo por su obra.
        • Creando un nuevo hombre: Era tal el rencor que existía entre judíos y gentiles, que sólo por medio de la obra del Espíritu Santo era posible que existiera aceptación entre ellos. Es así como Pedro, guiado por el Espíritu, llegó a la casa de Cornelio para que el Evangelio pudiera llegar también a los gentiles.
        • Reconciliar al hombre en un solo cuerpo: A partir de ese momento, los creyentes, sin importar su origen, conformaron un solo cuerpo, trabajando juntos para la edificación mutua y para cumplir los propósitos de quien es cabeza del mismo.
      • El anuncio de las buenas nuevas:
        • A los de cerca y a los de lejos: A todos.
        • En Dios no hay acepción de personas (Romanos 2:11, Hechos 10:34).
        • Por un mismos Espíritu es que tenemos acceso al Padre (Efesios 4:4).
        • Lo vil lo injusto escogió Dios (1 Corintios 1:27-28).
      • Una sociedad santa:
        • La iglesia como pueblo (conciudadanos): Al quedar conformado un nuevo pueblo, nosotros somos conciudadanos santos de los santos. Dios no sólo nos hace santos individualmente, para apartarnos para su propósito, sino que el fin de él es el de formar una sociedad santa, apartada del pecado y apartada para llevar las buenas nuevas de salvación.
        • La iglesia como familia: Pasamos a formar parte de una familia que está formada por gente de toda raza, lengua y nación, distribuida en todo el mundo. Es por eso que a donde sea que vayamos, podemos sentirnos en casa siempre que estemos con otros creyentes. No nos conocemos, pero los lazos de hermandad en Cristo nos unen (Hebreos 13:1). Como familiares, tenemos que preocuparnos y estar pendientes unos de otros (Gálatas 6:10).
        • La iglesia como edificio: En esta ilustración, podemos destacar varios puntos importantes:
          • Toda la iglesia está edificada sobre Cristo, que es la piedra angular. Sin él nada tiene sentido. Todo lo que se construya fuera de él como centro, no es iglesia. Como creyentes, debemos llevar una vida centrada plenamente en la persona de Jesús, siendo llegar a ser como él nuestra meta. Que, como en Antioquía, puedan llamarnos cristianos por ser similares Cristo (Hechos 11:26).
          • Toda la iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas. No hay que volver a poner el fundamento en la medida que se va construyendo el edificio, sino que éste es puesto únicamente en los comienzos. La revelación y la doctrina está terminada. Los apóstoles y los profetas cumplieron este rol fundamental y toda la iglesia está edificada sobre las doctrinas que ellos enseñaron.
          • Somos edificados juntamente y de manera coordinada. Dios nos otorga a cada uno dones para que podamos edificarnos mutuamente hasta llegar a la estatura de Cristo (Efesios 4:11-13). La edificación de la iglesia no son un montón de esfuerzos individuales aislados, sino una tarea en conjunta de todo el pueblo de Dios. A cada uno se nos concedió una gracia especial de parte del Señor para ser iluminados y entender algo de las escrituras, o bien para servir en algo particular a nuestros hermanos (1 Pedro 4:10). Es por ello que somos edificados de manera conjunta.
  • Aplicación a nuestra realidad:
    • Como congregaciones, venimos de diferentes contextos. Cada uno tiene sus formas, su manera de llevar adelante las reuniones, sus costumbres, su organización, su contexto barrial en el que se desarrolla el ministerio, etc. Todos somos diferentes, pero la verdad enseñada en este pasaje es que todos somos uno en Cristo.
    • En otro tiempo, quizás nunca hubiéramos compartido nada. Vivíamos conforme a nuestros propios deseos, y nosotros éramos el centro de nuestra propia vida.
      • No teníamos un salvador.
      • No formábamos parte del pueblo de Dios.
      • No teníamos parte en las promesas.
      • No teníamos esperanza.
      • No teníamos Dios.
    • Pero Cristo nos cambió, transformó nuestra vida, y ahora tenemos paz para con Dios y para con los hombres. Es por eso que sin importar de dónde vengamos y de dónde nos estemos congregando, Dios quiere hacer un solo pueblo de nosotros para la gloria de su nombre. Tenemos que recordar la obra de Cristo en nuestras vidas para entender que:
      • Derribó la pared de separación: Si Dios derribó toda separación que podría haber entre nosotros, ¿por qué nosotros nos dedicamos a volver a construirla? Si Dios nos une, ¿por qué nosotros nos dividimos? Si Dios quiere que seamos un solo pueblo, ¿por qué nosotros nos separamos constantemente? Que podamos derribar todos los muros que nos separan unos de otros…
      • Abolió en su carne las enemistades: En la iglesia de Dios no tienen que existir enemistades, porque él trajo reconciliación a la nueva sociedad que conformó. Que podamos hacer a un lado todo rencor y todo orgullo con la finalidad de unirnos como iglesia para la gloria de Dios. Fue la carne de Cristo el precio pagado para abolir las enemistades que había entre nosotros; ¿por qué despreciamos ese sacrificio volviendo a enemistarnos unos con otros?
      • Abolió la ley de los mandamientos: Ya no tenemos que seguir un complejo sistema religioso para poder acceder a Dios, porque por medio de Cristo todos tenemos acceso al Padre. Es por eso que no importan las formas en las que adoremos, que pueden variar de una congregación a otra, sólo importa que lo hagamos conforme a su Palabra y para su gloria. Si Jesús terminó con los mandamientos ceremoniales, ¿por qué nosotros volvemos a instaurarlos?
      • Creó un nuevo hombre: Los tres puntos anteriores son imposibles sin este. La humanidad caída, como tal, es egoísta y orgullosa. Se la pasa construyendo muros, se la pasa sembrando enemistad, y se la pasa siguiendo religiones vacías. Para que todo esto sea una realidad, era necesaria la regeneración; que el Espíritu Santo transforme nuestras vidas de manera que seamos capacitados para hacer la voluntad de Dios (Hebreos 13:21).
      • Reconcilió al hombre en un solo cuerpo: Entonces, somos nuevas criaturas formando un nuevo pueblo dedicado a glorificar y servir a Dios. Un pueblo libre de barreras raciales o de cualquier tipo, libre de enemistades y haciendo un ejercicio de la verdadera adoración al Señor.
    • Y una vez que la obra de Cristo pese tanto en nuestras vidas, que no vamos a poder hacer más que amarnos unos a otros, vamos a poder avanzar mucho más en el propósito para el que estamos en la tierra: Ir y hacer discípulos a todas las naciones. Porque es en el amor que hay en la iglesia universal de Dios, que las personas van a recibir testimonio de Cristo (Juan 13:35).
Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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