Lista de Oraciones de Jesús

A continuación se presenta una lista de las oraciones de Jesús que son mencionadas en la Biblia. Todas ellas están ordenadas cronológicamente según datos suministrados por las armonísticas de Robertson y MacArthur. Se analizará el contexto en el que Jesús realizó cada una de ellas, y también estudiaremos qué es lo que ese pasaje tiene que enseñarnos a nosotros. El “Padre nuestro” no es considerado en esta lista ya que no fue una oración que Jesús hiciera directamente, sino que más bien estaba dando un ejemplo de cómo se debía orar.

A partir de la vida de Jesús, podemos encontrar los siguientes tipos de oraciones:

  • Acción de Gracias.
  • Alabanza.
  • Clamor.
  • Entrega.
  • Intercesión.
  • Petición.
  1. Dios se revela a los humildes:
    • Contexto: Durante su ministerio en Galilea, Jesús empieza a ser cada vez más reconocido, y con esta fama comienza a generar oposición hacia su persona. A cargo de esta campaña en su contra, estaban principalmente las autoridades religiosas de la época, que eran los se veían directamente ofendidos por las cosas que Cristo enseñaba. A pesar de que él hacía cosas que evidenciaban con claridad que era el Hijo de Dios, los líderes judíos tenían dudas sobre lo que decía. Esto lleva a que Jesús emita una condenación contra las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernaúm, porque rechazaron al Mesías a pesar de todas las señales que él hacía. Es en ese entonces cuando él pronuncia esta oración. Muy pronto, sería tal la ruptura que habría entre Jesús y los líderes religiosos que él empezaría a hablar en parábolas, de manera que los misterios del reino permanecieran ocultos para estas personas.
    • Texto: Mateo 11:25-27 – En aquel tiempo, Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
    • Tipo de Oración: Alabanza.
    • Enseñanza: Jesús, a partir de todo lo que estaba pasando, ve con claridad cómo el propósito perfecto del Padre era que los misterios de Dios y el plan de salvación pudiera ser revelado a los niños, mientras que permanecía oculto para aquellos que eran sabios. El punto de todo esto es que, como bien dice el Señor en el sermón del monte, es necesario reconocer nuestra pobreza espiritual para que podamos tener parte en el reino de los cielos. Es necesario que reconozcamos nuestras falencias y limitaciones, para que así, como niños, podamos correr a los brazos del Padre pidiéndole que nos ayude. No debemos ser niños en el sentido de su inmadurez, porque debemos crecer en el Señor, sino que debemos serlo bajo el punto de vista de que separados de él nada podemos hacer, y tenemos una dependencia total de su persona y de su gracia. Jesús alaba al Padre al ver cómo se manifiesta con total claridad que Dios se revela a aquellos que deciden negarse a sí mismos y buscarlo con un corazón sincero. Todo esto tiene que llevarnos a alabar a Dios porque, en su misericordia, nos permitió reconocer nuestras limitaciones, y así pudimos ser alcanzados por su gracia.
  1. Dios se revela a los humildes (2):
    • Contexto: En este caso nos encontramos durante el segundo ministerios de Jesús en Judea. La tensión entre él y los líderes religiosos había alcanzado dimensiones mucho mayores que nunca antes, ya que el Señor los había confrontando directamente, diciendo que ellos eran hijos de Satanás, y que además él era superior a Abraham. Es en ese contexto que Cristo escoge a setenta discípulos para enviarlos a recorrer distintas ciudades proclamando el Evangelio. Luego de un tiempo, ellos regresan gozosos por todas las maravillas que habían sido hechas a través de sus personas. Esto también trajo gozo a Jesús, y ese sentir lo llevó a pronunciar esta alabanza. Esa felicidad venía por el hecho de que muchos, que se reconocían como niños dependientes de Dios, habían recibido el mensaje de salvación.
    • Texto: Lucas 10:21-22 – En aquella misma hora Jesús se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
    • Tipo de Oración: Alabanza.
    • Enseñanza: Es la misma que la indicada en el pasaje de Mateo 11:25-27, ya que son textos prácticamente calcados, aunque lo que difiere es el contexto. En el otro caso, el énfasis está puesto en el rechazo de los líderes judíos a las verdades del Evangelio, mientras que en este lo fundamental es que muchos, reconociéndose niños, habían recibido el mensaje de salvación a partir de la predicación de los setenta discípulos. Esto nos debe llevar a pensar que tenemos que tener este mismo sentir cuando vemos que el Evangelio progresa, aunque no seamos directamente nosotros los que actuemos. Que podamos alegrarnos si otra congregación crece en su número de miembros o está trabajando de una manera especial por alcanzar a otras personas. Que podamos hacer a un lado nuestro orgullo y toda contienda para alabar a Dios por las inmensurables riquezas de su salvación. Que no haya nada que nos traiga más gozo que ver a personas respondiendo positivamente al mensaje del Evangelio.
  1. Agradecimiento en público:
    • Contexto: Jesús, luego de haber tenido varias discusiones con los jefes religiosos de Jerusalén, realizó un viaje por la región de Perea con el fin de llevar las buenas nuevas a aquella zona. Ya nos encontramos en los últimos meses de su ministerio, y cada vez estaba más cercano el día culminante en el que sería entregado por todos nosotros. Es mientras estaba allí que recibe la noticia de que su amigo Lázaro había muerto. Lejos de alarmarse por esto, él permaneció con calma y se tomó varios días para viajar al lugar donde se encontraban María y Marta, hermanas de Lázaro. El propósito de su tardanza lo expresa claramente nuestro Señor: Todo este acontecimiento sería para glorificar a Dios.
    • Texto: Juan 11:41-42 – Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos, y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado.”
    • Tipo de Oración: Acción de gracias.
    • Enseñanza: En esta oración encontramos a Jesús en un momento clave de su ministerio. Las emociones debían estar a mil por hora en su interior. Él sabía que estaba a punto de hacer una señal tan grande y clara de su deidad, que a partir de entonces los fariseos conspirarían abiertamente para matarlo. Ante él se presentaba la tentación de no hacer nada y de querer cuidar su vida. Sin embargo, ese no era el propósito que Dios tenía para él; él vino a la tierra a dar su vida en rescate de muchos. Por tanto, le dice “Padre, te doy gracias porque me has oído”. ¿Qué es lo que oyó el Padre? ¿El pedido de Jesús de que resucite a Lázaro? No parece ser así, ya que habla de que lo oyó en el pasado, mientras que todavía Jesús no había usado su boca para dar vida a Lázaro. Por lo tanto, parece más bien que Jesús la agradece al Padre por haberlo fortalecido y haberle dado claridad en un momento en el que se presentaba ante él la tentación de no mostrar abiertamente su poder. Está claro que la oración podría haberlo hecho en voz baja, pero lo anuncia en voz alta para que todos sepan que él viene de parte de Dios. Esta oración de agradecimiento de Jesús nos tiene que llevar a reflexionar en que, cuando nos encontramos en momentos difíciles, donde debemos tomar decisiones importantes, es Dios el que nos fortalece. En nuestra vida como cristianos, hay momentos en los que debemos elegir voluntariamente sufrir por la causa del Evangelio, aunque en nosotros esté la intención de permanecer en la comodidad. Debe haber en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo al humillarse y entregarse por toda la humanidad. Y qué bueno que en esos momentos en los que todo parece estar nublado y Dios trae claridad a nuestra vida, que podamos agradecer públicamente al Señor por permitirnos obrar conforme a sus propósitos y no conforme a nuestras propias ideas. Que todos sepan que nos es por nuestras fuerzas, sino por su Espíritu que podemos tomar ciertas decisiones. Que todo sea para hacer entender a aquellos que nos rodean cuál es la razón de nuestra esperanza. No dejemos de agradecer a Dios por sus grandes misericordias y porque él es quien pone tanto el querer como el hacer para que nosotros podamos cumplir con los propósitos que él tiene para nuestra vida. Podemos tener la certeza de que, si pedimos con un corazón sincero y rendido al progreso del Evangelio, entonces él escuchará nuestro clamor.
  1. Búsqueda de la glorificación del Padre:
    • Contexto: Ya nos encontramos en los últimos días de Jesús durante su ministerio terrenal. Atrás habían quedado eventos como la entrada triunfal a Jerusalén, la maldición de la higuera o la segunda purificación del templo. Ahora, vemos que algunas personas que iban llegando a la capital de Judea desde distintos lados, con motivo de la celebración de las Pascuas, querían conocer a Jesús. Sin embargo, estando a horas de ser hecho pecado por todos nosotros, lo encontramos en medio de una gran aflicción. Es en este contexto que él pronuncia esta pequeña oración.
    • Texto: Juan 12:27-28 – “Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: ‘Padre, sálvame de esta hora’? Pero para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica Tu nombre.” Entonces vino una voz del cielo: “Y lo he glorificado, y de nuevo lo glorificaré.”
    • Tipo de Oración: Petición.
    • Enseñanza: Lo principal que tenemos que destacar en esta oración es el sentir que Jesús tenía hacia la glorificación del Padre. Si bien él sabía que le esperaba un sufrimiento como nunca antes alguien había experimentado en la historia; le esperaba el ser hecho pecado por todos nosotros. A pesar de todo, este temor y este dolor no lo echaban para atrás, sino que él simplemente se dirige al Padre pidiéndole que glorifique su nombre; sólo eso importaba. ¿Qué sentido tenía pedirle que lo libre de la aflicción que tenía, si en definitiva a esa había venido a la tierra? ¿Iba acaso a orar en contra de lo que el Padre quería? Aunque el saber esto no reducía en lo más mínimo su dolor. Lo único que lo hacía permanecer firme en el cumplimiento de sus propósitos era su deseo de que el Padre sea glorificado. Él estaba dispuesto a negarse a sí mismo y a padecer, con tal de que el nombre del Padre fuera magnificado. Inmediatamente, vemos como Dios responde esta oración confirmando que a partir de lo que Cristo estaba haciendo, su nombre era efectivamente glorificado. De este modo, el Padre estaba respondiendo la oración del Hijo para que, a partir de esto, pudiera perseverar en el camino que le quedaba por delante. De la misma manera, nosotros, aunque en mucha menor medida respecto a Cristo, vamos a tener que sufrir si queremos cumplir con los propósitos que Dios tiene para nosotros. Muchas veces nos va a doler muchísimo hacer su voluntad, siguiendo las pisadas de Cristo. Pero debemos seguir adelante, porque tenemos que tener en claro que ya no vivimos para nosotros mismos, sino que todo lo hacemos para la gloria de Dios. Él es la única razón de nuestra existencia; para él vivimos y para él morimos. Todo lo que hacemos, debemos hacerlo para que su nombre sea glorificado. Y podemos tener la certeza de que, si en nuestros corazones está este sentir, entonces él nos va a sostener sin importar cuán difícil sea la circunstancia que tengamos que atravesar.
  1. Jesús intercede por sus discípulos:
    • Contexto: La hora de su muerte estaba cada vez más cerca, y Jesús se encontraba cenando por última vez con sus discípulos. Judas se había retirado y había ido a denunciarlo ante los líderes religiosos, para que lo arrestaran. Mientras tanto, Jesús permanecía enfocado en fortalecer a aquellos que iban a ser los líderes de la iglesia que se formaría en torno a él. Sabía que los discípulos quedarían grandemente desmotivados al ver a su maestro crucificado, por lo que más allá de toda la aflicción que estaba pasando, su atención estaba puesta en que ellos pudieran tener la certeza de que el camino que habían decidido seguir valía realmente la pena. A partir de esta idea, surgen discursos de aliento como:
      • La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Jn 14:1-31).
      • La vid y los pámpanos (Jn 15:1-17).
      • La oposición del mundo (Jn 15:18-16:4).
      • El ministerio del Espíritu Santo (Jn 16:5-15).
      • El gozo de la resurrección (Jn 16:16-22).
      • La paz y la respuesta a las oraciones (Jn 16:23-33).
    • Es en este contexto que Jesús, después de pronunciar todas estas enseñanzas, saca la atención de sus discípulos para mirar hacia el cielo y orar como se indica en Juan 17.
    • Texto: Juan 17:1-26 – Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo Te glorifique a ti, por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano, para que él dé vida eterna a todos los que le has dado. Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera. Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera. “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran Tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado viene de ti; porque yo les he dado las palabras que me diste; y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de ti, y creyeron que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo, mío; y he sido glorificado en ellos. Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno. Cuando yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No Te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad. “Pero no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer Tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos.”
    • Tipo de Oración: Intercesión.
    • Enseñanza: Esta oración, más allá de lo nutrido de su contenido, del cual podríamos sacar montones de cosas, nos enseña que incluso en un momento de profundo sufrimiento, Jesús dedicaba su tiempo para pensar en sus discípulos. Él se tomó un largo tiempo para pedirle al Padre que fortaleciera a aquellos que iban a seguir con la tarea que él había iniciado. Es un corazón rendido y preocupado por el futuro de la iglesia, y cada una de sus palabras está marcada por un profundo sentir hacia sus hijos espirituales. Otro punto importante en todo esto, es que Jesús entendía a la perfección su dependencia de Dios. Él no sólo confiaba en las palabras que había emitido en los discursos que les había dado, sino que tenía claro que, si todos esos discursos no eran sostenidos por el Padre, de nada iban a servir. Por eso ora a él pidiendo que haga su obra. Y sin dudas que esta oración de Jesús, junto con todas las oraciones que actualmente está haciendo intercediendo por nosotros delante del Padre, son las que sostienen y van a seguir sosteniendo a la iglesia. Todo esto debe llevarnos a pensar en cómo debe ser nuestro rol cómo líderes en nuestras congregaciones, cuando estamos discipulando a hermanos. Debemos apartar tiempo en nuestras oraciones para interceder especialmente por ello. No importa cuánto nosotros les hablemos, necesitamos de Dios para que todo ese conocimiento sea afianzado y puesto en práctica; es el Señor el que usa el poder de la Palabra para transformar las vidas de las personas. Nuestra tarea es predicar el Evangelio y luego ponernos en total dependencia de él en oración. De igual modo, esta oración nos lleva a hacer a un lado nuestras propias dificultades y pesares para orar pensando en los demás.
  1. Pasa de mí esta copa:
    • Contexto: Luego de haber cenado con sus discípulos y de haber pedido a Dios por ellos, todos partieron hacia el huerto de Getsemaní, donde habrían de presentarse los líderes judíos para arrestar a Jesús. Pero antes, vemos cómo él hace su última oración, la cual se repite tres veces, antes de comenzar a vivir el calvario que lo esperaba.
    • Texto: Mateo 26:36-46 – Entonces Jesús llegó con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras yo voy allá y oro.” Y tomando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: “Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a mí.” Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como Tú quieras.” Entonces vino Jesús a los discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: “¿Conque no pudieron velar una hora junto a mí? Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.” Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” Vino otra vez Jesús y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, y dijo otra vez las mismas palabras. Entonces vino a los discípulos y les dijo: “¿Todavía están durmiendo y descansando? Vean, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Miren, está cerca el que me entrega.”
    • Tipo de Oración: Petición.
    • Enseñanza: Este pasaje es bastante difícil. Una leída rápida nos muestra que Jesús le pide insistentemente al Padre que lo libre de morir en la cruz. Es decir, que llegó a tal punto en su estrés y presión que le pide que no le permita pasar por todo lo que estaba a punto de pasar. Luego, vemos que con resignación, termina diciendo “pero que se haga tu voluntad”. Esta es una forma de ver el pasaje, en la cual podemos aprender a aceptar que la voluntad de Dios es perfecta, a pesar de las dificultades que nos pueda traer. Sin embargo, esta manera de entender el pasaje me hace un poco de ruido: ¿Verdaderamente oró Jesús en contra de la voluntad del Padre? Es difícil; muy difícil de entenderlo. Una alternativa distinta a la interpretación tradicional de este pasaje, tiene que ver con que Jesús no estaba pidiendo de ser librado de la cruz, sino de ser librado de morir antes de llegar a la cruz. Era tal la presión que tenía que llegó a sudar sangre y su cuerpo estaba desfalleciendo. Satanás sabía que la cruz significa su derrota, por lo que estaba haciendo todo lo posible por acabar con él antes de que pudiera cumplir con el propósito del Padre. Por ello, cuando Jesús pide “pasa de mí esta copa”, se está refiriendo a que le pidió al Padre que no permitiera morir antes de llegar a la cruz y pagar el precio por todos. Esta idea parece ser abalada por Hebreos 5:7, que dice que Jesús oró a aquel que podía librarlo de la muerte y fue escuchado. Esto va de la mano de la declaración que Jesús hace en Juan 12:27-28. Por tanto, es interesante considerar esta alternativa. Sea cual sea la manera en que veamos el pasaje, lo importante que tenemos que sacar es la obediencia y el mantener la mirada puesta en los propósitos y la voluntad de Dios por encima de cualquier cosa que nosotros podamos llegar a pasar.
  1. Desde la Cruz – Padre Perdónalos:
    • Contexto: Jesús acababa de pasar por un largo período de juicios, acusaciones y maltratos, hasta llegar a ser clavado en la cruz.
    • Texto: Lucas 23:34 – Y Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Y los soldados echaron suertes, repartiéndose entre sí sus vestidos.
    • Tipo de Oración: Intercesión.
    • Enseñanza: Esta oración tiene dos puntos fundamentales que tenemos que analizar. En primer lugar, el entender que a Jesús no le importaba su situación, sino que aun estando padeciendo y llevando los pecados de toda la humanidad sobre sus hombros, él miraba la necesidad de los demás. Era una locura que el pueblo al que él había venido a salvar lo estuviera matando, pero él no los miraba con rencor, sino con una profunda compasión. Es por ello que clama al Padre pidiéndole por el perdón de sus pecados. En segundo lugar, vemos que Jesús está orando por aquellos que lo maltrataron durante toda la noche y le están dando muerte. ¡Está orando por sus enemigos! Por lo tanto, a partir de esta oración, podemos entender dos cosas: En el primer punto, que nosotros no somos el centro del mundo, y aunque nos pasen cosas no debemos dejar de velar por las necesidades de los demás. En el segundo punto, debemos entender que cada persona es un ser creado a la imagen de Dios y para su gloria, y que las actitudes presentes son consecuencia del pecado. Por ello, debemos clamar y pedir a Dios por ellos, pensando en cómo el Señor los creó y no en cómo son en este momento.
  1. Desde la Cruz – Dios mío Dios mío:
    • Contexto: Habían pasado 6 horas desde que Jesús había sido clavado, y recién se habían disipado las tinieblas que habían cubierto la tierra desde el mediodía. Es en ese momento cuando nos encontramos a Jesús en un punto culminante de su agonía, ya no pudiendo resistir el peso de los pecados de toda la humanidad.
    • Texto: Mateo 27:46 – Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lema sabactani?” Esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
    • Tipo de Oración: Clamor.
    • Enseñanza: Este pasaje es medio complicado de aplicarlo a nuestras vidas, ya que nunca vamos a estar en una agonía tan grande como la que tuvo que pasar el Hijo de Dios cuando fue hecho pecado por todos nosotros, y por primera vez desde la eternidad se vio separado de su comunión con el Padre. Jesús sabía por qué había sido desamparado, pero aun así era tal su angustia que emitió este clamor hacia Dios. Haciendo esta salvedad de que nunca vamos a pasar por tal aflicción y que comparar el sufrimiento de Cristo con nuestros problemas es prácticamente una falta de respeto hacia su obra redentora, sí podemos aprender a que, sea cual sea la situación que estemos pasando, tenemos que reconocerlo como nuestro Dios. Eso es lo que Cristo hizo en este momento. A pesar de tanto dolor, reconocía al Padre como Dios y también lo reconocía como su Dios. Que en las circunstancias que pasemos podamos clamar a nuestro Señor, podamos preguntarle por qué nos pasan las cosas que nos pasan, pero que por sobre todo nunca dejemos de reconocerlo como nuestro Dios.
  1. Desde la Cruz – En tus manos encomiendo mi espíritu:
    • Contexto: Luego de haber atravesado toda una noche de juicios ante diferentes tribunales, de ser torturado y clavado en la cruz, pasó seis horas colgado en aquel madero, hasta que por fin pronunciaría su última frase dicha en su vida terrenal, habiendo ya entendido que la obra que había venido a hacer estaba consumada.
    • Texto: Lucas 23:46 – Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Habiendo dicho esto, expiró.
    • Tipo de Oración: Entrega.
    • Enseñanza: En este caso vemos como Jesús da un gran grito de entrega total a Dios, apropiándose de las palabras escritas en Salmos 31:6. Jesús, voluntariamente, da su vida como una ofrenda a Dios por el perdón de los pecados. No es Dios es que se la quita, sino que es él mismo el que la pone en las manos del Padre (Jn 10:17-18). Esta oración demuestra también una confianza total en Jesús, ya que ese pasaje de las escrituras era el que pronunciaban los niños judíos antes de irse a dormir. A pesar de tanto dolor y aflicción, él confiaba plenamente en Dios. Este pasaje nos llama a nosotros a entregar por completo nuestra vida para hacer la voluntad de nuestro Señor, sin importar lo que ello pueda implicar para nosotros. Así como Jesús sufrió por cumplir los propósitos del Padre, nosotros debemos seguir sus pasos en nuestro anhelo de glorificarlo. Debemos estar dispuestos a perder nuestra vida por él, sabiendo que habiendo hecho esto la ganaremos.

Referencias a oraciones de Jesús, aunque sin su contenido:

En estos casos, vemos que se nos indica que Jesús oró, aunque no sabemos concretamente qué es lo que dijo; de hecho tampoco tenemos la certeza de que lo haya hecho en voz alta. No obstante, analizando el contexto, podemos llegar a diferentes enseñanzas.

  1. Al ser bautizado:
    • Contexto: Comienzo del ministerio de Jesús, cuando todavía ni siquiera había hecho milagro alguno. Llegó al Jordán desde Galilea para ser bautizado por Juan el bautista.
    • Texto: Lucas 3:21 – Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado; y mientras él oraba, el cielo se abrió.
    • Enseñanza: Este pasaje nos enseña que si queremos ver a Dios hablando a nuestras vidas, primero nosotros tenemos que ser obedientes, así como Jesús lo fue bautizándose, y también apartar tiempo para buscarlo en oración.
  1. Empezando el día con Dios:
    • Contexto: Al comenzar su ministerio en Galilea, Jesús tenía bien claro que no debía dejarse llevar por la popularidad, sino que debía permanecer en comunión con el Padre.
    • Texto: Marcos 1:35 – Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba.
    • Enseñanza: Este pasaje nos enseña que una buena práctica para nuestra vida de oración es tener un tiempo con el Señor ni bien nos levantamos. Luchar contra la pereza y hacer el esfuerzo por levantarnos un poco más temprano, nos va a dar un tiempo de tranquilidad a solas con Dios.
  1. Intimidad en medio de muchas ocupaciones:
    • Contexto: Durante el primer tiempo de su ministerio en Galilea, Jesús comenzó a llamar a diferentes personas para que lo siguieran y también a hacer una multitud de milagros que servían para autenticar las cosas que él decía. Al ir recorriendo todos los pueblos de Galilea anunciando el acercamiento del reino de Dios y haciendo muchas señales, su fama fue aumentando y eran muchas las personas que querían acercarse a él.
    • Texto: Lucas 5:15-16 – Su fama se difundía cada vez más, y grandes multitudes se congregaban para oír a Jesús y ser sanadas de sus enfermedades. Pero con frecuencia él se retiraba a lugares solitarios y oraba.
    • Enseñanza: A partir de este pasaje debemos entender que nunca nuestras ocupaciones son muchas como para no poder tener un tiempo de intimidad con Dios. Aunque su fama crecía cada día y eran muchas las personas que querían estar con él, Jesús siempre se tomaba un tiempo para estar a solas con su Padre. Esto nos debe llevar a reflexionar sobre nuestro activismo y sobre si estamos apartando tiempo para estar en comunión con el Señor. Lutero, por ejemplo, normalmente oraba una hora por día, pero si algún día estaba muy ocupado, entonces oraba dos horas. Que podamos hacer de la comunión con Dios una prioridad en nuestra vida.
  1. Buscando a Dios antes de las decisiones importantes:
    • Contexto: Estamos promediando el ministerio de Galilea de Jesús, y lo que vemos es que si bien estaba adquiriendo mucha fama, también comenzaba a presentarse bastante oposición hacia él. Es entonces cuando, con la idea de elegir a las doce personas que continuarían con su ministerio una vez que él no estuviera, se va al monte a orar.
    • Texto: Lucas 6:12 – En esos días Jesús se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios.
    • Enseñanza: Este pasaje es muy conmovedor. Se nos dice que, antes de elegir a sus discípulos, Jesús pasó toda la noche orando. Si bien él, siendo Dios, conocía a la perfección la voluntad del Padre, es muy interesante ver cómo nos enseña a depender de él tomándose tanto tiempo para buscarlo. Esto nos debe llevar a considerar cómo tomamos las decisiones importantes de nuestra vida. ¿Confiamos en la sabiduría de Dios o nos dejamos llevar por nuestros propios razonamientos? Que en cada momento en los que tengamos que decir cosas que van a tener un impacto en toda nuestra vida, podamos hacerlo conforme a la voluntad de nuestro Señor y no a lo que nosotros queremos.
  1. Terminando el día con Dios:
    • Contexto: Al terminar su ministerio en Galilea, Jesús comenzó a enseñar en pueblos de los alrededores. En uno de esos lugares se llevó a cabo la alimentación de los 5000. Luego de ese día, siendo ya de noche, los discípulos salieron con su barca con destino a Genesaret, mientras él se quedaba orando.
    • Texto: Mateo 14:23 – Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo.
    • Enseñanza: Luego de un día atareado y cansador, no hay nada mejor que poder apartarnos para tener un tiempo de intimidad con Dios. Para agradecerle por las cosas que vivimos, y pedirle ánimo y ayuda en lo que nos preocupa. Así como vimos que Jesús comenzaba el día buscando de Dios, también lo terminaba de la misma manera. También es interesante verlo desde el punto de vista que, cuando nos toca enseñar la Palabra, podamos orar por toda la enseñanza que estuvimos transmitiendo, para que las personas puedan recibirla en sus corazones.
  1. Cuando Dios nos ayuda a acercarnos a las personas:
    • Contexto: Promediando su ministerio en los alrededores de Galilea, vemos cómo Jesús se encontraba fortaleciendo la fe y el entendimiento de sus discípulos, en un tiempo donde la oposición religiosa no hacía más que crecer.
    • Texto: Lucas 9:18 – Estando Jesús orando a solas, estaban con El los discípulos, y les preguntó: “¿Quién dicen las multitudes que soy Yo?”.
    • Enseñanza: Es interesante que la respuesta que da Pedro es muy recordada, ya que fue el Padre mismo quien se la reveló. Sin embargo, no se suele considerar demasiado esto: Jesús les hace la pregunta mientras estaba orando. Es decir, pareciera como que el Padre mismo lo instó a acercarse a ellos con esa consulta, para que luego Pedro pudiera recibir este entendimiento del cielo, que edificaría a todos los reunidos. A partir de esto, debemos aprender a acercarnos a Dios en oración, para así entender cómo podemos llegar a interactuar con las personas de manera que el Señor toque sus vidas. Es Dios mismo, por medio del Espíritu, quien nos va a permitir tener las preguntas o frases justas para que luego él pueda dar un nuevo entendimiento a las personas. Es por ello que, cada vez que busquemos edificar a alguien, debemos hacerlo en oración.
  1. La oración y la manifestación del poder de Dios:
    • Contexto: Luego de la declaración de Pedro acerca de Jesús como el Cristo, vemos que nuestro Señor seguía fortaleciendo a sus discípulos dándoles distintas enseñanzas acerca de su obra redentora. En este caso, nos encontramos en el monte de la transfiguración, donde Pedro, Santiago y Juan presenciaron a Jesús en su cuerpo glorificado.
    • Texto: Lucas 9:29 – Mientras oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa se hizo blanca y resplandeciente.
    • Enseñanza: Es interesante notar que la transfiguración vino mientras ellos permanecían en oración. Lo que nos puede enseñar esto a nosotros, si bien no es tan directa la aplicación, es que vamos a poder ver la manifestación del poder de Dios en nuestras vidas en la medida que nosotros perseveremos en nuestra comunión con él. Si queremos ver las maravillas de la gloria del Señor en nosotros, primero debemos darle nuestra vida y tener una comunión total con él.
  1. Nuestra vida de oración es ejemplo para los demás:
    • Contexto: Durante su segundo ministerio en Judea, cuando cada vez estaba más cerca la fecha en la que sería entregado por todos nosotros, Jesús se tomó un tiempo para darles enseñanzas privadas a sus discípulos más cercanos.
    • Texto: Lucas 11:1 – Aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, Le dijo uno de Sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos.”
    • Enseñanza: Al ver el fervor con el que Jesús oraba, y la constancia con la que lo hacía, los discípulos tuvieron curiosidad por saber cómo era orar correctamente, más allá de que Jesús ya había hablado varias veces al respecto. Es interesante que, lejos de reprenderlos, Jesús accede amablemente a su pedido y les da una enseñanza al respecto; él veía que en sus corazones estaba el sincero deseo de conocer cómo orar. Lo que este pasaje nos enseña es que nuestra vida de oración y nuestra comunión íntima con Dios deben inspirar a otros a ir más profundo en su relación con él. Que cada día podamos ser de ejemplo para creyentes más inmaduros respecto a lo que es tener una vida de comunión con el Señor. Y que si esas personas nos piden ayuda para poder acercarse más al Creador, nosotros podamos acceder a explicarles con el mismo amor que Jesús lo hizo.
  1. Una oración intercesora:
    • Contexto: Durante la última cena, cuando Judas ya se había retirado, Jesús predice que Pedro lo negaría delante de los hombres, ante la sorpresa de éste. Sin embargo, Jesús ora especialmente por este discípulo para que su fe no falle a pesar de este traspié.
    • Texto: Lucas 22:31-32 – “Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos.”
    • Enseñanza: Si bien Pedro terminó negando a Jesús, la oración de su maestro fue la que lo sostuvo en ese momento de tal debilidad. Jesús intercedió especialmente por este hombre, para que su fe no fallara y que pudiera seguir perseverando hasta que su salvación sea consumada. De la misma manera, Jesús, como nuestro sumo sacerdote, ora por cada uno de nosotros para que no abandonemos el camino. A nivel práctico, esto nos enseña a que debemos preocuparnos y orar por aquellas personas a las que estamos discipulando, reconociendo que nuestra perseverancia no viene de nuestras propias fuerzas, sino que es Dios el que nos sostiene libres de caída.
Fede Sinopoli

Fede Sinopoli

Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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Fede Sinopoli

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Miembro de la Iglesia Asamblea Cristiana de Villa Devoto. Discípulo de Jesús, busco cada día aprender un poquito más de él, disfrutando de esta aventura de vivir como hijos del creador. Me encanta que Papá me desafíe a hacer nuevas cosas para su gloria, y es un placer que podamos crecer juntos en el Señor mediante este blog.

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