Pequé, ¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué sigue? ¿Qué piensa Dios? ¿Por qué justo a mí?
Estas preguntas vinieron a mi mente muchas veces, luego de caídas o simplemente por darme cuenta de mi naturaleza pecadora. Espero que Dios traiga paz a tu vida por medio de mis palabras y que pueda restaurar tu corazón para que puedas seguir conociendo y profundizando tu relación personal con Él.

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¿Puedo estar seguro de mi salvación?

Hoy vamos a reflexionar acerca de un asunto muy común para los cristianos, es la Seguridad de su salvación.
Estoy seguro que no soy el único que se hizo alguna de las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo puede ser que sigo pecando a pesar de ser salvo?
  • ¿Podrá Dios perdonarme? 
  • Si hoy muero, ¿dónde voy a pasar la eternidad?

Muy a menudo, venían este tipo de preguntas a mi cabeza. A pesar de haberme criado en una familia cristiana, haber ido a la iglesia desde muy pequeño, todavía me sentía inseguro sobre ciertos aspectos de mi vida cristiana. En ese momento me di cuenta que las respuestas a todas mis preguntas, siempre estuvieron enfrente mío, en la Palabra de Dios. Mi deseo es que usted pueda sentir la seguridad de su salvación, y si todavía no conoció a Dios de forma personal, mi deseo es que esto pueda ayudarlo a tener un encuentro con Él.

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1 Timoteo: Los requisitos para los Ancianos y Diáconos (3:1-13)

Palabra fiel es ésta: si alguien aspira al cargo de obispo (supervisor), buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.

Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad; (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?) No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. 11 De igual manera, las mujeres (diaconisas) deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. 12 Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. 13 Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

1 Timoteo 3:1-13 (NBLH)

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